DISCURSO
El doble discurso del "progresista" Eugenio
Zaffaroni y el libro que lo incomoda
El Juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni se destacó
durante todo el periodo kirchnerista no solamente por manifestar siempre
posturas progresistas respecto a diversos temas, sino también por hacer una
encendida defensa de los funcionarios de la gestión como el vicepresidente
Amado Boudou. Sin embargo, el juez mas oficialista de la Corte Suprema no fue
siempre así. Hace 34 años,
Zaffaroni escribió un libro denominado "Derecho
Penal Militar" allí no solamente justifica el accionar de las
Fuerzas Militares en plena dictadura, sino también manifiesta posturas a favor
de la pena de muerte entre otros. Sin duda alguna, un libro que incomoda a más
de un progresista k y a el, ya que lo vincula directamente a Zaffaroni con el
proceso militar.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).-El Juez de la Corte Suprema de
Justicia, Raúl Zaffaroni no fue siempre un “progresista k” tal como lo es
ahora. Hubo otros tiempos donde, su discurso era muy diferente al actual.
En mayo de 1980, escribió, en coautoría con Ricardo Cavallero,
un trabajo denominado Derecho penal militar, fue supervisado por dos auditores
castrenses. En él sostiene que hay casos en los que no es inconstitucional la “supresión física del
infractor”. También argumenta sobre la necesidad de que, en casos de
excepción, se promulguen
bandos militares que tipifiquen delitos para militares y para civiles.
En el trabajo académico el Juez más oficialista de la Corte expresa “Queremos
hacer público nuestro agradecimiento al brigadier auditor doctor Laureano Álvarez
Estrada, quien tuvo la gentileza de leer los originales, por las
importantísimas observaciones que nos efectuara, y al contraalmirante auditor
doctor Ramón León Francisco Morel”, de esta manera arranca Eugenio Zaffaroni en
el prefacio de su libro Derecho penal militar: lineamientos de la parte
general.
Este trabajo de hace 34 años, incomoda a más de un sector
progresista del gobierno y que se pretende ocultar, para evitar que se vincule
a su candidato a la
Corte Suprema con el Proceso que condujo Jorge Rafael Videla.
El libro fue publicado el 26 de mayo de 1980, en plena
dictadura, con coautoría de Ricardo Cavallero, y plantea posiciones inesperadas
para el Zaffaroni de nuestros días, como la necesidad de dar muerte a los
delincuentes, o la validez de los bandos militares para crear tipos penales.
El antiguo discurso de Zaffaroni
Solo para abrir el libro, el ahora progresista cita a José
Ortega y Gasset cuando halagando a las fuerzas armadas dice: “Medítese sobre la
cantidad de fervores, de altísimas virtudes, de genialidad, de vital energía
que es preciso acumular para poner en pie a un buen ejército. ¿Como negarse a
ver en ello una de las creaciones más maravillosas de la espiritualidad humana?
La fuerza de las armas no es fuerza bruta sino fuerza espiritual”.
El libro que complica a quienes impulsan su candidatura a la Corte, es un verdadero compendio de justificación de
las conductas achacadas a los mandos militares durante la guerra contra la subversión, a la que Zaffaroni
llama “factores perturbadores”.
En su página 83 justifica la aplicación del Código de
Justicia Militar a todos los ámbitos cuando dice “El derecho penal militar no
es un derecho excepcional, puesto que no renuncia a los principios generales
del derecho y ni siquiera a los principios generales del derecho penal, aun
cuando se dé la circunstancia misma de la guerra, sino que los adecua a la
necesidad terrible que ella importa”.
El ex
juez que consiguió un meteórico ascenso de un juzgado de instrucción a uno de
sentencia ni bien asumió
el “Proceso” (abril del año 1976) no se conforma con ello y sostiene en
la página 93 que “es un incuestionable principio constitucional el de la
legalidad penal: no hay delito sin ley previa; sin embargo, en caso de necesidad
terribilísima, la ley militar contempla la posibilidad de legislar por medio de
bandos militares”.
Zaffaroni no se reduce a eso, sino que en la página 107
aclara que los bandos también pueden ser utilizados en tiempos de paz, con el
límite previo de “establecer que la zona afectada por la conmoción interior
puede ser declarada zona de emergencia” y precisando que “la conmoción interior
puede provenir de acción humana o material”, en clara referencia al accionar de
los grupos subversivos e intervenciones militares, como la zona de emergencia
declarada en la selva tucumana durante los primeros años de la dictadura.
Zaffaroni se refiere durante todo el libro como punto de
referencia a la Ley
de Defensa Nacional de aquel entonces, que fue dictada en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional,
rechazada por el progresismo autóctono.
Para terminar de aclarar la validez de los bandos, Zaffaroni
deja claro que “el bando es una ley penal material cuya vigencia se limita a la
permanencia de la circunstancia de necesidad terribilísima”, es decir, a la
duración del gobierno militar.
El hoy cultor de los derechos humanos tampoco se priva de
justificar “la necesidad
de dar muerte al
delincuente”. A estos efectos explica que “la supresión del delincuente jamás tiene el carácter de una pena, pero no es
inconstitucional cuando se impone como resultado de una necesidad” y completa sin
sonrojarse: “Cuando la supresión física del autor responde a una necesidad
terribilísima, nos hallamos con claros supuestos de inculpabilidad que
encuadran sin dificultad en el artículo 34, inciso 2, del Código Penal”
(inimputabilidad). Es decir, avala la inimputabilidad de quien “suprime” a un
delincuente, según sus propios términos.
El aval de Zaffaroni
En el libro, Zaffaroni se dedica a avalar al Proceso en la
página 115 cuando dice que “los imaginarios integrantes del grupo de habitantes
de la Nación
ante el ataque inesperado, habiendo desaparecido cualquier autoridad o siendo
incapaz la que resta, para evitar el inminente peligro que de esas
circunstancias se deriva para sus vidas y bienes, habrán usurpado
justificadamente la función pública”, en evidente referencia a la debilidad del
gobierno de María Estela Martínez de Perón, y la irrupción de las fuerzas
armadas, por su supuesto justificadas para el abogado progre.
Cada vez más militarista, Zaffaroni completa, sin privarse
de nada, que “la eficacia del
grupo depende de que sus integrantes se hallen convencidos de que el esfuerzo
enorme que realizan y de lograr superar la impresión de que la devastación y el
dolor ajeno producen en cualquier ser humano normal, tiene su razón de ser, y
no sólo se halla explicado perfectamente sino, también, que es absolutamente
necesario y que puede ser coronado con el éxito”, explica.
¿Qué opinaba por aquél entonces Zaffaroni de la pena de
muerte?
En innumerables apariciones de los últimos años, el jurista
ha dejado en claro su rechazo a esa sanción fatal para castigar a un
delincuente.
Pero en el manual de derecho penal militar, sostiene: “No puede afirmarse en forma rotunda
que la supresión física del infractor sea inconstitucional en todos los casos
que prevé el Código de Justicia Militar, puesto que no nos hallamos frente a la
ley penal común sino ante un derecho penal especial que responde a una
necesidad tremenda o enorme y que, en algunos casos, se funda en una necesidad
que se halla mucho más allá de ésta, es decir, en una necesidad terribilísima”.
Y agrega, a modo de síntesis “La supresión del delincuente
jamás tiene el carácter de una pena, pero no es inconstitucional cuando se impone
como resultado de una necesidad terribilísima que permite encuadrar el caso
como justificación o como inculpabilidad”.
