domingo, 15 de enero de 2017

"EL CANALLA" Por Nicolás Marquez: Capitulo I

   Solo con el fin de que en esta nación y en el mundo, de una vez por todas se "TERMINE DE IDOLATRAR" a quien ninguna  condición mas que delinquir pudo reunir, y hartos de ver y soportar cuerpos con imágenes tatuadas y pintarrajeadas o exhibiendo remeritas en las que sobresale su impresentable figura, que de por sí, no son nada mas que ideales de "FACHEROS ESTUPIDOS", intentamos "tachar" y desmentir lo se agrava con la del "CHE GUEVARA". Fue  esa la causas que nos hizo subir al blog, el relato del libro "EL CANALLA" de NICOLAS MARQUEZ. Tratando de influir en algún compatriota, a que evite tan demencial acto, con lo que se demuestra lastimosamente "amor a un asesino" y se conozca al "CHE", quién fue, que pensaba, que hizo o al menos a cuantos mató. Capítulos del libro completo podrá así leer y analizar semanalmente. Nuestro objetivo se vaya formalizado y acumulándose junto al banner que identifica su presencia, donde se guardará íntegramente y podrá recurrirse cuando el lector desee recordar quién fue y que hizo este deplorable asesino, del cual se ha fabricado un "IDEALISTA", imitado por una buena cantidad de Argentinos para iniciar la Guerra parecida en los 60/70 del siglo pasado. Por el joven abogado NICOLAS MARQUEZ fue escrita esta investigación y mejores explicaciones que las nuestran recibirán de él.
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“EL CANALLA”
Capítulo 1
 Retrato de familia
Prólogo
Ernesto Guevara de la Serna, "el Che", en tanto objeto de estudio, sin dudas fue y es un personaje excepcional tanto para apologistas como para detractores. Decimos que fue excepcional, no como adjetivo calificativo sino como fenómeno que se aparta de la regla general. Vale decir, guerrilleros hubo (y sigue habiendo) por miles, pero Che Guevara hay uno sólo.

No hubo entre sus pares de la época ni entre los que aparecieron después, un solo guerrillero o revolucionario, por avezado que fuera, que haya disputado su protagonismo, ni que se le acerque en vigencia, y mucho menos que sea tomado como referente en proporciones similares.

¿Qué diferenció al Che de sus análogos? Sin dudas no fue su talento como guerrillero (su desempeño fue más que modesto) sino un cúmulo de aspectos de su enigmática personalidad, así como el hecho de que haya participado (muchas veces como protagonista) en emprendimientos y episodios de relieve mundial, a lo que debe sumarse el fastuoso marketing contemporáneo que vende su efigie a diestra y siniestra colocándolo en la categoría de logotipo comercial.

Descendiente de las aristocracias más distinguidas de la Argentina, la intensa vida pública del Che se reduce a diez años de acción (1957/1967) en los que alternó como aventurero, médico, guerrillero (en varias oportunidades y latitudes), jefe mayor de dos campos de concentración y exterminio a disidentes (La Cabaña y Guanacahabíbes), ideólogo amateur, Presidente del Banco Nacional de Cuba, Ministro de Industrias de Cuba, embajador informal y escritor aficionado entre varías otras incumbencias.

Portador de una personalidad despótica, desde muy joven forjó un temperamento duro, cruel, temerario, y acarreó desde siempre una extraña propensión al suicidio (tendencia que de alguna manera materializó).

Predicó y practicó el odio como factor de lucha. En sus escritos y alocu­ciones se advierte un notable desprecio por los negros, los indios, los bolivia­nos, los homosexuales (a quienes confinó en campos de trabajo forzado), los cubanos, sus propias esposas (se casó dos veces) y hasta por los guerrilleros de su propia tropa, a los que si por alguna causa no le simpatizaban, sin más, los fusilaba. Combinaba su desprecio por la vida (propia y ajena) con un humor sarcástico y elegante, en donde ponía de manifiesto su refinamiento y sólida formación cultural.

Lector voraz, ajedrecista intuitivo, impaciente en grado extremo, provoca­dor contumaz, comunista tardío y fusilador sistemático (los muertos en su haber se cuentan por centenas) son algunos de los tantísimos rasgos de este popular y a la vez desconocido personaje.

Considerado como un inmaculado procer en la Cuba castrista, el Che con­tribuyó a instalar en la isla el más prolongado y brutal totalitarismo de la his­toria contemporánea de las Américas. intentando además llevar adelante infructuosos golpes de estado en el África y Latinoamérica, conspirando con­tra Presidentes democráticos de la Argentina (durante el gobierno del Dr. Arturo lllia) y en Solivia (bajo la administración de Rene Barrientes).

Por su multífacético rol contó con varios apodos: "El Chancho" (dada su enemistad con la higiene personal); "El Carnicero de la Cabana" (en honor al campo de exterminio "La Cabana" que él comandó); "El Canalla" (tal como se acostumbra a llamar a los hinchas del club de fútbol "Rosario Centrar, al que él adhería); y "Che Guevara" (tal el apodo con que mundial-meníe se lo conoce y cuyo origen del mismo sigue siendo discutido).

Muchos de sus apologistas y acólitos lo veneran alegando que "el Che murió por un idear. Frase que incluso es recogida con indolente aprecio hasta por aquellos que no comparten el ideal de Guevara, pero indulgente­mente le reconocen "haber entregado su vida por ella1". Argumento efectista y efectivo aunque falaz, puesto que lo trascendente en Guevara no es que "haya muerto por sus ideas" sino que haya fusilado a mansalva por imponer­los. La muerte no es lo relevante en Guevara, dado que él buscó afanosamen­te ese final y lo encontró en su ley. No murió "en defensa de la paz" ni de los "Derechos Humanos", sino atentando contra estos valores. Lo esencial en Guevara no es cómo murió, sino cuánto mató cuando vivió y con qué objeti­vos postumos llevó adelante tamaña masacre. Pero ocurre que existe una curiosa tendencia a juzgar a los ídolos de izquierda en función de sus objeti­vos (supuestamente nobles) y no por sus resultados (comprobadamente desas­trosos), que en definitiva son lo único importante.

Hoy su efigie recorre el mundo en postales, banderas, adornos y remeritas, las cuales son mostradas como símbolo de amor universal, tolerancia o liber­tad. Todos valores que el Che combatió y despreció con el ejemplo personal. Una cosa es la edulcorada imagen que el marketing actual y los filmes comer­ciales construyeron del Che y otra bien distinta es la verdadera naturaleza que el Guevara real encarnó.
  Pero hay elementos a favor del Che que es necesario poner de manifiesto: jamás escondió sus valores, ni sus acciones, ni su esencia. Por su condición de irrefrenable homicida se autodefinió como "una máquina de matar*'; por su fanatismo enfermizo consideraba la moderación como una de "las cualida­des más execrables que puede tener un individuo "; se consideraba a sí mismo "todo la contrario a un cristo"; confesó sentir un profuso "odio a la civiliza­ción" y enseñó que "la más fuerte y positiva de las manifestaciones pacíficas, fs un tiro bien dado a quien se le debe dar".

En el presente trabajo no sólo nos detenemos en la persona del Che Guevara y sus diversas acciones (guerrilleras o burocráticas), sino que abor­daremos episodios políticos de vital importancia directamente relacionados con el protagonista en cuestión.

"El Canalla" constituye un enfoque totalmente distinto al que estamos acostumbrados a escuchar, leer o mirar en la cinematografía mercantilista. Algunos estarán a favor de lo aquí expuesto y otros en contra, lo cual es natu­ral y sano que así sea, máxime con un personaje que ha despertado tantísimas y acaloradas discusiones.

No siendo para más, e invitando al lector a ingresar en e! libro despojado de todo preconcepto, deseamos que este aporte fomente debate, polémica, consenso y disenso, praxis enriquecedora y vital para el sano ejercicio inte­lectual, el cual hoy podemos llevar adelante precisamente porque los dogmas del Che Guevara no triunfaron ni gobiernan la vida en este lugar del planeta.

