ARA San Juan: el pase a retiro del jefe de la Armada permitió a Defensa tomar el control de la auditoria interna - Por Román Lejtman
Mauricio
Macri escuchó a Oscar Aguad y ordenó avanzar a paso redoblado. El
ministro de Defensa describió al Presidente cómo la Armada se estaba
protegiendo a sí misma frente a las pruebas que exhibían una profunda
debilidad institucional al momento de reciclar el submarino ARA San
Juan, y cómo una sucesión de acontecimientos mostraban una reiterada
morosidad de la cúpula naval cuando desde la cartera de Defensa y la
Justicia federal de Caleta Olivia se exigía la información clasificada
para entender qué había sucedido con el submarino desaparecido y sus 44
tripulantes.
Aguad
nunca se llevó con el jefe de la Armada, el almirante Marcelo Srur,
pero respetó la orden presidencial de poner foco en la búsqueda y
rescate del submarino, para después avanzar en la restructuración de los
altos mandos de la marina.
En
este contexto, el ministro de Defensa decidió respaldar la decisión de
Srur de pasar a disponibilidad al contraalmirante Luis López Mazzeo,
comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada. López Mazzeo
tenía juego propio, descalificaba a Srur y pensaba que superada la
crisis podía alcanzar la cúpula de la marina.
Grave
error de cálculo: Lopez Mazzeo está afuera de la Armada como Srur, y
también los comandantes de la Flota de Mar, de Infantería de Marina, de
la Aviación Naval y del Área Naval Atlántica, que pidieron su pase a
retiro en solidaridad con su camarada contraalmirante que fue desplazado
por las internas palaciegas.
Srur
y López Mazzeo rompieron la cadena de mando. Y Macri fue inflexible. El
Presidente visitó dos veces el edificio Libertad y pensó de buena fe
que la Armada estaba entregando al Gobierno toda la información
clasificada. Sucedió que no: Aguad no podía acceder a los documentos
secretos, sólo recibía informes orales y le costó varios días armar la
secuencia histórica de la desaparición del ARA San Juan. El ministro
también se enteró que ciertos operadores civiles de la cúpula naval
filtraban a los medios datos que no se ajustaban a ciertos hechos
sucedidos en alta mar, en Puerto Belgrano y en la cartera de Defensa.
Comisión investigadora y auditoria interna
Frente
a un escenario complejo y con infinita volatilidad política, Aguad
planteó a Macri la creación de una comisión especial que debía
determinar las causas de la desaparición del submarino. El Presidente
dijo que sí, y el ministro sin perder tiempo creó una comisión que
depende de Defensa, tiene partidas generosas y trabaja con absoluta
libertad. De esta manera, Aguad saltó el cerco informativo que habían
levantado Srur y López Mazzeo.
El
ministro apuesta a la transparencia de la pesquisa y nombró en la
comisión ad hoc a tres submarinistas con una foja de servicios
irreprochable: los contraalmirantes retirados Alejandro Kenny y Adolfo
Trama, y el capitán de navío Jorge Bergallo, ex comandante del ARA San
Juan y padre del capitán Jorge Ignacio Bergallo, uno de los tripulantes
del submarino aún desaparecido.
El
pase a retiro de Srur permite al ministro Aguad también intervenir en
la auditoria que era controlada por el jefe de la Armada. Como el
Gobierno todavía no decidió quién sucederá a Srur, un oficial interino
estará a cargo de la marina hasta nuevo aviso. Y como es interino, el
control administrativo de la investigación interna pasará sin escalas a
Juan Manuel Mocoroa, el director general de Asuntos Jurídicos del
Ministerio de Defensa. Mocoroa es implacable, tiene toda la confianza de
Aguad y tendrá bajo su control la información que se recopile de la
comisión de los submarinistas y de la auditoria interna que ejecutará
como director general de Asuntos Jurídicos. Se trata de un hecho inédito
en la Armada, que diseñó Aguad y avaló el presidente Macri.
Con
el control de la información reservada, el Gobierno podría contestar
todas las preguntas que hace Marta Yañez, la jueza federal de Caleta
Olivia que investiga la desaparición del ARA San Juan. Yañez también
desconfiaba de la Armada, y la desconfianza se multiplicó cuando al
solicitar las comunicaciones entre el submarino perdido y Puerto
Belgrano, recibió en su despacho una colección de partes navales que
estaban encriptados. Como se sabe, en la facultad de Derecho se estudia
leyes y no hay materia que revele los secretos de la encriptación de la
Armada.
El
almirante Srur puso cara de circunstancias cuando Aguad le informó que
pasaba a retiro. Y en un gesto tardío exigió una comunicación telefónica
con Macri, alegando que era su comandante en jefe. El ministro se
encogió de hombros ante la última exigencia de su subordinado. Ya había
ganado la partida y ahora lo único que le importa es encontrar al
submarino y avanzar con una profunda restructuración de las Fuerzas
Armadas, que quedó suspendida por la tragedia del ARA San Juan.
Hasta anoche, Srur no había llamado al presidente Mauricio Macri.
Román Lejtman
