El fabuloso negocio de los recién paridos: Parte IV: ‘La responsabilidad israelí’ –
por Maria Poumier
La Doctora María Poumier (exprofesora
en la Universidad de París VIII) nos hace el inmenso favor de publicar
en nuestro sitio partes de su próximo libro sobre los vientres de
alquiler (gestación subrogada), que es de una actualidad ardiente. Aquí
el cuarto capitulo. RI
***
El fabuloso negocio de los recién paridos
Parte IV: la responsabilidad israelí
por Maria Poumier
En este nuevo capítulo, vamos a entrar
en zona prohibida: la responsabilidad israelí en el desarrollo del
fabuloso negocio de los recién paridos. Los medios masivos desarrollan
una propaganda constante en torno al aborto, al homosexualismo y a la
procreación artificial, pero nunca informan sobre los orígenes de la
promoción de dichos temas, con su propensión a convertirse en dogmas de
la nueva civilización occidental, arrasando con la moral natural, y
ostentando ambiciones mundiales. Empecemos por subrayar el carácter
central del tema del aborto: su legalización sin límites es
imprescindible para que la procreación artificial se pueda extender.
Una ontología materialista de sustitución
El aborto no solamente es una decisión
individual trágica, sino que se practica con los embriones de manera
masiva a la raíz de cualquier proceso de procreación artificial. En una
primera etapa, para lograr un embrión sano y fuerte que se le pueda
implantar a una mujer, hay que fabricar varios, de los cuales se eligen
dos o tres, por lo general, por si falla uno.
Los demás embriones se congelan; unos se
conservan así varios años, por si los genitores quieren tener más
hijos; otros se les venden a los laboratorios; al final, se termina
destruyendo a la inmensa mayoría. La cosa no para ahí, pues puede haber
sobrantes todavía en el proceso del embarazo. El que encargó un recién
parido puede exigir que la mujer incubadora aborte del gemelo indeseado,
o dos de los trillizos, antes dar a luz a un solo elegido, y es un caso
frecuente, pues en cada etapa se requiere inyectar hormonas que
aumentan la vitalidad de la mujer y de los diminutos seres humanos en
camino hacia la luz. Al final, como promedio, un recién nacido fabricado
por la tecnología es el sobreviviente de una decena de potenciales
hermanitos. Véanse estas selecciones como tráfico de órganos o matanzas
de seres provisionalmente indefensos, el caso es que nuestras sociedades
descansan cada vez más en semejantes prácticas, cuya amplitud se nos
disimula, con el objetivo de seguir ampliando este ramo de actividad en
medio de la indiferencia.
Se entiende mejor por qué la UNESCO
quiere imponer en las leyes de cada país el “derecho” a abortar: se
supone que es imprescindible para los avances de la ciencia, además de
rentable. Pero la otra cara de esta mayor “libertad” para algunos e
impuesta a todos, es que equivale a declarar ilegal el pensamiento
religioso que se opone a ello por razones filosóficas, y sustituirlo por
el ateísmo como religión de Estado. Si triunfase esta lógica, la
libertad individual invocada como principio por encima de cualquier otro
desembocaría en un totalitarismo, la desaparición de la libertad de
conciencia, la más fundamental en el ser humano, hasta ahora garantizada
por la constitución en los países democráticos, en la Declaración
universal de los derechos humanos, y en muchos marcos jurídicos.
En algunos países como Francia y España,
los proveedores de sus células sexuales son donantes, incluso hay
campañas para que los hombres donen su semen y las mujeres sus óvulos,
como cualquiera de sus órganos cuando se encuentren abocados a la muerte
cerebral, por muerte natural o accidental. Se le sugiere hacer obra de
caridad semejante a la mujer que aborta, donando para la ciencia los
“tejidos” que se le han arrancado del vientre. En USA, la moda del
alquiler de vientres empezó como acto de pura generosidad, entre gente
de clase media, y todavía se nos machaca la idea de que parir para otros
es un acto de altruismo, sin mayores consecuencias que el dar una
limosna. Bien puede ser cuando se trata de arreglos entre hermanas o
gente muy cercana. Pero si tantos esfuerzos se suman para que se
difundan de manera comercial estas prácticas de transferencia de
nuestros yacimientos reproductivos, es porque esto puede alcanzar
altísimos rendimientos: beneficia a laboratorios, a agencias, a
abogados, y todo a escala internacional, saltándose cualquier frontera
nacional o barrera jurídica, moral o religiosa.
