"ES EL PERONISMO, ESTÚPIDO"...
Buen artículo. Aportaré, modestamente, mi granito infeccioso. Hoy, el peronismo es un sello y dos cuadritos, imágenes, una de Perón y otra de Eva, y salvo un grupito minúsculo que hay que buscarlo con lupa entre la sociedad, porque peronistas peronistas todavía hay, los demás enarbolan el sello y los dos cuadritos pero son populistas. Se hacen llamar o los llaman menemistas, kischneristas, cristinistas y antes montoneros, etc. y existen por que ni ellos ni los demás se atreven a despojarse del ropaje peroniano. Como bien lo denuncia el artículo de Iglesias los jerarcas en cuanto pueden olvidan los postulados de la doctrina y se hacen oligarcas eligiendo vivir y hacerlo como tal, y todo con la complacencia de la gilada que consume el relato. El peronismo ya no existe.
¡Hola!Les acompaño el sentimiento...
La más insólita es que el peronismo no existe;
tesis que se expresa en objeciones como “Es algo de hace mucho”, “Funciona como
una franquicia para hacer negocios” o “¿Peronismo? ¿Qué es el peronismo? Para
unos, una cosa. Para otros, otra”. La conclusión, en estos y otros casos, es la
misma: el peronismo no existe.
Bueno es recordar que el de la no existencia es
uno de los argumentos tradicionales que usa la mafia para defenderse, y que un
tal Charles Baudelaire señaló que la mayor astucia del diablo es la de hacernos
creer que no existe.
Después de todo, también el Club Atlético Boca
Juniors es algo que viene de hace mucho, funciona como una franquicia para hacer
negocios y es una cosa para unos y otra cosa para otros, sin que a nadie se le
ocurra por eso sostener que no existe. Para muchos, Boca es un club. Para pocos,
una fuente de trabajo o negocio.
Para unos cuantos, unos colores amados, y para
otros tantos, unos colores odiados. De todo ello no se extrae la conclusión de
la inexistencia de Boca Juniors sino el carácter polimórfico de su existencia y
la índole polisémica del término “Boca Juniors”.
Como en el caso del peronismo, por otra parte,
que acaso no exista pero ha gobernado este país más de la mitad del tiempo
transcurrido desde su aparición oficial como fuerza política, y veinticuatro de
los últimos veintiséis años.
Vayamos pues a la pregunta: ¿qué es el peronismo?
Y bien, el peronismo es como la luz, que a veces actúa como onda y otras, como
partícula, y que es imposible de comprender excluyendo cualquiera de sus
variables comportamentales.
El peronismo es un fenómeno muy simple y a la vez
de enorme complejidad que se ha prolongado más allá de las circunstancias que le
dieron origen, lo que hace imposible identificar cualquier tipo de esencia. Sin
embargo, pueden reconocerse algunas características que lo hacen único e
inconfundible.
1- El peronismo es la corriente más importante
del nacionalismo populista autoritario argentino, y como tal se ha adueñado del
espacio que en países más afortunados ocupa la socialdemocracia. En Europa, los
partidos socialdemócratas han tenido la virtud de encarnar las legítimas
aspiraciones a mejores condiciones de vida de los trabajadores y a su voluntad
de formar parte plenamente de la sociedad.
Lo hicieron sin dejar de lado, salvo excepciones
circunstanciales y breves, a los derechos individuales, los principios
republicanos y el pluralismo social y político.
Para no hablar del orgullo por el trabajo bien
hecho ni de la independencia política de los sindicatos. Por el contrario, el
peronismo ha visto siempre a las libertades individuales, las instituciones
republicanas y el pluralismo como amenazas a su poder político y como
limitaciones a la justicia social, y considerado a los gremios su columna
vertebral al servicio de cabezas ajenas.
No se trató solamente de Europa. También la
Sudamérica de los últimos años ha presenciado la aparición de fuerzas políticas
de tipo socialdemócrata como el PT brasileño, la Concertación chilena y el
Frente Amplio uruguayo. En la Argentina, no, y la razón es simple: el espacio
socialdemócrata está ocupado por el nacionalismo populista, del cual el
componente central es el peronismo.
Por eso Brasil, un país cuya sociedad comparte
con la nuestra el mismo desapego por las instituciones y la ley, ha tenido a
Henrique Cardoso, y nosotros a Menem; ellos a Lula, y nosotros a Néstor; ellos a
Dilma, y nosotros a Cristina.
Aun en el caso del peronismo menemista, que
abandonó el campo simbólico socialdemócrata para situarse en el liberal, tampoco
faltaron las violaciones a la ley y el estado de derecho, la corrupción
galopante, las presiones sobre la prensa, la generación de una Corte Suprema
adicta y tantos otros sucesos que anticiparon lo que habría de pasar durante el
kirchnerismo.
