¿SÍNODO PARA QUÉ? UN ESFUERZO INÚTIL
[Mensaje de la Hna. María: Alemania inicia el pseudocisma …que existe desde hace 50 años]
Los obispos alemanes ponen el carro delante de los bueyes
Las respuestas de la conferencia episcopal al cuestionario presinodal
describen lo que ya se hace en Alemania: comunión a los divorciados que
se han vuelto a casar, tolerancia para las segundas nupcias, aprobación
de las uniones homosexuales
por Sandro Magister
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
ROMA, 6 de mayo de 2015 – A juzgar por el último producto de la
Conferencia Episcopal Alemana, el sínodo sobre la familia programado desde el 4 al 25 de octubre podría revelarse como un esfuerzo inútil.
El cardenal Reinhard Marx (en la foto), arzobispo de Munich y
presidente de la Conferencia Episcopal, lo había dado a entender el
pasado 25 de febrero con un golpe que ha dado la vuelta al mundo:
“No somos una filial de Roma. Cada conferencia episcopal es
responsable del cuidado pastoral en el propio contexto cultural y debe
predicar el Evangelio en el propio modo original. No podemos esperar que
un sínodo nos diga cómo debemos modelar aquí el cuidado pastoral del
matrimonio y de la familia”.
Pero ahora es la misma Conferencia Episcopal de Alemania la que pone
en blanco sobre negro la misma definición, en la que es su respuesta
oficial – luego de haber consultado al “pueblo de Dios” – al
cuestionario preparatorio difundido por Roma en vistas de la próxima
sesión del sínodo.
Al llegar a la pregunta sobre “cómo promover la identificación de
líneas pastorales a nivel de las Iglesias particulares”, he aquí lo que
escriben efectivamente los obispos alemanes:
“Haciendo referencia a las diferencias sociales y culturales, parte
de las respuestas propugna la búsqueda de consensos regionales a fin de
elaborar directrices pastorales a nivel de la iglesia local. Como
fundamento también podrían servir los procesos de diálogo – a nivel de
diócesis – sobre los temas del matrimonio y de la familia, cuyos
resultados serían a continuación objeto de debate con otras iglesias
particulares. Para ello, sin embargo, se requeriría la capacidad y
disposición de dialogar de todos los que participen”.
La formulación es un poco retorcida, pero los hechos hablan claro. En
casi todas las diócesis de Alemania ya se dan la absolución sacramental
y la comunión eucarística a los divorciados que se han vuelto a casar,
tal como ya lo había dado a entender un documento anterior de la
Conferencia Episcopal Alemana, aprobado el 24 de junio de 2014 y
exhibido ardientemente en Roma en la sesión del sínodo sobre la familia,
durante el pasado mes de octubre:
Se puede leer en su totalidad este documento en la página web de la
Conferencia Episcopal de Alemania, no sólo en el idioma alemán original,
sino también en italiano, en inglés, en francés y en español, lo que
muestra la voluntad de este episcopado de dar lecciones a todo el mundo.
Y la misma astucia multilingüe se adoptó para las respuestas al cuestionario presinodal, dadas a conocer en estos días:
A continuación se reproduce la sección del documento con las
respuestas al cuestionario sobre los puntos más controvertidos:
divorciados que se han vuelto a casar, matrimonios mixtos, homosexuales.
Los obispos alemanes no sólo aprueban que se den la absolución y la
comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, sino que también
aspiran a que se bendigan en las iglesias las segundas nupcias civiles,
que se dé la comunión eucarística también a los cónyuges no católicos,
que se reconozca la bondad de las relaciones homosexuales y de las
uniones entre personas del mismo sexo.
Escriben que no pretenden en lo más mínimo poner en discusión la
doctrina de la Iglesia universal respecto al matrimonio y a la familia.
Pero no explican cómo conciliar esa doctrina “cum Petro e sub Petro” con
las prácticas pastorales hechas realidad por ellos en Alemania.
