Las farsas del Fondo Monetario Internacional
Este
artículo critica la falta de rigor de gran número de informes del Fondo
Monetario Internacional, que analizan y proponen la devaluación
doméstica o bajada de salarios como la medida más conveniente para salir
de la crisis.
En los
mayores fórums de reflexión financiera y económica en España existe una
actitud casi reverencial hacia el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Sus informes se leen con gran detalle y sus recomendaciones se toman muy
en serio. El FMI es, se mire como se mire, una de las instituciones
financieras internacionales que tiene mayor influencia en los círculos
mediáticos y políticos en España, donde la sabiduría convencional se
genera, reproduce y promociona.
Conozco bien
el FMI. La The Johns Hopkins University tiene varios campus en
Washington, donde está ubicada la sede del FMI, y conozco a muchos de
sus profesionales, con los que coincido en congresos, seminarios y
sesiones profesionales. Y siempre me ha sorprendido el gran respeto que
origina el FMI en los círculos mediáticos y políticos españoles. Y mi
sorpresa deriva de que el nivel técnico de sus trabajos es, por lo
general, y con notables excepciones, de muy escasa calidad (una
excepción al nivel de mediocridad es el Departamento de investigación
económica que, por desgracia, tiene muy poca incidencia en el desarrollo
de las políticas del FMI). Por lo demás, entre los que se llaman
“expertos”, hay gran cantidad de individuos formados en centros
académicos de EEUU o de Europa bien conocidos por su sensibilidad
neoliberal, impermeable a los datos que muestren lo contrario de lo que
promueven. Y uno de sus dogmas es el consabido énfasis en disminuir lo
salarios (que llaman devaluación doméstica) como manera más eficaz para
salir de la crisis financiera y económica. El FMI publica un informe
(como promedio cada cuatro meses) en el que se repite una y otra vez que
la bajada de salarios es necesaria para aumentar la competitividad y
así incrementar las exportaciones, aumento que será el que estimulará la
economía y permitirá a los países de la periferia de la Eurozona (lo
que incluye a España) salir de la crisis.
Conociendo
al FMI, les garantizo que en dos o tres años cambiará de postura, y, sin
pedir disculpas, promoverá otro dogma igualmente erróneo. Si no me
creen, esperen un par de años. Se acordarán ustedes de que hace dos años
el FMI era uno de los mayores promotores de otro dogma neoliberal: el
de que la austeridad (recortes del gasto público) era necesaria para
conseguir la recuperación económica. El FMI (junto con la Comisión
Europea y el Banco Central Europeo) machacó miles de veces que había que
recortar, recortar y recortar el gasto público a fin de reducir el
déficit y la deuda, y con ello recuperar la famosa confianza de los
mercados financieros. Hace menos de un año, sin embargo, el FMI cambió
de parecer y dijo que no se hicieran tantos recortes, pues los recortes
de gasto público reducirían la demanda doméstica y con ello se reduciría
la actividad económica y el crecimiento económico. ¡Por fin habían
visto la luz! Pero, por lo visto, no se han dado cuenta todavía de que
la reducción de los salarios (¡20% de media en Grecia en los primeros
meses de 2012!) también crea un enorme problema de falta de demanda. Les
garantizo que en un par de años van a descubrirlo. Dudo que lo hagan
antes pues son un poquitín lentos. Y mientras tanto, sus políticas están
haciendo un enorme daño.
Las falacias de salirse de la crisis bajando los salarios
Pero la
situación es incluso peor, pues no solo su recomendación de que bajen
los salarios es empíricamente insostenible, sino que toda la evidencia
–que usted, lector, no verá mucho en los medios de información
españoles- señala que es una de las causas de la crisis, pues no solo
dificulta la salida de la crisis, sino que la empeora sustancialmente,
pues al reducir los salarios, supuestamente para ser más competitivos,
se reduce la demanda en todos los países (que compiten en ver quién baja
más los salarios para ser más competitivos) que están en crisis. Y esta
es la causa de la crisis en la Eurozona, muy marcada en sus países
periféricos.
Pero lo que
es incluso más indignante es que los datos muestran muy consistentemente
que en ninguno de estos países sus exportaciones tienen mucho que ver
con el nivel salarial. La demanda exterior de productos (origen de las
exportaciones) ha permanecido para toda la Eurozona estancada durante el
periodo 2008-2011. Ha habido variaciones dentro de cada país. Pero,
como promedio, ha habido en la práctica un estancamiento, dentro de la
Eurozona, del comercio entre sus países miembros, y ello a pesar del
descenso salarial que ha ocurrido en todos ellos. En realidad, el
crecimiento de las exportaciones de los países de la Eurozona ha ido a
países de fuera de la Eurozona, los Países Emergentes, donde los
salarios, por cierto, han aumentado. Y este crecimiento no tiene nada
que ver con el descenso de los salarios de los países exportadores, sino
con el crecimiento de los salarios en los países importadores (que
están fuera de la Eurozona) y con el descenso del valor del euro versus
las monedas de aquellos países. Esta es la evidencia que existe,
fácilmente contrastable. Ahora bien, les garantizo que el FMI (así como
la Comisión Europea y el BCE) continuarán machacando con que hay que
bajar los salarios. Por cierto, los salarios de los expertos del FMI son
(junto con los de otra institución ultraliberal como la OCDE) los más
altos de todos los funcionarios internacionales, mostrando, una vez más,
que no hay relación estadística entre productividad y salarios. O,
dicho de otra manera: el nivel salarial es una variable política más que
económica. La incoherencia entre lo que el FMI impone y lo que hace en
su propia casa, es enorme.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 10 de enero de 2014
Ver artículo en PDFFuente: http://www.vnavarro.org/?p=10302
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