Génesis

Por lejana tradición, había en la familia Guevara un fuerte sentimiento "anti­yanqui", animadversión hereditaria a la que no escapó el protagonista del pre­sente ensayo, Ernesto Guevara de la Serna, personaje mundialmente conocido como "el Che". Un íntimo familiar suyo (que nos pidió reserva de su identidad) nos contó que "Los Guevara se casaron en California porque eran exiliados de Juan Manuel de Rozas, en el año ]848, más precisamente en la zona del Río Sacramento, donde iba media Europa a buscar oro. Contrajeron nupcias con mujeres distinguidas que eran los Castro y Figueroa, descendientes de un Virrey que gobernó en Nueva España, México, Había en mi familia una bron­ca especial contra los Estados Unidos. Porque los yanquis aplicaron sus leyes y fueron invadiendo el famoso lejano oeste y tomaron California por la fuerza, degollando a un coronel de la familia de apellido Castro, al que le aplicaron leyes marciales. Esto creó un ambiente de rechazo familiar a todo lo que podía ser americano".1
Durante su estada en los Estados Unidos, los Guevara frecuentaron trato con los Lynch, otra familia distinguida. Una vez producida la caída de Rozas
 en 18S2, poco después ambas estirpes se trasladaron a la Argentina. Los Guevara se instalaron en la Provincia de Mendoza, al límite con Chile, y los Lynch se afincaron en Buenos Aires. A pesar de la lejanía, sendas familias retoman el trato frecuente cuando los Guevara comienzan a viajar a Buenos Aires para estudiar en la Universidad y allí se inaugura el apellido Guevara Lynch: Roberto Guevara (abuelo del Che) se casa con Ana Isabel Lynch y Guillermo Guevara, se casa con Eloísa Lynch (dos hermanos con dos herma­nos), los casamientos se producen aproximadamente entre 1888 y 18902. De la unión entre Roberto Guevara y Ana Lynch nació una extensa prole de doce hijos. E! sexto hijo, Ernesto Guevara Lynch, fue el padre del Che Guevara.
Por vía materna, el notable linaje del Che no se quedaba atrás. Su madre, Celia de la Serna y Llosa, hermosa mujer, culta, refinada e insumisa, era des­cendiente del general José de la Serna e Hinojosa, último Virrey del Perú. Celia había quedado huérfana desde muy jovencita y a pesar de provenir de una familia de siete hermanos, heredó una importante fortuna. El jurista e his­toriador Enrique Díaz Araujo, probablemente el mejor biógrafo argentino de Guevara y que escribió varios ensayos sobre este personaje, confirma que Celia "era tan aristocrática como su esposo y, al igual que él, no tenía ante­cedentes de pobreza o injusticia de qué quejarse; había nacido en medio de la opulencia y el prestigio, el último freno a su natural rebeldía desapareció poco después (de 1918), cuando, en rápida sucesión, murieron su padre y su madre y ella quedó en la más absoluta libertad y con mucho dinero para hacer lo que le viniera en gana".3 La muchacha era ferviente católica y comulgaba diariamente. Su devoción religiosa no era menor. Relata el desta­cado biógrafo francés Pierre Kalfon, que Celia fue "graduada del decoroso colegio francés del Sagrado Corazón, de Buenos Aires, Celia era muy piado­sa, hasta el punto de martirizarse colocando cuentas de vidrio en sus zapa­tos. Incluso pensaba tomar los hábitos., .".4 Pero a poco de conocer a Ernesto Guevara Lynch, se produjo el enamoramiento y el proyecto de tomar los hábi­tos quedó en el olvido.

Ambos iniciaron una relación; a poco andar, Celia quedó embarazada (en pleno noviazgo). Para tratar de morigerar el escándalo que este episodio gene­raría en los ambientes católicos y aristocráticos de 1927, se forzó y apuró el casamiento prematuro de Ernesto y Celia (con casi tres meses de embarazo) para el 20 de diciembre de ese año. Este episodio relatado, el del embarazo prematrimonial, puede considerarse para la mass media apenas un aspecto anecdótico según los usos y costumbres del siglo XXI, Pero ochenta años atrás constituía un motivo grave de vergüenza o ciertamente escandalizante. Muchos sacerdotes, amigos y personalidades de ambientes que Celia frecuen­taba, bien reprobaron su conducta o directamente le dieron la espalda, episodio

que le produjo un furioso resentimiento contra la Iglesia. Virulenta animosidad anticristiana que le fuera transmitida luego al niño que por entonces yacía en su vientre y al resto de la prole que no tardaría en llegar.
Apenas producido el enlace, el flamante matrimonio muda a la provincia norteña de Misiones, en donde Ernesto Guevara Lynch acababa de comprar un yerbatal con unos ahorros de Celia.

Cuando el parto era inminente, la pareja viaja a Buenos Aires y en el tra­yecto efecttían fugaz escala en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe) donde Celia da a luz a su primer hijo, Ernesto, el 14 de junio de 1928. Destaca el biógrafo Mario O'Donell con respecto al parto, que "todo indica que se produjo un mes antes, y que falsearon ese dato para ocultar la verdadera fecha del embarazo"2 Efectivamente, años después, Celia de la Serna le con­fió a su amiga Julia Constela "Ernesto (padre) arregló con un primo médico para que pariera en Rosario, llegamos justo a tiempo. El 14 de mayo de 1928 nació nuestro primer hijo y le pusimos el nombre del padre. Lo anotamos un mes después, siempre hablamos de un parto adelantado, cuestión de salvar las apariencias.. "f>

Tanto sea por vía paterna como materna, por las venas del primogénito Ernestito Guevara de la Serna, correría sangre del más distinguido linaje. Empero, la refinada tradición se vería opacada por los desmanejos económi­cos del jefe del hogar, un inconcluso estudiante de arquitectura y desteñido empresario, quien con motivo de su mala visión para los negocios fue paula­tinamente descapitalizándose, efectuando emprendimientos a veces con éxi­tos modestos y otras incurriendo en fracasos contundentes. Para tales proyec­tos utilizó primero su dinero y al agotarse éste, acabó despilfarrando el de Celia, su mujer.

Según el biógrafo O'Donell, esa doble condición de aristócrata venido a menos, iría forjando en el niño Ernesto a lo largo de su infancia y adolescencia "la identidad de ser 'el pobre' en un mundo de ricos" a la vez que "habrá fomentado su rencor hacia los propietarios"? Es justo decir que el empobreci­miento paulatino de la familia, no sólo obedeció a la falta de tacto comercial de Don Ernesto, sino que como causa concomitante aparece la crisis mundial de 1930. Fue entonces cuando la familia se vio obligada a vender campos y pro­piedades, entre ella la estancia La Celia en Río Quinto, El pueblo actualmente se llama La Celia.8

Queda claro entonces que Ernesto Guevara de la Serna, el Che, de los Guevara Lynch heredó el odio a Estados Unidos y de los de la Serna su recha­zo a toda manifestación religiosa. En cuanto a la primera herencia "el barman de Sierras Hotel (ubicado en Alta Gracia, Córdoba), que frecuentaba Ernesto padre antes y al que volvía Ernesto hijo con sus amigos en algunas ocasiones, recuerda que nunca pedía Coca-Cola y que cuando se la ofrecía, la rechazaba de manera vehemente: 'Se ponía frenético9 y siempre propenso a frases extravagantes agregaba "Prefiero ser indio analfabeto a millonario norteamericano10. Respecto de lo segundo, la antirreligiosidad infundida por la madre a todos sus hijos fue tan aguda, que los niños Guevara de la Serna hacían del deporte y el juego infantil no una sana distracción sino una cruzada antirreligiosa. El hermano menor del Che, Roberto Guevara precisa que "los partidos de fútbol adquirían a veces su carácter 'ideológico': La for­mación que tuvimos fue de un anticlericalismo total... En el verano, se hací­an los equipos de fútbol de los que creían en Dios contra los que no creían en Dios. Famosos partidos de fútbol. Los católicos nos llenaban de goles y se solazaban con la derrota de los infieles".11 Su amiga de la infancia, Dolores Moyano Martín al respecto agrega: "Nunca olvidaré cuando, siendo adoles­centes, conversábamos sobre Nietzsche y la significación de Cristo como 
sal­vador de tos pobres... Ernesto perdió la paciencia y dijo, alterado: 'Les ase­guro que si Cristo se cruzara en mi camino haría lo mismo que Nietzsche: no dudaría en pisotearlo como un gusano baboso12... Nunca olvidaré esa escena porque prefiguraba lo que Ernesto sería más adelanté".^ Era natural enton­ces que el refugio ideológico para canalizar estas fobias (tanto a Estados Unidos como a Cristo) fueran las posiciones de izquierda, muy enraizadas en su madre por otra parte. Según el biógrafo Daniel James "Celia de la Serna fue siempre izquierdista, aún por su propia tradición familiar. Su hermana Carmen y su cuñado 'Policho' (Cayetano Córdova líurburu) fueron afiliados en otra época al Partido Comunista".I3 Efectivamente, el tío político del Che, Cayetano Córdova Iturburu, nos cuenta un familiar íntimo "tenía gran influencia ideológica sobre él. Fue corresponsal de guerra en la Guerra Civil española, era rojo y republicano y después fue presidente del Partido Comunista. Era un izquierdista 'paquete'".™ Este influjo habría sido de tal intensidad, que su primo Fernando Córdova de la Serna señaló que "Ernestito con su clásica rebeldía, cuando oyó a sus padres argumentar a favor de la República Española, decidió declararse partidario de los nacionalistas y de Franco... hasta que el influjo de las cartas, las fotografías, las revistas, los discos y otros souvenirs enviados desde Madrid por Cayetano Córdova Iturburu, lo hizo cambiar de posición".*$

