martes, 24 de septiembre de 2019

Dos conferencia del Dr. Héctor Hernández




«Del autor al lector» y dos conferencia del Dr. Héctor Hernández

Como habíamos prometido, compartimos aquí la conferencia de nuestro amigo, el Dr. Héctor Hernández acerca de la discusión «Iglesia y Estado» (para ver la conferencia, hacer clic AQUÍ).
Al mismo tiempo, inauguramos también aquí la nueva sección titulada «Del autor al lector»: un espacio en el que intentaremos difundir buenos libros a partir de breves palabras de sus hacedores.

Por último y para quien desee aprovecharla, les dejamos la charla que el mismo Dr. Hernández dictó para chicos de colegio acerca de «Los principios de la política cristiana» (muy sencilla y muy concisa; vale la pena).
Demos gracias a Dios.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, SE

LOS PRINCIPIOS DE LA POLÍTICA CRISTIANA
(Disertación el 20 de septiembre de 2019, Ingeniero Maschwitz)
Por Héctor H. Hernández
        
    Para empezar les diré que los principios de la política cristiana ES el principio del bien común político.
¿Hay un error en lo que dije? Los principios… es…

  1. El bien común político. El principio y los principios
            Gramaticalmente hay un error…
Pero lo que pasa es que el principio del bien común, o el principio práctico se debe perseguir el bien común encierra en sí todos los demás principios o subprincipios, que valen porque son como salidos de él.
            Así como cuando yo digo “hombre” estoy abarcando a todos los hombres, porque es un concepto universal, en que entran Pedro, Juan y Guadalupe, así cuando digo “hacer el bien y evitar el mal” estoy abarcando también “dar a cada uno lo suyo”, “cumplir lo pactado”… -“devolver X pesos mañana que recibí ayer en depósito a Pedro que me los dio”, etc.
            Entonces cuando digo hacer el bien común o algo semejante, estoy diciendo, virtualmente, “debe haber autoridad”, porque es exigida por el bien común político. “Debe haber subsidiariedad”…, porque es exigida por el bien común político… “Debe haber cierta propiedad privada”… “Debe conservarse la vida de las personas y la honra de las personas”… “Debe favorecerse el saber y el cultivo de la belleza”. Estoy dando una serie de principios prácticos o de normas (en este lugar principios y normas son equivalentes).
            En vez de hablar de “principios”, podemos hablar de “fines”. Hay un autor, Messner, que habla de los “fines existenciales del hombre” para explicar el contenido del Derecho Natural. (Les recomiendo esa obra: Ètica social, política y económica a la luz del Derecho natural; y otra que se llama La Cuestión social).
En la Ètica social incluye como algo bueno a seguir, como un fin existencial que se debe perseguir, algunos contenidos mencionados antes… Y, por ejemplo, este otro; “la reproducción mediante la cohabitación y la educación de los hijos”… Nos está mostrando, con otras palabras, lo que Santo Tomás muestra al hablar de Las inclinaciones del hombre.

  1. “Principio”
            Es “aquello de lo cual algo proviene”. En el orden práctico, los fines que perseguimos son principio de lo que hacemos. Por ejemplo, yo tenía como objetivo o como fin dar una conferencia o dos conferencias en Ingeniero Maschwitz; y ese fin es lo que motivó mi viaje y el trazado de la ruta que seguí. Mi viaje proviene de mi conferencia… Mi conferencia (en realidad dar la conferencia), fue principio o causa de mi viaje. Pero primero en el tiempo fue el viaje, y luego se logró, temporalmente, el fin. Claro está que sin la idea del fin no hubiera habido conferencia; entonces en mi cabeza estuvo primero el fin. (“El fin es primero en la intención, y último en la ejecución”).
            Ahora bien, el principio es la enunciación en mi cabeza del fin que se quiere en la realidad. Dar la conferencia es el fin; “debo dar la conferencia” sería la enunciación como principio.
  1. “Política”
            Hay distintas acepciones de “política”. Y cuando aparecen distintos sentidos de una palabra es bueno distinguir para no hacerse un nudo al razonar… y no terminar discutiendo sin entendernos o sobre cosas en que en realidad estamos de acuerdo. Distinguimos acción y conocimiento.
Acción política: las conductas relacionadas con la polis (con el Estado).
Y esto puede ser la que refiere a la conducción de la polis (llamada política arquitectónica) o a la lucha por el poder (llamada política agonal)…
            Polis es la palabra griega que designaba lo que hoy llamamos “el Estado”.
A su vez, la acción política puede ser más directamente o menos directamente política y práctica.
Esta clase que estamos dando puede influir en los hechos de la vida política… a lo mejor a raíz de esta conferencia hacemos una manifestación y marchamos sobre la Municipalidad y cambiamos el gobierno… O vamos a Buenos Aires y copamos Plaza de Mayo… O fundamos un partido… A lo mejor, dentro de años, alguno se acuerda de esto y decide su vocación política y cambia la Argentina… Lo más probable no es eso, claro está, ni nos proponemos eso.