En el mundo que nos están fraguando
ciertas élites, parecería que no debería quedar nada gratuito, nada que
sea puro don de la naturaleza. La reproducción natural, ancestral, está
en peligro. A los nuevos traficantes de carne humana les conviene que
ésta se reduzca al mínimo, que no detectemos sus cálculos y que, una vez
que sea tarde, el sufrimiento, la angustia, el pánico nos hagan aceptar
cualquier trato leonino para poder adquirir hijos. Por ahora tienen el
viento en popa, con un argumento: la mujer que alquila su útero se hace
rica; la tarifa en los países más pobres da para la compra de una casa;
para una familia que sólo tiene cartones y lata para ampararse, se
supone que todos salen ganando y agradecidos. A corto plazo tal vez, y
sacrificando su conciencia, o cerrando los ojos ante la estafa en que se
ven envueltos todos, pues el embarazo forzado, seguido por la
separación, es dañino para la salud de ambos, la mujer paridora y el
niño.
Hay buenos sentimientos que sólo lo son
superficialmente; la limosna no sustituye la justicia; el
sentimentalismo no sustituye el acuerdo consigo mismo; el materialismo
procura suplantar la ley natural; pero el comercio triunfante no logra
silenciar la angustia existencial. El ser humano necesita una ontología
que integre la trascendencia.
Pero el actual boom de los vientres de
alquiler, comparable con el de cualquier recurso primario en los países
colonizados (café, azúcar, petróleo, nitrato, minerales, drogas) además
de requerir la esclavitud legal para los productores, es provisional. A
medida que se amplíe el mercado, los precios y las ganancias irán
bajando. Surgirán guerras sangrientas entre empresas rivales. La
propaganda ya necesita ampliar sus mentiras y técnicas para corromper y
deslumbrar: la lógica mafiosa ya está instalada, a partir del momento en
que aceptamos entrar en tratos.
Por suerte hay un hilo de Ariadna, para
salvarnos de la angustia, del laberinto que se nos sube a la garganta
como una serpiente para asfixiarnos. Las racionalizaciones pueden ser
callejones sin salida o espejismos, el reflexionar a partir de lo vivido
y padecido es la vía de sentido único que no debemos perder. Sabemos
que la voz del corazón es eco de otra voz, de algo que nos pertenece a
todos, y nos sobrepasa a todos, el alma universal. Es el hilo conductor
que enlaza a las generaciones entre sí, a los muertos con los vivos, a
los hombres con las mujeres. No soltemos pues ESE el hilo, tan tenue,
tan exigente…
La lucha contra la banalización completa
del aborto la llevan adelante las organizaciones cristianas, y en
particular la iglesia católica. En este terreno, hay avances. Los
hombres toman la palabra para protestar contra la regla general en los
países occidentales, según la cual las mujeres y aún las jovencitas
menores de edad toman la decisión de abortar sin tomar en cuenta el
punto de vista del padre potencial. Llegados a cierta edad, muchos
descubren que se les ha privado de hijos; están también los jóvenes que
descubren que sus madres les privaron de hermanitos, y se sienten
huérfanos por esa parte. En Francia ha surgido en este sentido el
movimiento de los “sobrevivientes”, impulsado por Emile Duport. En
Francia también, el lobby supuestamente feminista quiere imponer por ley
que el personal médico no pueda oponerse a practicar actos abortivos.
