EL ABORTO NO PERTENECE A LA CULTURA
EL DESCARTE
“La
paz además se ve herida por cualquier negación de la dignidad humana,
sobre todo por la imposibilidad de alimentarse de modo suficiente. No
nos pueden dejar indiferentes los rostros de cuantos sufren el hambre,
sobre todo los niños, si pensamos a la cantidad de alimento que se
desperdicia cada día en muchas partes del mundo, inmersas en la que he
definido en varias ocasiones como la “cultura del descarte”. Por
desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes
superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen
“descartados” como si fueran “cosas no necesarias”. Por ejemplo, suscita
horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz,
víctimas del aborto, o en los que son utilizados como soldados,
violentados o asesinados en los conflictos armados, o hechos objeto de
mercadeo en esa tremenda forma de esclavitud moderna que es la trata de
seres humanos, y que es un delito contra la humanidad” (Francisco, 13 de enero de 2014).
Tirar
comida no es pecado y, por lo tanto, no va contra la dignidad humana.
El que haya personas en el mundo que pasen hambre eso no es pecado, eso
no niega al hombre, eso no dice nada de la persona humana.
Que
haya niños que sufran hambre eso es problema de los hombres que no
aman, sino que se dedican a decir que hay hambre en el mundo, pero no
hacen nada.
Francisco
pone su desazón humana en la cultura del descarte. Porque el hombre
descarta, entonces hace un mal al hombre, entonces rebaja la dignidad
del hombre. Esto no se puede consentir en un Obispo de la Iglesia
Católica. Son palabras injuriosas contra Cristo. Son palabras que
revelan lo que es Francisco: un comunista, que hace su proselitismo en
la Iglesia, que habla de política para contentar a los pobres hombres
del mundo, que lo escuchan como si dijera alguna arcana sabiduría.
“Pobres siempre tendréis”:
luego, la pobreza de muchos, el que muchos pasen hambre es necesario
para Dios. Para el hombre es inconcebible, porque no sabe medir el
Pensamiento de Dios. Jesús no vino a quitar la pobreza de los hombres,
sino su pecado. Y, por eso, dejó a los pobres en el mundo, pero quitó el
pecado.
“Pobres siempre tendréis”,
por lo tanto, el que se tire la comida no es pecado. El pecado no está
en descartar comida o cosas materiales. El pecado es no obrar lo que
Dios quiere. Y siempre todo pecado rebaja la dignidad del hombre.
Por
tanto, un Obispo no puede hablar así como Obispo. Sólo puede hablar así
como hombre mundano, como lo es Francisco: un hombre que habla las
palabras que le gustan oír a la gente del mundo.
Hablar
de que se tira la comida y meter el aborto, eso es lo que no se puede
consentir en un Obispo. Decir que el aborto es producto de la cultura
del descarte, eso es lo inadmisible.
Los
hombres del mundo les importa un bledo el pecado. Tirar la comida lo
hacen porque les da la gana. Y no por otra cosa. Predicar a gente del
mundo para que se preocupe por no tirar la comida es sólo un poco de
bondad humana para las personas del mundo. Se les recrimina para que no
tiren la comida y la guarden para alimentar a los pobres. Esto es una
estupidez de la mente de Francisco porque nadie en el mundo se preocupa
por recoger alimentos desechables para los pobres. Nadie. Si la gente
del mundo va a hacer un bien a otro, no le da el alimento que le sobra.
Harán el bien que quieran.
Pero
meter a los abortos en la cultura del descarte es, no sólo una gran
locura, sino un gran pecado de Francisco. Se peca cuando no se enseña la
verdad de un pecado. Es lo que hace Francisco en este discurso: enseña a
seguir pecando, a seguir abortando. Cuando el hombre no descarte un
aborto y dé un hijo, entonces seguirá abortando, porque ya cumplió con
no descartar a un hijo, como cumple con no descartar un trozo de comida.
El
que aborta no piensa en descartar ese hijo, sino en pecar, en matar una
vida, en aniquilar lo sagrado que Dios ha puesto en el hombre: su
naturaleza humana. Porque el descarte es tiro lo que me sobra y,
después, busco más alimentos. Desecho lo que no sirve, pero no odio lo
que desecho.
El
aborto no es un descarte, sino un odio. Y el que aborta no busca más
hijos. Y si los busca es que se arrepintió de ese aborto. Es que vio el
aborto como lo que es: un pecado ante Dios.
Si
Francisco quiere animar a la gente del mundo a que dé alimentos, que
pierda el tiempo en esa estupidez, pero que no meta ni el aborto ni a
los niños maltratados, porque ésto hay que tratarlo como conviene: como
pecados. Y si no se trata así, entonces el aborto y lo demás es cuestión
de descarte, pero no de pecado.