Conocimiento político. Esta conferencia no es acción política sino que refiere al conocer político… que puede ser más o menos práctico, más o menos cercano a la acción…
            El conocimiento político, que tiene distintos niveles, es en general el referido a la política, a la polis… Hay el conocer político sociológico, el que tienen los que hacen encuestas y el que tienen los periodistas que “están al día” en lo que pasa, o ellos se creen que están al día, y cuentan lo que ven o lo que les pagan para ver o que quieren ver… o hay algunos que arriesgan su vida por decir la verdad… o lo que fuere… Pero hay también el conocer político directivo de la acción. Práctico.
            Y hay conocimientos que no son propiamente políticos pero son conocimientos teóricos que están en la base del conocimiento político que es práctico. Por ejemplo el conocimiento de lo que es el hombre, y sus inclinaciones o tendencias, están como en la base del conocimiento político práctico o directivo o director… (Aristóteles decía que el político debe conocer algo del alma del hombre).
Pensar que el conocer político nada tiene que ver con la política práctica es un error. O que la forma casi suprema del conocimiento político, que es la filosofía política (la suprema es la teología, que supone la filosofía), nada tenga que ver con la política diaria… No es realista eso. Lo realista es ver esas influencias…
  1. Influencia de esa forma de conocer que es la filosofía en los cambios políticos
            Si Uds. analizan la marcha de la vida de los hombres se encontrarán con que por ahí en una Universidad se desarrolla una idea, una doctrina, un conocimiento, y eso se expande y muchos siglos después la vida de la gente se explica grandemente por lo que se enseñó en la Universidad en aquel año o siglo lejano.
            Pensemos en el Comunismo. Media humanidad vivió hasta hace poco bajo el Comunismo… o bajo una forma de comunismo… y esto no se explica sin la figura de Lenín, que hizo la revolución rusa en 1917, pero él siguió las ideas de Marx…, siglo XIX Y éste a su vez es hijo del Idealismo alemán… de Hegel… Y éste a su vez… Por eso se dice que un giro importante se dio en la historia de la cultura occidental con Descartes… y antes con Guillermo de Occam…, siglo XIV.
  1. Ni pelado ni con dos pelucas”
            Pero, “ni pelado ni con dos pelucas”…, como decía Soaje Ramos. No hay que extremar esto que estamos diciendo. Porque a veces hay una tendencia a explicar toda la vida social por la historia de la filosofía. Y entonces porque fulanito dejó a su mujer que es vieja, horrible y que lo maltrata y entonces se va a vivir con una que tiene la mitad de años y está muy bien y lo trata de maravillas, no falta un sabiondo que dice que todo esto obedece a un cambio en la filosofía con la decadencia escolástica en el siglo XIV… porque Guillermo de Occam negó los universales… Porque a raíz de eso cambió la legislación y las costumbres y etc.. O porque el Concilio Vaticano II…
Bueno, las razones por las cuales el tipo se fue con la otra son menos filosóficas y, por lo menos, admitime por favor no son propias de la historia de la filosofía… En todo caso, cierto ambiente social que facilite estas cosas puede ser de algún modo causado porque Guillermo de Occam… pero eso no va… Es un disparate olvidarse de las causas pasionales concretas que influyen aquí y ahora e influenciaron siempre en la humanidad…
            En esto influyen las pasiones. Una vez me pasó en el Colegio Don Bosco de San Nicolás en que yo daba Instrucción Cívica: se me acercan los alumnos y empiezan a cuestionar la existencia de Dios… Entonces yo les digo: “esperen un momento”. Y sin que ellos vieran qué escribía, puse en un papel “sexto y noveno mandamientos”, y lo guardé… Cuando sigue el diálogo y sigue y sigue aparece el tema del sexo… les mostré: “¿vieron lo que yo escribí”? Era que Dios les molestaba…
Las pasiones hacen poner los problemas, a veces, en donde no están… Y mueven a pensar torcidamente. Lo hemos visto en la reciente batalla contra la ley del aborto. En el fondo del abortismo está la visión hedonista de la vida, del desarrollo libre de las pasiones, del sexo… y si del sexo viene un chico… pues lo matamos nomás.
Lo dijo en la madrugada del “Argentinazo”, el 9 de agosto de 2018, el senador Pino Solanas, fundando así su voto en favor del aborto: “la mujer tiene derecho a gozar…”. Y es la razón de fondo del que quizá es el principal jurista abortista combatiente, Andrés Gil Domínguez, que dice que lo que se juega aquí son “los derechos reproductivos y sexuales”… Lo de “problema sanitario” es una pantalla sentimentaloide…
El Martín Fierro critica a nuestros políticos cuando ocultan dónde están los problemas y ponen pizarrones equivocados:
“de los males que sufrimos// hacen gala los puebleros// pero hacen como los teros// para esconder sus niditos:// en un lao pegan el grito// y en otro tienen los güevos”. (I, 2131 ss.).