Ahora bien, el gobierno acaba de negarse a abrogar esta llamada
“cláusula de conciencia”, a pesar de que los diputados del partido de
Macron querían su abolición. Esto salió el 15 de marzo de 2019, y es
inesperado, esperemos que no haya retroceso. Otra feliz noticia para
fortalecer nuestra esperanza: la empresa española Subrogalia acaba de
verse condenada por un tribunal francés, por la propaganda que hace en
internet para la venta de recién paridos mediante vientres de alquiler.
En España tampoco esto es legal, esperemos que los tribunales mantengan y
amplíen la presión. De Estados Unidos, donde la campaña “Stop Surrogacy
Now” es pujante, están llegando informes sobre los graves daños a la
salud de las mujeres que se prestan a la inseminación para parir hijos
ajenos, con casos mortales, así como sobre la fragilidad de los niños
concebidos en laboratorios y trasegados como mercancías preciosas. Al
cabo de unos años, desarrollan cáncer y autismo en proporciones mucho
mayores que el resto de los niños.
Israel, motor del progreso
Volvamos a nuestras primeras
conclusiones: la infertilidad es un jugoso negocio, y hace falta
desarrollarlo para que prospere la demanda y la mercadería de niños, a
escala global. Esta es la realidad simple y cruda, todo lo high tech de
la biología se combina perfectamente: mitad células reproductivas
femeninas congeladas (ovocitos), mitad masculinas (espermatozoides
congelados) adecuadamente « cocinados » producen embriones que, una vez
descongelados, sirven para vender seres humanos o remedios milagrosos.
Francia le compra embriones a Israel. Israel autoriza y promueve la
prostitución uterina, llamada maternidad subrogada, para parejas judías
del mundo entero, pero además las agencias israelíes les venden hijos a
los gay del mundo entero.
En Israel, donde la infertilidad ya
afecta al 25% de las parejas, el negocio de los vientres de alquiler
recibe todo el apoyo oficial, desde 1994, fue el país pionero, antes que
en ningún otro país. Dentro del país, se autoriza solamente entre gente
de una misma religión. Pero se reconoce a los hijos habidos afuera,
como sea. Los contratos siempre especifican que la paridora (o sea, la
madre, desde la prehistoria, como se reconoce en el mundo entero) según
las nuevas leyes perderá automáticamente cualquier derecho sobre el
fruto de sus entrañas, y no podrá quejarse si su salud se perjudica a
raíz del episodio de gestación forzada a base de indigestión hormonal.
En caso de defunción antes del parto, de la madre o del hijo, las
agencias ofrecen un nuevo embarazo gratis, las mejores compañías de
seguro se lo garantizan. Si se presentan gemelos o trillizos, se
neutraliza a los más débiles sin gasto adicional. Ahora, si los
compradores descubren que a los tres años el niño desarrolla cáncer,
insuficiencia cardiaca (porque hay muchas malformaciones del sistema
respiratorio), o autismo, ya no vale el seguro, “diríjase a su centro de
seguridad social habitual”.
Las agencias israelíes importan ovocitos
ucranianos extraídos de bellezas rubias en Chipre; rumanas y rusas,
legalmente, también. No son perfectas las estudiantes rusas, porque
están muy alcoholizadas desde jovencitas. Pero están las españolas,
marroquíes, o de otras nacionalidades, que se ofrecen para el embarazo;
para un nene low cost (ver el catálogo de la agencia española
SUBROGALIA, un documento reservado a los clientes una vez que han pagado
la inscripción), las agencias lo encargaban hasta hace poco en las
llamadas clínicas de fertilidad en la India o en Nepal ; en Tailandia, a
raíz del golpe de Estado de 2013, ya esto está prohibido, como en China
y Japón. India ya no se lo permite a los extranjeros. Después del
escándalo descubierto a raíz del terremoto en Nepal en 2015, donde
estaban en incubación muchos niños encargados por homosexuales
israelíes, la cosa se ha complicado, pero todavía hay países donde la
policía no se da por enterada en el Sureste asiático.
