¡Seamos coherentes!
Sólo
el matrimonio salvaguarda la dignidad del marido y de la mujer y su
bienestar, y es por su naturaleza la única garantía del bienestar de los
niños
Miles de chilenos estamos unidos en la defensa de los indefensos, la protección de la infancia y del no nacido. Estamos a favor de la causa de los que son víctimas de la tiranía abortista, del cinismo y de la hipocresía médica estatal.
Sin embargo, no debemos engañarnos a nosotros mismos, los
riesgos son demasiado altos. Nunca vamos a ganar esta lucha, a menos que
ataquemos la cultura de la muerte en sus raíces.
Para ser verdadera y consistentemente a favor de la vida, no es suficiente oponerse al aborto. También debemos combatir:
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* La permisividad moral
La fornicación y el adulterio rompen los vínculos sagrados que
unen la sexualidad humana a la procreación y la familia. El aborto es
la garantía última de la libertad sexual estéril y sin vida: el placer
carnal absoluto e inconsecuente del “amor libre”, carente de la
responsabilidad y del compromiso del matrimonio.
Como declaró el Papa Pío XII, “Sólo el matrimonio salvaguarda la dignidad del marido y de la mujer y su buen estado, y es por su naturaleza la única garantía del bienestar de los niños”.
Una vez que la inmoralidad sexual corta el acto conyugal de su propósito divinamente ordenado, para defender la santidad de la vida, tenemos que defender el pacto sagrado del matrimonio.
No debemos engañarnos a nosotros mismos, los riesgos son demasiado altos. Nunca vamos a ganar esta lucha, a menos que ataquemos la cultura de la muerte en sus raíces
* La anticoncepción
La anticoncepción fácil conduce lógicamente al aborto a pedido.
Las parejas que practican la anticoncepción son mucho más propensas a
recurrir al aborto, en el caso de un embarazo no planeado, como medio de
control de la natalidad después de la concepción. De hecho, la mayoría
de los anticonceptivos modernos son abortivos, es decir, que abortan el
feto.
Como proclamó el Papa Pablo VI, en su encíclica Humanae Vitae contra el aborto, “Todos y cada acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida“.
Dado que el aborto se nutre de la mentalidad anticonceptiva,
para oponernos a la masacre del aborto de manera efectiva, debemos
oponernos a la mentalidad pro‒abortista de la anticoncepción.
* La eutanasia
Si el hombre no defiende toda vida humana inocente como sagrada e inviolable, la vida de nadie está a salvo.
Así como el niño indefenso en el vientre de su madre se sacrifica a la
auto-condescendencia de nuestra cultura de la muerte, la vida
deteriorada o envejecida de nuestros enfermos cae víctima de los mismos
dioses falsos.
Como advierte el Papa Juan Pablo II, “Nuevos retrasos y negligencias
podrían dar lugar a la supresión de un número incalculable de vidas
humanas y a una mayor y grave degradación de toda la sociedad a niveles
aún más inhumanos”.
Dado que el holocausto del aborto conduce inevitablemente al holocausto de la eutanasia,
para defender toda vida humana inocente, debemos oponernos al aborto,
al infanticidio y a la eutanasia sin compromisos o excepciones.
* Conclusión
Para ser pro-vida, debemos combatir la permisividad moral, la contracepción, la pornografía y la eutanasia con la coherencia y vigilancia constantes con las que nos oponemos al aborto.
Como el Santo Padre nos recuerda: “La fidelidad es la coherencia de vivir de acuerdo con lo que uno cree;
adaptar la propia vida al objeto de nuestra adhesión. Aceptar la
incomprensión, la persecución, en lugar de una ruptura entre lo que uno
practica y lo que uno cree: esta es la coherencia”.
Que María, nuestra Madre, ejemplo vivo de la fidelidad a Cristo, no
ayude a dar testimonio coherente con la Ley de Dios en todo lo que
hacemos.