  1. Política-Estado
            Ya que política viene de Estado, ¿qué es el Estado? Bueno, sigamos un poquito a Aristóteles…
            Natural sociopoliticidad. Más que un principio (hablamos más bien de principio cuando le damos a la enunciación la forma de una orden, de un mandato, o norma, de algo práctico como : “no matar”, “perseguir el bien común político”) esto sería un presupuesto de la política católica.
La natural sociopoliticidad sería un presupuesto antropológico pero que funda doctrinas y políticas prácticas… mandatos… (¿Recuerdan que dijimos con Aristóteles que el político debe conocer algo del alma?).
            Vocación perfectiva… En el hombre hay algo que está adentro de él, una tendencia interior… a ser feliz, a completarse… a realizarse yendo hacia afuera… para alcanzar ser feliz él, adentro de él, por así decir.
            El matrimonio. Dice el maestro que hay una “necesidad” recíproca del hombre y la mujer… para la complementación sexual y humana general, para el amor y la generación y educación de la prole… Hombre y mujer se necesitan para obtener lo que separadamente no podrían lograr… Pero a lo que están llamados por un anhelo de felicidad, de completamiento…Que brota del interior de cada uno. De la naturaleza de cada uno…
La familia… Pero al venir los hijos viene otra asociación, que es la familia, que abarca el matrimonio y abarca los hijos. La asociación para la vida de todos los días… Y un conjunto de matrimonios integra el Municipio… Y un conjunto de municipios argentinos y de provincias argentinas, integra El Estado argentino…
  1. Organicidad y subsidiariedad
Ahora les voy a poner dos palabrejas que después les voy a explicar, organicidad y subsidiariedad.
La organicidad funda el principio de subsidiariedad. La concepción orgánica de la sociedad (que es la explicación que venimos dando: el Estado se compone no sólo de individuos, sino de familias, municipios, provincias… Cuidado que hay personas muy inteligentes que sin embargo no ven esto, y ven al Estado como si fuera sólo un conjunto de individuos. Es la concepción individualista. El Liberalismo es individualista).
Bueno, esta concepción orgánica (más bien teórica de la sociedad), fundamenta un principio práctico, la subsidiariedad, para lo cual les voy a contar una anécdota.
Cuando yo era chico me gustaba el deporte y mi papá entonces me hizo socio del Club Belgrano de San Nicolás, que yo necesitaba porque no tenía en mi familia 10 chicos para jugar al básquet, ni lugar para una cancha de básquet… Pero cuando empecé a ir al Club Belgrano de ningún modo renuncié a mi familia… Siguió mi familia existiendo…
Les digo esto porque hay toda una tendencia (hace un ratito les hablé del liberalismo, ésta sería más bien el socialismo, aunque el liberalismo en los hechos es o fue socializante, y aunque en esto el actual gobierno y los liberales son socializantes, absolutistas y estatistas feroces en materia de educación por ejemplo), que parece concebir, aunque no lo digan así expresamente, que cuando uno “entra” en el Estado dejó de existir la familia
Bueno, no te lo van a decir así, pero en la práctica tienen un concepto aniquilador de la familia. Y entonces copan el Estado y asumen la educación y quieren dar toda la educación desde el Estado y como quiera el Estado, y los padres de familia no tienen nada que hacer.
Y ahí tenemos la llamada ESI, Educación Sexual Inmoral, en donde, llevados por una finalidad errónea del sexo (“pinosolánica” diríamos, por lo que dijimos antes: el sexo es para el goce sin problemas) y sin respetar el pudor o reserva o vergüenza o privacidad o intimidad o recato que es exigido al sexo, pretenden corromper la sexualidad y destruir así la familia.
(Uds. tienen que aprender a ver que el desarrollo de ciertas concepciones o instituciones destruyen… A mí me costó mucho hacerle ver a un pariente muy vivo e inteligente y bien orientado que el llamado “matrimonio homosexual” contribuye, al hacer ver como normal lo que es una aberración y un pecado, a destruir el verdadero matrimonio en el alma y en la vida de la gente y en la sociedad y en la realidad. Que “el hombre es naturalmente sociopolítico” es algo que se ve claramente en estos temas. Las convicciones morales y las conductas de unos influyen en otros. Algunas doctrinas o compañías son buenas y ennoblecen, y otras son males y corrompen. Y nadie está a salvo de no caer, porque somos todos débiles… ).
            Un principio clásico de la política cristiana es el de subsidiariedad, que deriva de la concepción orgánica del Estado y significa que las instituciones menores no desaparecen en las mayores, que conservan su existencia y sus competencias o poderes o jurisdicción. Que el Estado las debe ayudar (subsidiar), pero respetarlas y dejarlas ser, existir y resolver sus asuntos…
Hay que respetar la autoridad familiar. Debe haber una autoridad familiar… Esto es exigido por el Bien común político.
  1. Relatividad de “principio”
Esto de “principio” tiene algo de relativo. El principio de la política cristiana (y del orden natural, porque lo cristiano confirma y no deroga la naturaleza) es hacer el bien común político.