Pero además de la ascendencia familiar, Ernestito Guevara se veía empapa­do de izquierdismo en el plano de sus amistades puesto que "entre las influen­cias detectables en el Guevara infantil y adolescente, además de las familiares, están tren amigos,.. Pepe González Aguilar, Fernando Barral y Alberto Granados. Que fueran sus tres amigos favoritos lo prueba, aparte de otras cosas, el hecho de que los tres se fueron a vivir a Cuba invitados por el Che,

Pues bien, Pepe y Fernando eran hijos de españoles republicanos exiliados que se instalaron en Alta Gracia y que naturalmente entraron a formar parte de un círculo en el que había izquierdistas y comunistas españoles y también argen­tinos".1* Otro de los más destacados biógrafos de Guevara, el mexicano Jorge Castañeda, sostiene que "La guerra de España constituyó ¡a experiencia políti­ca fundante de la infancia y adolescencia del Che. Nada lo marcará política­mente en esos años como la lucha y la derrota de los republicanos" ,n

Cuenta Ernesto Guevara padre que poco antes de que Ernestito cumpliera dos años, su mujer, Celia, nadadora de fuste, solía llevar a su hijo al Club Náutico de San Isidro a las orillas del Río de La Plata y en 1930 "Una fría mañana del mes de mayo y además con mucho viento, mi mujer fue a bañar­se al río con nuestro hijo Ernesto. Llegué al club en su busca para llevarlos a almorzar y encontré al pequeño en traje de baño, ya fuera del agua y tiri­tando. Celia no tenía experiencia y no advirtió que el cambio de tiempo era peligroso en esa época del año".™ Este episodio pareció dejar en Ernestito una dramática secuela que lo acompañaría toda su vida: un asma garrafal que sin dudas marcará a fuego parte de su personalidad.

Sus padres, en búsqueda desesperada de médicos y tratamientos infructuo­sos, por recomendación de su pediatra decidieron marcharse a la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba, en donde abundan la sierra y el clima seco, lo cual fue un alivio parcial para el asma del niño Ernesto. Allí perma­necerá desde los cuatro años y medio (en 1933) y recién se marchará a los die­cinueve años (1947), para estudiar medicina en la universidad de Buenos Aires.

Por un lado, su madre, sintiendo gran culpa por ei asma de su hijo (contra­ído presuntamente por su descuido) lo sobreprotegía obsesivamente. Su padre, en cambio, lo sometería a riesgos irresponsables y a los tratos más des­cabellados a efectos de que el niño "se fortalezca". Cuenta el biógrafo argen­tino Hugo Gambini que "Celia era algo descuidada, es cierto, pero él (su marido) tenía algunas manías peligrosas. Por ejemplo, cuando bañaban a Ernestito, él lo ponía a secar al sol. Decía que de esa forma se fortalecía físi­camente y aprendería a soportar el frío... El pobre chico se pescó una pul­monía que le engendró la bronquitis crónica y los espasmos asmáticos de los que nunca se pudo liberar... Guevara padre, publicó una de ellas, estaba decidido a dar a su hijo, prematuro y enfermizo, una crianza rígida, y lo hacía tomar sol envuelto en un pañal en pleno invierno. El Che soportó baños fríos de inmersión y duchas heladas".*9 Con total naturalidad, Ernesto padre narra que "Ernestito comenzaba a caminar. Como a nosotros nos gustaba tomar mate lo mandábamos hasta la cocina, distante unos veinte metros de la casa, para que nos lo cebara. Entre la cocina y la casa cruzaba una pequeña zanjita que ocultaba un caño. Allí tropezaba el chico y caía con el mate entre sus manilos. Se levantaba enojado y cuando volvía con otra cebada, volvía a caerse. Empecinado siguió trayendo y volcando el mate una y otra vez hasta que aprendió a saltar la zanjá~.z° Esto pone de manifiesto nuevamente, el énfasis que ponía Don Ernesto en inculcar a su hijo el voluntarismo y la pér­dida del miedo ante episodios riesgosos.
Los hábitos agresivos e irresponsables de su padre, se habían generaliza­do y formaban parte de la convivencia corriente y doméstica de la familia. Por ejemplo, sus hermanos, aprovechando el asma de Ernesto "cuando se pelea­ban con él, llenaban una jarra con agua para volcársele encima y provocar­le un espasmo bronquial que lo paraliza..."H Nos cuenta un familiar que compartió su infancia con el Che que este "se vivía agarrando apiñas. Tenía los ojos como un puma en cautiverio, una mirada penetrante y agresiva... Era una familia muy violenta, ¿ramos todos muy educados, pero al primer proble­ma se arreglaba con violencia. Él tenía esa actitud para demostrar que el asma no lo limitaba en nada. No le tenía miedo a la muerte, a nada. Te des­afiaba a caminar por una cuerda de una casa a otra a diez metros de altura. Cierta vez ató un cable y fue y vino... Tenía tanta altanería y autosuficiencia que quería pelear de igual a igual con Jesucristo ".22
Estas alocadas argucias, fueron forjando un modus vívetídi signado por la crueldad, la osadía y ei riesgo incausado. Recuerda un entrañable amigo de Ernestito, José González Aguilar, que los Guevara "eran muy audaces en los juegos, en los deportes, en todas esas cosas; nos tenían un poco atemoriza­dos, a nosotros. A Ernesto le gustaban mucho los juegos de riesgos y recuer­do también la imagen de su hermano Roberto, en nuestra casa, saltando de un tercer piso a la casa de al lado, sobre el vacio. Lo hacia por gusto, rién­dose de nosotros porque no lo seguíamos" &
Ei padre, Ernesto Guevara Lynch, relata cómo fue instigando a sus hijos a la temeridad en reportaje concedido a la revista Gente (ejemplar del 16 de octubre de 1967): "Los fui iniciando a mis hijos en los secretos y peligros de la vida, desde muy temprano. Yo tenía la firme convicción de que debían ser Ubres, criarse en absoluta libertad" & El sociólogo de origen marxista Juan José Sebreli, quien efectuó diversos estudios bibliográficos sobre el Che, des­taca además que "A los cinco años su padre le enseñó a tirar al blanco; desde entonces el revólver sería su juguete preferido. La sola visión de las armas le provocaba verdadero éxtasis".25 El anecdotario del Che Guevara niño no es baladí. Saben mejor que nadie los psicólogos, que los primeros años de vida marcan personalidades para siempre. Veremos luego que el Che, a poco de convertirse en estudiante universitario se graduaría de trotamundos y aventu­rero llevando una vida nómada y errática que lo acompañará hasta su muerte.