¿Por qué casualidad será que el primer
país en exportación de pornografía, trata de blancas y negras, y tráfico
de órganos, sea también el pionero en la globalización de este negocio?
Por mucho que los rabinos protesten, esgrimen los propagandistas un
argumento bíblico infalible : el caso de Abraham y su vieja esposa
estéril, que remediaron su desgracia haciendo parir como madre sustituta
a la sirvienta Agar, esquema que se reprodujo con Raquel esposa de
Jacob y la sirvienta Bila. Los magnates del tráfico negrero de los
tiempos coloniales también usaban de un argumento bíblico : el viejo Noé
había maldecido la descendencia de su hijo Cam, supuesto antepasado de
cananeos (palestinos) y africanos (camitas), lo cual justificaba, según
ellos, la esclavitud a escala industrial de los negros.
Aunque no aparece justificación para
ello en el Antiguo Testamento, Israel es también pionero en la abertura
del mercado a los gays. Las leyes de matrimonio gay conducen siempre, en
aras de la igualdad, a la legalización de adopción y compra de hijos
para todos. El caso es que la India, que sigue teniendo grandes fábricas
de infantes, ya no quiere saber de compradores gay, y echó a los
promotores del negocio, la agencia Tammuz.
No hay que ser tan obsesivos con el tema israelí, es feo. Subraya el sitio web « porisrael.org »:
«Una encuesta de diciembre, de 15
clínicas internacionales de maternidad subrogada, encontró que 391
australianos habían encargado madres sustitutas a través de clínicas en
los últimos tres años. Les seguían muy de cerca 384 americanos, 304
israelíes y 292 personas procedentes de China y Hong Kong ». Y no menos europeos, sin contar todo lo que se hace clandestinamente…
Es cierto, Israel no tiene la culpa de todos los inventos funestos. Wikipedia le
da un amplio espacio al abogado católico, de origen irlandés, Noel
Keane, que ideó el desarrollo de los contratos para el alquiler de
vientres a partir de Indianápolis en 1976, con sucursales en varios
Estados. Para él, se trataba de reglamentar un nuevo servicio que la
tecnología hacía factible, nada más. Pero ¿de dónde nace la propaganda
mundial para la fabricación y comercialización de recién nacidos? ¿Qué
objetivos ocultos persigue? ¿Cuáles serán los próximos pasos que nos
preparan, y quiénes son los cerebros de este nuevo negocio?
La imaginación judía
Los médicos judíos son conocidos en el
mundo entero por su habilidad y su activismo en la colecta de órganos
para realizar injertos, incluyendo los trasplantes de corazón para
millonarios. El turismo médico es una fuente de ingresos para muchos
países, no sólo Israel, y los ricos buscan servicios de calidad, a la
altura de los que se brindan en Estados Unidos, pero a precios del
Tercer mundo. Basándose en la teología judía, los médicos judíos se han
involucrado mucho en cuestiones relativas a la fertilidad humana, en el
siglo XX. En los años 1940, un judío austriaco (según la terminología
laudatoria de la nota que le dedica la versión inglesa de Wikipedia) que vivía en Gran Bretaña, ganó mucho dinero al convertirse en “serial father”,
padre fraudulento de más de 600 hijos. Este Dr Bertold Wiesner era un
biólogo y un pionero en materia de inseminación artificial humana. Y se
descubrió en los años1970 que había inseminado con su propio semen a
muchísimas mujeres adineradas, a muy alto costo. Su esposa, Mary Barton,
era la dueña de su “clínica de fertilidad”. Es uno de los hijos nacidos
del fraude el que descubrió el negocio de la pareja con el semen del
doctor Wiesner. La pareja destruyó sus archivos, y se murieron los dos
antes de que se les formara juicio. Hoy en día, el mismo hijo pelea por
la prohibición del donativo anónimo de semen. Hay motivos para sospechar
que el Dr Wiesner no fue el único en sacar gran provecho de semejantes
supercherías, nada cristianas, ya que la prensa ha revelado otros casos
después. Los novelistas se deleitaron a partir de sucesos reales,
anticipando otros casos más: en 1978, Milan Kundera publicó una novela
divertida El vals de la despedida, sobre un ginecólogo que
había poblado la región con hijos del fraude que tenían todos la misma
nariz. En 2007, apareció la novela Spermatofolie, sobre un fecundo masturbador crónico. En 2011, el largo metraje Starbuck, del canadiense Ken Scott, partía de un caso real, los 150 hijos de un mismo semental.