Pero un principio segundo o un principiado que deriva de éste (acá estamos aplicando algo adelantado al comienzo) es el de subsidiariedad. Ahora bien, esas derivaciones del principio-principio que vamos poniendo, a su vez funcionan como principio de otras verdades para la acción, de otras normas. Por ejemplo, en un Ministerio de Defensa puede funcionar como principio “reconstruir las fuerzas armadas”… Todo fundado en el principio-principio… Principiado, pero que a su vez funciona como principio…
  1. 9. Naturaleza
La finalidad del matrimonio y la naturaleza del hombre y de la mujer hacen que el matrimonio sea de un hombre con una mujer… Y la biología muestra que la Biblia tiene razón: o se es hombre o se es mujer…
El principio práctico del bien común político exige respetar este principio secundario si se quiere o subprincipio, del matrimonio heterosexual…
(Acá Uds. van viendo cómo, con cierto desorden pero que me va pareciendo didáctico, aparecen y se van concretando los prometidos “principios de la política cristiana” y sus “extensiones” o principiados…).
            Esto del matrimonio heterosexual es un principio de la política cristiana y católica (y es natural, en el sentido de comprensible con las solas luces de la razón) y el que lo niega no es católico. Decirse “católico” y admitir la existencia del llamado “matrimonio homosexual” es como un tipo que va todos los días a Misa y se declara comunista. Decirse “comunista” o significa algo concreto o estamos en un manicomio… si va todos los días a misa no es comunista, y si es comunista no va, o tiene un corto circuito en la cabeza…
            Hay una especie de esencia de “comunista” y de “católico”… Hay algunos filósofos que niegan las esencias o naturalezas…
Lo mismo hay que decir de las llamadas “católicas abortistas…” (católicas argentinas por el derecho a decidir) que son pagadas por la Internacional de la Muerte (IPPF, “Planned Parenhood”) para propiciar la legalización del aborto. Un contrasentido tramposo…
  1. El profesor que negaba las esencias
Les voy a contar un cuento no real de un profesor de San Nicolás que negaba las esencias… Decía que no había esencias dadas y que uno se daba la esencia que quería; no me acuerdo muy bien si decía que uno se daba a sí mismo su esencia o que uno se la daba a los demás, o que el legislador imponía las esencias a palos… (Perdónenme que no me acuerde pero ¿cómo acordarme si no les estoy contando un cuento real…?).
Resulta que él, que en clases negaba las esencias o naturalezas, fue al carnicero, que resultó ser exalumno suyo del Nacional en Filosofía. Y el carnicero le preguntó qué quería y él le pidió que le diera carne de vacío para el asado y entonces le dio puchero.
 ¡Vieran cómo se enojó porque le dio puchero en lugar de vacío! –
Pero el carnicero le dijo que él les había enseñado en el Nacional que no había esencias, y que uno a las cosas les ponía el nombre que quería… “Al puchero yo le llamo vacío”…, -lo despachó sonriendo…
            Hay una esencia, por ejemplo, de “héroe de Malvinas”… Yo quisiera ser condecorado por “el heroico valor en combate en la guerra de Malvinas” con una medalla de oro y ponerla en mi pecho y lucirla todos los 2 de abril, me gustaría muchísimo… pero me falta algo, por lo menos. Haber ido a Malvinas.
No puedo hacer de un gusto o de un deseo o de un capricho un derecho.
Es como un paralítico total que quiere integrar la Selección Mayor de fútbol… O un mudo que quiera ser locutor-locutor… ¿ Será tan difícil entender que el matrimonio exige, como esa madera que se llama “machimbre”, o como cuando Ud. va al veterinario y le pide un casal de canarios, que haya dos “cosas distintas” complementarias?
Los derechos se fundan en la verdad de las cosas, no en caprichos. Esto podría ser una especie de máxima del derecho católico.
  1. La complementariedad y desigualdad de varón y mujer
            Y esto nos lleva a otro punto importante. No es cuestión de que, al admitir una igual substancial dignidad estática de varón y mujer que pertenece a la especie humana, caigamos en al igualitarismo, que es tan pernicioso, y que es rechazado por nuestra Doctrina.
            Una periodista afamada y acreditada especialmente como “de avanzada” o como “feminista”, que suele aprobar todas las novedades de “la Cultura de la muerte”, que Uds. no sé si conocen, Magdalena Ruiz Guiñazú, en un reportaje hace años dijo que las mujeres tienen un privilegio que los hombres no pueden tener: el de dar a luz. Y así es.
            Hay una igualdad de dignidad estática entre varón y mujer, pero hay una desigualdad estructural que debe hacerse servir para el logro del bien común[1]. Vamos a dar dos ejemplos para ilustrar lo que queremos decir.