Francisco
no cree en el pecado. En este discurso se ve bien claro. La gente del
mundo no cree en el pecado. Por eso, hay que hablarles como les habla
ese hereje: les da un lenguaje que gusta a la gente del mundo porque no
se menciona el pecado, para no turbar las conciencias de los hombres,
para dejarlos ciegos en sus vidas humanas, y hacer que piensen que hacen
un bien a la humanidad no descartando cosas, no descartando el aborto.
Lenguaje engañoso de un lobo disfrazado de piel de oveja.
Francisco
nunca da testimonio de la Verdad ante los hombres. Aquí lo tienen. No
da la Mente de Cristo en la Iglesia. No les predica a esa gente que no
hay que abortar porque eso es un pecado. Y que las leyes que los
gobiernos han promulgado son contrarias a Dios y es una abominación. No
aborten, pero no quiten sus leyes humanas que les manda abortar. Nada
dice Francisco sobre las leyes que permiten el aborto, porque no le
interesa eso. Le interesa su juego en la Iglesia: sus pobres.
Como
esto no lo predica, entonces Francisco va buscando el halago de los
hombres, la fraternidad de los hombres, la armonía del Universo: no
descarten los abortos y entonces conseguiremos la armonía en la
Creación, todos seremos hermanos unos con otros.
Este
es el tufillo comunista de Francisco que nadie ve. Un hombre que sólo
le interesa el aspecto material de la vida humana: los cuerpos. Y
destroza las almas con su doctrina de la fraternidad.
¡Da
pena cómo va la Iglesia! ¡Da pena ver que Francisco tiene a su
alrededor gente de la misma calaña que él! Gente que aplaude a un
comunista en la Iglesia, y que quiere el comunismo en la Iglesia.
Y,
entonces, ¿qué va a ser de la Iglesia? Muy pocos serán los que vivan la
Verdad de forma íntegra, sin cambiar nada a la fe que Cristo dio en Su
Iglesia. Sin cambiar un dogma, una verdad, una tradición, una enseñanza
de la Iglesia.
Francisco
lo está cambiando todo porque es un hombre anticristo. Es un precursor
del anticristo. ¿Es que quieren más discernimiento? ¿Todavía no han
aprendido a ver lo que es Francisco con sólo leer una frase suya?
Es
que es un hombre que no hay quien lo digiera en el pensamiento. Si
ustedes se ponen a descifrar su pensamiento, les da un dolor de cabeza,
porque no tiene lógica. Es un sentimentaloide cargado de amaneramiento
por los hombres: habla sentimientos para acariciar a los hombres, para
poner la cosa bonita en los odios de los hombres. Y no más. Después, les
ofrece su engañosa sonrisa y les da su mirada llena de odio.
Las
homilías de Francisco son los apuntes de un subnormal en la Iglesia. No
valen para nada. No enseñan ninguna verdad. No ponen el camino hacia la
santidad de la vida. No sirven para luchar contra el error y la
mentira. Son un conglomerado de pensamientos nacidos en su mente obtusa
para hacer que los hombres los sigan porque los dice él.
Francisco
no sirve para gobernar la Iglesia. ¿Es que no se han dado cuenta? Él
está preocupado por buscar la manera de quitar la hambruna del mundo. Y
no más. Lo demás, ¿qué importa? Lo demás: hagamos cuenta que eso tiene
que caer un día u otro. Sigamos haciendo el teatro en la Iglesia
mientras buscamos los dineros para hacer los milagros de la
multiplicación de los panes.
A
Francisco no le interesa la Iglesia. Lo que hace en la Iglesia,
mientras no se ocupa en dar discursitos, es sólo una obra de teatro. Y
no otra cosa. Francisco es el judas de Cristo: ha vendido la doctrina de
Cristo, por unos dineros, para poner su evangelio de la fraternidad. Y,
como consecuencia de esa venta, el poder del mundo está en la Iglesia.
Quien maneja la Iglesia es ya el mundo. Y, por eso, a Francisco lo liquidan. Tiene que irse, y muy pronto.
Francisco
ha sido sólo un gobernante de transición: es decir, uno que toma el
poder para dárselo a otro más fuerte que él. Uno que, tomando ese poder,
lo destroza y pone el camino para que otro siga en los nuevos
fundamentos que se han puesto.
