LAS SORPRESAS DEL DEMONIO
Francisco
está haciendo su Iglesia, la de él, renovada según su mente humana y
haciendo que todo vaya como lo planeó antes de subir a la Silla de
Pedro.
Él da en la Iglesia lo que quiere oír el pueblo y, por eso, muchos lo tiene por santo, por justo, por un buen hombre.
Son
muchos los engañados en la Iglesia por Francisco, pero son muchos más
los que no se deciden a oponerse a Francisco, porque tienen miedo de ser
excluidos de la Iglesia, de ser señalados por todos en la Iglesia.
Pero,
más tarde o más temprano hay que tomar una decisión en la Iglesia, un
camino a favor en contra de quien ahora está sentado donde no le
corresponde.
El
Papa Benedicto XVI es Papa hasta la muerte. Y, por tanto, a él le
corresponde gobernar la Iglesia. Pero no puede hacerlo si no sale de su
pecado.
Fue
obligado a renunciar porque su vida corría peligro. Y prefirió la vida
antes que darla por Cristo. El Señor es el que tiene que juzgar ese
pecado de Benedicto XVI, pero a las almas de la Iglesia les corresponde
discernir los Tiempos en la Iglesia debido a ese pecado de Benedicto
XVI.
Cada alma tiene que ver la Verdad de su vida, ahora, en la Iglesia, porque los momentos son graves para todos.
Juzgar
y discernir son cosas diferentes en la vida espiritual. Juzgar se hace
con la mente humana, con las razones, con los juicios, con las
filosofías. Y siempre el que juzga se equivoca en su juicio, porque el
hombre no puede ver toda la Verdad de las cosas o de los acontecimientos
de las personas en sus vidas. Y el Señor manda no juzgar a nadie.
Pero el Señor nada discernirlo todo. Y se discierne, no con la mente, sino en el Espíritu.
Y
el Espíritu va enseñando al alma a pensar la realidad de lo que ve. a
ver las cosas como las ve Dios. A no entenderlas como los hombres lo
hacen.
Todo
tiene un tiempo para el Espíritu. Y el Espíritu sabe los cambios en las
vidas de los hombres. Y va preparando a los hombres a esos cambios.
Por
eso, desde la renuncia de Benedicto XVI, Dios ha dado un tiempo a Su
Iglesia para que discierna el Espíritu dentro de la Iglesia. Y Dios no
ha mandado castigos conforme al pecado de Benedicto XVI, porque sabe
cómo está el alma de la Iglesia, cómo viven las almas en Su Iglesia, y
cómo todo se halla en la tibieza espiritual.
Por eso, el Señor aguanta y espera a que las almas despierten y decidan sus vidas en la Iglesia.
Y
ha habido tiempo suficiente para ver lo que pasa en la Iglesia y para
estar precavidos, porque en cualquier momento, todo puede tomar un giro
inesperado. Se sienta en la Silla de Pedro un impostor, uno que engaña
desde el principio y, por tanto, no se puede confiar en él de ninguna
manera.
Estamos
en un tiempo crítico en toda la Iglesia y en el mundo. No es un tiempo
fácil para nadie. Pero sólo los que siguen al Espíritu pueden caminar en
este tiempo tan oscuro.
Seguir
al Espíritu es la tarea de la vida espiritual que ya nadie enseña en la
Iglesia. Sólo se enseña a darles a los hombres lo que les gusta en la
Iglesia.
Seguir
al Espíritu supone dar a la vida el camino del Espíritu, no el camino
de los hombres. y, por tanto, supone enfrentarse a los hombres, a sus
vidas, a sus obras, a sus pensamientos, a todo lo que impide dar a Dios
Su Voluntad.
Por
eso, viene a la Iglesia muchas sorpresas, que nadie espera. Y es normal
que no se esperen, porque las almas han despertado después de nueve
meses, pero lo han hecho mal, sin discernir nada, sin ponerse en la
Verdad, sólo pensando que hay que seguir de alguna manera en la Iglesia
aunque se tenga a un hombre que dice barbaridades constantemente.
A
las almas les cuesta ser Iglesia y hacer Iglesia. Viven su vida humana
y, después, se contentan con cualquier cosa para dar a Dios. Y, por eso,
no despiertan del todo, siguen en la dormición de su vida humana.
Es
triste ver cómo está la Iglesia en todas partes. Es triste observar que
nadie quiere hacer nada por la Iglesia, que se tiene miedo de hablar la
verdad y de obrarla sin más. Y es triste pensar que esto va a ir cada
día en peor, que la situación no va a a cambiar, sino, todo lo
contrario, se va a degenerar en odio, en guerras, en avaricias, en
mentiras, en falsedades y engaños dentro de la misma Iglesia.