Desde el principio, el obispo de
Canterbury había calificado como “satánica” la interferencia humana en
el proceso natural de la reproducción, y hoy en día, las leyes inglesas
prohíben el don o la venta de semen anónimo. Pues esto dio lugar, años
más tarde, a encuentros incestuosos entre hermanos que ignoran su
parentesco; los habitantes del Caribe saben que es un caso clásico en la
historia de los países esclavistas y se da en todos los contextos de
promiscuidad entre amos y sirvientes. Las autoridades católicas siempre
han protestado contra el tráfico de células sexuales masculinas o
femeninas, como se practica en la ganadería industrial, y la
fragmentación de paternidad y maternidad entre varias personas. Pero el
desarrollo del incesto entre hermanos que no conocen a sus verdaderos
progenitores no es la única consecuencia de los modernos experimentos en
biotecnología aplicada a los seres humanos.
La demanda es la que crea la oferta, y
así se estimulan las proezas tecnológicas en este campo, con la promesa
de amplias ganancias. Los experimentos para la reproducción artificial
habían empezado con el ganado, con el Dr. Shrenck, en Viena, en los años
1880. Los doctores Gregory Pineus y Enzmann desarrollaron la
fecundación in vitro; les siguieron Saunders y Myriam Menki.
Hasta que Robert Edwards logró que naciera el primer bebé probeta,
Louise Brown, en Inglaterra, en 1978. Los papas católicos sucesivos
llamaron la atención sobre la funesta posibilidad de que se trate a las
mujeres como simples fábricas para bebés. Y esto es lo que tenemos hoy
en día, a enorme escala, aunque se nos oculta el volumen real del
negocio.
La industria israelí de la reproducción humana
La tasa de infertilidad en el Estado de
Israel está entre las más elevadas del mundo. A la vez, en Israel, el
aborto por razones médicas, tras pruebas prenatales, prenupciales, y
diagnósticos previos a la implantación de embriones, es algo que se
practica ampliamente, la sociedad entera cultiva esquemas eugenistas, y
considera natural que sólo a algunos, los que presentan garantías de
excelencia, se les reconozca el derecho a la vida. La religión judía
considera que el feto se va volviendo humano progresivamente, por lo
cual se le puede eliminar sin problema de conciencia. El Estado paga
todos los gastos de atención médica en el campo de la reproducción. Para
los judíos que acuden desde otros países, atraídos por el alto nivel de
la biotecnología israelí, el bajo costo es muy atractivo, y es una gran
diferencia con los servicios que se ofrecen en Estados Unidos.
Los médicos israelíes se destacan en la
cosecha de células sexuales femeninas, los ovocitos, en el extranjero.
Israel es un país que está en la lista negra de los países poco
escrupulosos en las prácticas de compra o robo de órganos para injertos.
Con los ovocitos, ha habido repetidos escándalos en los países de
Europa oriental, pues la clientela está muy interesada en niños blancos,
rubios y de ojos azules; la extracción de ovocitos requiere mujeres
jóvenes dopadas con hormonas, hasta niveles que provocan abundancia de
cáncer de útero, y peligro de eclampsia. La operación de extracción de
óvulos se realiza en Israel o en Chipre: a las chicas se las traslada y
se les paga una miseria; ni siquiera se enteran de que sus óvulos
servirán para alumbrar hijos suyos de los que jamás sabrán nada, y que
pertenecerán a otras familias, sin que puedan reclamar nada.
