martes, 24 de septiembre de 2019

Los Cruzados Virtuales o el perfil de una mentalidad binaria


Los Cruzados Virtuales o el perfil de una mentalidad binaria

Post post (actualizado el 23/9/2019 a las 17 hs):
Por el Centro de Estudios Universitarios «Leonardo Castellani»

Santa Fe, 13 de Septiembre de 2019
Los Cruzados Virtuales o el perfil de una mentalidad binaria
“Mientras quede algo por salvar hay que hacer lo que se pueda por salvarlo” (L.C.)
 
Heme aquí escribiendo pobres y humildes letras hilvanadas en el barro del realismo cotidiano que fatiga a los hombres mundanos. Qué más quisiera yo que estar encerrado en la paz y soledad de un claustro y desde allí tejer preciosas perlas de contemplación hechas verbo, palabra o canción, revestidas de la atmósfera pulcra y silenciosa de la clausura conventual. Pero no. Heme aquí lidiando con los asuntos mundanales que van de lo meramente ordinario como son las discusiones de góndola hasta lo dolorosamente sucio y putrefacto como es el terreno político. 


¡Ay de mí! Ya quisiera yo ser llamado a contemplar en paz un misterio del Santo Rosario o cantar en coro con el corazón en ascuas un himno gregoriano tomado del Gradual y ser arrebatado a la tercera morada, pero me fue impuesto tener que trabajar, hacer mandados y consultar de reojo cuánto cerro el dólar la mañana de hoy. Tiempos duros estos para un alma templada a golpes.
Alguien dijo por ahí: “a tiempos malos, coraje doble”; y vaya que es tiempo de duplicar el heroísmo y fortalecer el corazón en esta época bulliciosa que enciende los ánimos en un furor de guerra por la tardanza del Bien que se espera. Tiempo de confusión, preludio del Incendio Final que augurara Nuestro Señor cuando dijo, “he venido a traer fuego sobre la tierra y cuanto deseo que ya esté ardiendo”. Tiempo que se alza como una nueva Babel en la cual los hombres, en desesperación y perplejidad desfallecen de terror ante el ocultamiento del Verbo. Tiempo que augura una nueva Babel en que la palabra ha perdido su señorío y el intelecto su gallardía. Este reino de la confusión y abolición de la palabra está azolando los ímpetus humanos –mendicantes de magisterio-, proscribiendo al ostracismo aquella inteligibilidad que hacía brillar en esplendor la profundidad de las esencias.
Es que sin la luminosidad del Verbo las esencias se opacan y se vuelven meros conceptos abstractos y mudos; sin la irradiación de aquel fondo divino que los sostiene en el Ser, las cosas reales se vuelven puro palabrerío, verborragia, exceso, voluptuosidad. Pero peor aún, sin la luminosidad del Verbo que vuelve diáfanos los conceptos solo hay “Razón”, la fría y peligrosa razón lógica que decía Chesterton hace que un loco pierda todo menos a ella. “Loco es el que perdió todo menos la razón”.
La lógica, ese arte delicado por el cual Dios le permitió al hombre poner sus manos en el cielo empíreo de los entes para atar cabos entre ellos y llegar a la Verdad, ese arte precioso que permite al hombre poner su cabeza en el cielo, hasta donde el cielo se lo permite es tarea de pocos. Y sólo se atreven con ella los espíritus templados por las virtudes más excelsas –teologales y cardinales-, sobre todo los prudentes, ya que es la prudencia madre de la Sabiduría. La lógica, no se engañen, es hábito intelectual accesible al hombre pero dado por Dios a los más esforzados, y se adquiere con años de estudio y madurez. La lógica, causa eficiente del hábito del pensamiento, debe estar impulsada por los dones de Ciencia, de Entendimiento y Consejo hasta actualizarse en Sabiduría para no corromperse o desviarse. ¡Preciosa perla de la Sabiduría! ¿Quién pudiera alcanzarla de un solo golpe? – ¡oh, Premio Divino con que Dios robustece el alma de sus hijos para la unión definitiva con su Creador! La causa final del acto racional es la gloria de Dios, la salvación del alma y la edificación del Reino de Cristo por la Gracia Santificante y Dones de Espíritu Santo.