            Un concurso de guarderistas. Supónganse Uds. que se hace un concurso entre Francia e Italia a ver quién trata mejor a chicos de guarderías de tres años. En Francia resulta que eligen para su equipo representativo a los más aptos acreditados y con experiencia para la tarea. Pero en Italia, por el asunto de los derechos humanos, exigen “un cupo masculino” del 50 % obligatorio de varones…
¿Quién gana el concurso?
[Acá debo decir que la respuesta unánime del auditorio juvenil fue insólita: ¡“gana Francia”!. – Vamos Argentina todavía… No doy los nombres de los chicos porque el INADI es capaz de instruir un sumario si uno dice que el concurso de guarderías lo gana el equipo integrado principalmente por mujeres que saben de cuidar chicos de 3 años y no por varones que no…].
– Descontado que gana el que pone a los “jugadores” más aptos para el triunfo del equipo, para el bien común, que obviamente serán mujeres.
Campeonato de rugby. Y pensemos, por otra parte, en un concurso distinto, por ejemplo de rugby. Y Italia pone a los más aptos pero Francia, por el cupo de los derechos humanos, pone el 50 % de mujeres…
Por donde surge otra “máxima”, que no sería un principio, y es que muchas veces los mentados como “derechos humanos” perjudican el bien común. Por lo tanto, no son derechos humanos en serio y hay que desconfiar de sus pregoneros.
La distinción de aptitudes de varones y mujeres puede servir como “principio” o “subprincipio” para una política de seguridad: eso de la igualdad de varones y mujeres en las fuerzas policiales no favorece el bien común… No favorece la seguridad… Y no favorece otros bienes… Pero adentrémonos en el tema del bien común político, para lo cual será bueno empezar, como hacía Aristóteles, por ejemplos menores.
  1. El bien común de la fiesta.
            Pensemos en que queremos hacer una fiesta, una buena fiesta. ¿Qué hace falta para que haya una buena fiesta, para que la fiesta salga bien?
            Bueno… por de pronto que haya un lugar adecuado. Debe haber música. Debe haber comida y bebida. Una buena decoración. Obviamente que debe haber “fiesteros”. [Fíjense qué cosa obvia, sin fiesteros no hay fiestsa…]. Pero, ¿no es cierto que la fiesta se arruina si los fiesteros son unos amargos, aburridos, egoístas, negativos…?
            Debe haber, pues, un buen comportamiento de los fiesteros…
Y esto resulta ser lo principal… [Otra “máxima” de la política cristiana: el centro de la vida jurídicopolítica son las conductas. La justicia o la injusticia se dan, ante todo, en las conductas… Pero nos estamos yendo…].
  1. El egoísta y el solidario
            Así como un método interesante en nuestra materia es comparar las cosas con sus opuestos (para entender lo que es el “solidarismo” damos el ejemplo del egoísta, el ejemplo de Tomasito, ya veremos). Otro es empezar de la cosa más visible y pequeña para irnos hacia arriba (de la fiesta nos transportamos al Estado). Y otro es poner tipos extremos de conductas, que quizá no se den en puridad, porque somos una mezcla de ellos, como haremos con el egoísta y el solidario.
            Todos saben lo que es ser egoísta. El tipo va a la fiesta, aporta lo menos posible y se apropia lo más que puede. Vive centrado en él, en su ombligo. ¿Hace falta que les cuente lo que es ser egoísta? Claro está que no.
En cambio, ¿cómo actúa el solidario? Él actúa como miembro del conjunto. Hace lo que le conviene al conjunto. Asume los sacrificios que haya que realizar por el bien de la buena fiesta.
Y ahora vienen varias preguntas capciosas.
            14.¿El egoísta sacrifica su bien?
¿Se puede decir que el egoísta sacrifica su bien, su felicidad, su plenitud?¨
[ Acá debo decir que a Jerónimo se le iluminaron los ojos, me encandiló y no pude ver a los demás… A Agustina le había prohibido hablar, para que no se comiera la cancha… Pienso que los chicos entendieron…].
– Rotundamente no; fue la respuesta [Estos chicos de San Juan de Luz son una promesa luiminosa argentina]. El bien-bien, el bien-bueno [estoy hablando mal] el bien pleno, el mejor bien… de ninguna manera se sacrifica.
Podemos decir que el bien a secas se realiza, se cumple. El solidario es el hombre más pleno, que realiza o alcanza su bien. ¿No sentimos como que nuestro corazón se dilata cuando hacemos el bien pleno, que es el bien moral?
Yo pensaba que era una frase piadosa de San Francisco pero estudiando estos temas me di cuenta que era una verdad grande como una casa: en realidad de verdad de verdad, es dando como uno recibe.
  1. El “dispasón moral”
Supongo que uds. saben lo que es un “diapasón”. Un aparatito que Ud. lo acciona, lo sopla por ejemplo, y le da la nota “la” correcta, y en base a ese “la” Ud. ajusta el “la” del teclado del piano.
Bueno, en materia moral tenemos como un diapasón que es el sentido común moral, el hábito de los primeros principios, que nos indica lo que está bien y lo que está mal.