Francisco
comenzó su reinado en la Iglesia como un falso profeta, sin serlo. No
podía comenzar como un anticristo, no podía oponerse nada más llegar a
la Silla de Pedro y actuar en contra de Cristo y de Su Iglesia. Tenía
que mostrar esa faceta de ser el primer anticristo poco a poco. Y hasta
que no puso su gobierno horizontal, actuó como falso Profeta, pero sin
ser falso profeta porque él niega el Espíritu de la Profecía. Y fue
falso profeta a su modo humano. Y, por eso, las declaraciones que hizo y
sus obras con los judíos y demás en la Iglesia.
En esas declaraciones se ve su propósito de ser anticristo, de obrar como anticristo, que es lo que ha hecho en la práctica.
Y
el documento último que ha sacado es sólo su legado en la Iglesia, pero
no es una obra del anticristo, porque sólo dice herejías, mentiras,
pero no anula ninguna verdad en la Iglesia.
Es
un libro más lleno de herejías, pero no es algo oficial de su iglesia,
de la iglesia que él quiere. Exhorta a las almas a seguir su pensamiento
renovador en la Iglesia, pero no manda seguirlo. Quiere que todos los
sigan, pero es un deseo ineficaz, sin valor, porque, en la realidad, no
está actuando como gobernante de la Iglesia.
Él
se ocupa de sus pobres. Y no más. Que otros cambien los dogmas. Él no
se ha metido en eso porque ya vive sin dogmas. Y ni le interesa meterse
en eso, porque no tiene inteligencia para eso. Otro tiene que hacer el
documento y él firmarlo. Pero sólo está en sus pobres. Sólo quiere
aparecer santo ante los demás porque da a sus pobres lo que ellos
quieren.
Y
esto es todo en Francisco: un pobre hombre que no sabe nada ni de
Cristo ni de la Iglesia. Sólo sabe vivir su vida humana. Es un vividor
de su orgullo.
Por
eso, quien vaya discerniendo los tiempos, se da cuenta de que falta
algo más en la Iglesia para tumbarla, para que quiten los dogmas. Porque
no se puede vivir este documento que ha lanzado Francisco con los
dogmas en la Iglesia.
Por
eso, si no empiezan a quitar verdades, ¿para qué sacan un documento que
no sirve para nada en la Iglesia? Es necesario que comiencen. Pero
¿cómo van a hacerlo? Porque ya se ve la oposición. Ya la gente comienza a
leer y ver que eso que lee no es de Dios. Ya se comienza a despertar.
Y, entonces, ¿cuál será la jugada del demonio para ir comenzado a quitar
dogmas en la Iglesia?
Sólo
una: la sorpresa. Como sorpresa fue para toda la Iglesia la renuncia de
Benedicto XVI, ahora todo en la Iglesia será una sorpresa. Porque no
hay manera de hacerlo de otro modo. Hay gente en la Iglesia que sabe las
herejías que ha dicho Francisco. Hay teólogos que ven el desastre que
es ese documento. Pero callan. Porque, ahora, en la Iglesia todos
callan. Es una orden de arriba. Es lo propio de la masonería. Obrar pero
en silencio, sin que nadie se dé cuenta. Y cuando ya está todo
preparado: el bombazo, la sorpresa.
Así
es siempre el demonio: cuando menos uno le espera. Las cosas de Dios
con paz y con confianza. El alma espera y sabe esperar todas las cosas
sin inquietarse con nada. Y Dios va enseñando al alma todo lo que viene,
todos los problemas, todas las circunstancias que trae la vida a las
almas para que pongan el camino adecuado a todo eso.
Pero el demonio, para imponer su obra, lo hace sin avisar, sin preguntar, sin pedir consejo ni opinión.
Por
eso, es necesario la segunda división en la Iglesia: que quiten la
Eucaristía, que se quede “como un aperitivo, algo para ganarse al pueblo
pero sin la presencia Real de Dios”. Lo importante es el pueblo, los
pobres. Y todo debe girar alrededor de los pobres.
Hay
que dar gusto sólo a los pobres. Y como hay muchos pobres que no pueden
comulgar, por su pecado, hay que hacer que la Eucaristía sirva para
todos, incluso los más pecadores. Se quita la Eucaristía, se queda sólo
la Misa como una comida. Y ya todos pueden comer esa comida sin más, sin
confesarse porque es sólo una comida en la nueva iglesia, un aperitivo
para otra cosa que se hará en la nueva misa.
Ya
los divorciados podrán comulgar, con su pecado, porque es una comida.
Los judíos podrán participar de esa comida. Nada se lo impide, ´porque
es sólo una comida.
Todo
es muy sencillo cuando en un documento se anula la Eucaristía.
Sencillísimo. Pero todo es complicado si se quiere meter a los
divorciados a la fuerza para comulgar o a los judíos o a todo el mundo.
Por
eso, una vez quiten la Eucaristía, ¿para qué seguir en Roma?, ¿para qué
seguir en esa nueva iglesia?. Es una pérdida de tiempo.
Todo
viene en la sorpresa del demonio en la Iglesia. Que nos pille
preparados esa sorpresa, con los ojos abiertos, despiertos. No nos
dejemos engañar por palabritas hermosas, bellas, dulces, inicuas.