Es por eso que la hidalguía del verbo no reposa necesariamente en la erudición ni en la virtud dialéctica. Tampoco en los anaqueles de la superabundancia bibliográfica, mucho menos en la voluptuosidad de un silogismo tejido en soledad; pero ¡ay!, he aquí la gran cuestión, no será posible encontrar la luminosidad del verbo en las covachas bloguistas donde se tejen complejas conclusiones –arrojadas como flechas desde trincheras virtuales cavadas en la turba del anonimato o de la impersonalidad. Covacha que facilita la agresión inesperada y a traición, como la de aquel que oculta el rostro cuando tira la piedra, porque en la trinchera-covacha se siente protegido por las paredes de un claustro virtual que se tejió para sí mismo a fin de poder atacar al enemigo sin tener que mirar de frente la crudeza del rostro agraviado.
Otra es la pesada realidad que soportan los valientes de carne y hueso que asumen el correlato de sus actos sabiendo que no son ellos los que defienden a la verdad si no que es la verdad la que los defiende a ellos. No viene al caso referirnos a la precariedad existencial que rodea al universo virtual de los blogs porque de hecho existen muchas páginas de internet o blogs que hacen justicia a la Verdad, y sirven al Verbo con denodada resistencia y perseverancia resultando de ellos un servicio necesario y valiente a la transmisión de la Palabra fundante, del Verbo esencial que busca ser dicho, cantado o narrado con luminosidad para enfrentar la ola de macaneo que amenaza a nuestra Patria.
Pero la Palabra fundante (el son que funda que decía Disandro) no agota su correlato en la plataforma virtual del mundo bloguero. Eso lo saben bien aquellos que resisten a la mentira no solo desde un escritorio o una biblioteca sino más aún en la peligrosa plataforma que se llama el mundo real. Peligrosa plataforma decimos porque en ella existe una constante amenaza a equivocarse, a errar y a pecar incluso. Porque la imperfección es su correlato, buscar eliminarla y desterrarla es querer meterse en una burbuja de perfección que no está en la realidad pero que muchas veces puede verse en la caverna troglodita del escritorio y del universo virtual.
El que vive en la realidad peca, se equivoca, se arriesga a errar. Y así es el pesado mundo real. Está abonado por la horrorosa carga de la Herida Original, – ¡qué se le va a hacer!- pero existen muchos que alimentan sus ánimos con esa ilusión de que todo debe ser perfecto. En la Iglesia, en los púlpitos y en los presbiterios; en las casullas, en la liturgia y en los ademanes. En general exigen esa perfección en todo: en las cátedras, en los actos civiles, en la vida pública. ¡Y hasta en las casas ajenas! Porque muchas veces no toleran la idea de que cada uno es libre, más aún dentro de su propia casa. Pero ¡amalaya!, hasta exigen esa misma perfección inmaculada no solo en las opiniones sino peor aún ¡en la Política! ¡Quieren ver brillar la perfección inmaculada que solo con la ayuda de Dios y su misericordia podrán ver en la Patria Celestial! …Pero en sus almas no la quieren ver jamás.
La realidad, esa es la cuestión. El realismo no está de suyo en los libros, no está en una idea y menos en una serie de algoritmos binarios que forman la gran matrix de esa caverna troglodita que forma el universo virtual en el que abrevan las miríadas de almas humanas.