A juicio del cardenal Gerhard Müller, en efecto, esa conciliación es
imposible. Más aún, “la idea que las conferencias episcopales sean un
magisterio además del Magisterio, sin el Papa y sin la comunión con
todos los obispos, es una idea profundamente anticatólica que no respeta
la catolicidad de la Iglesia”:
Müller es alemán, pero en Alemania lo consideran más “romano” que de
ellos, en cuanto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Otro cardenal considerado más romano que alemán es Paul Cordes,
presidente emérito de Cor Unum. También él ha criticado a los obispos
que son sus connacionales, quienes pretenden dar lección al mundo a
pesar de estar a la cabeza de una Igleisa en ruinas, en la que numerosos
sacerdotes no rezan ni se confiesan, dos tercios de los fieles no creen
en la resurrección de Jesús y sólo el 16% de los católicos tienen fe en
un Dios que es persona y no una vaga entidad:
Éste es el link al documento difundido por Roma en vista de la próxima sesión del sínodo de los obispos:
Los “lineamenta” incluyen la relación final del sínodo del pasado mes
de octubre y un cuestionario para su profundización: los obispos
alemanes han respondido a estos “lineamenta”.
DE LAS RESPUESTAS DE LOS OBISPOS ALEMANES AL CUESTIONARIO PRESINODAL
LOS DIVORCIADOS QUE SE HAN VUELTO A CASAR
[Pregunta n. 37: “¿Cómo hacer más accesibles y ágiles, y posiblemente
gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de los casos de
nulidad?”].
[Pregunta n. 38: “La pastoral sacramental respecto a los divorciados
que se han vuelto a casar necesita de una profundización ulterior,
valorando también la praxis ortodoxa y teniendo presente ‘la distinciòn
entre la situación objetiva de pecado y las circunstancias atenuantes’.
¿Cuàles son las perspectivas en las cuales moverse? ¿Cuáles son los
pasos posibles? ¿Cuáles son las sugerencias para obviar formas de
impedimientos no debidos o no necesarios?”].
La pregunta sobre la pastoral para los católicos divorciados y
católicos casados de nuevo fue contestada por todos, y generalmente en
forma detallada. Es un tema que preocupa a muchos fieles, no solamente a
aquellos cuyo matrimonio ha fracasado. No hay duda de que este tema
sigue siendo un aspecto clave para la credibilidad de la Iglesia. Los
fieles abrigan grandes expectativas de que el Sínodo de los Obispos abra
al respecto nuevos caminos en la pastoral. Llama la atención que las
opiniones expresadas por el pueblo de Dios no apunten al llamamiento a
una misericordia indiferenciada, sino que más bien se basen en una
argumentación teológica diferenciada.
La ruptura de un matrimonio es un proceso doloroso, lleno de
sentimientos de culpa. Los fieles esperan que la Iglesia ayude y
acompañe a las personas que han sufrido esa experiencia y no las
margine. Esperan que se las anime a involucrarse activamente en la
congregación (véase “Familiaris consortio”, núm. 84). Desde esta
perspectiva también se está analizando la posibilidad de permitir el
acceso de católicos divorciados casados de nuevo a la confesión y al
sacramento de la comunión. Los sacramentos se entienden en primer lugar
como un medio de salvación, a través del cual Cristo llega al encuentro
del débil y pecador. La exclusión de los sacramentos, especialmente si
tiene carácter definitivo, como en el caso de los divorciados casados de
nuevo, está, para la gran mayoría de los católicos, en contradicción
con su creencia de que Dios perdona todos los pecados, abre la puerta al
arrepentimiento y ofrece la oportunidad para comenzar de nuevo.