Los ovocitos congelados, junto con
reservas de semen vendido o donado y congelado, procedentes de todos los
países que se consideran yacimientos de gente nórdica de raza superior,
darán lugar a embriones congelados. Este proceso muy sofisticado se
realiza en los laboratorios de fama mundial Alphaclinic y Kadimasten.
Después se exportan los embriones, unos a países ricos, para centros de
investigación universitaria, otros a países pobres, donde mujeres pobres
se prestan a gestarlos en su vientre, para que después les sean
extraídos por cesárea para ser entregados en la fecha convenida de
antemano a las parejas que los han encargado.
Así se ha desarrollado, en los últimos
veinte años, a partir de Israel y sus leyes permisivas, su alta
tecnología y sus comerciantes emprendedores, el negocio de los vientres
de alquiler en la India, en Grecia, en México, en Nepal, en Tailandia,
en Ucrania, en Brasil, para una clientela internacional.
El milagro demográfico israelí
En Israel, la actividad comercial no
encuentra trabas estatales; toda la industria apunta al mercado global, y
a nivel de legislación, la lógica del derecho mercantil contractual
tiende a sustituir cualquier otra reflexión jurídica, como en EEUU.
Israel es el primer país que autorizó los experimentos en fertilidad
humana; la maternidad subrogada está bajo control estatal desde 1996. Y
desde 2014, se busca autorizarla para solteros y parejas homosexuales;
en julio de 2017 se dio un voto favorable en la Corte suprema.
El resultado es lo que ellos mismos
llaman el “milagro israelí”: la tasa de nacimientos es la más alta entre
los países desarrollados. Si recordamos que la tasa israelí de
infertilidad también es la más elevada, se entiende que buena parte de
la nueva generación de israelíes es importada de vientres lejanos.
La política ultranatalista de Israel se
justifica oficialmente por la voluntad de compensar las pérdidas de
vidas judías durante la segunda guerra mundial, más la falta de los
hijos y nietos de aquella generación. Oficialmente también se trata de
compensar las bajas debidas a las sucesivas intifadas; además, hasta una
fecha reciente, Israel se quejaba de la amenaza de la “bomba
demográfica” que era la fuerte natalidad de los países árabes.
Ahora bien, el milagro también afecta a
los países vecinos, pues mientras la natalidad israelí crece, ¡ellos
pierden la suya! El Líbano, por razones misteriosas, sólo produce 1,5
hijos por mujer, tasa comparable a la de Japón, la más baja del mundo,
insuficiente para la renovación generacional…
La agencia Tammuz fue la agencia pionera
en el comercio triangular : importar células sexuales desde EEUU,
fabricar embriones en Israel, congelarlos e implantarlos en úteros
asiáticos, seleccionados por médicos locales en “granjas de bebés”,
entregárselos a parejas de cualquier parte del mundo, asegurando no sólo
los cuidados médicos, sino los servicios de abogados para sobreponerse a
la legislación propia de cada país, y lograr la exportación legal del
niño, con los documentos y la nacionalidad deseada por los compradores,
supuestos “padres de intención”. Tammuz significa dios de la abundancia;
según la mitología de Babilonia, era hijo ilegítimo de la reina
Semiramis, que lo daba por hijo de Nemrod, el cazador de leones
recordado por Rubén Darío en su Oda a Roosevelt. Nemrod está mencionado en la Biblia, Génésis 9.
Tammuz es también la empresa que
emprendió la conquista del mercado gay en el mundo entero,
imprescindible para extender su actividad. Es importante destacar que la
adquisición de hijos artificiales no se le pasaba por la mente a la
mayoría de los homosexuales. Actualmente, el creador de este mercado, y
de la propaganda que lo lanzó, Doron Mamet, está considerado como un
genio a la vanguardia de la imaginación “uberista”, a la par del
inventor de Facebook, Mark Zuckerberg, de Oprah Winfrey, de Bill Gates,
de Mr. Google etc. Sin embargo, no es fácil descubrir las cifras de sus
negocios, que él mantiene secretas, pues bien sabe que todavía hay un
rechazo general ante su negocio planetario.