Pero la Realidad es misterio, es fugaz y escurridiza –ama ocultarse, decía Martin Heidegger-, es nouménica, inefable. Solo aquellos que se trabajan en ella la alcanzan después de largos años de fatiga. Un profesor mío decía que, en la metafísica (ciencia de lo real en tanto real; o del ser en tanto que ser) se alcanza a entender algo después de muchos años de meditación. Por eso es que la sabiduría está ligada a la madurez y la madurez ligada al silencio. He aquí una clave: ¿Quieres encontrar maestro? Ve a donde nadie hable, donde nadie vocifere postulados y silogismos a raudales. Ve donde no haya derroche de palabras y encontrarás la Luz del Verbo. Que la verborragia no es amiga de la verdad y las palabras no siempre son amigas del Verbo. Una vez le pregunté a un maestro que pasaba largos días en la soledad de su convento:
–Padre, ¿no se siente solo después de tanto tiempo?
A lo que el sabio fraile replicó:
–Después de muchos años de estudio uno se acostumbra al silencio.
Fue la charla más larga que había tenido con ese meditabundo sacerdote de quien he recibido las enseñanzas más elocuentes y lúcidas. Estaba delante de un sabio. De un contemplativo. De un maestro. Un metafísico que tenía fama de ser uno de los pocos teólogos que quedaba de una gruesa estirpe que resistía entre el claustro y la predicación. Un cruzado de carne y huesos; un soldado que gastó su vida en la trinchera del silencio, de la oración, de la meditación constante del Verbo, de la mortificación y de la humillación, hasta quedar oculto a los ojos del mundo y lejos de la profana boca de los adulones. Un Cruzado del Verbo.
En la vereda de en frente se encuentran los cruzados virtuales. Tienen características psicológicas comunes que definen todo un perfil. Pero no necesariamente son fantasmas que se esconden detrás de un teclado. Estos cruzados del concepto, se dedican en general a racionalizar como detectives el nivel de ortodoxia que hay en las cuestiones disputadas del mundo real aplicando los principios supremos de la sabiduría clásica en temas de teología, política, filosofía, ética, historia y cultura general, adoptando criterios dogmatizantes en los asuntos que de suyo son susceptibles de discernimiento prudencial, llevando más allá de lo sanamente tolerable las exigencias que el ejercicio de la libertad de las consciencias y la vida moral impone. Vicio peligroso que alimenta la vanagloria de los cruzados de escritorio alimentando el deseo de grandeza que en lenguaje corriente se llama orgullo.
Estos carceleros de la ortodoxia son adalides de la defensa de la recta opinión. Sienten que una conclusión bien lograda se impone a todo. Que un argumento construido con astuta elegancia vale más que cualquier matiz que se pueda aplicar a los asuntos disputados. Estos peligrosos caballeros creen que están honrando a Aristóteles cuando son capaces de perder una amistad por defender un postulado; y usan latiguillos como ese que reza: “Platón es mi amigo pero más amiga es la verdad” creyendo que están defendiendo el Verbo cuando en realidad están idolatrando un silogismo. Si el gran Sócrates los escuchara sacaría una humorada sutil de sus labios para dejar en ridículo la vanagloria disfrazada de erudición que engorda las cabezas insensatas de estos charlatanes.
Y la insensatez se vuelve odio cuando estos casquivanos son capaces de insultar, agredir, calumniar y ridiculizar al que lo contradice con una demostración, llegando a victimizarse incluso como mártires de la verdad, incomprendidos y perseguidos religiosos. Entonces todo es válido para ellos cuando tienen en frente un oponente que se muestra capaz de atacar esa conclusión matemática que satisfizo sus enfermizas elucubraciones mentales. Porque los cruzados de escritorio tienen mentalidad matemática, cartesiana, son espíritus geométricos que no admiten distinciones ni matices más que las conceptualizaciones universales con que concluyen sus postulados lógicos, porque los matices ponen en jaque la pureza de sus opiniones.