Ese espíritu inestable no será casual. Habrá antecedentes sobrados de incons­tancia geográfica en su niñez: "Tras casarse, los Guevara Lynch-de la Serna, por vocación o por obligación, llevarán una vida trashumante: Misiones, Rosario, San Isidro, Palermo, Alta Gracia, Córdoba capital, y finalmente Buenos Aires otra vez. También en Alta Gracia cambiarán de casa debido a que dejaban de pagar o a que quienes les facilitaban el alojamiento a precios irrisorios reclamaban su devolución: en un principio se alojaron en el hotel La Gruta; en 1933 ocupan Villa Chichita; en 1934 Villa Nydia; en 1937 el chalet de Fuentes; en 1939 el de Ripamonte y en 1940 otra vez Villa Nydia."& Parafraseando a Baudelaire, Sebreli sostiene que el Che padecía de "horror al domicilio" y recuerda una frase suya: "Lo único que hice fue huir de todo lo que me molestaba". ¿Qué le molestaba? se pregunta Sebreli, a lo que respon­de: "No era el peronismo dada su indiferencia por la política, quizá fuera la situación familiar".27 El propio Che Guevara confesará tempranamente: "Yo mismo no sé donde dejaré los huesos".28 Con lenguaje inelegante, Fernando Córdova de la Sema concluye que su primo "Tenía hormigas en el culo".29

La casa de los Guevara se caracterizó por ser un permanente desorden sig­nado además por la suciedad. Recuerda Carmen de la Sema (hermana mayor de Celia, la madre del Che): "Aquella era una casa de dos pisos, tan mal cons­truida que presentaba grietas por todas partes. Había goteras, y cuando la perrito orinaba arriba, el pis caía a la planta baja... El desorden gobernaba a todos y sólo hacían grandes limpiezas cuando se festejaba algo.. .".30 Segiín el biógrafo Daniel James, en la casa de los Guevara no había normas, ni orden, ni horarios: "í/n amigo de la familia que los frecuentó en Buenos Aires, dice que al llegar la hora de comer, Celia se quedaba mirando a los muchachos y ¡es preguntaba ¿Qué hay de comer? Uno de ellos iba a alguna parte y en seguida regresaba, por ejemplo, con un paquetito de macarrones o algo que no necesitaba mucho trabajo de preparación y lo echaba a hervir en una olla de agua. Los muchachos ponían la mesa, si es que encontraban alguna super­ficie libre... un periódico hace las veces de mantel, Dolores Moyana Martín, que escribe sobre los Guevara con admiración, recuerda:'No había hora de comer; cada quien comía cuando tenía hambre" Anota Fierre Kalfon que la niñez de Ernestito en Alta Gracia transcurre "en una familia bohemia, des­ordenada, libertaria de pies a cabeza y liberal casi en exceso. Todo el mundo entra o sale de la casa a voluntad. Cada uno se las arregla, desde muy joven, casi solo, se hace la cama o no se la hace. El ajetreo es tal que en casa de los primos Córdova, se ha conservado la fórmula de la vieja criada para desig­nar un completo desorden: 'Es digno de los Guevara'". Añade la empleada doméstica de los Guevara, Rosario González que "El horario de la comida nunca era el mismo. Como el señor y la señora frecuentaban el Sierras Hotel (club exclusivo de Alta Gracia), casi siempre volvían de madrugada. Al otro día se levantaban a cualquier hora... En realidad, a la cocina la dirigía yo porque la señora dormía hasta tarde y no podía esperar que se levantara y me ordenara qué hacef'.te Sin embargo, el omnipresente caos era fugazmente acomodado por Celia, quien en definitiva llevaba la voz cantante. Recuerda un familiar que "'Había un gran desorden en su casa, pero Celia comandaba bas­tante bien. Pegaba tres gritos y ordenaba todo. Hasta Ernesto padre se aco­bardaba".
Todos los estudios y testimonios sobre los padres del Che apuntan a una madre de gran personalidad y a un padre desdibujado: "Ernesto, el padre del Che, como papá era 'ni chicha ni limonada'(un cero a la izquierda)" sen­tencia un familiar. Por su parte, Tatiana Quiroga, amiga de los niños Guevara, lo recuerda como "un mujeriego crónico. El padre tenía pretensiones de play-boy... Pero era un playboy escandaloso, porque cuando trabajaba y ganaba dinero, lo gastaba todo... En salidas con jovencitas, ropa, estupideces, nada concreto... y su familia no recibía nada".Sebreli agrega que "el frecuente abandono del padre, predispuso a Ernesto Guevara a la rebeldía y a la búsqueda de la autoridad y el orden, contradicción que marcaría luego su tra­yectoria política".37 Además de esa búsqueda de un orden disciplinario del que careció en su casa (y que luego sustituiría por la rigidez del Castro-comunismo), agrega Sebreli que el Che, de su padre '''heredaría, sin embargo, la vocación por los emprendimientos fabulosos destinados al fracaso". Daniel James, adiciona que Ernesto padre "era un inadaptado; sus antecedentes y educación como aristócrata le inducían a burlarse de la vida burguesa, mien­tras que la sangre aventurera de sus antepasados parecía haberse disuelto en él. Se pasaba de agradable, de simpático"9 La falta de autoridad de don Ernesto, es confirmada por Dolores Moyano, amiga de la familia, quien lo recuerda en estos términos: "El padre era un hombre simpático, bastante dis­traído, que hablaba con voz tonante y daba órdenes que olvidaba enseguida, por otra parte, casi nadie las obedecía". En cuanto al citado espíritu aven­turero de Ernestito, vale aclarar que ya de niño sus lecturas predilectas eran precisamente los libros de aventuras más clásicos: Julio Veme (autor de La Vuelta al Mundo en 80 Días), Alejandro Dumas (autor de Los Tres Mosqueteros) o Emilio Salgan (autor de Sandokán, el tigre de la Malasia). Este último, se constituyó en ídolo insustituible. Analiza Sebreli que dicha identificación con el personaje de Salgan, surge porque "el pirata de la Malasia que luchaba, a su manera, contra los colonialistas anglosajones... le transmitió a ese niño enfermizo el atractivo de Id vida aventurera, el peligro de la jungla salvaje y la acción al aire libre. El pirata, descendiente como él de una aristocracia decadente, representó también el primer modelo infantil del bandido, ejemplo de rebelde primitivo. Asimismo tenían en común algu­nos rasgos personales: Sandokán y él eran melancólicos, predispuestos tanto a ser generosos como crueles"*) Otra de las obras que el Che niño levantó como estandarte fue el célebre Don Quijote, de Miguel de Cervantes Saavedra, a lo que Sebreli dispara "Don Quijote es, a su manera, también una novela del camino y el Che solía identificarse con el personaje. En una carta a sus padres decía: 'Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo'. ¿No advertía acaso que compararse al Quijote era elegir el camino de la quimera que lo llevaría al fracaso".42 Esta tendencia al divague, también es señalada por Díaz Araujo quien sostiene que el Che era un "Inepto para reconocer, previo a todo, el uni­verso en que vivimos; pero muy apto para el desenvolvimiento de las fantasí­as sin fundamento gnoseológico, y para ensoñar Utopías febriles e inalcan­zables".^

Como alumno primario, Ernesdto con frecuencia estudiaría en su casa con la ayuda de su omnipresente madre, puesto que el asma muchas veces le impedía salir de su hogar. No era un alumno destacado, pero obíenfa las notas indispensables para aprobar.

Costumbre característica de las aristocracias de la época, era el riguroso estudio del idioma francés, que Ernestito aprendía a pie juntillas gracias a las enseñanzas de su madre, quien lo hablaba con notable destaque. Julia Constela recuerda a Celia en los actos públicos entonando "fervorosamente La Marsellesa y también cantaba fragmentos de La Internacional, pero en francés".** El Che incorporaría esta elegante lengua manejándola de manera muy fluida.

