El fabuloso negocio de los recién paridos (tercer capitulo) –
por Maria Poumier
La Doctora María Poumier (profesora
en la Universidad de París) nos hace el inmenso favor de publicar en
nuestro sitio partes de su próximo libro sobre los vientres de alquiler
(gestación subrogada), que es de una actualidad ardiente. Aquí el tercer
capitulo. RI
El fabuloso negocio de los recién paridos (tercer capitulo)
por Maria Poumier
Cada día se desvela más descaradamente
el proyecto que nos quiere imponer la tecnocracia, actual rostro de la
voluntad de poder absoluto, alentado por la confiscación de
extraordinarios recursos financieros, que permiten experimentos sin
límite. Por supuesto, no hay límite nacional o geográfico para la
aplicación del plan. Esto no quiere decir que la resistencia sea
imposible, al contrario, se asienta en la realidad territorial; la
guerrilla es la expresión de la tierra, y gana con cada nuevo brote de
insurgencia. Ahora bien, la confianza absoluta de los que quieren
derrocar la reproducción natural descansa en un axioma, desgraciadamente
poderoso, al cual se le ha dado el nombre del físico Lucien Gabor :
« todo lo que sea técnicamente posible se concretará, tarde o
temprano ». De hecho, hay una aceleración vertiginosa en todos los
inventos relativos a la reproducción artificial. Se le sigue llamado
“asistencia médica” a lo que es cada vez más multiplicación de caprichos
de ricos : que nazcan ninios exclusivamente a la medida de sus deseos
individuales, y no dejar que los demás puedan seguir concibiendo y
pariendo “a la buena de Dios”. Para esto se está usando el diagnóstico
pre implantatorio, la cosecha de millones de células sexuales
seleccionadas por su superioridad racial, la fabricación de millones de
embriones, de los cuales se elegirá una ínfima minoría para autorizarlos
a convertirse en recién nacidos, mientras que el sobrante se venderá a
laboratorios o se tirará a la basura.
Se da una contradicción central y
sistemática: por una parte, se justifican todos los experimentos con la
idea de “curar” a un embrión, que lleve algún gene defectuoso o dañado, y
ya hay resultados alentadores. Por otra parte, se asesina a sangre fría
a infinidad de potenciales hermanos suyos con menos suerte. ¿Hasta
dónde llegará la insania de las sociedades supuestamente más avanzadas?
Se considera ilegal la pena de muerte, salvo para los más desprotegidos.
Los partidarios de la libertad legal para el aborto suelen decir que
hasta tal o cual etapa de su desarrollo, el feto no es persona todavía.
¿Por qué, en tal caso, a algunos se les da terapia génica? En Estados
Unidos, se acaba de votar una ley que permite el infanticidio, es decir
que extiende el “derecho al aborto” hasta después del parto, si así lo
desea la madre. El único criterio es “el proyecto” de los que encargan,
las ganas de una mujer o de un hombre para comprarse o tirar a la basura
un hijo así o asá. Es la ley del más fuerte, aplicada al más débil.
Para nuestros legisladores, las
protestas de los católicos, de los sicoanalistas, de los juristas, de
los filósofos no tienen la más mínima importancia: son simples
arcaísmos, sobrevivencias de cosas de antes. El único problema del que
quieren ocuparse es de buscar la manera para que el negocio no se
dispare en la ilegalidad, sino que adquiera cierta formalidad. No se
plantea, en las esferas dirigentes, la prohibición de este trasiego de
mínimos seres humanos, pero a veces se les escapa a nuestros
propagandistas entusiastas una confesión: el problema es que hay cada
vez más niños gestados naturalmente con anomalías. No sólo la
esterilidad se extiende de manera incontrolable, sino los abortos
espontáneos, y las malformaciones. Nos quieren vender hijos con
garantía, que no puedan ser enfermos de nacimiento. Lo más probable es
que la brutalidad “científica” con la cual fueron manipulados desde la
misma concepción, a partir de células a su vez previamente torturadas,
favorezca la aparición de nuevas enfermedades. El cáncer infantil ya
está creciendo de manera exponencial. Pero es un tema que no interesa a
los mercaderes de recién nacidos. Les venden a los compradores el sueño
de una tierra despoblada de hambrientos, de pobres que paren como ratas,
libre de enclenques y minusválidos: un paraíso sólo para pudientes,
libres de frenos morales o simples dudas.