Otra característica de los cruzados bloguistas es que ellos odian lo que llaman “politiquería”. Y no son muy originales porque la politiquería es en general detestada por cualquier tipo de caballeros. Ellos impugnan el régimen con recurrentes denuestos y vituperios insistiendo en mostrar el grado de descomposición putrefacta que impregna el orden social e institucional de la Patria. Y esperan una restauración. Esperan la Parusía. La consumación final y la plenitud de los tiempos; y si miran a oriente cada mañana, se vuelven un poco más realistas y les asoma el alma por la ventana de la burbuja virtual y respiran la agreste atmósfera del mundo consumado en fracaso, y exclaman con profundo realismo: ¡Cristo Vuelve! Y de repente el corazón se les inflama y sus conceptos cobran vida, y ese brote de esperanza interrumpe la obtusa mirada cotidiana, y sus palabras se vuelven Verbo por una vez… pero miran alrededor y encuentran que ese anhelo les contesta: “todavía no”.
Entonces saben que no les queda otra que volver a la covacha del tradicionalismo bloguista y seguir incendiando la red con flechas conceptuales. Porque la política está corrompida. El sistema es intrínsecamente perverso para asomar el hocico en el plano ético de la existencia y entonces se guardan nuevamente en la burbuja binaria creyendo que eso es estar en el Plano Religioso de la vida.
No se manchan en la sucia política pero auguran tiempos de gloria. Anhelan la grandeza de la cristiandad, la gloria de los palacios y las cortes nobiliarias, las coronas y los inciensos, las caballerías y las armas en ristre. Pero ellos no se mezclarán en los asuntos turbios de las instituciones republicanas porque no reconocen como válidas o legítimas las estructuras del orden social vigente. No pondrán sus manos en las aguas contaminadas de la sociedad actual, y aun así no dejan de lidiar con la bajeza mundanal cuando trabajan, si trabajan, cuando hacen apostolado si es que lo hacen, y cuando van al supermercado si les toca hacerlo, sin poder explicar suficientemente cómo es eso de la complejidad existencial que te obliga a darle la mano al vecino ateo en correctísimo arrebato de conducta y tratar de imbéciles a los propios cuando dicen que “mientras quede algo por salvar, hay que salvarlo”.
La política es asunto de pocos, no es novedad. No cualquiera tiene ánimo suficiente para soportar el estercolero de la cosa pública
“El hombre capaz que intenta una empresa política honrada, gana algo siempre, aunque sea derrotado. Sale de la esfera del “placer” y de “hacer dinero” (que es la esfera estética); es decir, se nobiliza, en una palabra; y huye del mundo de los tamásicos y de los impávidos morales; no menos que del de los filoletras y las nenas”[1].
Ellos, adalides de la matrix, suelen decir que en política es conveniente hacer lo imposible veraz a lo acomodaticio y oportunista; menudo chicaneo que, introduciendo un sutil juego de palabras, pretende atar las manos de aquel que asumiendo moralmente la dificultad natural de la política, se anima a hacer lo que simplemente puede dentro de lo posible sin que sea necesaria la sospecha de oportunismo. Pero ellos pretenden impugnar las acciones nobles solo porque son difíciles. Pero la política es opción entre dificultades. La moral se juega entre dificultades. El realismo aquí es lapidario. Porque incluso para el Emperador Carlos V, para Isabel la Católica y para Enrique VIII la política siempre fue optar entre dificultades.
El sistema es perverso. Nadie lo discute. Es a toda evidencia perverso. Pero es lo que materialmente tenemos entre manos. Es lo que nos dejó años de perversión política. Y hasta podríamos decir que sabemos muy bien que es la causa de la perversión. Y ya no quedan palacios, ya no quedan cuarteles, ya no quedan alcázares, ya no quedan vigías, ya no quedan ni siquiera púlpitos, ya no suenan las campanas del mediodía. Ya los niños están tristes con sus infancias alienadas. Las familias agonizantes. Ya no hay pastor. Ya no hay maestros. Ya no está occidente con sus preciosas instituciones republicanas heredadas de la Roma prístina. Las preciosas formas que instauraron la gloria de la cristiandad, del Reinado Social de Cristo, de las Catedrales y los Claustros se quedaron sin materia. Quedaron las formas luminosas y sus esencias pero ya no hay materia. Ya no hay soporte.
