ANDRÉS CARBALLO: QUI AURES AUDIENDI, AUDIAT
Qui aures audiendi, audiat.
Tal vez M. Lefebvre, desde su lucero, desde su sol, desde su estrella peregrina, estará preguntándose: ¿Pero qué hice Dios mío?
Muchos Católicos creyentes, ahora
me entero de que hay católicos no creyentes, pues hasta hoy pensaba que
cuando un católico deja de creer, apostata y por ende no se puede ser
católico y apóstata al unísono, pero en fin todo sirva para seguir
ilustrando el título elegido, (al parecer) se están “muriendo de miedo”,
pues saben que la Iglesia (no se especifica cuál) ¿la oficial?, ¿la
visible?, o dicho de otro modo: ¿La Católica… la conciliar?, es
infalible en cuanto a las canonizaciones. Claro que al no especificar a
que iglesia se refiere, esos “católicos creyentes” “muertos de pánico”,
tendrían que comenzar por hacerse esa pregunta: ¿Cuál Iglesia Monseñor?.
Y al mismo tiempo preguntar: ¿la jurisdicción de la iglesia conciliar
es elástica?, ¿se puede estirar o encoger a gusto del consumidor? Es
decir: “ad captandum vulgos”, la iglesia conciliar tiene jurisdicción
para lo que interesa y no para lo que no interesa. Eso me recuerda, a
cuando éramos niños, tras La Cruzada de Liberación Nacional Española,
tiempos aquellos en que los amigos de la “libertad” y de “los derechos
humanos” nos condenaron a los españoles a un bloqueo numantino, y claro
tener un balón de fútbol era casi un lujazo; pues bien… había un
muchacho que poseía el único balón del barrio y además era una tanto
mayor que el resto y no precisamente el más listo, pero era él quien
tenía la atribución de decidir quién jugaba, de qué jugaba y además se
atribuía la “jurisdicción” de cambiar las reglas del fútbol a su antojo,
y el que no las aceptaba, se veía obligado a ver a los demás dándole
patadas al balón y todo el mundo tan contento… pues lo importante para
los jovenzuelos era jugar.
Pero aquí se está hablando de otra cosa, se está hablando de cosas más serias que requieren un poquito más de rigor.
De
manera que la iglesia en quien Monseñor reconoce su jurisdicción va a
forzar a los fieles a creer que Roncalli y Wojtyla son santos y los
fieles contraviniendo la jurisdicción que él recalca y de la que se hace
eco, por esta vez los “católicos creyentes” no necesitan hacer caso a
la tan jaleada y cacareada jurisdicción. Para ello se basa en unas
declaraciones de M. Lefebvre, hechas en 1989, es decir… unas
declaraciones de ya hace un cuarto de siglo. ¿Se ha preguntado Monseñor
que no diría Hoy Monseñor Lefebvre?, si un año antes llegó a decir: “…..pero
es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es
papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece,
sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje, pública y
formalmente”.
Así mismo, en en
una conferencia dada en Econe el 15 de Abril de 1986, sacó a relucir lo
que dijo en el sermón de Pascua y que usted acaba de leer: ¿El papa es papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo!. Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe
plantearse la cuestión. No sé, entonces ahora, ¿es urgente hablar de
esto?…se puede no hablar, obviamente…podemos hablar entre nosotros,
privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas,
entre seminaristas, entre sacerdotes…“¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen:
no, no habléis a los fieles, van a escandalizarse, eso va a ser
terrible, eso va a ir lejos…Bien , les dije a los sacerdotes en París
cuando los reuní, y luego a vosotros mismos ya les había hablado, les
dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo,
esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario hacerlo
brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para
asustarlos…no, pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe”.
Claro que todo esto huele a más que podrido y que ya desde esa época se había creado un contubernio dentro de la Fraternidad y se hace patente la conspiración contra el mismo M. Lefebvre. “Ab uno disce omnes”: por uno solo se conoce a los demás, “para muestra basta un botón”, “por la muestra se conoce el paño”. Expresión de Virgilio (Eneida, II, 65) que se cita a propósito de cualquier rasgo distintivo que permite juzgar a cierta clase de individuos.
Claro que todo esto huele a más que podrido y que ya desde esa época se había creado un contubernio dentro de la Fraternidad y se hace patente la conspiración contra el mismo M. Lefebvre. “Ab uno disce omnes”: por uno solo se conoce a los demás, “para muestra basta un botón”, “por la muestra se conoce el paño”. Expresión de Virgilio (Eneida, II, 65) que se cita a propósito de cualquier rasgo distintivo que permite juzgar a cierta clase de individuos.
El 14 de Julio de 1987 llegó a decir:
“Lamentablemente debo
decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no
son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía”.
(Conferencia en un retiro sacerdotal en Ecône, el 4 de Sept. de 1987).
Exactamente lo que ya había profetizado Nuestra Señora de La Salette, no
solo que la Iglesia sería eclipsada, sino que además Roma perdería la
fe y sería la sede del Anticristo. Y en la en la misma conferencia dijo: “Pienso que podemos hablar de descristianización y que esas personas que ocupan Roma hoy son anticristos. No he dicho ante Cristos, he dicho Anticristos, como lo describe San Juan en su Primera Carta: “Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo”.
Fideliter nº 66 de Nov-Dic. del a ño 1988 afirmó:
“Queda
claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que
desapareció de la Iglesia oficial”. “No somos nosotros, sino los
modernistas quienes salen de la Iglesia visible;
Fideliter n° 70, Jul-Ag. de 1989:
“Es
increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la
Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica, que nosotros
intentamos representar y seguir. (…) Pero, nosotros representamos
de verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos
eso que siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas de la
Iglesia visible: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la
santidad. Esto es lo que constituye la Iglesia visible”.
Indudablemente,
Si Mons. Lefebvre se hubiese atenido a la jurisdicción de la que usted
se hace depender, usted Monseñor, hoy no sería ni sacerdote ni obispo.
Por razones obvias.
Pero permítame decirle que estoy de acuerdo con usted en el último párrafo:
“El
paso clave en este proceso es el desenganche de la mente de la
realidad. Cuando el proceso es aplicado hoy en día a la Iglesia en forma
de modernismo, los resultados son tan totalmente dispares a lo que
ocurría antes que las nuevas realidades absolutamente requieren nuevos
nombres: Neo-Iglesia, Neo-canonizaciones, Neo-santos, etc. Después de
todo, ¿no están los Conciliaristas orgullosos de hacer todo de nuevo?”
Por supuesto que en su “et cetera” estarán incluidos: Neo-obipos, Neo-cardenales y Neo-papas.
Que serían tan neos y tan falsos como la “iglesia” las “canonizaciones”
y los “santos” a los que usted hace referencia. Tal vez M. Lefebvre,
desde su lucero, desde su sol, desde su estrella peregrina, estará
preguntándose: ¿Pero qué hice Dios mío?
Andrés Carballo.