¿EL FINAL LÓGICO DE LA PRÉDICA DE BERGOGLIO?
Bergoglio,
sedicente Franciscus, recibe con reverencia profunda la “bendición” de
más de cien pastores herejes, cismáticos, de la iglesia pentecostal en
Roma el 9 de mayo de 2015. Un pecado mortal con escándalo.
[Creo que es interesante el comentario de Alejandro que les
transcribo. Parece que habla por propia experiencia. En todo caso el
cristianismo que predica Bergoglio que rechaza dogmas como un exceso de
intelectualidad frente a las emociones del corazón a las que él mismo se
ha entregado a veces,

Lo
de arrodillarse ante los herejes en vez de traerlos a la Fe católica,
le viene al galgo de lejos. Bergoglio recibe de rodillas la bendición
por parte de “pastores” en el III Encuentro Fraterno organizado por la
fundación Creces (Comunión Renovada de Evangélicos en el Espíritu Santo)
en el Luna Park la bendición. Al lado, que luego se arrodilló, el que
luego fuera predicador predilecto de Benedicto XVI, Cantalamesa, amigos
de los heréticos kikos.
bien recibiendo el bautismo del espíritu mediante la imposición de manos de pastores pentecostales, bien dejándose embargar ensimismado por las oraciones y emociones de carismáticos; que ha denostado la legislación eclesiástica de los cánones; aludiendo a un sacramento de la penitencia que ya no sería un juicio (a pesar del anatema de Trento a esa concepción sacramental) y por lo tanto no hay lugar a establecer el numero y gravedad de los pecados, sino sólo un ENCUENTRO en el que priva como es natural la subjetividad del penitente; proclamando una MISERICORDIA en la que no hay lugar para la conversión y penitencia; la atención y halago a las periferias e incluso a los que profesan religiones diversas- judaísmo (incluso con judíos mostrando su anhelo ante su presencia silenciosa la venida del Mesías), musulmanes ( lavándoles los pies) paganos ( de cuyas vestiduras cultuales se ha revestido), ateos que serían los hijos de Dios de primera clase)…
Todo lo anterior tiene un desenlace que la Sociología conoce bien:
unas manifestaciones sectarias religiosas que acaban en la relajación
sobre todo sexual y rebelde a las autoridades, no sólo religiosas sino
también civiles. De hecho la historia nos ilustra hasta la saciedad de
muchos movimientos dentro de la Iglesia que acabaron condenados y
perseguidos por tribunales eclesiásticos y fuerzas civiles, como lo
fueron en la España del siglo 16, los “dejados” “alumbrados” etc.. Que
fueron precursores de las herejías quietistas e incluso de las terribles
sectas iluministas. Al final se repite lo que proclamó nuestro pensador
español: levantan un trono a los principios y arman el cadalso a las
consecuencias. Sí, los principios que Bergoglio predica acá y allá, que
son de momento aplaudidos, pueden derivar en consecuencias terribles no
sólo religiosas sino también políticas y violentas. Piénsese en el
resurgir del indigenismo que él alienta con sus cultos paganos, la lucha
armada, el comunismo, los ” movimientos de liberación etc..
Pues el siguiente comentario describe un poco el comienzo de lo que
puede terminar en un fracaso estrepitoso, en el plano religioso y
civil:]
Dice Alejandro:
Y
lo más doloroso de todo esto, es lo que nos invade cuando constatamos
que algunos “catequistas oficiales”, seleccionados “ad hoc” en las
parroquias (de toda América al menos), se esmeran en decir a los
“catecúmenos” (quienes por obligación expresa, deben cumplir un
adoctrinamiento al vapor para poder ejercer como padrinos
sacramentales), esta misma sarta de aberraciones; y con ellas, y por
ellas (una vez avaladas en examen) son aceptados como “cristianos,
católicos, apostólicos, romanos” ejemplares para tutelar al nuevo hijo
de la iglesia que están apadrinando.