La ideología maltusiana es eugenista
El pánico ante el crecimiento
demográfico justificó las campañas para apartar a las mujeres de la
maternidad, volcarlas al mercado laboral. Se supone que una mujer
moderna aumenta la mano de obra y abarata los precios, pero además
vuelve al hombre más dócil y razonable, menos salvaje. Todo se
justificaba por la aplicación del razonamiento maltusiano. Y el
maltusianismo se impuso en los organismos internacionales a partir de
1920. Según Malthus (1776-1834), que observaba cómo cundían los hijos y a
la vez la miseria en el campo irlandés en el siglo XIX, la población
crece mucho más rápido que los recursos básicos que requiere el ser
humano, y es una distorsión tan planetaria como inexorable. En realidad,
si bien la población se multiplicó por siete desde 1900, también se
ampliaron las clases medias, los recursos energéticos y agrícolas, y la
demanda de trabajadores. Por supuesto, el maltusianismo sólo atrae, como
programa para el futuro, a los que quieren garantizar que no les
restrinja a ellos su espacio vital; como señores feudales, se sienten
dueños del mundo, y temen la competencia de otras razas. El
maltusianismo es el principio activo de todos los que dictaminan e
implementan guerras de agresión de tipo colonial, contra pueblos
indefensos; desde el punto de vista del colonizador, son inferiores y
excesivamente fecundos, por brutos.
Es conocido el monumento donde se
autocelebran los que pretenden así solucionar los problemas de
relaciones entre naciones ricas y pobres, estrechando físicamente,
concretamente, el horizonte de los muertos de hambre. El monumento se
llama la Guidestones (piedras guía) y se encuentra en Georgia, USA; el
que lo mandó a edificar en 1980 quiere permanecer oculto. Pero todos
sabemos cuánta gente encumbrada aplaude al programa explícito de reducir
la población mundial a 500 millones. Estos ilustres no tienen más ganas
de morirse que los pobres, quieren quitárselos de encima, nada más.
Esta misma gente se considera autorizada, por alguna superior
inteligencia, a decidir quién tiene el derecho a vivir y quién no.
Se nos suele decir, cuando vemos a
poblaciones enteras sufrir de alguna plaga: “¡pobre gente, cómo sufren!
Más valdría para ellos no haber nacido, o pasar cuanto antes a un mundo
mejor”. Ahora bien, si se les preguntara a dichos seres más sufridos que
otros, si desean que se les ayude a abreviar definitivamente sus
sufrimientos, ¿cuántos lo aceptarían? La eutanasia la promueven los
ricos para que algunos puedan dejar este mundo con solemnidad y aplausos
para ellos mismos, pero también para liberar más camas en los
hospitales, evacuar en primer lugar a aquellos que además de incurables,
carecen de familia o recursos que los protejan, y para ahorrar gastos
de salud al país. En realidad, cuanto más sufre el ser humano, más se
aferra a la vida. Como dice nuestro poeta Boris Vian, con una carcajada
triste, “la vida es una muela que atormenta, sacártela es el único
remedio.” Con la ilusión de no morirse nunca, hay quien intenta sacarle
la vida a la mayor cantidad posible de gente…
Pero hoy en día, el esquema maltusiano
ya no tiene por qué imperar. Hay manera de alimentar mejor a la
población humana. Lo primero sería abandonar la industria ganadera, que
usurpa tierras para producir la soja, que a la vez alimenta a las vacas
con enorme despilfarro de agua y petróleo y empobrece la tierra. Y son
los países ricos lo que consumen esa carne carísima para el resto del
mundo, y la consumen de manera muy excesiva según las normas de la
salud. Ya es tiempo de frenar esa dinámica del absurdo. Que las tierras
buenas produzcan cereales y granos, la base de la alimentación sana
tradicional, y alcanzará para todos. Ya la población mundial ha reducido
mucho su ritmo de reproducción, y en cuanto desaparece la amenaza de
hambruna, las familias limitan espontáneamente su crecimiento, pues ya
no necesitan tantos hijos para asegurar su sobrevivencia. En realidad,
las previsiones catastróficas de los demógrafos no se han realizado, y
la curva de los nacimientos sigue bajando. Ya nada justifica que unos
decidan en lugar de otros pueblos que deben reducirse con medidas
autoritarias “por su propio bien”, pero sobre todo para holganza de la
clase mundial adinerada.
