LINUS COVIS: EL EFECTO FRANCISCO
«El que no está conmigo está en contra de Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12, 30). El Padre Linus F. Clovis es
un sacerdote de la Arquidiócesis de Castries, Santa Lucía, en las
Indias Occidentales. Estudió para el sacerdocio en el Angelicum de Roma y
fue ordenado sacerdote en 1983 por el Beato Papa Juan Pablo II. Es
líder del movimiento internacional pro-vida.
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En
conjunto, estas citas comprenden una transcripción casi completa de la
sección media de su charla, pero algunos puntos auxiliares se han
quedado fuera, y el texto se ha articulado en párrafos para acentuar
aquellos argumentos de mayor énfasis.
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«El Sínodo de la Familia, el año pasado, hizo sonar las alarmas para
muchos Católicos y vimos Obispos contra Obispos y Conferencias
Episcopales luchando contra otras Conferencias Episcopales, y en todo
esto…, conocemos que el Cielo nos ha dado un aviso. Y, en 1973, en
Akita, la profecía reveló “que la obra del demonio se infiltrará
dentro de la Iglesia de tal manera que se verán Cardenales contra
Cardenales, Obispos contra Obispos” y “los sacerdotes que me veneran serán perseguidos”. Por supuesto, esto es parte y parcela de nuestra experiencia».
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«Cuando un Obispo – un Obispo Católico – puede aplaudir el pecado
públicamente, esto nos pone a temblar (se está refiriendo al Cardenal
Dolan). Pero esto es, esencialmente, el “Efecto Francisco”. Éste desarma a los Obispos y a los sacerdotes, especialmente después que el Santo Padre dijo: “¿Quién soy yo para juzgar?”.
Yo como sacerdote, celebro Misa, predico y juzgo acerca del pecado, uno
quebrantando los diez mandamientos, estaría condenado por juzgar. Sería
acusado de ser “más católico que el papa”. Se acostumbra a decir –retóricamente- “¿es el Papa Católico?” Esto ya no es gracioso».
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«La Obediencia se debe al Papa, pero el Papa debe obediencia a la
Palabra de Dios y a la Tradición apostólica. Tenemos que obedecer al
Papa, pero el mismo Papa tiene que obedecer a la Palabra escrita. Él
debe obedecer la Tradición. Debe responder a la inspiración del Espíritu
Santo. La Obediencia se debe al Papa, pero es el deber del Papa dar
carácter de posibilidad a esta obediencia. El Papa tiene que facilitar
nuestra obediencia a él, siendo él obediente a la Palabra de Dios. El
Papa Félix III nos dijo: “un error que no se ha resistido es aprobado. Una verdad que no es defendida es suprimida”. Así que tenemos la obligación de resistir al error, y debemos hacer todo lo que podamos para promover la verdad».
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«En otro tiempo, hemos estado preocupados por otros papas, incluso por
San Juan Pablo, con las cosas que ha hecho las cuales nos han hecho
sentir incómodos; no creo que… el Papa Francisco haya hecho otra cosa
más que desconcertarnos. Él, literalmente, nos ha dejado en la estacada
(= repentinamente nos ha restado la ayuda o el soporte, o ha hecho cosas que han sido causas de problemas para nosotros).
Y así, él es la razón, las muchas razones por las cuales estamos
preocupados. Nuestro Señor nos dice en el Evangelio de San Juan,
capítulo 15: “Si el mundo os aborrece, sabed que Me aborreció a Mí
primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo;
pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso
el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que Yo os he dicho: No es
el siervo mayor que su Señor. Si a Mí me han perseguido, también a
vosotros os perseguirán; si han guardado Mi Palabra, también guardarán
la vuestra”. Los papas son odiados, y yo no creo que tengamos un problema con esto per se.
No nos gusta. Pero creo que será correcto decir que preferimos que
nuestros papas sean odiados por el mundo que amados por el mundo. Porque
si él es amado por el mundo, indica que él está hablando el lenguaje
del mundo. Y sabemos que no puede haber una relación, una comunión,
entre la luz y la tiniebla. San Pablo nos habla de esto».
