ISRAEL: El nuevo gobierno de Netanyahu no presagia nada bueno
08/05/2015Oriente Medio, Política internacional
Excelente nota de Eugenio García Gascón sobre el gobierno formado por
Netanyahu tras las recientes elecciones en Israel. García Gascón
(Barcelona, 1957), es periodista especializado en Oriente Próximo.
Estudió árabe en Damasco y hebreo en Jerusalén, donde reside desde 1991.
Es autor de libros sobre historia y actualidad de Oriente Medio, y de
numerosos artículos que pueden leerse en Rebelión .
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Netanyahu forma una coalición radical de la que no se puede esperar nada bueno
Imagen diario El País
Apurando al extremo el plazo
que tenía para formar gobierno, Benjamín Netanyahu ha logrado componer
una coalición que respeta escrupulosamente la voluntad popular de los
israelíes judíos y que no augura nada bueno para la legislatura.
EUGENIO GARCÍA GASCÓN / PÚBLICO
JERUSALÉN.- Después de 42 días de intensas negociaciones, el primer
ministro Benjamín Netanyahu ha logrado componer una coalición en la que
jugarán un papel central los partidos más radicales, tanto religiosos
como nacionalistas. El nuevo gabinete contará con el ajustado apoyo de
61 de los 120 escaños de la Kneset. El propio Netanyahu ha declarado que
este sólo es un punto de partida y que intentará ampliar la coalición
tan pronto como sea posible con partidos como el de Avigdor Lieberman,
Yair Lapid o incluso con los laboristas de Haim Herzog.
El respaldo inicial de 61 diputados implicará varios problemas
técnicos, entre ellos la necesidad de que todos los ministros acudan a
diario al parlamento para evitar sorpresas, es decir, perder votaciones
frente a los 59 diputados de la oposición. “Los ministros apenas podrán
ir al cuarto de baño para no quedar en minoría”, ha observado un
analista.
Para ilustrar esta dramática situación bastará recordar algunos
hechos ocurridos recientemente. El gobierno de Netanyahu ha prohibido la
entrada en el país de un ministro sudafricano que se ha expresado
contra la ocupación. Netanyahu y el presidente Reuven Rivlin se han
negado a recibir al ex presidente Jimmy Carter que ha visitado la región
con una iniciativa de paz. Netanyahu se ha negado a recibir al
secretario de Estado John Kerry de gira por la zona aduciendo que no es
el momento adecuado.
Todo esto ha ocurrido en los últimos días y muestra a las claras el
programa de Netanyahu. Por si esto no fuera suficiente, se ha de añadir
que el gobierno sigue impulsando sin descanso la construcción en los
territorios ocupados e incluso el Tribunal Supremo acaba de aprobar la
destrucción de un pueblo beduino entero, Umm al Hiran, para construir en
su lugar otro asentamiento judío.
Todo esto se hace a plena luz del día, sin que los laboristas
rechisten y avalado por el aparente “juego democrático”, mientras la
comunidad internacional permanece con los brazos cruzados. Pero estos
mismos hechos son reveladores respecto al pasado, el presente y el
futuro de un Israel que torea las resoluciones internacionales sin que
nadie le tosa.
El último acuerdo para la coalición lo firmó Netanyahu en la noche
del miércoles, justo una hora y media antes de que expirara el plazo que
tenía para informar al presidente Rivlin del resultado de sus intentos.
Su interlocutor fue el líder de La Casa Judía, Naftalí Bennett, un
partido ortodoxo y nacionalista que saca gran parte de sus votos de los
colonos.
Bennett, que solo cuenta con ocho escaños, ha obtenido cuatro
ministerios, incluido el de Justicia, que desempeñará Ayelet Shaked, una
política que en materia de radicalismos no tiene nada que envidiar a
nadie, y que ya se está preparando para reformar el sistema judicial con
el fin de someter sus decisiones a la mayoría que ella representa en la
Kneset.
Los nuevos ministros jurarán sus cargos a mediados de la semana que
viene, probablemente el miércoles, y de esta manera comenzara la
andadura de un gobierno que a duras penas se puede calificar de más
radical que los anteriores puesto que está a su altura. Un gobierno del
que no se puede esperar nada positivo y cuyo principal objetivo será
aguardar a que el presidente Barack Obama salga de la Casa Blanca dentro
de diecinueve meses para que deje de incordiar a Netanyahu.
El laborista Herzog ha criticado la composición del gobierno en el
marco del “juego democrático”, pero algunos líderes laboristas admiten
que hay bastantes posibilidades de que a corto plazo los laboristas se
integren en la coalición.
Esta circunstancia sería muy bien recibida en Occidente aunque no
aportaría ninguna ventaja puesto que los laboristas han formado y forman
parte esencial en el sistema de la ocupación de los territorios
palestinos. Sin duda, habría promesas de que van a solucionar ese
conflicto endémico, pero serían simplemente promesas.
La principal aliada de Herzog, Tzipi Livni, ya entró en el último
gobierno con la sobada promesa de que impulsaría el proceso de paz,
aunque no sólo no lo hizo sino que apoyó durante toda la legislatura
unas políticas radicales de expansión de las colonias judías. Las
palabras de la oposición, como siempre, se reducen a pura cháchara.
En cuanto a los propiamente líderes laboristas, como es el caso de
Herzog, tampoco puede esperarse nada. Baste recordar que el primer
ministro que más ha construido en los territorios ocupados es un
laborista, Ehud Barak, quien para más inri ha sido considerado y se le
sigue considerando en Occidente como un “hombre de paz”.
Algunos comentaristas han señalado con justicia que el nuevo gobierno
refleja perfectamente la voluntad y las aspiraciones del electorado,
para quien el proceso de paz es simplemente un asunto remoto que debe
quedar al margen como algo del pasado. Naturalmente, la paz con los
palestinos no depende de los palestinos, porque éstos no pueden hacer
nada, ni de los israelíes, porque éstos no quieren hacer nada, sino de
Europa y Estados Unidos, pero éstos no quieren hacer nada y
probablemente tampoco pueden hacer nada.