Más que nunca, pues, la ideología del
maltusianismo conlleva el eugenismo, el proyecto de mejorar la raza
humana, eliminando el desecho, que somos nosotros, la mayoría sobrante, a
ojos de los que pretenden ejercer el gobierno mundial. Por supuesto,
nadie elige tener un hijo enfermo de nacimiento, deforme, incapacitado,
todos rezamos porque no nos toque ese tipo de desgracia. Pero ¿es esto
motivo para promover la desaparición de los seres disminuidos que nos
molestan, o de poblaciones enteras con el pretexto de que su cociente
intelectual los pone por debajo de otros?
Si buscamos antecedentes políticos a la
altanera preconización de la reducción selectiva de la especie humana,
hay un modelo reciente y nítido, el del nazismo. Gran parte de los
científicos encumbrados por los nazis fueron admitidos en EEUU después
de la guerra, según el plan de la llamada “Operación Paperclip”.
Esto se conoce en lo que se refiere a la
aeronáutica y la armamentística, pero también vale para los que
trabajaban en programas de ingeniería genética. Es una injusticia no
concederle el mismo desprecio y el mismo odio que al hitlerismo a
nuestros partidarios de la liquidación de la humanidad supuestamente
inferior, a favor de otra, científicamente cocinada para ser superior.
De hecho, a diferencia de la generación
de Hitler, todavía creída en la omnisciencia y omnipotencia del poder
blanco colonial, hoy en día los que se creen dueños, amos y señores de
los demás saben de los métodos consensuales “soft” y “stealth” (suaves y
furtivos) que se deben implementar si se quieren evitar reacciones
indeseables como el violento rechazo por los declarados sobrantes: son
los mismos métodos de la ganadería, métodos de selección natural y
control férreo de la reproducción, pero disfrazados de “derechos
humanos”.
Nadie está en contra de la ganadería y
su larga experiencia en materia de control genético para mejorar las
razas. Pero nadie tiene por qué aceptar ser considerado como secuela de
una raza inferior a la cual conviene erradicar, para ampliar el
territorio de otra, superior. No nos engañemos, a esto hay que llamarlo
ideología canibalística. No está el pretexto de que los destinados al
exterminio sean agresivos, no es una guerra entre naciones con intereses
rivales, sino que los fuertes, minoritarios, se abalanzan contra los
que cargan con la simple culpa de existir sin que los primeros se lo
hayan autorizado.
La tecnología de la procreación
artificial permite seleccionar genes, y las agencias ofrecen catálogos
de hombres que venden su semen, mujeres que venden sus óvulos, y mujeres
que alquilan su útero.
Los vendedores de sus gametos, es decir
células sexuales, son jóvenes seleccionados por hermosos, saludables, y
dotados de capacidades intelectuales superiores al promedio. Se paga
mucho por el esperma de estudiantes de medicina, por ejemplo. En varios
Estados de la América norteña, es legal elegir el sexo, el color de los
ojos y más detalles, para cada encargo de un recién nacido.
Pero a la hora de firmar el contrato
para alquilar un vientre en alguna agencia, los compradores tienen que
volver a las limitaciones de la realidad: hay que elegir según el
presupuesto, y unos encargan un bebé “Premium”, mientras otros se
conforman con uno “low cost”… El contrato “win/win” no convierte en
iguales a clientes y “mujeres vajilla”, como se dice en España…Todos
salen ganando, nos dicen, pero a costa de nuestra conciencia.
Para las que alquilan su útero, ya no
importan su belleza ni su inteligencia, sino su buena salud, pues el
embrión que le implantan no lleva, en teoría, nada de su potencial
genético personal, todo es de otros, ellas son simples contenedores.
Pero se les exige que ya hayan parido, que lleven una vida de sexual
estable, y para mayor precaución, en muchos casos se les prohíbe tener
relaciones sexuales durante el embarazo. Para garantizar esta castidad
es por lo cual existen las famosas granjas de madres de alquiler, que
son cárceles, en la India por ejemplo, con el pretexto de que se les
alimentará cuidadosamente, y recibirán atención médica (claro, sólo
mientras dure el embarazo).