Ya entrando en la pubertad, el joven Ernesto saciaría sus pulsiones sexua­les utilizando los oficios genitales de las mucamas y la servidumbre. Para más datos: "Su hermano Roberto confesará a su primo Fernando Córdova que Ernestito había gozado de los favores de todas las criadas que habían pasa­do por su casa".*5 Nos relata un familiar que si bien el Che "no era un 'Don Juan', tenía éxito con las mujeres. Sabía quiromancia, grafología, todos esos 'chiches' que a las mujeres las vuelven locas. Les tomaba las manos y les decía 'acá en esta línea veo tal cosa'... era un tipo de buen aspecto... cuan­do estaba prolijo".6 Su única novia de la época fue María del Carmen "Chichina" Ferreyra, joven bella y distinguida, que pertenecía a las familias destacadas de la época. Según un testimoniante "Chichina coqueteaba con todos, y luego se puso de novia con Ernesto y creo que fue el cariño más fuer­te que tuvo dentro del mundo social que frecuentaba, porque después nada, andaba con mucamas y gente de otro nivel. Ya veremos que Guevara, a lo largo de toda su vida, tanto en su faz afectiva, como guerrillero o como funcionario público en Cuba, permanentemente se rodeará de gente de menor estrato social o intelectual que él. Una forma de llevar la voz cantante y sobre­salir entre su entorno. Probablemente, una reacción o "revancha" tras haber pasado su infancia y adolescencia siendo "el pariente pobre" de su ambiente. Es muy probable que el hecho de frecuentar un clima de familiares y ami­gos de la más alta sociedad en calidad de pariente venido a menos, haya gene­rado en el Che una serie de complejos y resentimientos concientes o incon­cientes. Anota Sebreli sobre Guevara que "Su adolescencia y primera juven­tud fue la de un niño bien; frecuentaba los grupos de chicos ricos que eran sus familiares y amigos. En tanto que pariente pobre disfrutaba de muchas de las ventajas de sus familiares en clubes exclusivos -como el Lawn Tennis de Córdoba o el San Isidro Club, dirigido por su tío-, invitaciones a fiestas exclusivas, partidas de bridge, práctica de deportes ~tenis, golf, esgrima, equitación- privativos de la clase alta. En esa despreocupada vida entre paseos, juegos, bailes, noviazgos castos y sexo con sirvientas, el Che sólo se destacaba de los otros niños bien por sus salidas sarcásticas, por el escánda­lo que provocaba su suciedad y desaliño bohemio, a manera de espantar a los burgueses. Al no poder ser un príncipe, le quedaba jugar al mendigo román­tico". Respecto a la calificación de "mendigo" endilgada por Sebreli, muy probablemente el autor se refiere a otro elemento que caracterizó a Guevara desde siempre, el cual fue su animadversión absoluta a la higiene personal. Era un roñoso del derecho y del revés, lo que le valió el legítimo y justísimo apodo de "el chancho Guevara". Su vestimenta era caricaturesca. Su amigo Figueroa cuenta: "A lo mejor íbamos a salir con alguna chica y era tal su aspecto que yo le decía 'no podes salir así, sos un chancho'. En los ambientes de clase alta, a la que Guevara cukuralmente pertenecía y frecuen­taba, él mismo se ufanaba de portar una "infaltable camisa de nailon origina­riamente blanca que con el uso se había vuelto gris, y a la que llamaba 'la semanal'pues declamaba lavarla sólo una vez por semana, y sus pantalones demasiado anchos y jamás planchados que algunas veces exhibieron una banda adhesiva para tapar un corte".50 Su amor inconcluso, la citada Chichina Ferreyra, recuerda: "su desparpajo en la vestimenta nos daba risa y, al mismo tiempo, un poco de vergüenza. No se sacaba de encima una cami­sa de nylon transparente que ya estaba tirando al gris, del uso. Se compraba los zapatos en los remates, de modo que sus pies nunca parecían iguales. Éra­mos tan sofisticados que Ernesto nos parecía un oprobio. El aceptaba nues­tras bromas sin inmutarse".si Su gran amigo Alberto Granado confiesa que el Che "Alardeaba de no lavarse a menudo... Tenía varios nombres: le decían el loco y también el chancho (el cerdo). Le gustaba ser un poco el enfant terrible y se jactaba de las pocas veces que se bañaba. Decía por ejemplo:'Esta camiseta de rugby hace veinticinco semanas que no la lavo'.52 Incluso, otro de sus entrañables amigos de viaje, Ricardo Rojo, cuenta que estando en Guatemala, Guevara andaba con "un pantalón deformado por el uso, una camisa que algún día había sido blanca, y un saco sport con los bolsillos reventados de cargar objetos diversos, desde el inhalador contra el asma, hasta los grandes plátanos que muchas veces eran su único alimento" y agre­ga que el Che "Aseguró que el calzoncillo que llevaba puesto, y que era el único desde hacía dos meses, estaba tan impregnado de tierra del camino que podía quedarse parado sin necesidad de sostenerlo. No lo creímos. Guevara se quitó los pantalones y tuvimos que resignarnos,.. había ganado la apues­ta, en medio de nuestras carcajadas".

Si la fama de Guevara como un sujeto enemigo de la higiene personal era famosa cuando éste vivía en el marco de las comodidades urbanas de la aristo­cracia argentina, mucho más se acrecentaría como guerrillero en los ambientes rurales naturalmente antihigiénicos. Uno de los principales combatientes del ejército rebelde en Cuba, Enrique Oltuski (quien tras la revolución cubana se convertiría en su mano derecha en el Ministerio que luego presidiría), recuerda que en Sierra Maestra el Che "Mientras comía, tomaba la carne con dedos sucios... Terminó de comer y salimos. El Che repartió cigarros. Eran toscos, sin duda fabricados por un guajiro de la zona. A mi lado el Che fumaba y tosía, una tos húmeda como si estuviera mojado por dentro. Olía mal. Hedía a trans­piración putrefacta. Era un olor penetrante, y lo combatí con humo de taba­co"?* Un familiar de su círculo íntimo nos cuenta una anécdota estrambótica que ratifica lo ya expuesto: "en la pileta de la facultad de derecho de Buenos Aires un individuo peruano desafía batir el record de permanencia en el agua en la pileta. Estuvo en la pileta sin salir unos 26 días aguantando y batió el récord mundial. Nosotros que éramos estudiantes íbamos a verlo. Los primeros días algunos se tiraban al agua para charlar y acompañarlo. A medida que corrían los días, el agua de la pileta se tornaba un asco porque el peruano ori­naba y defecaba allí dentro y eso se iba acumulando. El agua estaba cada vez más hedionda y sucia. Obviamente ya nadie se metía en la pileta y ni siquiera se acercaba del olor que expedía. Y el Che dijo 'a que yo me animo a acompa­ñarlo' y se tiró de cabeza. Estuvo como dos horas en la pileta junto al tipo. Obviamente que todo el mundo comentaba el suceso".55 Esta anécdota, además de mostrar en Guevara el irrefrenable perfil vedetístico, nuevamente pone de manifiesto lo cómodo y radiante que se sentía con la mugre y la podredumbre. En este caso, sumergido alegremente en la reconcentrada y acumulada mezco­lanza de orín y estiércol ajeno.

Otro aspecto que veremos de manera permanente en el Che a lo largo del presente trabajo será su obsesión por la muerte. Su voluntarismo y su infancia siempre sometida y expuesta a riesgos desmedidos, sumándose a los ata­ques de asma que siempre lo atormentaron, parecieran haberle quitado por completo el miedo a morir. Para los adolescentes, la muerte suele presentarse como algo lejano y ajeno. Lo raro en el joven Guevara, era que la muerte no sólo era un tema al que recurría a menudo, sino que parecía que consiente o inconscientemente esperaba encontrarse con ella cuanto antes. Una impacien­te actitud de tinte suicida. A los diecinueve años, escribirá un extraño poema, impropio para su corta edad, el cual entre otras cosas rezaba:


"Morir, sí, pero acribillado

por las balas, destruido por las bayonetas, si no, no.
 Ahogado no... un recuerdo más perdurable que mi nombre

es luchar, morir luchando."^

Cotejando el texto con su muerte acaecida 20 años después, en octubre de 1967 haciendo la guerrilla en Bolivia, da la impresión de que su vida ha ido siempre en búsqueda de esa muerte "acribillada por las balas y luchando", tal la letra de su tenebroso poema.

En 1947, el joven Guevara es citado para la revisión previa al servicio militar y por su condición de asmático, de inmediato le sellaron en su libreta de enrola­miento la sigla DAP. (disminuido en aptitudes físicas), con lo cual quedaba exento de cumplir dicho servicio. Fue entonces cuando comentó jubilosamente a sus amigos: "¡Por fin estos pulmones de mierda me sirvieron para algo57 Cierto verano, había conseguido un trabajo que, según él creía, le permitiría reco­rrer el mundo, constituyéndose en una suerte de turista rentado. Se embarcó en un vapor de la flota mercante del Estado y salió a conocer otros países. Retomó decepcionado: "Me pasé un mes viajando, quince días de ida y quince de vuelta, para estar cuatro horas en una isla inmunda descargando petróleo..."

