sábado, 4 de enero de 2014

MEDITACION PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD

 Monición para el II Domingo de Navidad
Meditación para el
Segundo Domingo de Navidad
5 de Enero de 2014

 
"Sin Él no se ha hecho cosa alguna" 

De todos los himnos cristianos, el Prólogo del Evangelio de San Juan quizá sea el magnífico por excelencia; porque si es cierto que la belleza es el esplendor de la verdad, en ninguno refulge más que en éste, anclado todo él en la verdad de Dios que une el tiempo con la eternidad.
El Verbo, que estaba desde el principio con Dios siendo Dios, preside la Creación como Palabra del Padre: "todas la cosas fueron hechas por Él y sin Él no se hizo cosa alguna".
Pues, como enseña concordantemente el Génesis, Dios dijo "Fiat Lux - Hágase la Luz", es decir creó por su Dicción, por su Verbo.
En Él estaba la Vida imperecedera de Dios, eterna pero siempre joven, que quiere comunicar a los que lo aman.
La prometida a Nicodemo en una noche ventosa si naciera nuevamente del agua y del Espíritu; la ofrecida, junto a un pozo, a la Samaritana que ansiaba apagar su sed de una vez y para siempre.
Esta Vida es también Luz de los hombres, pues por la encarnación de la Palabra la Luz eterna se hace temporal, permitiéndonos decir que ser cristiano significa contemplar a Dios en su Verbo encarnado.
Pero en la Redención, que es la Segunda Creación, se entabló un combate que ha de signar la Historia: "La Luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la percibieron".
Los hombres con sus pecados se cierran a la luz provocando el enfrentamiento frontal entre la riqueza infinita de Dios que no pone límites a su don, y la nada de la criatura que pretende valerse sin Él.
Mas, así como algunos rechazan al Verbo que se manifiesta en la Creación a justos y gentiles, otros ignoraron al Verbo en Persona cuando vino a los suyos que no lo recibieron.
Sin embargo, a todos los que lo recibieron y lo recibirán en el transcurro de los siglos, se nos dio el poder, sin mérito alguno de nuestra parte, de llegar a ser hijos de Dios: hijos en el Hijo; gracias a lo cual nos atrevemos a decir "Padre nuestro...".
Pidamos, entonces, al Señor, Imagen indeficiente de Dios, que prolongue su encarnación en nuestras almas, que tienda en nosotros la carpa de su morada, y  que, por la Eucaristía, se haga carne en nuestro interior para que su luz nos encandile y su vida y su gracia nos invadan.
Ilustra esta entrada: "Choque de la galaxia expiral NGC 4038" tomado con el telescopio Hubble.