Que el peronismo kirchnerista haya dejado a todas
y cada una de las aberraciones menemistas reducidas a jugarretas de aprendices
no exculpa a Menem, ni implica que el peronismo sea extraño a tales estropicios.
Más bien sugiere una relación de continuidad y una herencia ampliada dentro de
la misma familia política, perpetuada en el poder después de las destituciones
de Alfonsín y De la Rúa y sistemáticamente dedicada a medir sus gestiones con la
vara de los abismos precedentes.
2- El peronismo es la fracción populista del
Partido Militar argentino, el representante político de la “línea nacional del
Ejército”, por oposición a la así llamada “línea liberal”. O, si lo prefieren,
la fracción populista del nacionalismo autoritario argentino, cuya filiación
comparte con el Partido Militar, su enemigo complementario; tan sanguinario en
la batalla por el poder contra su socio como coincidente en puntos fundamentales
de su concepción.
No sobra señalar las coincidencias entre el
Partido Militar y el Partido Populista: la idea de la política como conflicto
entre las fuerzas de la Patria y de la antipatria; la reducción de la política
exterior a geopolítica; la percepción del propio grupo como encarnación completa
de los valores nacionales; el desprecio por las libertades y los derechos
individuales, por los partidos políticos y por las formas institucionales de la
democracia liberal republicana; la concepción militarista de la política y de la
vida, con sus opciones binarias amigo-enemigo y su lenguaje de campo de batalla
(la conducción, la tropa, los soldados de Perón, los soldados del Pingüino,
etcétera); la verticalidad; la idea de disputa por el poder reducida a lucha por
el control de un territorio; el uso y abuso de los servicios de inteligencia; el
empleo de la violencia como instrumento válido de la política; el empleo de las
metodologías antidemocráticas de los golpes y las destituciones como
herramientas para acceder al poder político y monopolizarlo. Para no hablar de
las características comunes de muchos de sus líderes: la megalomanía, la
paranoia y la perversión.
3- El peronismo es una oligarquía. Lejos de
acabar con el carácter oligárquico del poder en el país, el peronismo se limitó
a reemplazar a la oligarquía que lo detentaba con sus propios cuadros
dirigentes.
Del monopolio del poder político
oligárquico-conservador de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la
Argentina pasó así al monopolio del poder político oligárquico-peronista de
fines del siglo XX y principios del siglo XXI, cumpliendo esa “ley de hierro”
que describen Acemoglu y Robinson en su exitoso libro “Por qué fracasan los
países”.
Por detrás del desprecio que aparentaban sentir
por la “oligarquía vacuna”, los dirigentes peronistas experimentaron siempre una
secreta admiración por ella, bien expresada por la imitación de sus hábitos de
consumo, que los jerarcas peronistas adoptaban no bien accedían a recursos
suficientes para permitírselos.
También ha sido notable su sistemática elección
del más aristocrático de los barrios porteños, el de Recoleta, como lugar de
residencia; fenómeno que abarcó desde Perón y Evita hasta Néstor y Cristina,
pasando por el inventor del peronismo revolucionario: John William Cooke, y que
alcanzó su culminación con la elección de su coqueto cementerio como lugar de
descanso final de los restos de Eva Perón.
En el mismo orden de cosas, el de la ocupación
del espacio arquitectónico creado por la oligarquía precedente, la primera y
segunda líneas kirchneristas han elegido recientemente como lugar de residencia
al barrio menemista por excelencia, el de Puerto Madero, en otra expresión de
imitación de lo que públicamente se proclama despreciar.
Como dijo Bill Clinton: es el peronismo,
estúpido. Abandonada la ambición de ser la negación de un sistema concentrador
del poder y la riqueza, el peronismo se ha convertido en una oligarquía que
acaparó el control de los principales recursos del país y los usó en su
beneficio, y que en su decadente evolución ha violado todas y cada una de las
reglas que necesitaba violar para mantener y acrecentar su poder y apoderarse
del botín.
En este camino, devino una asociación de
características mafiosas bastante parecida al PRI mexicano, otro partido nacido
de una revolución popular convertido en élite que gobierna para sí misma.
Significativamente, la relación entre los
dirigentes y empresarios afines al PRI y al peronismo se remonta hasta los
extraños vínculos nacidos en el exilio montonero en México, como en el caso del
segundo hombre más rico del mundo, Carlos Slim, con la familia Abal Medina.
(Continuará)
Autor de “Es el peronismo, estúpido. Cuándo, cómo y por qué se jodió la Argentina”