Pero ninguna mala vivencia lo detenía en su afán viajero. Y su primera experiencia como trotamundos, la llevó adelante recorriendo gran parte de la Argentina en una motocicleta, modo precario de locomoción no exento de riesgo que le permitió darse confianza a sí mismo de que podía, a pesar de su asma, recorrer miles de kilómetros sin mayores inconvenientes. Recorrió así las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis y Córdoba. Sus ansias no pasaban sólo por demostrarse proezas a sí mismo, sino a sus seme­jantes. Para este último fin "hacía registrar su paso en todos los Automóvil Club de los lugares por donde pasaba". Durante toda su vida, el Che tuvo el atildado comportamiento propio de un figurón.

Es en las anotaciones que en su incipiente diario personal efectuaba, donde Guevara confiesa "ha madurado en mi algo que hace tiempo crecía del bullicio ciudadano: el odio a la civilización" .No es una confesión menor. Ese odio (al que tantas veces aludirá tal como lo veremos), pone de manifiesto el resentimiento que yacía en la desordenada y atormentada alma del joven andarín.

También en sus primigenias notas de viaje, aparece otra vez la muerte (desde una perspectiva siempre retorcida). Tras tener un inconveniente con su motocicleta, un motociclista que navegaba en una ostentosa Harley Davidson que pasaba se ofrece para remolcarlo. Ernesto se niega y algunos kilómetros más adelante, en Rosario de la Frontera, se entera de que el piloto de la sober­bia moto había muerto en un accidente. Su comentario es desopilante  saber que un hombre va buscando el peligro, sin tener siguiera ese vago aspecto heroico que entraña la hazaña pública, y a la vuelta de una curva muere sin testigos, hace aparecer a este aventurero desconocido como provisto de un vago fervor suicida".^ De su comentario, surge que el problema para Guevara no era morir, sino morir "sin testigos" y desprovisto de contenido "heroico". Nótese que la temprana muerte de Guevara, fue conocida por el mundo entero (o sea que testigos tuvo por millones), sus partidarios la consi­deran "heroica" y fue "acribillado por las balas" (tal como reza textualmente su poema citado más arriba). Nuevamente, sus cartas ponen de relieve a un Guevara que va anunciando su muerte desde edad muy temprana y que siem­pre fue en búsqueda de ella. Pero no de una muerte gris, opaca o desapercibi­da. Sino con las características señaladas. La muerte que buscaba el Che, como dicen los italianos, tenía que ser "fuori serie".

Además de sus numerosos escritos invocatorios de la muerte, aparecen otros datos que parecen menores pero que no lo son. El Che, que de música no sabía nada y sus amigos siempre señalaron su carencia total de "oído musi­cal", solía decir que su tango preferido era aquel cuya letra rezaba "Yo quiero morir conmigo sin confesión y sin Dios crucificao en mi penas como abrazao a un rencor..."& No conocía ni la melodía, ni el nombre del tango, ni el autor, pero su letra apologética del suicido, del rencor y del ateísmo, le despertaba una curiosa fascinación e identificación.

Cuenta el biógrafo James Daniel que "cuando estuvo en la Universidad de Buenos Aires, Ernesto conoció lo que es trabajar para vivir. La desagradable experiencia duró muy poco; hay que tener presente que el Che rara vez tuvo un empleo de paga, hasta que prestó sus servicios al gobierno cubano.,, gracias a su amistad con el intendente de Buenos Aires su padre le consiguió un empleo. Ernesto Guevara Lynch no dudó en hacer lo que él y su familia con­denaron tan enérgicamente en los demás: recurrir a la influencia política para obtener puesto en la nómina del odiado gobierno. Y el incorruptible hijo no dudó en aceptar el empleo así obtenido, a pesar de admitir sin tapujos que era una sinecura" En materia deportiva, vale mencionar el paso del Che por el rugby, deporte que lo apasionaba. Tanto es así que además de practicar­lo ofició de periodista amateur escribiendo crónicas para la revista especializada Tackle. Jocoso con su merecida fama de roñoso, firmaba sus notículas con un seudónimo achinado: "Chang-chong".

Su inquietud por el rugby la atribuimos a dos elementos concretos. Por un lado, era natural en los jóvenes de clases acomodadas este tipo de deportes. Por el otro, encontramos siempre su obsesivo afán de probarse a sí mismo sus capacidades físicas. El Che, tratando de doblegarle la apuesta a su asma, casi de manera masoquista se sometía a actividades que requerían de notable esfuerzo y desgaste, como practicar rugby nada menos, en donde naturalmen­te por sus problemas pulmonares no podía llevar las de ganar y no logró el caro sueño de alcanzar la primera división. Según James "Estos fracasos fue­ron los primeros de una larga serie, que influirían en su vida y que, dado su orgullo, le producían resentimiento. Es muy probable que hayan contribuido a formar en él ese amargo sentido del humor que sería un rasgo de su perso­nalidad de hombre adulto".64

Su avidez por someterse a esfuerzos imprudentes y desmedidos (algo que hizo durante su vida de guerrillero), es confirmado por el siguiente testimo­nio: "Todo ¡o que decía era desatinado, todas exageraciones, todos extremis­mos. Quería jugar al rugby con el asma espantosa que tenía y terminaba tira­do a un costado. Fue a jugar Atalaya. Lo que en realidad le gustaba era la vida del rugby... Tenía un afán desesperado por competir a todo, íbamos a una pileta por ejemplo, corremos una carrera entre primos de la misma edad, en la que todos nadábamos con destaque y él dice:

-Quiero participar.

-Qué vas a participar vos si te morís ahogado como un chancho (le digo).

-Callate vos, pituto de mierda, (siempre decía eso).

Entonces éramos 4 en carrera. Todos muy parejos y Ernesto venia 10 metros atrás.

Volvemos cabeza a cabeza y ahí nomos llegó Ernestito. Había remontado 10 metros!!!... se estaba muriendo, al llegar, se tiró a un costado de la pileta en un solarium. Estaba azul...

-¿Pero para qué haces este esfuerzo? -le digo.

-Porque a mino me van a ganar así nomás"

Sin embargo, en deportes de bajo esfuerzo físico se desempeñaba con excelentes resultados. Del mismo testimoniante rescatamos que en el golf "tenía 8 o 9 puntos de handicap, portaba rasgos rarísimos, geniales, por ejemplo en juegos de cartas donde las pones dadas vuelta y hay que hacer parejas, él hacía 80 parejas y nosotros hacíamos 40" y en su otra gran pasión, el ajedrez "jugaba de tal manera que empató dos veces con Mieczyslaw Najdorf (eso me lo dijo Najdorf en persona). Era un gran ajedre­cista que jugó en las Olimpíadas de Munich y que venía a la Argentina, ya murió. Me dijo, que el Che no sabía absolutamente nada de ajedrez, era un intuitivo... tenía alguna noción de defensas u otras jugadas pero no sabía nada. Pero el tipo te planteaba problemas que no eran fáciles de resolver. Una vez empató con él en 10 simultáneas en el casino de Mar del Plata y otra vez empató en La Habana en el torneo Capablanca. Era un tipo con una men­talidad extrañamente lúcida. Así como sus sarcasmos. No era fácil polemizar con él En el fútbol, deporte por antonomasia en la Argentina, Guevara nunca sintió una pasión especial. Cuando jugaba, lo hacía de arquero y si bien River Plate y Boca Juniors eran los clubes que dividían al grueso de los hin­chas argentinos, aun habiendo importantes clubes de fútbol en Córdoba (donde el Che residía), en su ansia por diferenciarse de los demás encontró en este popular deporte otro motivo para "dar la nota". Como sabemos, por azar nació en Ja ciudad de Rosario, (a la cual rara vez regresaría -salvo por motivos fortuitos- y a la que absolutamente nada lo ligaba) pero siempre se sintió cordobés (a pesar de que en la actualidad rosarina le fabrican monumentos y museos para entretenimiento de faranduleros como si Guevara fuese un patri­monio autóctono). El Che advirtió que esta casualidad natal, le brindaba el marco para elegir ser hincha de un club rosarino y diferenciarse entre sus ami­gos. En Rosario, ciudad fervientemente futbolera hay dos equipos destacados que rivalizan acaloradamente: "Newells Oíd Boys" y "Rosario Centrar. A los primeros, se los apoda popularmente "los leprosos", a los segundos "los cana­llas". Y Guevara, que racionalizaba todo, se sintió fascinado a la par que ple­namente identificado por este último sobrenombre. La definición de "cana­lla" según la Real Academia Española es: "hombre ruin" o "persona despre­ciable y de malos procederes" Sin vacilar, de ahora en adelante, Ernesto se ufanaría de ser hincha de Rosario Central (aunque siquiera conocía los colo­res de su camiseta). Así como exhibía orgulloso su condición de roñoso, tam­bién alardeaba de ser un canalla.

