Diletantismo Penal y Sicólógico
Cuánta razón tenía
Goethe cuando dijo: "Contra la estupidez humana, hasta los dioses luchan
en vano". Peor que un ingenuo o un vanidoso es un bobo profesional.
Esta anomalía suele ser incurable. Ninguna seguridad o tranquilidad dan
individuos henchidos de falso orgullo y supuesta sabiduría como exhiben
cotidianamente la mayoría de los jueces penales, abogados y psiquiatras
forenses de la Argentina. Este tipo de individuos, son peor que los
verdugos que ejecutan la sentencia de muerte, al decir de Voltaire quien
conocía bien a fondo la esencia oscura del derecho criminal, pues
estuvo preso varias veces en la sórdida prisión parisina de la Bastilla.
Llego a esta triste conclusión tras haber visto y escuchado por
televisión el programa "Secretos Verdaderos" que conduce el periodista
Luis Ventura, segunda parte del capítulo "Nacido para matar", con
relación a la situación legal de Carlos Robledo Puch quien ya se acerca a
los 50 años de encierro en la prisión de Sierra Chica y la negativa
del juez de la causa de otorgarle su libertad.
Fueron invitados al
programa en cuestión un Abogado Penalista, un Psicólogo Forense y el ex
director del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires,
Inspector General Mario Oscar Gómez quien estuviera de rehén cuando
ocurrió la toma de rehenes y asesinatos acaecidos en 1973 en oportunidad
de estar cumpliendo su condena Robledo Puch, apodado "el ángel de la
muerte", a quien conoció de cerca cuando sucedió el motín más
sangriento de la historia penitenciaria argentina. Los "12 Apóstoles"
lideraron y dirigieron el motín, desde el principio hasta el final. En
esa ocasión le cabe al ex Director del Servicio Penitenciario una
heroicidad fuera de lo común. Se entregó él para que liberaran a 16
rehenes, entre los que estaban una jueza, su secretario y el resto,
agentes penitenciarios. Cuenta Gómez que luego de la liberación de los
rehenes, el Ministro de Gobierno salió a decir que estaba todo
"solucionado" siendo qué Gómez continuó cautivo hasta un mes después,
lapso durante el cual no sabía si seguiría vivo, Cuenta del
comportamiento normal de Robledo Puch que no participó del motín, motivo
por el cual en el ínterin lo querían linchar los amotinados quienes
utilizaron la carne de un cadáver (ajusticiado) para relleno de las
empanadas que cocinaron en el horno de la panadería de la prisión y que
luego sirvieron a los rehenes que ignoraban tan macabro relleno. Y con
la cabeza de otro ajusticiado, jugaron al fútbol en el patio. Cuenta que
durante su gestión la condiciones infrahumanas en que vivían los presos
fue la causa principal del motín. Si bien pudo paliar algunas
situaciones puntuales, informando a sus superiores, se ganó el aprecio
de los reclusos por el trato humano que él le dispensaba, de los cual
hubo testigos, gracias a lo cual dice le pudo salvar la vida a Robledo
Puch. Jugó con éste al ajedrez. Gómez está convencido que los dictámenes
de los forenses y los correlativos resoluciones de los
distintos jueces, se basan en meras apreciaciones que no tienen
fundamento alguno. Gómez cree que hay que concederle la libertad a
Robledo Puch, ya que padece asma y otras dolencias. Y esto es así
porque asegura que conoce casos de personas igual o más peligrosas que
Robledo Puch y los jueces sin importarle mucho el riesgo, lo mismo le
dieron la libertad. Estos liberados (delincuentes comunes) que eran unos
verdaderos psicópatas, volvieron a matar al poco tiempo de recuperar la
libertad. Y que conoce actuales diputados que en esa época eran
asesinos seriales (subversivos) y que les dieron la libertad por su
"ideología". Desde mi punto de vista, la fundada opinión de Gómez, da
por tierra los pobres argumentos (sinrazones o clichés de la jerga
psiquiátrica) del supuesto experto forense y el abogado penalista, que
permanecieron encastillados en su torre de marfil (elegante pero
inhumana). Esta situación de Robledo Puch, enfermo valetudinario, se
asemeja a los casos de los ancianos militares que lucharon contra la
subversión que les niegan la prisión domiciliaria y están sin condena.
Más de 300 viejos militares ya se han muerto por falta de atención
médica adecuada. Creo sinceramente que la piedad no debe estar
divorciada de la justicia.
Luis Illuminati