Ahora bien, los propios médicos que
lograron las primeras inseminaciones “in vitro” a partir de 1984 pegan
un grito de alarma. El doctor René Frydman, autor intelectual del primer
bebé probeta en Francia, la famosa Amandina nacida en 1982, se indigna.
Los médicos juran cuando se reciben por la promesa de Hipócrates, que
les obliga a limitar la aplicación de sus conocimientos a mejorar la
salud, y nunca para matar. La práctica del aborto ya es una primera
infracción; la fabricación de niños para satisfacer una demanda
consumista es otra contravención problemática, pues ya no se trata de
mejorar la salud de nadie. El profesor Testard explica que la
hiperselección del material genético empobrece el tesoro natural de la
biodiversidad, tanto entre los vegetales y los animales como en los
humanos. Además subraya que a la vez que se realizan proezas para que un
hombre pueda ser padre, con la manipulación de sus espermatozoides,
muchas veces el remedio contra la esterilidad les abre el camino a niños
con deficiencias genéticas serias; es decir que la naturaleza, al
impedir que algunos se reproduzcan, muchas veces estaba realizando una
selección natural que elimina a los menos dotados, y los
experimentadores que logran contrarrestar esto lo que hacen es reactivar
genes malignos, como la mucoviscidosis o fibrosis quística, enfermedad
degenerativa mortal. Así pues como la agricultura industrial, con uso y
abuso de modificaciones genéticas, está esterilizando la tierra y
reduciendo el número de especies resistentes, lo más probable es que
nuestros manipuladores de la genética humana nos estén llevando al mismo
trágico empobrecimiento, a la misma fragilización del Homo Sapiens. El
profesor Testard concluye instando a las mujeres a dejar de entregarse
de cuerpo y alma al poder médico. El lobby medicinal quisiera
confiscarnos nuestra soberanía sobre nuestro cuerpo. Además promueve a
demagogos que prometen solución para todo, pero que son irresponsables.
Los siquiatras están entre los que más avisan sobre los peligros de los
experimentos en la reproducción; la salud mental de las madres está
vulnerada, pero la de los hijos producto de manipulaciones en su
historia prenatal también.
El charlatanismo impera en los debates
sobre bioética. Lo que se nos quiere imponer es una nueva definición de
la persona humana. Ya cualquiera deja de ser, según ellos, un ser humano
digno de vivir: los infradotados, los nonatos y los inservibles por
viejos, según algunos filósofos de nuestra post-antropología que se
justifican apelando a las proezas de la biotecnología, no tienen por qué
ser considerados gente, personas cabales. Según ellos, la gente con
Alzheimer puede perder del día a la mañana la sensatez y la voluntad, es
decir la categoría de persona, y por lo tanto debería reconocerse que
se puede ser humano provisionalmente, o no ser reconocido como tal en
absoluto. Para aportar remedio a ciertos defectos del ADN, desde 2015
apenas, la ciencia permite fabricar un niño con tres padres, injertando
en el ovocito mitocondrias del ovocito de otra mujer o hacer ese tipo de
trasvase en el embrión… Y la mutación genética así obtenida se
transmitirá a las generaciones siguientes, con lo cual se adelanta en el
clonaje para experimentos terapéuticos, y la creación de embriones
transgénicos.
En todas las manipulaciones que se
realizan hoy, algunos embriones se salvarán, según el capricho de sus
padres espirituales, es decir médicos, traficantes y clientes, otros no,
porque sólo tienen uso limitado, no se les reconoce de antemano la
dignidad de un ser humano en devenir, no corresponden a lo que se
planificó para ellos. Como se dice en inglés, hay vidas “convenientes”, y
otras, “inconvenientes”. Y sin embargo no son cosas, ni pertenecen a
otra especie animal, sino que son imprescindibles para dar vida a otros
seres humanos, quiérase o no.