■ «Los enemigos tradicionales de la Iglesia – y esto se vocaliza, se articula en el Time Magazine, Rolling Stone, The Advocate,
etc… – lo aprueban; él ha aparecido en sus portadas muchas veces en los
últimos dos años. Me encontré con una cita de alguien que lo conocía en
la Argentina. “Al parecer, le encanta ser amado por todos y
complacer a todos, así que un día él puede hacer un discurso en la
televisión en contra del aborto, y al día siguiente, en el mismo
programa de televisión, bendecir a las feministas pro-aborto de la Plaza
de Mayo; él puede dar un maravilloso discurso en contra de los masones
y, unas horas más tarde, estar comiendo y bebiendo con ellos en el Club
Rotario”».
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«Así que, ¿cómo se puede tomar una decisión acerca de un hombre como
éste, que es amigo de todo el mundo? Nuestro Señor nos dice: “Sin embargo” -esto está en el capítulo 12 del Evangelio de San Juan – “Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en Él, [esto es en Nuestro Señor],
pero por causa de los fariseos no lo confesaban, temiendo ser excluidos
de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la
Gloria de Dios”. ¿Estoy haciendo juicio? No pienso así. Estoy citando la Escritura. Cuando el dado cae, déjalo rodar».
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«El Santo Padre ha hecho muchas cosas polémicas, y estamos preocupados
de las más importantes, no de las aberraciones que surgen de ellas. Y la
que más dejará huellas, supongo, en el Juicio Final, es “¿Quién soy yo para juzgar?“.
Uno de los… efectos que el Santo Padre hace es que él toma la idea
preconcebida común contra los católicos, y la usa en contra de nosotros.
En otras palabras, él está aceptando lo que se percibe, nuestra postura
de ser, como si fuera verdad. La Iglesia no juzga a las personas. La
Iglesia juzga las acciones y enseñanzas. Incluso a los herejes. Lutero
no fue condenado por su vida moral personal. Fue condenado por su
enseñanza. Su doctrina. Y así con todos los demás herejes. Arrio. Fue su
enseñanza lo que la Iglesia juzgó. Y tiene la autoridad para juzgar.
Pero cuando el Papa dice: “¿Quién soy yo para juzgar?”, él está
dando la impresión de que la Iglesia juzga los individuos a causa de lo
que ellos son y… lo que están haciendo en sus vidas personales. Y esto
es para la confesión».
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«La Escritura nos dice, muy claramente, en la 1 de Corintios, capítulo 5
– San Pablo está escribiendo a la Iglesia de Corinto porque han
aceptado a un hombre que es culpable de inmoralidad. Y el Apóstol,
escribe: “Lo que ahora os escribo es que no os mezcléis con ninguno
que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra,
maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer; ¿pues qué a mí
juzgar a los de fuera?”. ¡Ahá! “¿Qué a mí juzgar a los de
fuera? ¿No es a los de dentro a quienes os toca juzgar? Dios juzgará a
los de fuera; vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos”. Así, ¿cómo puede el Sucesor de Pedro, decir: “Quién soy yo para juzgar” sin contradecir la Escritura?».
■ «Él se queja de que hablamos mucho del aborto y la contracepción. Bien… ¿Lo hacemos? De nuevo, el Apóstol nos dice: “arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina”.
Por lo tanto, tenemos la obligación de hablar de esos pecados por los
que el castigo es la condenación eterna en el infierno. Nosotros estamos
hablando acerca de la salvación de las almas. El Código de Derecho
Canónico termina así: “el mayor bien es la salvación de las almas”. Y esto es por lo que Cristo fundó Su Iglesia: para salvar las almas».
■ «La expresión “no debemos ser como conejos”
fue un insulto a todas las madres católicas. Aquellas que…han perdido
sus vidas, han ofrecido sus vidas, y han dado sus vidas por sus hijos, y
sobre todo, por el Evangelio».
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«Nuestra preocupación es, por supuesto, por el Sínodo próximo y lo que
parece ser la aprobación para llevar la comunión a los divorciados
vueltos a casar. Esto va a ser un duro golpe a la Iglesia y a los
fieles. Debido a que ya ha causado mucha confusión y malentendidos.
Incluso en mi experiencia pastoral he encontrado mujeres que han dicho…
una madre, su hijo divorciado, vuelto a casar, y dice: “Bueno, el Santo Padre le permite la comunión, ¿no es así? No creo que sea lo correcto, padre, pero el Papa…”. Tenemos este problema ya… Y vemos el patrón, está hecho por la Humanae Vitae…
Está ahí decidido en el ambiente, y por supuesto que va a… convertirse
en ley. Pueden preparar esto. Así, que realmente se necesita tener los
ojos firmemente fijos en el Cielo, suplicando al Cielo, para guiar a
nuestros obispos».
