La Vida Contemplativa y la Evangelización de América (1 de 5)
La Vida Contemplativa y la Evangelización de América (1 de 5)
Prof. Andrea Greco de Álvarez
Instituto de Cultura Hispánica de San Rafael
Introducción
España unida y fuerte es dada a luz por aquella gran reina que fue
Isabel la Católica. Nadie puede dudar del papel decisivo de Isabel en el
descubrimiento y la conquista como así también en señalar los objetivos
misionales de la conquista de América. Obra en la cual todos
participan, aún las órdenes contemplativas de mujeres como Teresa de
Ávila, Santa Teresa de Jesús, monja carmelita, quienes entre las cuatro
paredes de su monasterio de religiosas, acompañaron con sus plegarias la
obra de los misioneros y conquistadores que fueron explorando y
poblando América, que trajeron la fe y la filosofía, la cultura de
Occidente y el derecho.
Intentaremos indagar acerca del aporte a la obra evangelizadora de
América hecho por las órdenes contemplativas en general y por Teresa de
Jesús y el Carmelo Descalzo en particular. Procuraremos además discurrir
acerca del aporte monacal si puede ser considerado fuente de la cultura
hispánica o no y las consecuencias culturales y espirituales derivadas
de ello. Finalmente trataremos de extraer algunas conclusiones para
nuestra cultura actual.
El tema es complejo y discutible puesto que se puede analizar desde
distintas perspectivas. Sin embargo creemos que es posible esbozar estas
primeras reflexiones.
Santa Teresa y América
Cuenta Santa Teresa en el primer capítulo de Las Fundaciones
que había recibido la visita de un fraile franciscano, Fr. Alonso de
Maldonado, que era un gran sacerdote, siervo de Dios y con gran deseo
del bien de las almas. Escribe la santa:
Este venía de las Indias poco había. Comenzóme a contar de los muchos
millones de almas que allí se perdían por falta de doctrina, e hízonos
un sermón y plática animando a la penitencia, y fuese. Yo quedé tan
lastimada de la perdición de tantas almas, que no cabía en mí. Fuíme a
una ermita con hartas lágrimas, clamaba a Nuestro Señor, suplicándole
diese medio cómo yo pudiese algo para ganar algún alma para su servicio,
pues tantas llevaba el demonio, y que pudiese mi oración algo, ya que
yo no era para más[1].
Todos los hermanos varones de la Santa estuvieron en América y varios
murieron en estas tierras. Su hermano Rodrigo de Cepeda, viajó a las
Provincias del Río de la Plata en 1535 donde murió en 1537 o 1543 en
manos de los indios. Lorenzo de Cepeda y Ahumada era vecino de Quito, en
las provincias del Perú, estuvo en Pasto, Quito, Piura, Portoviejo,
Guayaquil, Popayán, Cuzco. Tuvo familia en América y regresó a España
poco antes de morir.
De allí que el P. Pólit uno de los biógrafos de la avileña concluya en que:
La lectura atenta y repetida de las obras y cartas de Santa Teresa
nos hizo ver cuán íntimamente relacionada estuvo con sus hermanos, en
particular con Lorenzo, y cómo el recuerdo de ellos se vuelve
inseparable del de la colonización de las Indias Occidentales, y la
familia quiteña de los Cepedas viene a ser el lazo estrecho que une a la
grande Santa y su Orden bendita con el nuevo mundo americano[2].
Hernando de Ahumada viajó al Virreinato del Perú, se radicó en Pasto
(Colombia) donde murió. Antonio de Ahumada viajó al virreinato del Perú,
donde murió en 1546. Pedro de Ahumada se estableció en el Perú, allí se
casó y regresó tardíamente a España donde falleció en 1589. Jerónimo de
Cepeda también vivió en el Perú, estableciéndose por muchos años en
Quito. Agustín de Ahumada vivió diez años en el Perú, catorce en Chile,
fue nombrado gobernador del Tucumán pero falleció en Lima antes de
asumir. Santa Teresa vivió especialmente preocupada por él, ya que
combatió durante largos años en la Guerra del Arauco. En Las Relaciones Espirituales, Santa Teresa hace en 1571, el siguiente comentario respecto a su hermano Agustín, residente en Chile:
Estando yo un día después de la octava de la Visitación encomendando a
Dios a un hermano mío en una ermita del Monte Carmelo, dije al Señor,
no sé si en mi pensamiento: «¿Por qué está este mi hermano adonde tiene
peligro su salvación? Si yo viera, Señor, un hermano vuestro en este
peligro, ¿qué hiciera por remediarle?» Parecíame a mí que no me quedara
cosa que pudiera, por hacer[3].
En opinión de Pólit, probablemente fue su hermano Lorenzo,
establecido en Quito, el lazo más estrecho y duradero de la Santa con la
obra americana. Una hija de Lorenzo, nacida en Quito, será la primera
monja carmelita americana cuyo nombre de religiosa fue también Teresa de
Jesús, compartió con su tía la vida conventual y dio testimonio de ella
en la causa de la canonización[4].
[2]Pólit Laso, M. 1905, p. VIII.
[3]Teresa de Jesús, 1915, p. 53.
[4]P. Silverio de Santa Teresa, 1935, p. 189 ss. Cfr. Pólit Laso, 1905, p. 164 ss.