Otro debate complementario se ha abierto
en torno la definición de la muerte; antes, el último soplo, el del
último latido del corazón, era el postrer momento. Ahora ya no, porque
la medicina aprovecha o provoca la muerte cerebral antes de este momento
último, para poderle sacar al muerto en vida o vivo cadáver, los
órganos que interesan para injertárselos a otros, que los aguardan
desesperadamente para no morir. El invento de la muerte cerebral permite
sacarle ganancia a un individuo y descuartizarlo a partir del momento
en que la ley acepta que ya no es gente, ya no es persona. Es un invento
tecnológico y jurídico imprescindible para poder practicar trasplantes,
pues si el fallecido está muerto del todo, entonces sus órganos ya no
se pueden revivir en otro cuerpo. Así el ser humano puede perder su
condición de tal, para ser simple reserva de materia prima útil, desde
la concepción hasta el penúltimo suspiro.
La industria del aborto, variante en el tráfico de órganos
Al individuo con características que
parecen recomendables para la reproducción, los científicos los
consideran como simples yacimientos de tesoros: espermatozoides, óvulos,
úteros. Y al embrión lo tratan igual, como un tesoro que se puede
capturar, trasladar, comprar, vender o destruir, como cualquier parte
del cuerpo. ¿Acaso se puede contemplar que el embrión sea algo más que
una “commodity”, una mercadería provechosa para el bienestar de los que
lo puedan costear? Hay incoherencias en la legislación, pero de hecho,
los embriones ya se venden a los laboratorios, por ejemplo en Francia se
los compra en Israel para fines “de investigación”, legalmente.
Examinemos las incoherencias que
circundan al tratamiento del nonato. Si el nonato es algo más que una
cosa cualquiera, entonces el aborto debería considerarse un crimen,
mientras que en las sociedades modernas es más bien un precepto, pues es
el acto de más honda significación para que una mujer demuestre su
autonomía en relación con cualquier autoridad superior. Al decidir
abortar, una mujer se empareja verdaderamente con el hombre arquetípico,
el varón, el que va a la guerra y es capaz de matar, el que manda y
pone las reglas del juego. Al abortar por voluntad propia, la mujer
demuestra que lo puede hacer mejor que él, ya que se supone que su acto
sea libre, legítimo y legal, mientras que en las sociedades modernas, el
hombre ya no mata impunemente, y está abolida en muchos países la pena
de muerte. Se podría añadir que el crimen femenino legal es a la vez el
más fácil, pues la víctima es inocente, indefensa y minúscula. Es
insoportable seguir este razonamiento que hace de una de cada tres
mujeres (en Francia por lo menos) brutales asesinas, volvamos a la
creencia subyacente en nuestro mundo, según la cual el niño no nacido no
es gente, no es persona, y por lo tanto se le puede eliminar sin culpa.
Probemos estudiar el caso desde otro
ángulo, conformándonos con un enfoque práctico : hasta que no nazca, el
niño no tiene conciencia ni voluntad propia, porque no tiene autonomía,
es un apéndice dentro del cuerpo que lo alberga, es como un órgano más,
de manera transitoria.
Está vivo, nadie lo niega, cumple una
función y sirve un proyecto de la naturaleza, pero no puede decidir nada
por sí mismo, es un pedazo y ya. Uno tiene derecho a sacarse una muela
para curarse, una mujer tiene derecho a sacarse un hijo que la estorba,
nos dicen. Pero entonces, ¿está permitido amputarse de otros órganos, de
cualquier pedazo de su propio cuerpo? Un hermano le puede donar un
riñón a su hermano, para salvarlo. ¿Pero podríamos cortarnos una pierna,
o sacarnos un ojo para venderlos? Hay jefes de familia, en zonas de
guerra, que venden así un riñón de su cuerpo porque con eso podrán
pagarse un pasaje para otras tierras donde con su trabajo podrán
alimentar a su familia… Esto nos parte el alma y nos parece un
sacrificio inmenso, justificado solamente por la miseria extrema, y la
voluntad desesperada de salvar a su gente, a la carne de su carne, y
sangre de su sangre. En los campos de batalla, bajo cobertura de
organismos humanitarios, hay equipos de saqueadores de cuerpos heridos o
moribundos, que tienen los equipos para cosechar órganos gratis y
mantenerlos en óptimas condiciones para futuros trasplantes en cuerpos
enfermos de gente que los puedan pagar.
No es más lícito matar a un órgano en camino a volverse hijo antes que se pueda defender y expresar su voluntad de vivir.