En cuanto a la recepción de los sacramentos, la mayoría de los fieles
espera que no se hagan excepciones pastorales ocultas, sino que se
llegue a soluciones estructurales. No se trata de una aceptación
indiscriminada, sino de un acceso a los sacramentos que dependa de
ciertos criterios. Son solo pocos los fieles que rechazan rotundamente
el acceso de divorciados casados de nuevo a la comunión. Temen que ello
opaque el testimonio de la Iglesia en favor de la indisolubilidad del
matrimonio. La mayoría de los fieles no comparte esa aprensión.
Es por ello que la resolución del Consejo Permanente de la
Conferencia Episcopal Alemana del 24 de Junio 2014 sobre “Caminos
teológicamente responsables y pastoralmente adecuados para el
acompañamiento pastoral de divorciados casados de nu evo” (véase
documento adjunto) ha sido favorablemente acogido por el pueblo de Dios.
En nuestra resolución hemos propuesto permitir el acceso de los
divorciados casados de nuevo al sacramento de la penitencia y a la
comunión, si la vida común en el matrimonio reconocido canónicamente ha
fracasado definitivamente, se han aclarado las obligaciones del primer
matrimonio, hay arrepentimiento por haber fracasado en el primer
matrimonio y voluntad genuina de vivir el segundo matrimonio en la fe y
educar a los hijos de acuerdo con la fe.
Además, se propone volver a analizar el fracaso matrimonial desde el
punto de vista canónico, dogmático y pastoral, al igual que desarrollar
formas litúrgicas que permitan expresar el dolor causado por la
separación y el lamento por las heridas o humillaciones sufridas, pero
también anunciar la esperanza de un nuevo comienzo ante Dios. Desde el
punto de vista sacramental, se debe escalecer la relación entre la fe y
el sacramento del matrimonio.
Varias diócesis y asociaciones piensan que sería oportuno considerar
con mayor atención la práctica de la Iglesia ortodoxa. No se trataría
solo de una mera adopción, sino más bien de la apertura de caminos
análogos en la Iglesia católica. Al respecto se precisa una
clarificación teológica. E n este contexto también se sugiere
reflexionar sobre la posibilidad de la bendición de un segundo
matrimonio (civil), la cual, no obstante, debiera diferenciarse
claramente de la liturgia matrimonial sacramental.
Ciertamente sería positivo simplificar los procedimientos de
anulación del matrimonio, en especial agilizar los procesos y reducir
los costos (en especial de los dictámenes). Algunos expertos sugieren
renunciar al análisis general por parte de la segunda instancia, ya que
esta por lo general confirma el veredicto de la primera instancia, y que
la sentencia en primera instancia sea dictada por un colegio de jueces y
no por un solo magistrado. Igualmente, se debiera reflexionar si la
presunción legal en el contexto del derecho matrimonial no precisa ser
reconsiderada.
Sin embargo, lograr un procedimiento más fácil no significa haber
encontrado una solución general al problema. Comparado con la gran
cantidad de personas afectadas, el número de personas que realmente
inicia este proceso es muy reducido. Es poco probable que esa cifra
aumente con la agilización del procedimiento. Además, el hecho de
simplificar el proceso de anulación no debiera ser interpretado como un
distanciamiento de la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. En
consecuencia, no hay que dar demasiada importancia a esas medidas.
MATRIMONIOS MIXTOS
[Pregunta n. 39: “¿La normativa actual permite dar respuestas válidas
a los desafíos planteados por los matrimonios mixtos y por los
matrimonios interconfesionales? ¿Se deben tener en cuenta otros
elementos?”].
En más del 40 % de los matrimonios sacramentales en los cuales uno de
los cónyuges es católico, el otro cónyuge pertenece a una confesión
cristiana distinta, por lo general a la evangélica. Además, el número de
matrimonios entre un católico y un cónyuge sin confesión va en aumento.
Así pues, se aprecia un gran interés por contestar a la pregunta acerca
del acompañamiento pastoral.