Y el caballero virtual que lee estas letras piensa, -¡eso es Maritain! ¡Está diciendo que la cristiandad no existe más y que ahora es tiempo de una Nueva Cristiandad! ¡¡Liberalismo!! ¡¡nuevo liberalismo!! Y otra vez el realismo le golpea en la cara. Porque si lo piensa en serio tendrá que reconocer que, aunque Dios sea causa eficiente ejemplar del orden social, la restauración habrá que hacerla –si es que el buen Dios la permite, y se hará con lo que tenemos entre manos. O no será. Primero religión, después política. Primero política y después religión. Y los espíritus geométricos pretenden resolver la ecuación del anterior y el posterior insultando de liberales a quien se arriesgue a tomar la iniciativa. Pero la respuesta magna a la ecuación ya la dijo Cristo “dad al César lo que es del César…”; y fue cuando los cristianos entendieron esto que se dedicaron a convertir al emperador Constantino. Y otra vez el espíritu matemático me gritará: “-¡Pelagianismo!”
Es lícito actuar cuando lo que se sigue es un bien posible. ¿Acaso, no es lícito hacer lo posible aun cuando las circunstancias son desfavorables en vistas a producir un efecto favorable por mínimo que sea? Supongamos que soy docente (argentino), el perverso sistema educativo argentino viene destruyendo la infancia, la cultura, la familia y la patria (ni hablar de la religión) desde hace añares… ¿cuántos? No sé con precisión. El laicismo institucionalizado en el normalismo pedagógico de Sarmiento destruyó la educación y la llevó al colapso de la putrefacción ideológica que hoy ostenta; una escuela materialista, atea, plagada de escepticismo gnoseológico, relativismo moral cuando no explícitamente corrompida. ¿Dar clases en un ámbito así, no es realmente “dificultoso”? digo, es un acto político la enseñanza; ¿no es una opción entre dificultades? Participar del régimen pedagógico perverso, ¿por qué no acusa de pecado a los docentes católicos bien formados? ¿no es la escuela argentina un perfecto reflejo de la política Liberal? ¿por qué los que se confiesan por ir a votar no se confiesan por dar clases en un régimen perverso como es la escuela argentina? –Padre, he pecado, fui a reemplazar a una escuela sarmientina. Y el cura, con toda la sensatez del mundo (siempre y cuando no sea un cruzado virtual disfrazado) le dirá: –hijo, haz todo el bien posible, por pequeño que sea, servirá para la vida de esos alumnos. Y el pobre cura pensará: “Hice estrictamente el papel de Padre Espiritual., aunque un puñado de idiotas pusieran el grito en el cielo porque me “metía en política”; como si para hacer cualquier cosa con los hombres no fuera necesario “meterse” primero entre los hombres. Puede objetárseme que somos “pescadores de hombres” y que los pescadores se quedan en la barca y pescan desde arriba: Yo no. Yo quise ser pescador de truchas – y algunas pesqué”[2].
Si estuviese en un legislador la posibilidad de votar por una ley de aborto menos restrictiva en contra de un proyecto que pretendiera aplicar la pena de muerte a un no-nacido en la semana nueve de su gestación, ¿acaso no es lícito levantar el pulgar para evitar que se lleve adelante el genocidio a mansalva, aun cuando su voto no lograra eliminar del todo la criminosa ordenanza jurídica abortista? Es a estos actos propios de la moral en materia prudencial que se les pretende aplicar la vara del puritanismo, impugnado de incorrección ética a los que se foguean en el orden público, tildándose de “malminoristas” a quienes buscan el bien común más allá del manual anti-liberal. Pero para los puritanos esto es un mero juego dialéctico de filosofías escolásticas. Porque los cruzados virtuales ruegan a Dios por una guerra justa que aplique un castigo ejemplar a los abortistas.