Cuando descubrimos que los fetos
abortados se les venden a los laboratorios para hacer experimentos e
introducirlos en productos farmacéuticos, especialmente cosméticos para
rejuvenecer la piel, entendemos mejor que nos engañan, cuando nos dicen
que los nuevos actos autorizados por la ley significan un aumento de
nuestra libertad. No, en realidad nos hacen esclavos de determinadas
mentiras de alto rendimiento, no para nosotras, sino para otros, que son
traficantes de carne humana, sea a pedazos, en devenir, o muertos, o
destinados al matadero, por los que de todas formas algunos se quedarán
con alguna ganancia. Es cuestión de lógica, y es tan pavoroso el
encadenamiento de los sofismas que preferimos mirar para otra parte.
Conviene precisar que las mayores
instituciones financiadas para que trabajen por la protección de la
salud están involucradas en el negocio de los fetos: la ONG Planned
Parenthood (madre de cada instituto nacional de planificación familiar
en el mundo) está muy comprometida. El informe ordenado por el Congreso
establece que PP viola no menos de 11 artículos de la ley. La ganancia
de PP se valora 23 millones de dólares por año. El precio de los órganos
crece más con la edad y el grado de desarrollo del nonato, y se procura
extraer los fetos del cuerpo de sus madres sin lastimarlos, enteros,
par descuartizarlos después. Incluso se han encontrado pedazos de niños
nacidos ya. Las pruebas son aplastantes: se han descubierto los
catálogos con los precios de riñones, hígados, cerebros, pulmones,
páncreas.
Y, con cámara oculta, se pudo filmar la
venta de un diminuto corazón, en unos $100 La empresa vendedora se llama
Stem Express. Ahora, desde que se descubrió el escándalo, los precios
han subido, la discreción también es mayor…
No va a ser fácil invertir la propaganda
oficial a favor del aborto, pues los embriones y fetos no sólo sirven
para fabricar cosméticos, sino también medicinas. Tienen auténticas
propiedades rejuvenecedoras, como lo sabían las brujas medievales, que
los tenían de componentes para sus ungüentos mágicos. Se experimenta su
uso en el tratamiento de enfermedades degenerativas. Ahora bien, las
mismas propiedades las tiene el cordón umbilical, se puede prescindir
del sacrificio de los nonatos para ello, repiten los especialistas… Con
células de adultos también se pueden hacer muchos remedios pero “son más
difíciles de conseguir”, confiesan los abortistas.
En 2012, estalló un escándalo en Corea
del sur, pues se descubrieron cargamentos de píldoras afrodisíacas a
base de fetos importados de China. Mal machacadas, contenían pedazos de
uñas, sexos, y pelos identificables. Se trataba de mercado negro; pero
donde existe un mercado negro también existe otro, oficial, más caro.
Así se puede perseguir a Pepsi cola, que introduce productos derivados
de fetos como aromatizantes, procesados por la firma SENOMYX desde 2010.
La gente, el pueblo todo, ¡son los que financian esta industria, al
pagar los impuestos que se invierten en “la investigación médica”!
Ninguna objeción de conciencia es posible a nivel individual.
Es probable incluso que el reciclaje de
los cuerpos abortados con fines medicinales se haya previsto desde los
primeros pasos de la legalización del aborto, en los años 1970. El
fundador del Congreso Judío mundial, Edgar Bronfman, padecía enteritis
ulcerante y provocante de necrosis de varios tejidos (la enfermedad de
Crohn), enfermedad genética; afecta esta enfermedad especialmente a los
descendientes de jasaros por la endogamia típica entre judíos. Bronfman
estaba entre los más entusiasmados por la expansión legal del aborto.
A pesar del peso de los intereses, en
EEUU el presidente Trump ha logrado imponer en enero del 2017 una ley
que prohíbe la utilización de fondos públicos para financiar las
asociaciones que promueven el aborto, y ha reafirmado ruidosamente, un
año después, su interés en la defensa de la vida. Quiere restablecer la
libertad de conciencia del personal médico, medida saludable.
Se puede observar además que las mujeres
pobres abortan más que las ricas. En EEUU, las estadísticas raciales
arrojan resultados que ni siquiera los dirigentes negros conocen: la
población negra representa el 12% de la población, pero el 35¨% de los
niños abortados son negros; de modo que la población negra se ha
reducido en un 25% en 40 años. No se nos quita de la mente la idea de
que para algunos, el proyecto implementado con la banalización del
aborto es la “limpieza étnica”, por una supuesta necesidad de disminuir,
no la pobreza, sino el número de los pobres.