Y les voy a decir que en esto no hay ningún pluralismo, porque si Ud. a la gente la acusa de “egoísta” se da cuenta de que la acusa de algo negativo, sea o no sea egoísta. No hay pluralismo en la vida social normal sobre estas valoraciones, cuando no intervienen las pasiones, como sucede en la política, en reprobar por lo menos para afuera el egoísmo y alabar la solidaridad. En ninguna participación de difuntos se dice: “Murió fulano, que en su vida sólo se preocupó de sí mismo”. Lo mismo que si Ud. a un gobernante ladrón lo acusa de ladrón se enoja, porque todos saben que eso es algo malo.
  1. ¿El bien que se alcanza en la fiesta es un bien ajeno al fiestero?
– No. La buena fiesta es del fiestero. El fiestero alcanza la relativa felicidad o bondad que la fiesta produce. La fiesta es suya, pero también suya-de-otros, mejor dicho… es “nuestra”. De un nosotros.
  1. Traslado al tema del bien común y del bien común político
  2. a) El bien común político no es ajeno. Precisamente, y no hay error de tipeo, el bien común es común. Si el bien común no es de todos no es bien común. El bien común político de la Argentina es la felicidad de todos los argentinos. En una economía en la que hay un tercio de argentinos pobres no hay bien común. Una economía en que unos se enriquecen y ajustan sus ganancias y otros soportan como pueden no respeta el bien común político.
  3. b) Ante esto los liberalismos conciben en general al Estado no como una organización al servicio de todos en conjunto, sino al servicio del egoísmo individual de cada uno. En la actividad económica, por ejemplo, el principio será que cada uno persiga libremente sus fines. V. en seguida el ejemplo de Tomasito.
  4. c) Y los socialismos (sean marxistas, sean nacionalsocialistas, sea de los políticos modernos masificados) tienden a absorber al hombre en el Estado, no respetando sus verdaderos derechos y la entidad personal.
  5. El cuento de Tomasito
Es otro cuento que no sucedió.
Tomasito es un chico (mejor dicho: no es un chico) que vive en San Nicolás pero vino de afuera, y un día vino y me dijo: “Héctor, me puse de novio”. – “¡Te felicito, Tomasito! Gran cosa es el noviazgo”. Otro día viene y me dice: “Fijamos fecha de casamiento”. Y yo exultante lo felicito, le hago la apología del matrimonio… pero lo veo tristón, como que no estuviera en proporción con lo que sucedía. Hasta que un día viene y me dice “mi mujer está embarazada”… Y yo redoblé mis entusiasmos y mi diccionario para elogiarlo y el tipo como si nada…
Entonces le pregunté: ¿por qué estás triste cuando te felicito porque te pones de novio, cuando te casás, cuando sos padre? Y él me confesó: “Porque a cada uno de esos pasos pierdo libertad”…
Entonces le avisé a la familia, fui al Hospital San Felipe y al Santuario, hice una Junta de médicos y de sabios para que estudiaran qué enfermedad padecía Tomasito. Se reunieron y el dictamen fue: “Liberalismo”…
Pero se curó.
El liberalismo no defiende al libertad, sino que defiende la libertad como principio. Y la libertad, no entendida como el dominio del propio acto frente a los bienes elegibles, sino como la ausencia de lazos… Es claro que el liberalismo, – a ver si me entienden porque es difícil- al defender la libertad como principio no defiende la libertad concreta de la gente concreta. Si el principio de los hombres en sociedad no es hacer el bien común político y sacrificar su libertad de lazos por la perfección en la libertad de perfección (disculpen que repita) y si el gobernante es coherente y se guía por su libertad… Tenemos que aguantar que haga cualquier cosa en nombre de la libertad…
En la realidad de los hechos, si las sociedades liberales funcionan, es porque aplican algunos principios no liberales que la sostienen.
Pero sigamos con las preguntas capciosas…
  1. ¿El bien común político argentino es entonces mío?
Es mío en el sentido de que no es ajeno a mí. No es el bien de un monstruo ajeno a mí. No es fin del Estado como un monstruo ajeno a mí, disculpen la repetición. Pero es mío como partícipe que soy yo del conjunto. Es bien de nosotros… ya te dije. El bien de una comunidad…
  1. El Estado y el Bien Común político
Para Aristóteles, y para el Catolicismo (porque nuestra Religión no niega el derecho natural sino al contrario, se edifica sobre él), el Estado es un grandísimo bien perfectivo del hombre.
El Estado es humano, porque está integrado por hombres y busca la plenitud de todos sus integrantes. El Estado, por eso, tiene “derechos humanos”.
Claro está que el gobernante puede gobernar mal e instrumentar al Estado para su beneficio, por ejemplo, y en ese caso pierde el derecho a ser obedecido, pierde autoridad, y hasta se puede justificar echarlo a patadas.
Pero el Estado es un bien tan grande que, en la medida en que haya “algo de Estado”, algo de orden… ya hay algo de justicia, de seguridad.
