martes, 4 de septiembre de 2018

Diletantismo Penal y Sicólógico


Diletantismo Penal y Sicólógico

Cuánta razón tenía Goethe cuando dijo: "Contra la estupidez humana, hasta los dioses luchan en vano". Peor que un ingenuo o un vanidoso es un bobo profesional. Esta anomalía suele ser incurable. Ninguna seguridad o tranquilidad dan individuos henchidos de falso orgullo y supuesta sabiduría como exhiben cotidianamente la mayoría de los jueces penales, abogados y psiquiatras forenses de la Argentina. Este tipo de individuos, son peor que los verdugos que ejecutan la sentencia de muerte, al decir de Voltaire quien conocía bien a fondo la esencia oscura del derecho criminal, pues estuvo preso varias veces en la sórdida prisión parisina de la Bastilla. Llego a esta triste conclusión tras haber visto y escuchado por televisión el programa "Secretos Verdaderos" que conduce el periodista Luis Ventura, segunda parte del capítulo "Nacido para matar", con relación a la situación legal de Carlos Robledo Puch quien ya se acerca a los 50 años de encierro en  la prisión de Sierra Chica y la negativa del juez de la causa de otorgarle su libertad. 


Fueron invitados al programa en cuestión un Abogado Penalista, un Psicólogo Forense y el ex director del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires, Inspector General Mario Oscar Gómez quien estuviera de rehén cuando ocurrió la toma de rehenes y asesinatos acaecidos en 1973 en oportunidad de estar cumpliendo su condena Robledo Puch, apodado "el ángel de la muerte", a quien conoció de cerca cuando sucedió el motín más sangriento  de la historia penitenciaria argentina. Los "12 Apóstoles" lideraron y dirigieron el motín, desde el principio hasta el final. En esa ocasión le cabe al ex Director del Servicio Penitenciario una heroicidad fuera de lo común. Se entregó él para que liberaran a 16 rehenes, entre los que estaban una jueza, su secretario y el resto, agentes penitenciarios. Cuenta Gómez que luego de la liberación de los rehenes, el Ministro de Gobierno salió a decir que estaba todo "solucionado" siendo qué Gómez continuó cautivo hasta un mes después, lapso durante el cual no sabía si seguiría vivo, Cuenta del comportamiento normal de Robledo Puch que no participó del motín, motivo por el cual en el ínterin lo querían linchar los amotinados quienes utilizaron la carne de un cadáver (ajusticiado) para relleno de las empanadas que cocinaron en el horno de la panadería de la prisión y que luego sirvieron a los rehenes que ignoraban tan macabro relleno. Y con la cabeza de otro ajusticiado, jugaron al fútbol en el patio. Cuenta que durante su gestión la condiciones infrahumanas en que vivían los presos fue la causa principal del motín. Si bien pudo paliar algunas situaciones puntuales, informando a sus superiores, se ganó el aprecio de los reclusos por el trato humano que él le dispensaba, de los cual hubo testigos, gracias a lo cual dice le pudo salvar la vida a Robledo Puch. Jugó con éste al ajedrez. Gómez está convencido que los dictámenes de los forenses y los correlativos resoluciones de los  distintos jueces, se basan en meras apreciaciones que no tienen fundamento alguno. Gómez cree que hay que concederle la libertad a Robledo Puch, ya que padece asma y otras dolencias.  Y esto es así porque asegura que conoce casos de personas igual o más peligrosas que Robledo Puch y los jueces sin importarle mucho el riesgo, lo mismo le dieron la libertad. Estos liberados (delincuentes comunes) que eran unos verdaderos psicópatas, volvieron a matar al poco tiempo de recuperar la libertad.  Y que conoce actuales diputados que en esa época eran asesinos seriales (subversivos) y que les dieron la libertad por su "ideología". Desde mi punto de vista, la fundada opinión de Gómez, da por tierra los pobres argumentos (sinrazones o clichés de la jerga psiquiátrica) del supuesto experto forense y el abogado penalista, que permanecieron encastillados en su torre de marfil (elegante pero inhumana). Esta situación de Robledo Puch, enfermo valetudinario, se asemeja a los casos de los ancianos militares que lucharon contra la subversión que les niegan la prisión domiciliaria y están sin condena. Más de 300 viejos militares ya se han muerto por falta de atención médica adecuada. Creo sinceramente que la piedad no debe estar divorciada de la justicia. 

Luis Illuminati