sábado, 4 de enero de 2014

EL PREFETA NEGRO

InfoCaótica

El profeta negro

Por Ángel Ayala, SI.
Unos ojos que todo lo vieran negro serían ojos que no vieran nada. Todo negro, negro, sería un defecto de visión: algo que estaba en los ojos, no en los objetos.
Así hay entendimientos que no aprecian sino la parte sombría de los hechos y de las ideas. Cuando se fijan en los sucesos de actualidad, instintivamente se clavan en lo triste, en lo desagradable, en lo terrorífico, en lo inmoral. Todos los objetos, las personas y los hechos tienen luces y sombras, pues esos ojos son unas cámaras oscuras que lo reproducen todo menos la luz.
¿Y qué diremos del horizonte, de lo que está lejos, de lo futuro? Todo son visiones de males fieros. A veces, el Profeta Negro toma una idea, cogida del ambiente social o político, y de ella saca consecuencias y consecuencias cada vez más aterradoras. Y como ve con evidencia que se eslabonan unas con otras fatalmente, se figura que en el orden de los hechos ha de pasar lo mismo, y vaticina como un verdadero vidente.
No hay más sino que la lógica de las ideas que es una y la de los hechos otra, totalmente diversa y a veces contradictoria. La lógica de las ideas es como una cadena de hierro, cuyos eslabones se enlazan inquebrantablemente. La lógica de los hechos es una cadena de barro, que se quiebra con cualquier cosa. En el orden doctrinal, el ateísmo, cuando se atraviesa la adversidad en la vida, lleva lógicamente al suicidio; en el orden práctico, se quiebra la lógica por el instinto de conservación.
De manera que el Profeta Negro ni ve lo presente ni lo futuro; lo presente, porque en la naturaleza no se da todo de un solo color, y lo futuro, porque el porvenir no es el resultado de unas consecuencias lógicas, sino de un conjunto de caprichos y de pasiones, de virtudes y de defectos, de ideas falsas y de ideas verdaderas, de incongruencias de conducta e inconsecuencias palmarias.
El Profeta Negro no tiene memoria. Un día sí y otro no vaticina cosas horrendas, y las cosas horrendas no llegan. Pero la falsedad de sus pronósticos ni le impresiona ni la advierte. Cuando deja de cumplirse un vaticinio, ya está preocupado con el presagio de otro suceso futuro inminente.
El Profeta Negro es indolente. Nadie le hace moverse para nada; ¿para qué, si todo está perdido? Sus dos lemas favoritos son: cuanto peor, mejor; o todo, o nada. Es decir, húndase todo y así estaré más cerca de mi ideal, sin necesidad de que yo trabaje ni me moleste. O todo o nada; es decir, como lograrlo todo es un mito, nos quedaremos con no hacer nada para no trabajar en balde.
Cuanto peor, mejor: es notable la seguridad con que muchos afirman: «¡Aquí tiene que venir algo gordo! Sin una cosa muy gorda no hay remedio para nuestros males».
Ha de ser algo tremendo, pero que durará poco. Ahora bien; pasado ese bautismo de sangre vendrán días de bonanza.
De manera que no sólo es inevitable, sino necesario que ocurra una catástrofe; si no viene, nos fastidiaremos. Pero es el caso que ya vino, y como el ideal de muchos no ha llegado, ahora esperaremos otra hecatombe. De modo que ya se sabe: a fuerza de hecatombes llegaremos al ideal.
Alegrarse de que se agraven los males de la sociedad para que sane, suele ser una inconsciencia. Y, en definitiva, suele reducirse a este sentimiento: ¡gracias a Dios que todo se va a arreglar sin que yo me moleste lo más mínimo!
Conducta que San Pío X tacha de traición cuando, en carta al Arzobispo de Toledo le dice: «Cooperar con la propia conducta o con la propia abstención a la ruina del orden social, con la esperanza de que nazca de tal catástrofe una condición de cosas mejor, sería actitud reprobable, que por sus fatales efectos se reduciría casi a traición para con la religión y con la patria».
O todo o nada. Ésta es la otra norma del Profeta Negro. Y no se ve la disyuntiva; o todo o nada. No, señor; o parte; en la práctica, nadie aplica ese principio.