Compendio de su personalidad

Por aristócrata empobrecido, se le fomentaría el resentimiento y trataría de diferenciarse convirtiéndose en el escandalizante bohemio desaliñado y sucio; por vía paterna, heredaría la xenofobia hacia los Estados Unidos; por vía materna un ateísmo militante; por su condición de asmático a grandes esca­las, incorporaría el voluntarismo y la temeridad; por su vida de familia enconstantes sobresaltos y mudanzas, anexaría su espíritu errático y aventurero; de su madre y su tío Córdova Iturburu, sería influido por incipientes ideas izquierdistas (así como por sus amigos, muchos de ellos hijos de comunistas españoles del bando republicano exiliados).

A pesar de sus peculiares características, sus nobles estirpes no le eran aje­nas a la hora de evaluar su personalidad. Quería obrar de soñador desprejuicia-do entre marginales, pero sabiéndose de otra cuna y un refinamiento superior, cuando estaba rodeado de lúmenes potenciaría su notable arrogancia y su per­fil autosuficiente. Sentía un notable desprecio hacia sus semejantes, máxime si estos eran negros, indios, homosexuales o formaban parte de la mestizada América Latina.

Miguel Sánchez (apodado "el Coreano"), que fuera reclutado por Fidel Castro corno instructor militar del grupo de guerrilleros que se preparaba en México, recuerda una anécdota en la que sindica a Guevara como un racista cabal: "le decíamos el chancho porque tenía poca afición a bañarse y siem­pre tenía un olorcito a riñón hervido... Él despreciaba a los negros, muchísi­mas veces tenía problemas con Juan Almeida Bosques que le decía 'el negri­to', con Juan Almeida se insultaban, entonces yo le dije: 'mira Juan, cuando te diga negrito dile 'chancho' porque tú no te bañas'".69

Pero más allá de los testimonios directos, el propio Guevara demuestra su desprecio hacia los negros escribiendo durante su estada en Venezuela: "Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al bañó", Años después, ya estando en Cuba se produjo un acalorado diálogo entre Guevara y estudiantes negros de Estados Unidos que fueron invitados a Cuba para las festividades del 26 de julio de 1963: "¿Por qué no se ensena en Cuba la historia de las culturas y la civilización africanas en las escue­las? ¿Por qué hay tan pocos negros en las universidades?... Respuesta tajante del comandante:'¿Qué quieren decir con historia africana? ¡La historia africana no existe!. Lo que los negros de Cuba deben estudiar es marxismo-leninismo'". Sobre los indios, el Che no se quedará atrás y ano­tará: ".en este tipo de trenes hay una tercera clase destinada a los indios de la región; el vagón de que se valen es uno simple de transportar ganado de la Argentina, solo que es mucho más agradable el olor a excremento de vaca que el de su similar humano, y el concepto, un tanto animal, que del pudor y la higiene tienen los indígenas... la grey hedionda y piojosa... nos lanzaba un tufo potente pero calentito"72 En cuanto a los aborígenes de América Latina, se había referido a los mexicanos autóctonos de manera harto despectiva: "¿a indiada analfabeta de México De los bolivianos autóctonos escribirá en su cuaderno en 1967: "son como animalitos".74 Sus descalificaciones eran repartidas de modos tan abundantes que ni los cuba­nos se salvaron: "¡Estos tipos no tienen cura!... Estos fanfarrones son inaguantables. ¿No podrían hablar más despacio? ¿Cómo aturden!" sin embargo algunos cubanos se libraron de estos ataques generalizados: "Raúl Castro: 'Me parece que éste es distinto. Por lo menos habla mucho mejor que los otros y no aturde; además, piensa'35 De manera similar le mani­festó al "Patojo", su amigo guatemalteco Cáceres Valle "Mira hermano, los cubanos... además de hablar fuerte y ligero, tienen también otro defecto; no pueden ver las cosas en orden, tienen una especial devoción por el quilom­bo. . ."J6 Más adelante, también veremos el absoluto desprecio con que tra­tará a su primera mujer, Hilda Gadea, peruana, sancionada por Guevara por sus rasgos autóctonos: "Hilda Gadea me declaró su amor en forma episto­lar y en forma práctica. Yo estaba con bastante asma, si no tal vez la hubie­se cogido. Le advertí que todo lo que podía ofrecerle era un contacto casual, nada definitivo. Pareció muy avergonzada. La cartita que me dejó al irse es muy buena, lástima que sea tan fea". Comentarios similares esbozará fuego sobre la hija que tuvo con ella, puesto que heredaría dichas facciones. Con respecto a los judíos, Guevara dirá "El Alcalde, un tal Cohén, de quien nos habían dicho que era judío pero buen tipo". En cuan­to a los homosexuales, el Che los combatirá bravamente confinándolos en los sufridos campos de concentración que él dirigirá años después en Cuba (esto lo veremos en detalle más adelante). Por lo pronto, sólo adelantaremos que el homosexual era definido por Guevara como un "pervertido sexual. Resulta extraño que los burócratas del INADI (Instituto Nacional Contra la Discriminación -órgano estatal de Argentina-) levanten insisten­temente la banderita del irrefrenable discriminador.


Notas

1 Documentos y archivos del autor.

2 Documentos y archivos del autor.

J Díaz Araujo. Enrique. La Rebelión de la Nada, o ideólogos de (a subversión cultural, Cruz y Fierro Editores, 1983, pág. 271.

* Kalfon, Fierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro. Plaza & Janes Editores,1997,pág.21.

s Pacho O'Donnell. Che, la  vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2" ed., 2005, pág. 15.

6 Constela, Julia. Celia, la madre del Che. T Edición. Sudamericana, Bs. As., 2005, pág. 21, citado en Ernesto Guevara de la Sema, Aristócrata, aventurero y comunista. Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Sema, Aristócrata, aventurero y comunista, Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 16.

 Pacho O'Donnell. Che, la  vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2" ed., 2005, pág. 13.




8   Documentos y archivos del autor,

9    Jorge G. Castañeda. La Vida en Rojo, Una biografía del Che Guevara, Espasa, 199?, pág. 43.
to Paco Ignacio Taibo 1), Ernesto Guevara también conocido como el Che, 4, ed, Barcelona,

Planeta, 2003, p 51, citado en Guevara de la Serna, Ernesto, Aristócrata, aventurero y comu­nista Díaz Araujo. Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunis­ta. Ediciones de! Verbo Encamado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 225.

11 Adys Cupul) y Froilán González, Ernestito, vivo y presente. Iconografía testimoniada de
la infancia y la juventud de Ernesto Che Guevara 1928-1953, Editora Política, La Habana,
1989, pág. 72.. Citado en Pierre Kalfon, Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo,
Plaza & Janes Editores, 1997, pág. 41.

12 Citado en Guevara de la Serna, Ernesto . Aristócrata, aventurera y comunista. Díaz
Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de ¡a Serna, Aristócrata, aventurero y comunista. Ediciones
del Verbo Encarnado, San Rafael, Mendoza, 2008, págs. 72/73.

13 Che Guevara. Una biografía, México, Diana, 1973, citado en La Rebelión de la Nada, o ideólogos de la subversión cultural. Cruz y Fierro Editores, 1983, págs, 275,276.

14 Documentas y archivos del autor.

15 Video: Che. Un argentino del siglo XX (Los anos de Alta Gracia 1932-1943, La Habana, NTSC, 2001, Cfr. Dante Vidosa, citado en Díaz Araujo, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista. Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 115.

16 Díaz Araujo, Enrique. La Rebelión de la Nada, o ideólogos de la subversión cultural. Cruz y Fierro Editores, 1983, pág. 279.