Los fieles esperan que la Iglesia también apoye la vida matrimonial y
familiar de cónyuges de distinta confesión (de acuerdo con can. 1128
CIC ) e invite al cónyuge no católico a participar de la vida eclesial.
Sin embargo, la decisión acerca de cómo vivir la fe en la familia
debiera ser decidida por ambos cónyuges.
Las respuestas referentes al posible acceso de cónyuges no católicos
(principalmente evangélicos) a la comunión sacramental ocupan un espacio
importante. El hecho de excluir de la comunión a la pareja de confesión
distinta es visto como obstáculo para la educación cristiana de los
hijos y para la vida de fe en la familia. Desde el punto de vista
teológico, se destaca que la exhortación apostólica “Familiaris
consortio” (1981) valora claramente a los matrimonios de distintas
confesiones ( núm. 78), y al mismo tiempo subraya la importancia de la
Eucaristía como “fuente del matrimonio cristiano” (núm. 57). En relación
con el fortalecimiento del matrimonio sacramental, y considerando la
educacción cristiana de los hijos, hay que preguntarse de qué manera
puede el cónyuge no católico participar en la vida eclesial, y en qué
condiciones podría también tener acceso a la comunión. ¿Acaso no sienten
los matrimonios de distintas confesiones, unidos por el doble
sacramento del bautismo y el matrimonio, un a profunda necesidad
espiritual, que debiera, en casos individuales, justificar el acceso del
cónyuge no católico a la comunión (Véase can. 844 § 4 CIC; encíclica
“Ut unum sint” de 1995, núm. 46; encíclica “Ecclesia de eucharistia” de
2003, núm. 45 y 46)?
HOMOSEXUALES
[Pregunta n. 40: “¿De qué modo las comunidades cristianas dirigen su
atención pastoral a las familias que tienen en su interior personas con
tendencias homosexuales? Evitando toda discriminación injusta, ¿de qué
modo hay que hacerse cargo, a la luz del Evangelio, de las personas en
tales situaciones? ¿Cómo proponerles las exigencias de la voluntad de
Dios sobre su situación?”].
En Alemania, la vida en pareja homosexual tiene una condición
jurídica distinta a la del matrimonio (“unión civil registrada”). Su
reconocimiento es fruto de un consenso social amplio que también cuenta
con el apoyo de la mayoría de los católicos, como lo demuestran las
respuestas del primer cuestionario para la preparación del Sínodo
Extraordinario.
Por lo general, los fieles esperan que cada persona,
independientemente de su orientación sexual, sea aceptada tanto en la
Iglesia como en la sociedad, y que en las parroquias se promueva un
ambiente de respeto hacia todos los seres humanos. En casi todas las
respuestas se apoya la postura sostenida por las ciencias humanas
(medicina, psicología), según la cual la orientación sexual es una
disposición inalterable y no elegida por el individuo. Por ello, el que
se hablara de “tendencia homosexual” en el cuestionario provocó molestia
y fue percibido como una expresión discriminatoria.
Solo contadas personas rechazan por principio las relaciones
homosexuales, calificándolas de pecaminosas. La gran mayoría espera de
la Iglesia una valoración teológico-moral más diferenciada, que
considere las experiencias pastorales y los estudios
científico-humanistas. La mayoría de los católicos aceptan las
relaciones homosexuales cuando las parejas viven valores como el amor,
la lealtad, la responsabilidad mutua y la fiabilidad, sin ánimo de
equiparar las uniones homosexuales al vínculo matrimonial. Se trata de
demostrar respeto, destacando al mismo tiempo las diferencias. Hay voces
que favorecen una bendición de estas uniones, la cual, de todos modos,
debiera ser diferente a la del matrimonio tradicional.
Una pastoral que acepte a las personas homosexuales precisa un
desarrollo ulterior de la moral sexual eclesiástica, que haga suyo el
conocimiento científico – humanista, antropológico, exegético y
teológico-moral más reciente.
Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina.