En el próximo capítulo, mostraremos que
hay todo un sistema de pensamiento metafísico detrás de estos cínicos
cálculos: una auténtica ontología materialista sustitutiva de la
tradicional, asentada en la lógica. Y un monoteísmo del mercado, en
lugar de la trascendencia.
María Poumier, 18 marzo 2019
Publicado originalmente por: Red Internacional
contactar a la autora: maria.poumier@orange.fr
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Los otros capitulos:
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Libros dela autora:
Mercancía de la vida humana (París 2015) ed. Volver a las raíces, 340 p. ( ISBN 9782355120701 )
Marchandiser la vie humaine (Paris 2015) éd. le Retour aux sources, 340 p. (ISBN 9782355120701)
en francés
- Contribución al estudio del bandolerismo social en Cuba: la historia y el mito de Manuel García, “Rey de los Campos de Cuba”, 1851-1895, 459 p. (11 ediciones publicadas entre 1982 y 1987), ( ISBN 2-85802-755-2 ) : 1982 y ( ISBN 9782858027552 ) : 1986.
- Un día como tantos otros (traducción de “Un día en la vida” por Manlio Argueta), El Harmattan, 144 p., 1985, ( ISBN 2858027552 y 9782858027552 ) .
- Ifigenia (prefacio) ediciones Indigo / Lado-mujeres, 438 pp, 1995 Lado-mujeres. ( ISBN 2-907883-91-7 ) y la UNESCO ( ISBN 92-3-203171-X ) .
- Calle Peña Pobre (prefacio y traducción) por Cintio Vitier, ediciones L’Harmattan, 1992
- Vengeance (1992) (prefacio, traducción y elección de textos de Enrique Medina), ed. El Harmattan
- The American Expression (prefacio, traducción y notas al texto de José Lezama Lima), ed. El Harmattan 2001 ( ISBN 2-7475-1202-9 )
- Poemas de mi estatura (2005) (Prefacio, traducción y elección de textos de Tony Guerrero) Ediciones L’Harmattan ( ISBN 2-7475-9156-5 )
- Lucía Jerez (2003) (prefacio, notas y traducción de la novela de José Martí), Editions Patiño
- La poesía salvadoreña del siglo XX , ediciones Patino, p 422, ( 1 st abril de 2002) ( ISBN 288213035X y 978-2882130358 )
- Las claves del sótano (2008) (prefacio, traducción y elección de textos de David Escobar Galindo), ediciones L’Harmattan
- “La aparición de la cultura cubana” (2007), (prefacio, traducción y notas del ensayo de Walterio Carbonell), ediciones Menaibuc
- En confianza. Entrevista con “The Unknown” , entrevistas con Robert Faurisson , ediciones Pierre Marteau, 78 p., 1 st de abril de 2009 ( ISBN 2917749032 y 978-2917749036 )
- NEG , BookSurge, 165 pp., 25 de octubre de 2009, ( ISBN 1439261415 y 978-1439261415 )
- La batalla de la palabra, BookSurge, 2008 (selección de textos de Israel Shamir)
- La Batalla de Rusia (2014) (Prefacio, traducción y elección de textos de Israel Shamir), ediciones de Kontrekulture
- Mercancía de la vida humana (París 2015) ed. Volver a las raíces, 340 p. ( ISBN 9782355120701 )
- en español
- Apuntes sobre la vida cotidiana en Cuba en 1898 (1975)
- Quizás tu número salve: antología bilingüe de la poesía salvadoreña (1992)
- Poetas para El Salvador (Poema paseo coral), San Salvador, ed. Delgado (2008)
- Diálogo entre Oriente y Occidente (1998) (traducción de textos de [[Roger Garaudy]) ed. el Almendro, Córdoba.
- Taquechel Juan López, 1908-2002, y el movimiento obrero en Santiago de Cuba el testimonio de su dirigente, por María Poumier no Taquechel Rafael , ed / Alfabarre, París, 2008
- La tabu tabu, el pensamiento negro cubano, 1840-1961, ed. idea, Tenerife, 2007, 400 p.