17 Castañeda, Jorge G. La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 33.

18 Citado en Castañeda, Jorge G. La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa. 1997, pág. 25.

19    Gambini. Hugo. El Che Guevara, La biografía. Planeta. 19" ed., 2007, pág. 32.

20    "Mi Hijo el Che", Ernesto Guevara Lynch, citado en Che. la vida por un mundo mejor,
Pacho O'Donnell. Che, la vida por un mundo mejor. Sudamericana, 2a ed., 2005, pág. 15.

21    Gambini. Hugo. El Che Guevara. La biografía. Planeta, 19* ed., 2007, pág. 35.

22    Documentos y archivos del autor.

23    Gambini. Hugo. El Che Guevara, La biografía. Planeta, 19" ed., 2007, pág. 38.

24    Citado en La Rebelión de la Nada, o ideólogos de la subversión cultural, Enrique Díaz
Araujo, 1983,Cruz y Fierro Editores pág. 273.

25   Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires^ Debate, 2008, pág. 131.

26    O'Donnell, Pacho. Che. la vida por un mundo mejor. Sudamericana, 2* ed., 2005,
pág. 18.

27    Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires. Editorial Debate. 2008, pág. 123.

28 Guevara Lynch Ernesto, Mi Hijo el Che, Planeta. Barcelona. 1981, pág. 70. Citado en Castañeda, Jorge G. La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 181.

29 Altamira, Luis, Guión y edición. Che. Un argentino del siglo XX - Los años en Alta Gracia 1932-1943, citado en Díaz Araujo, Enrique. Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista. Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 24.

» Gambini, Hugo. El Che Guevara. La biografía. Planeta, 19* ed., 2007, pág. 35.

31 Che Guevara. Una biografía, México, Diana, 1973, págs. 266, 267 y 271. Citado en
Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Cruz
y Fierro Editores, 1983, págs. 273,274.

32     Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janes
Editores, 1997, pág. 46.


33  López Das Eiras, Horacio, Ernestito Guevara antes de ser el Che, Córdoba., Del Boulevard,
2006, p 70 citado en Guevara de la Serna, Ernesto, Aristócrata, aventurero y comunista. Díaz
Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista. Ediciones
del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 85.

34    Documentos y archivos del autor.

35      Documentos y archivos del autor.

36      Anderson, Jon Lee. Che, Una vida revolucionaria, Emecé, Bs. As., 1997, pág, 42.

37  Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires, Debate, 2008, pág. 123.
3« Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires, Debate, 2008, pág. 127.

-"" James, Daniel. Che Guevara. Una biografía. México DF. Diana, 1973, pág. 37 Traducción del inglés: Che Guevara: A Biography, citado en Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág, 37.

40 Constela Julia, Celia, la madre del Che. Sudamericana, 2a ed., Bs. As., 2005, pág. 70, citado en Díaz Araujo. Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurera y comu­nista. Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, pág. 41.

4! Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires. Debate, 2008, pág. 124.

42  Sebreli, Juan José. Comediantes y mártires. Debate, 2008, pág. 124.

43     Díaz Araujo, Enrique. Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata ,aventurero y comunista, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael, Mendoza, 2008. pág. 79.

« Constela Julia, Celia, la madre del Che. Sudamericana. T Edición. Bs. As, 2005, pág 73, Ernesto Guevara de la Serna, Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista. Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza. 2008, pág. 44.

45     Kalfon, Fierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo. Plaza & Janes
Editores, 1997, pág. 56.

46     Documentos y archivos del autor.

47     Documentos y archivos del autor. Testimonio dado en reserva de identidad.
4* Sebreli, Juan Jos
é- Comediantes y mártires. Debate, 2008, pág. 129.

4* Citado en Pacho O'DonnelI. Che, la vida por un mundo mejor. Sudamericana. 2" ed., 2005, pág. 29.

50      O'DonnelI, Pacho. Che, la vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2a ed., 2005, pág. 31.

51      Gambini, Hugo. El Che Guevara, La biografía. Planeta, 19" ed., 2007, pág. 53.

52      Alberto Granado, entrevista con el autor. La Habana 1992, citado en Kalfon, Fierre. Che,
Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janes Editores, 1997, pág. 57.

53      Rojo, Ricardo, Mi amigo el Che, Jorge Álvarcz, Buenos Aires, 1968, págs. 42,44, cita­
do en Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janes
Editores, 1997, pág. 120.

54    O'DonnelI, Pacho. Che. la vida por un mundo mejor. Sudamericana, T ed., 2005, pág. 141.

55    Documentos y archivos del autor.

56    O'DonnelI, Pacho. Che, la vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2a ed., 2005, pág. 26.

57      Gambini, Hugo. El Che Guevara. La biografía. Planeta, 19* ed.. 2007, pág. 46.

58      Gambini, Hugo. El Che Guevara. La biografía, Planeta, 19" ed., 2007. pág. 58.

59      Confesado por su amigo Carlos Figueroa, citado O'DonnelI. Pacho, Che, la vida por un
mundo mejor, Sudamericana. 2' ed., 2005, pág. 27.

"O'DonnelI, Pacho. Che, la vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2a ed., 2005, pág. 28 O'DonnelI, Pacho. Che. la vida por un mundo mejor. Sudamericana, 2 ed., 2005, pág. 29. 62 Citado en Kalfon. Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janes Editores, 1997, pág. 226.


63 James, Daniel, Che Guevara, una biografía, México, Diana, 1973. págs. 65 y 66. Citado Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Cruz y Fierro Editores, 1983, págs. 282/283.


64 James, Daniel, Che Guevara, una biografía, Diana, México, ,1973, citado en Díaz Araujo, Enrique, La rebelión de la nada, o ideólogos de la subversión cultural, Cruz y Fierro Editores, 1983, pág. 283.


65 Documentos y archivos del autor. Testimonio dado en reserva de identidad.


66 Archivos y documentos del autor. Testimonio dado en reserva de identidad.


67 Archivos y documentos del autor. Testimonio dado en reserva de identidad.


68 Diccionario de la Lengua Española, Vigésima segunda edición, R.A.E.


69    Miguel Sánchez El Coreano, Luchó juntó a las tropas estadounidenses en la Guerra de
Corea. Fidel lo recluta como instructor militar del grupo de guerrilleros que estaban en México.
Caimán Productions. Instituto de la memoria histórica cubana contra e] totalitarismo, Guevara:
Anatomía de un mito.


70     Che Guevara, Ernesto. Mi primer gran viaje: de la Argentina a Venezuela en motocicleta, Seix Barra), Buenos Aires, 1994. pág 182, citado en Castañeda, Jorge G. La vida en rojo,
una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 77.


71Moore, Carlos. Le castrisme et África noire, ¡959-1972, op cit., págs. 530-516, Fierre Kalfon, Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo , Plaza & Janes Editores, 1997, pág. 474.


72 Guevara, Ernesto. Che, Diarios, etc. 128, 137, 167, 203r 217, citado en Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Ediciones del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, págs. 249,250.


73    Citado por Miguel Sánchez El Coreano, Luchó juntó a las tropas estadounidenses en la
Guerra de Corea. Fidel lo recluta como instructor militar del grupo de guerrilleros que estaban
en México. Caimán Productions, Instituto de la memoria histórica cubana contra el totalitarismo­
mo, Guevara: Anatomía de un mito.


74    Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo. Plaza & Janes
Editores, pág. 566.


75    Intelligence Dígest, marzo 1959, cit por Weyl, N., citado Díaz Araujo, Enrique, Ernesto
Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Cruz y Fierro Editores, 1983, pág. 301.


76    Citado en citado Díaz Araujo, Enrique, La rebelión de la nada, o ideólogos de la sub­
versión cultural,
Cruz y Fierro Editores, 1983, pág. 337.
 
77    O'Donnell, Pacho. Che, la vida por un mundo mejor. Sudamericana, 2" ed., 2005, pág. .
78    Guevara, Ernesto. Che, Diarios, etc., págs. 128, 137, 167, 203, 217, citado en Díaz
Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista, Ediciones
del Verbo Encarnado. San Rafael, Mendoza, 2008, págs. 249,250.


79 Guevara, Ernesto. Che, Diarios, etc., págs. 128, 137, 167, 203, 217, citado en Díaz Araujo, Enrique, Ernesto Guevara de la Serna, Aristócrata, aventurero y comunista,