El material con el que se construye el Nuevo Orden Mundial
|ÁNGEL LÓPEZ|
Grafeno.
¿Os suena? Debería hacerlo. Desde hace unos meses, los principales
medios de comunicación mundiales se han encargado de meternos la
definición de este “prometedor, asombroso y revolucionario” material
hasta en la sopa.
El grafeno,
para los más rezagados, es una nueva sustancia extraída del grafito (sí,
lo de los lapiceros). Está compuesto por átomos de carbono y su
principal característica es ser el material que más cualidades “raras”
reúne a la vez. Por cualidades raras, en Física, se entienden aquellas
características más destacadas que pueden encontrarse en un material. En
este caso, el grafeno es extremadamente resistente, pero a la vez muy
flexible, es muy conductivo, pero apenas se calienta, es
sorprendentemente ligero, genera electricidad a partir de la luz y
absorbe la radioactividad. A priori, parece un material asombroso, y de
veras puede que lo sea. Como siempre, sin embargo, todo depende del uso
que se le vaya a dar.
Se ha dicho
del grafeno que puede emplearse desde en la fabricación de preservativos
hasta el ensamblaje de microchips, y precisamente, es este último uso
el que más nos interesa. El futuro más cercano de este material,
comercialmente hablando, parece ser la fabricación de smartphones y
tabletas flexibles (que puedan doblarse para llevarse en el bolsillo, o
enrollarse como si fueran un folio). De hecho, Samsung ya se ha hecho
con la propiedad de patentes al respecto y es, hoy por hoy, la compañía
más avanzada en la producción del nuevo material.
Pero
profundicemos más aún, que es de lo que se trata. Los descubridores de
este material, que ganaron el Premio Nobel de Física en 2010, han
afirmado que el grafeno comenzará a emplearse aprovechando todo su
potencial a partir de 2024, y precisamente el interés principal parece
estar en poder fabricar los chips más pequeños, estables y potentes
hasta el momento. En otras palabras, la meta del grafeno es la
nanotecnología, ¿nos vamos entendiendo? ¿no?, pues sigamos. Los grandes
defensores del grafeno ni si quiera se han esforzado por disimular sus
pretensiones respecto a la prometedora sustancia. Dicen que pronto se
podrán integrar ordenadores personales del tamaño de una mosca en la
ropa, los accesorios e incluso el propio cuerpo humano. Cómo si las
Google Glass no nos hubieran preocupado bastante.
Así que,
sorpresa sorpresa, resulta que ahora nos dicen que en una o dos décadas
vamos a tener microchips implantados en el cerebro, qué gran beneficio.
Porque no se van a usar para condicionar, adoctrinar y controlar a la
población, ¿verdad? Que va, es que aquí somos demasiado escépticos,
vaya. Y lo peor es que la respuesta del público general, al igual que
pasó con las Google Glass (que por cierto, se pondrán a la venta
oficialmente a finales de año), ha sido masivamente positiva.
¿Ordenadores en mi cabeza, la extinción de la privacidad, un disco duro
que almacene todo lo que pienso y siento en la nube? Magnífico,
asombroso, eso sí que es progreso.
Sí, progreso. Hacia el Nuevo Orden Mundial.
Siempre
pensé que la manipulación, la total conversión y sometimiento de la
población a un único poder global no es posible tan fácilmente como
parece. Incluso los más acérrimos defensores de las prácticas del
Gobierno Mundial coincidirán conmigo en que los seres humanos no son tan
fáciles de influenciar. Hace falta una doble actuación. Por un lado, la
manipulación psicológica, algo que llamaremos “acondicionamiento”, y
por otro lado, la implantación del control, que puede ser física o
psicológica. Pongamos como metáfora el trasplante de un órgano. En
primer lugar, se debe preparar el cuerpo del donante para que no rechace
el órgano extraño que va a “invadirle”. Se inhiben los anticuerpos y se
utilizan altas dosis de antibióticos que actúan como inmunosupresores,
todo con el objetivo de engañar al organismo y que este acepte sin
resistencia al nuevo agente. Así funciona el acondicionamiento
mediático. La propaganda, la industria cinematográfica, la cultura y la
implantación de líneas de pensamiento predeterminadas. Se prepara al
individuo para su sometimiento, para su “trasplante” psicológico. Y una
vez el cuerpo está listo y el individuo preparado, el nuevo órgano puede
injertarse en él sin apenas conocimiento ni riesgo de rechazo. Aquí es
donde entra en juego la tecnología. Cuando estemos tan cegados por lo
que ellos llaman “progreso”, cuando seamos tan dependientes de la
tecnología, y a la vez, tan ciegamente obedientes y fieles a su
manipulación, ¿qué supondrá un chip en nuestra cabeza que determine
nuestra forma de pensar? Nada, apenas un paso más en su operación,
quizás el último. Puede que la esclavitud de todo un planeta este en
manos de un trozo de grafito nanométrico.
Pero
tranquilo, ahora prodrás consultar el correo en unas gafas, responder
Whatsapps con la mente y ver vídeos en Youtube con solo cerrar los ojos.
La tiranía perpetua te espera, pero es un precio aceptable a pagar,
¿no?
“El progreso
es como un hacha en manos de un criminal patológico”, dijo Albert
Einstein. Y aún así, nosotros siempre corremos a poner la cabeza debajo.
- FUENTES:
“Grafeno, el material del futuro” (El Mundo):
“Samsung consigue fabricar grafeno en masa” (Europa Press):