Pero ellos no harán de verdugos ni mancharán sus chombas con sangre, porque para eso están los otros… los de afuera. Pero los cruzados virtuales creen que los otros asumen a pie juntillas todos los principios del liberalismo, creen que los que luchan por resistir a los frentes anti familia y anti niñez están asumiendo en totalidad los errores de la herejía liberal. Creen que pueden lanzar dardos virtuales a raudales contra los que se preocupan por frenar el genocidio infantil apostando a una acción precaria y circunstancial como es la política de partido, aun cuando existe la plena conciencia y convicción de que de un partido político no saldrá la restauración de la Patria y de la Cristiandad; pero –quién sabe- tal vez Dios nos dé una tregua y un respiro si nos unimos colectivamente intentando salvar algo, o frenar, o demorar un fracaso inminente.
Pero ellos desprecian las cifras numéricas, los algoritmos, los cuenta-palotes, las multiplicaciones humanas en muchedumbres… pero van a las peregrinaciones más ortodoxas y miran rebosantes de alegría las crecientes cifras numéricas que se convocan –muy a sus pesares; y quedan pasmados por la magna ecuación que la Divina Providencia puso en la calle multiplicada y fraccionada en intuitivos y creativos capítulos. Pero ellos no quieren ni pensar la cantidad y la cualidad de aquellas multitudes de católicos que los acompañan. No quieren calcular siquiera que los miles de auto-convocados proceden de los rincones más variados de la Patria y se amuchan en un propósito común: defender la Fe y Salvar lo que se pueda salvar. Los cruzados virtuales no quieren reconocer que las matemáticas los desafían en sus elucubraciones mentales cuando descubren que entre esas multitudes hay católicos verdaderos, pecadores, penitentes y cruzados que llevan sus estandartes más en el corazón que en el puño, y no se jactan tanto de su fe quebradiza ni de sus victorias como de sus batallas libradas en el barro del campo agreste de la vida real.
Más paradójicamente, se llenan de confusión cuando calculan las masas –cristianas o no, que se suman y multiplican cuando una posibilidad de resistencia llama a las calles en defensa de la vida y la familia. Y se felicitan por ser ellos parte virtual de las masas cuantitativas que vociferan contra el tirano gritando ¡Sí a la vida! Pero son incapaces de estar allí en carne y huesos porque simplemente ellos no creen en los números. Pero escriben panfletos y los viralizan llamando a demoler congresos y parlamentos a mazazos mofándose de las muchedumbres ingenuas que allá abajo, en las inferiores de la existencia, resisten fríos, vientos, lluvias e insultos por doquier, calculando si los porcentajes numéricos les serán favorables esa noche o no. Los cruzados virtuales se sienten en un plano superior de la vida; ellos no creen en las muchedumbres. Pero las muchedumbres, muy a sus pesares están trabajando por ellos y sus hijos y los hijos de sus hijos resistiendo, sumando, y rezando para que la tiranía no avance tanto; para que el tirano no se meta hasta la intimidad del hogar. Porque en las calles también se reza, y eso quedó demostrado, se hace sacrificio, se adora a Cristo Rey. Y así fue que –misteriosamente-, la argentina mostró al mundo real cómo se resiste en la calle cuando la fe y el bien común llaman a la defensa de lo que queda, la vida naciente.
Los cruzados virtuales no apoyan ni valoran la trascendencia de la “lucha pro-vida”. Y no se dan cuenta que los celestes ganaron las calles. Los critican con abyección llamando al movimiento pro-vida “providismo”. Pero estos “providistas” ganaron las calles y en ellas rezaron, lloraron y cantaron y mientras tanto hicieron temblar a los poderosos.