■ «Hay rumores de la relajación pastoral de la Humanae Vitae…
no se va a contradecir, no se va a quitar, no se va a ampliar. Lo cual
es mucho más mortífero. Porque hemos presentado algo que es malvado como
si fuera bueno. Y estamos construyendo esta maldad en una buena base».
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«¡Nosotros amamos al papa! Él es nuestro padre. Él es nuestro dulce
Cristo en la Tierra. Hay una preocupación entre los Católicos que están
confundidos y temerosos. Y nosotros -y ellos- no deseamos criticar, o
todavía peor, juzgar al papa. Pero, de nuevo, estamos juzgando no a su
persona, no a su cargo, sino a los resultados de sus acciones. Y no lo
hacemos con indignación. Porque lo que él está haciendo es la causa de
nuestra indignación. Y esto es una amenaza a nuestra fe. Y es una
amenaza a la Iglesia. Y es un peligro a la salvación de las almas».
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«Así que, ¿podemos juzgar las acciones del papa? Sí, podemos. Tenemos,
nada menos que al Apóstol de los gentiles, San Pablo, que escribe a los
Gálatas. Y él dice: “Pero cuando Cefas fue a Antioquía, en su misma
cara le resistí, porque se había hecho reprensible. Pues antes de venir
algunos de los de Santiago, comía con los gentiles; pero en cuanto
aquellos llegaron, se retraía y apartaba por miedo a los de la
circuncisión. Y consintieron con él en la misma simulación. Pero cuando
yo vi que no caminaban rectamente según la verdad del Evangelio, dije a
Cefas delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como
judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”. Y esto es a
lo que nos enfrentamos hoy. Tenemos prominentes Cardenales que toman una
postura anticatólica en cuestiones morales. Lo cual pensamos que ellos
ya han resuelto su posición. Tenemos al Santo Padre que él mismo da la sensación
que los apoya. Les da su bendición. ¿Y qué es lo que dijo San Pablo?
¡Bernabé! La mano derecha de san Pablo se dejó llevar de la
insinceridad. Así, muchos Obispos – y por supuesto, Dios, tenemos
todavía muchos buenos Obispos- cuando ellos ven esto, ellos también se
dejan llevar…, y esto es por qué creo que la sugerencia se hace tan, tan
importante, que deberíamos circular nuestro material a los Obispos, y a
los sacerdotes – especialmente a los sacerdotes».
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«Tenemos el ejemplo de la historia, Juan XXII, que enseñaba que los
bienaventurados no veían a Dios hasta después del Juicio General. Él se
opuso a los teólogos de la Universidad de Paris. A los cardenales y
obispos e incluso a los reyes. Así que estos fueron… tenemos los sabios,
los intelectuales, los teólogos, que sabían lo que estaba pasando y
fueron capaces de oponerse al papa. Y por supuesto, tenemos los que
tienen autoridad, los obispos. Y tenemos los laicos, como así también
los reyes».
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«El Código de Derecho Canónico también nos habla que tenemos el derecho
de expresar nuestra opinión en el Canon 212, sección 3: “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, -y
creo que en este encuentro… estamos mostrando nuestro conocimiento, el
hecho de que somos responsables de diversas organizaciones, nuestra
competencia y nuestro prestigio – de manifestar a los Pastores
sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y
de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la
fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida
cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”. Y esto es muy importante. Tenemos, en otras palabras, que continuar haciendo público esto».
■ «Ahora podemos decir… – esto ha sido escrito por… Melchor Cano, un famoso teólogo español del siglo XVI – “Aquéllos
que, ciega e indiscriminadamente defienden todas y cada una de las
decisiones del supremo Pontífice son los que más están haciendo por
socavar la autoridad de la Santa Sede; destruyen, en lugar de
fortalecer, sus cimientos. Pedro no tiene necesidad de nuestras mentiras
ni de nuestra adulación”. En otras palabras, debemos estar vigilantes. Debemos ser objetivos en nuestro enfoque de la presente crisis en la Iglesia».