            Tantos que, enseña Santo Tomás, en ciertos casos hay que obedecer las órdenes injustas, para evitar el escándalo y el desorden. Cosa que no se da cuando el gobernante manda hacer algo intrínsecamente malo o contra la ley natural y divina.
Cuando Bélgica, en guerra con Alemania, fue ocupada por ésta en la primera guerra mundial (no hay nada en cuestión del nazismo aquí), el Arzobispo Primado de Bélgica lanzó una pastoral enseñando esta doctrina, o aplicando este criterio de la bondad del Estado, de este modo (resumo por mi cuenta y riesgo): Hay que obedecerle al gobernante ocupante usurpador que detenta efectivamente el poder (es decir el enemigo detestado que invadió su país), en todo lo que no contravenga la ley natural y divina y en todo lo que no implique consentir la injusticia de la usurpación. Si dicta normas sobre la circulación en las calles, o sobre los mercados, etc., ha de ser obedecido porque en eso está implicado el bien común político.
 A mi criterio, en un caso así, no debiera ser obedecido, no sólo en medidas contra el orden natural y divino, sino tampoco aceptando que el usurpador cambie la bandera de Bélgica o la Constitución de Bélgica… aunque los artículos de esa constitución que no fueran contra el bien común político sí debieran ser acatados…
  1. El principio del bien común político pide preocuparse por la Argentina y salvar la Argentina
            Tenemos hoy en la Argentina, como dijimos, 1/3 de pobres…
            No tenemos fuerzas armadas, mientras nuestros vecinos se arman cada día más. No hay Estado en el mundo, dada la naturaleza humana tal como es, que no haya tenido fuerzas armadas. Desde Malvinas se ha acatado la decisión de los Superpoderosos de que Argentina no las tenga. Si una primera función de las fuerzas armadas es poder amenazar para que no se produzca un ataque, es probable que eso acelere guerras y derrotas o concesiones indignas…
            No tenemos sistema penal. Sepan Uds. que cuando Uds. ven que un tipo roba y sale en libertad; otro mata y sale en libertad, cuando casi nunca se condena, todo esto obedece a un sistema, el Garantoabolicionismo que, so pretexto de las garantías, quiere que no exista castigo para los delincuentes ni protección a las víctimas ni reeducación por el derecho penal para los delincuentes.
            Estamos sometidos a la usura… Hay una sentencia judicial incuestionada que demuestra que la moderna deuda externa argentina en gran parte fue un fraude… que es falsa. Que no existe. Que no se sabe adónde fue el dinero, salvo el enriquecimiento de sus gestores. Además, se probó que el dinero no era necesario. Ni cuánto entró, si entró. Que dinero que entró a un interés se represtaba al mismo prestamista a un interés más bajo… Es decir que salía… Además, se sabe que nunca se va a poder pagar…
            Hay un Exterminio en curso… El Estado de Salta mata 3 o 4 chiquitos por semana… Se matan miles… Aborto quirúrgico… Aborto pastillero…
            No hay banderas en las calles…El patriotismo decrece.
            No tenemos Universidad… Les cuento el caso de un profesor que vivía aquí en el Gran Buenos Aires, joven filósofo importante, con mujer y tres hijos… Tenía que viajar a La Plata, a Buenos Aires, al Gran Buenos Aires, a no sé dónde… siempre a la carrera… para dar clases. No le alcanzaba para mantener la familia o le alcanzaba apenas… Y no podía estudiar con tanta movida… En Chile le pagan a los profesores yh consiguió un full time , tiene horario de 9 a 17 horas y su escritorio y biblioteca provistos, y el resto lo dedica, con un buen sueldo, a la familia.
  1. Ante la realidad apliquemos los principios
El bien común político, la felicidad de los argentinos, es el principio,       el gran mandato. De ese principio surgen los principios derivados. Y habrá que encontrar los medios para alcanzar los fines enunciados en los principios.
            Tenemos 1/3 de pobres… – Bueno: El principio político cristiano aquí en la economía es el mandato: combatir la pobreza YA. Y para combatir la pobreza hay que combatir las causas de la pobreza.
            No tenemos fuerzas armadas. – El principio político del orden natural y católico es el mandato de tenerlas… Y arbitrar los medios… ya…
            No tenemos sistema penal. – El mandato político católico dice que hay que tener sistema penal… Castigar el delito. Defender a la gente…Gracias a esto hay gente que se podrá redimir.