Como era de esperar, los cruzados virtuales no dieron presente. Porque ellos están apoltronados en sus escritorios leyendo o escribiendo sesudos posteos virtuales en contra de los auto-convocados “pro-vidas”. Ellos, cruzados de la “matrix”, no van a las movilizaciones pro-vida porque están esperando que los llamen a una cruzada ecuestre, castrense, de armas y borceguíes. Y así llegará la Parusía, porque a esa cruzada nadie los llamará, porque a las cruzadas no van los hombres anónimos.
Los Cruzados Virtuales no aceptan que existen argentinos de Bien que son parte positiva de la Patria y así demuestran un peligroso sectarismo. Ellos adulan su propio ingenio cuando hacen lógicos y razonados comentarios en los blogs más cotizados, se creen portadores de una ortodoxia inmaculada, de un mensaje arcano que los llena de orgullo; porque a ellos les fue revelado un cristianismo superior, “Ilustrado”, un cristianismo de iniciados. Y rebuznan contra la que llaman “fe del carbonero”, que sería esa creencia ingenua, humilde, abandonada a la simpleza del Dogma, de la piedad, de la devoción, del abandono sincero y confiado en la Providencia. No quisieran ellos saber cuántas de aquellas almas cristianas tienen realmente la difícil posibilidad de estudiar, de formarse, de buscar la luz del entendimiento para acceder al misterio divino y calculan con escándalo el límite entre la ignorancia vencible y la ignorancia invencible. Y se lamentan de lo que ellos creen que es pobreza intelectual cuando en realidad es humildad y silencio. Los cruzados virtuales no tienen ojos para ver la realidad.
Cuando María Santísima convocó las Cruzadas, en ellas se alistaron hombres de la más variada procedencia: Santos y pecadores, ortodoxos y heterodoxos, virtuosos y cobardes, doctos e iletrados; todos unidos en la misma causa, convocados por la misma voz que ordenaba la lid. La hora de la batalla es exigencia de todos. Pero los puristas esperan un mesías que sea de perfecta procedencia, inmaculado currículum, intachable reputación. Un don Juan Manuel de Rosas de escritorio, un Príncipe de una perfección inmaculada. Un nuevo Juan de Austria. Pero cuando Dios nos lo mande ellos no lo reconocerán, habituados como están a mirar la paja en el ojo ajeno.
Los cavernícolas virtuales no son capaces de hacer algo complejo por la Patria. Porque creen que se contaminan. Creen que la cristiandad se construyó en una biblioteca y con argumentos dialécticos. Esa es una idea tonta pero frecuente, creen que van a hacer algo por la Patria «diciendo la verdad»; creen que están edificando la argentina de sus hijos impugnando a los demás con sus silogismos. Antes yo creía que cuando Castellani decía que hay que hacer verdad se refería a hacer silogismos. Ahora, un poco menos ingenuo un poco más maduro, creo que hacer verdad también es trabajar, educar, hacer familia, defender la vida en las calles (con o sin pañuelitos celestes) y salvar lo que queda. Tal vez nos equivoquemos en ciertas reivindicaciones y aspiraciones a formar un frente nacional que obstaculice o simplemente demore el avance miserable de las huestes enemigas de Satanás, tal vez equivoquemos el método. Dios dirá. Lo seguro es que los caballeros conceptuales nos juzgarán de pecado de liberalismo, de traidores a la Patria y de desleales a la causa. Pero ellos seguirán tejiendo intrigas entre el escritorio, el teclado y la chocolatada.
Valga esta gruesa exposición en defensiva contra estos amargos caballeros virtuales que gustan de tirar tópicos por doquier escupiéndole el asado a los que se foguean entre las brasas y los humos cotidianos de la mundanidad.
Por el Centro de Estudios Universitarios «Leonardo Castellani»
[1] Carta del P. Castellani a Ignacio Pirovano de 1953.
[2] Carta del P. Castellani a Ignacio Pirovano de 1953.