“No teman al pecado; el pecado no es malo, es la puerta maravillosa por donde Dios puede llegar al hombre”. Y con toda la falacia propia de la serpiente arguyen citando el texto de Agustín: “bendita culpa que mereció tal redentor” haciendo insidiosamente una transferencia de prioridades en la que Nuestro Redentor pasa a ser una respuesta secundaria ante la prioridad y “necesidad” de “el pecado” que éstos están dando en llamar “una gloria implícita en la naturaleza humana”; lo cual, en ultima instancia, lleva implícito el satánico pensamiento que presenta a Dios, maléficamente, planeando el pecado”. De aquí a culpar a Dios Mismo por la terrible confusión que representa la presencia de Bergoglio en la Cátedra, no hay ya siquiera un paso.
Además Bergoglio tenía que “sembrar” esta idea, porque (contra lo que algunos piensan sobre una limitación mental en él) la astucia y capacidad extrema de planeación que está ejerciendo, exigía de él este punto de arranque para sustentar ahí el liberalismo a que intenta llevar toda doctrina desplazándola ante el arrebato emocional.
Cuando observa uno la difusión de este error que da prioridad al pecado ante la Misericordia y el Amor Infinitos de Dios, no puede uno menos que recordar una variante de un pentecostalismo extremo que tuvo un repentino auge e inmediata supresión oficial por parte de la simple moral de estado pues veían en esta prédica un serio riesgo que resquebrajaría la sociedad. Predicaba esta secta que: “el espíritu santo siendo santificador necesitaba el elemento no santo para poder actuar, de la misma manera que el portero necesita la puerta cerrada para poderla abrir; así pues.., se encerraba la comunidad en un galerón aislado del exterior; apagaban las luces; se instalaba un sistema de alarma musical que anunciara el tiempo de acción; cada uno obraba como creyera conveniente, despojándose de sus vestiduras e interactuando activa o pasivamente con quien (resguardado en el anonimato le aceptase). El ritmo de la música los conducía al decoro de manera que las luces se restablecían cuando todo estaba en perfecto orden. Así el espíritu santo ya tenía un motivo para presentarse a santificar lo viciado.
De hecho, no hay diferencia alguna entre las predicas de Bergoglio y la aberración que los mismos estados laicos detectaron como altamente riesgosa para la sociedad.
“No teman al pecado; el pecado no es malo, es la puerta maravillosa por donde Dios puede llegar al hombre”. Y con toda la falacia propia de la serpiente arguyen citando el texto de Agustín: “bendita culpa que mereció tal redentor” haciendo insidiosamente una transferencia de prioridades en la que Nuestro Redentor pasa a ser una respuesta secundaria ante la prioridad y “necesidad” de “el pecado” que éstos están dando en llamar “una gloria implícita en la naturaleza humana”; lo cual, en ultima instancia, lleva implícito el satánico pensamiento que presenta a Dios, maléficamente, planeando el pecado”. De aquí a culpar a Dios Mismo por la terrible confusión que representa la presencia de Bergoglio en la Cátedra, no hay ya siquiera un paso.
Además Bergoglio tenía que “sembrar” esta idea, porque (contra lo que algunos piensan sobre una limitación mental en él) la astucia y capacidad extrema de planeación que está ejerciendo, exigía de él este punto de arranque para sustentar ahí el liberalismo a que intenta llevar toda doctrina desplazándola ante el arrebato emocional.
Cuando observa uno la difusión de este error que da prioridad al pecado ante la Misericordia y el Amor Infinitos de Dios, no puede uno menos que recordar una variante de un pentecostalismo extremo que tuvo un repentino auge e inmediata supresión oficial por parte de la simple moral de estado pues veían en esta prédica un serio riesgo que resquebrajaría la sociedad. Predicaba esta secta que: “el espíritu santo siendo santificador necesitaba el elemento no santo para poder actuar, de la misma manera que el portero necesita la puerta cerrada para poderla abrir; así pues.., se encerraba la comunidad en un galerón aislado del exterior; apagaban las luces; se instalaba un sistema de alarma musical que anunciara el tiempo de acción; cada uno obraba como creyera conveniente, despojándose de sus vestiduras e interactuando activa o pasivamente con quien (resguardado en el anonimato le aceptase). El ritmo de la música los conducía al decoro de manera que las luces se restablecían cuando todo estaba en perfecto orden. Así el espíritu santo ya tenía un motivo para presentarse a santificar lo viciado.
De hecho, no hay diferencia alguna entre las predicas de Bergoglio y la aberración que los mismos estados laicos detectaron como altamente riesgosa para la sociedad.