            Estamos sometidos a la usura… – El principio político católico manda revisar la deuda y pagar sólo lo real y pagar en la medida en que se cubran los gastos que son prioritarios. No se puede pagar a costa “del hambre y la sed de los argentinos”, como dijo un presidente que lo quiero porque defendía el principio de la enseñanza religiosa a muerte, pero aquí… Lo dijo en el mismo momento en que reconocía que los ferrocarriles ingleses nos estaban estafando, haciendo figurar gastos para obtener la ganancia prometida del 7 %, que además incluía el regalo de una legua a cada lado de la vía desde Rosario a Córdoba… Se pagará con lo que sobre después de los gastos prioritarios… que incluyen que la Argentina mantenga un nivel decoroso de vida y que progrese…
            Hay un Exterminio en curso… matan gente con total impunidad… Mata el Estado, matan los jueces, quieren matar los legisladores, sometidos a los poderes internacionales. Se matan miles… Aborto quirúrgico… Aborto farmacológico con el Bisoprostol…. – El principio político católico dice combatir al aborto y poner presos a los aborteros y a los jueces y a los legisladores aborteros…Basta de matar inocentes… Volver a repetir el Argentinazo, del 8 y 9 de agosto de 2018, pero avanzar… porque ahí se paró la ley… El Partido de Herodes quiere la ley… van por más… van por todo… Nosotros nos oponemos con todo, a todo esto.
            No hay banderas en las calles… – El principio político católico dice embanderar el país…
            No tenemos Universidad…  – El principio político católico dice refundarla, en su espíritu, en su estructura, en los medios… y no consentir la destrucción y la hipocresía… Y no decir que tenemos Universidad si la misma no paga a los profesores…
  1. Una objeción: Ud. se olvidó de lo más importante que es la religión, porque habló de bien común político y la religión es distinta de la política.
            No. Nosotros tenemos en nuestro Derecho Tradicional, desde siempre, el mandato de proteger y conservar la Santa Religión Católica que fundó la Argentina.
En el Preámbulo nuestros representantes invocan la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia. El artículo 2 manda sostener el Catolicismo, y esto implica el sostener económicamente en serio y adoptar en lo substancial la moral católica: unión moral, se le llama.
Alberdi decía que para educar a los argentinos hacía falta la Religión Católica. Y Vélez Sársfield enseñaba que la religión era el asunto más importante de la política.
            Los mejores juristas, como Bidart Campos y Ricardo Bach de Chazal, sostienen que en virtud de la unión moral significa la inconstitucionalidad de toda norma que ataque la moral católica.
            El bien común político es la felicidad de los argentinos en esta tierra. Y ella no se logra sin la Religión.
            De modo que lo más importante del bien común político, por lo tanto de la política, es Dios.
  1. Por qué defendemos la Cristiandad
            Una cosa es el Cristianismo y otra la Cristiandad.
La Cristiandad no existe sin Cristianismo; pero puede haber este último sin cristiandad, como sucede, por ejemplo, en Japón y China.
Cristiandad es el orden social informado por el Cristianismo. Hay cristiandad cuando está la Religión en las leyes. Hay cristiandad cuando los nombres de las calles, como aquí en este barrio de Ingeniero Maschwitz, llevan nombres de santos. Hay cristiandad cuando hay justicia social. Hay cristiandad cuando se respeta el domingo como el día del Señor.
Defendemos la Cristiandad porque es el orden querido por Dios… El documento principal sobre el tema es la encíclica Quas Primas, del Papa Pío XI, que establece la festividad de Cristo Rey. Y esto está ratificado por el Catecismo de la Iglesia Católica, art. 2.105.
            La defendemos porque lo manda el Derecho.
  1. Razones para todos y no sólo para los católicos
Pero también la defendemos porque es nuestro modo de ser. Venimos del Cristianismo y la Iglesia fundó la Argentina…
La defendemos por agradecimiento… Cuando en 1994 se reformaron artículos religiosos de la Constitución el periodista judío Manfred Schonfeld se opuso en el diario La Prensa invocando que si los no católicos debemos pagar con esos artículos que privilegian a la Iglesia, resulta muy barato por lo que todos los argentinos le debemos a ella.
La defendemos para mantener nuestro modo de ser y nuestra independencia político-económica: el nuevo orden mundial quiere inventar e imponernos una nueva religión (lean chicos al P. Sanahuja).
La defendemos, es decir defendemos la Argentina Católica, porque sin Dios no hay moral y se destruye el orden natural.
La defendemos para defender nuestra idiosincrasia. El Presidente Roosevelt visitando la Argentina le dijo al perito Moreno que mientras Argentina sea católica “no la podremos dominar”. Por eso, como decía el P. Castellani, nos regalan biblias y fomentan entre nosotros el protestantismo. “Nos regalan biblias y nos roban los bienes”.
Pero volvamos al bien común político, el principio de los principios de la política católica, con una definición.
  1. Definición criolla de los derechos humanos y del principio del bien común político
“Es el gaucho en su orfandà
De la fortuna el desecho
Porque naides toma a pecho
El defender a su raza
Debe el gaucho tener casa
Escuela, iglesia y derechos”. (Martín Fierro, II, 4823 ss.).
¡Vamos Argentina todavía!

Héctor H. Hernández
20 de septiembre de 2019

[1] Llamo “dignidad estática” a la que todo hombre tiene por el hecho de ser hombre, es decir por tener naturaleza humana. “Estática” porque la tiene con independencia de lo que haga. Pero al actuar con su voluntad libre puede caer en la “indignidad dinámica”. Por digno que el hombre sea se vuelve indigno por el pecado.