Francisco
se ha cargado el gobierno vertical. Eso nadie lo ha meditado. Pero esa
ha sido la obra de este gobernante que no sirve para nada, sólo para
destrozar el poder divino y poner un nuevo poder: el gobierno
horizontal. Para hacer esto sólo se necesitaba un gobierno de
transición. No más. Una vez quitado lo que impide lo demás, viene rápido
el destrozo de la Iglesia. Y viene muy rápido.
Los
tiempos han finalizado. Estamos en el fin de todo. Los cuatro reinos de
Daniel (cf Dn 7, 4ss.) ya se han hecho y establecido en todo el mundo y
en la Iglesia. Ahora sólo queda la aparición del Anticristo. Y en eso
estamos. Pero, para que pueda aparecer, hay que cambiar la faz de Roma.
Hay que darle un lavado de 20 siglos. Por eso, Roma quedará destruida y
la volverán a construir para que el Anticristo venga a poner su Reino
donde estaba el Reino de Cristo.
Porque
el Anticristo no puede instalarse en aquello que huela a santidad.
Tiene que poner su ponzoña en todo y aniquilar todo rastro de Verdad. Y,
por eso, lo que vemos en Roma es un solo una obra de teatro, porque hay
que preparar los nuevos libros litúrgicos y las nueva biblias para que
todos estén enterados de la nueva doctrina, la de la fraternidad.
Francisco
predica esa basura y nadie le hace ni caso. Hay que obligar a que la
gente siga esa basura. Pero, para eso, hay que quitar a ese necio y
poner a un hombre inteligente en el gobierno, que no dé
sentimentalismos, sino que vaya al grano.
Francisco
es un hombre viejo, sin futuro, sin camino para los hombres. No sabe
hacer caminar a nadie por la vida, porque él ha pasado su vida haciendo
muchas cosas y no haciendo nada. Así es la vida de muchos: se esfuerzan
en conseguir algo humano y, después, ven su vacío en la vida.
Porque
ya el pecado de los hombres no es como con Adán. Adán y pecó y siguió
en su pecado. No tuvo remordimiento. Cuando se dio cuenta de lo que
había hecho, ya era demasiado tarde. La vida le fue descubriendo su
pecado. Ni siquiera las palabras de Dios pudieron cambiarle en su
pecado. Dios dio a Adán la Justicia que se merecía y le puso un camino
de misericordia para que entendiera su pecado. Por eso, Adán le costó
entender su pecado.
Pero,
con Cristo, ya el pecado no funciona así. Con Cristo, la Gracia vive y
actúa en todos los hombres, aunque sean los más viles y pecadores. La
Gracia amonesta al pecador; la Gracia castiga al pecador; la Gracia
condena al pecador. Y, por eso, todo hombre que peca, ve su pecado al
momento. Lo ve en su conciencia y en su interior. Rechaza esa luz, pero
queda el remordimiento por hacer las cosas mal.
Adán
no tenía ese remordimiento. Sentía vergüenza de su pecado, pero no
remordimiento. Sentía que había hecho una cosa mal, pero no se
encontraba vacío por hacer ese mal.
Hoy
día, los hombres, cuando pecan, sienten un vacío en su interior. Eso es
la llamada de la gracia. No sólo sienten que han hecho algo malo, no
sólo hay una vergüenza, hay más: el vacío que deja en el interior la
obra del pecado. Si eso lo siente un hombre del mundo; más lo siente un
hombre de la Iglesia, un sacerdote, un Obispo.
Por
eso, Francisco se esfuerza en dar una doctrina que va en contra de la
Verdad, que es Cristo, que es un pecado, y no puede dormir tranquilo,
como Adán. Tiene que sentirse vacío en su obra de pecado. Y, por eso,
quien vea a Francisco como un alma en la Iglesia, ve su desconcierto en
la Iglesia: no sabe por dónde tirar. Quiere romper con todo, pero no
puede. Se dedica a romper cositas: bautiza a un hijo de padres casados
por lo civil. Rompe cositas, pero no se atreve a dar el mazo. No tiene
carácter, porque no es inteligente.
Eso
se ve claro: predica que hay que dar dinero a los pobres y enfurece a
los ricos del mundo, porque habla como un comunista. Y eso no gusta al
mundo económico que sabe lo que es el marxismo. Francisco no es
inteligente ni siquiera para pedir dinero. No sabe. Por eso, hay que
cambiarlo. Una buena persona para lo que sirve: para condenarse y
condenar a muchos. Pero no sabe poner un camino ni siquiera al demonio.
El demonio lo usa mientras prepara el golpe. Cuando esté listo el golpe,
el demonio lo aniquila, porque no le sirve para nada.
Francisco no es lo que parece. Ha hecho mucho mal en la Iglesia, pero no va a quedar de él ni su nombre en la Iglesia.