Ni la paridora ni el producto vendido
antes de nacer recobrarán jamás su dignidad de pareja madre-hijo, pues
no se les dejará a ninguno de los dos la posibilidad de reencontrarse
jamás. No se les ha pedido jamás su opinión sobre su destino a los
“hijos de nadie” ni a las esclavas, no es nada nuevo… Doron Mamet tiene
sucursales hasta en Brasil, donde hace publicidad para sus “barrigas de
aluguel”. Y sacó en 2009 un documental relatando su historia sentimental
con su colega Roy Yolduz, y el desarrollo de su negocio: Google Baby. Doron Mamet se jacta de haber iniciado el “Gay Baby Boom”,
y lo vincula estrechamente con el destino del Estado de Israel. Con su
pareja que además es su colaborador, ya tiene dos hijas, criadas
principalmente por la abuela.
El “Pink washing”, una especialidad israelí
De hecho, en los países occidentales,
muy identificados con Israel, el asco a las prácticas homosexuales ya se
considera oficialmente sentimiento criminal, al igual que el llamado
antisemitismo. Ni homofobia ni antisemitismo son palabras limpias,
porque no se trata de “miedo a lo semejante” ni de “odio a lo semita”,
pues semita se refiere a la gente de habla árabe y hebreo, lenguas muy
próximas, de origen común. Las mayores instituciones judías (Anti
Deffamation League, Congreso judío americano) así como el ministro
israelí de la Defensa felicitaron a la Corte suprema que obliga a todos
los Estados Unidos a celebrar matrimonios gay; dicha corte comprende
tres jueces judíos entre cinco. Con esto queda claro el lazo oficial
entre las dos supuestas comunidades representativas de minorías
discriminadas. La idea que las instituciones judías quieren implantar es
que el odio a los homosexuales es un vicio propio de bárbaros árabes o
musulmanes, como la judeofobia es el vicio típico de las viejas naciones
europeas, por lo cual son equivalentes y complementarias. Esto es lo
que repite la propaganda israelí.
Lógicamente, adquiere automáticamente un
estatuto positivo todo lo que lleve un leve tinte rosado, o sea “gay
friendly”, amistoso con todo lo que lleve un sello homosexualista. Se
combinan tres argumentos para legitimar esta nueva propaganda:
teológicamente, la religión judía considera que le corresponde al ser
humano prolongar el proceso creativo divino, aceptar la oferta tentadora
de la serpiente que le brindó a Eva la manzana del árbol del bien y del
mal, el árbol de toda ciencia. No se considera pecado experimentar
sobre los seres humanos no judíos; y “creced y multiplicaos” es una
consigna que vale especialmente para los judíos. De modo que la aventura
homosexual no es objetivo de prohibición divina, y nada se opone a que
desemboque en el cumplimiento del mandato divino de reproducirse.
El mito de Sodoma y Gomorra, con sus
terribles castigos, parece haber pasado al olvido en Israel. Para el
mundo cristiano, es la leyenda de una ciudad donde reinaba el
homosexualismo masculino, y en la otra el femenino. Ahora bien, si se
vuelve al texto bíblico, se verá que dichos vicios no están mencionados,
sino sólo el desenfreno de las costumbres, respaldado por un orgullo
sin límites. En todo caso, no se menciona nunca en la propaganda
israelí.
El homosexualismo siempre ha existido en
los márgenes de la sociedad, y tiene su fecundidad particular en el
campo de la creatividad, porque desarrolla una visión crítica y en
alguna medida saludable de la sociedad. Esto no es motivo para poner la
inversión de valores en el centro de la vida social. ¿Quién puede desear
seriamente una política de inversión oficial de la moral común, que
conllevará automáticamente la glorificación de prostitución, pedofilia,
pornografía y crimen organizado? ¡Solamente los que viven de ello!
María Poumier, 16 abril 2019
Publicado originalmente por Red Internacional
contactra la autora: maria.poumier@orange.fr
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