HISTÓRICAS
LUÍS Alfredo ANDREGNETTE CAPURRO
Desde el Real de San Felipe y Santiago de Montevideo
Genocidio croata en Bleiburg democráticamente impune
QUEBRANDO EL SILENCIO
Pubicado Por Revista Cabildo Nº 112
Meses Marzo/Abril 2015 3era. Época
MERCED a lo que se dio en llamar "La Cortina de Acero del Silencio Discreto", escribió Lord Hankey estas líneas haciendo un planteo que hoy sigue teniendo la misma actualidad que cuando lo exponía, allá por la década de los años cincuenta del pasado siglo. El estudioso británico señalaba que "se había encarnado mediante ¡os medios de comunicación, un dogma que establecía que, cualquier escriba tenía el derecho de hacer acusaciones y ser juez de sus afirmaciones", sobre todo si ellas (agrega, quien esto escribe) lanzaran la peor carroña sobre los Caudillos y Estados que llevaron en sus frontispicios el signo de la Revolución Antibolchevique.
Esos recuerdos nos invitaron a redactar esta nota corno homenaje al martirio de cientos de miles de croatas en Bleiburg, a manos de los sicarios de Tito y con la complicidad de las Fuerzas Armadas de la plutocracia anglo-norteamericana.
Hay que correr la cortina y mostrar este horror oculto durante setenta años.
Al hablar de los que pergeñaban el mapa de la "nueva Europa", el lector debe tener presente que queremos especialmente referirnos al engendro denominado Yugoeslavia (estallado en pedazos a fines del siglo pasado) donde tendrían cabida serbios, croatas y demás eslavos del sur. En 1919 dos diplomáticos de esa nueva bomba a estallar se dirigieron a París a tratar los detalles finales. Pasic era el serbio que a pesar de su desagrado, tuvo que aceptar la decisión del Príncipe de Serbia, Alejandro, que lo acompañara Trumbic, un croata que como expresa la historiadora canadiense Mac Millan: "aunque pasó gran parte de su vida trabajando por un Estado yugoeslavo que incluyera a Serbia tenía a los serbios como marcados por sus largos años bajo la dominación turca".
USTACHA
La convivencia entre los dos grupos raciales existió apenas cinco años. En 1925 comenzaron a predominar los serbios en todas la estructuras del Estado, que pretendía ser federal. El asesinato del jefe del Parido Campesino Croata Radie, que intentaba recuperar los derechos legítimos de la católica Croacia, fue muerto a tiros en pleno parlamento por un diputado serbio.
Surge entonces con fuerza el Dr. Ante Pavelic con un amplio movimiento popular llamado "Ustacha", compuesto principalmente de intelectuales estudiantes y joven clero católico. Paralelamente y como una rama de los Ustacha, se organizaron los estudiantes secundarios con el lema "Defensa de la Patria ". Estos jóvenes fueron los que tiempo después pusieron las bases de la Croacia independiente.
El Rey Alejandro creyó que el Estado sólo podría salvarse con medidas extraordinarias luego de la muerte de Radie. Como consecuencia, tomó por un camino que tuvo un hito nefasto. El 6 de enero de 1929 abolió la Constitución y asumió la totalidad del Poder Público. Comenzó así la persecución serbia anticatólica y por ende anticroata. Todos los grupos formados, incluso las asociaciones confesionales, fueron disueltas. Tales disposiciones draconianas le costaron la vida al Rey Serbio en octubre de 1934 cuando iniciaba una visita a Francia. Un croata (no ustacha) disparó su revólver contra el coche oficial dándole muerte, no sólo al Monarca, sino también al Premier galo Jean Louis Barthou. La persecución se extendió y Pavelic solicitó asilo en Italia, el que le fue concedido por el Duce.
En toda Europa se encontraban campamentos de Ustachas exiliados exponiendo su pasión independentista para su heroica Patria. En vísperas de estallido del segundo capítulo de la gran guerra, el 26 de agosto de 1939, Croatas Serbios sellaron sus disputas en acuerdo solemne ante el Regente Pablo. Sin embargo la política yugoeslava de acercamiento económico con el Reich no era vista con indiferencia en las esferas del gobierno británico presidido por el maquiavélico Winston Churchill. Las libras de oro compraron gran parte del cuerpo de oficiales serbios encabezados por el general Simovic. El personaje de marras tenía vínculos con los Estados Unidos. Estos comenzaban nada menos que con Harry Hopkins, secreto agente comunista y Consejero de Roosevelt, quien como Presidente preparaba en esos momentos (1941) la incalificable traición de Pearl Harbor con la que conseguiría entrar en la guerra y salvar a la Unión Soviética. Simovic, según señala Walter Hagen, recibía "ayuda" financiera y moral desde Jew York y Washington.
Todo estaba a punto. El 25 de marzo de 1941 Simovic desencadenó el golpe de Estado. Tal fue la alegría de Mr. Winston Churchill que convocó al Parlamento e inició su discurso diciendo: "Por fin tengo para dar una buena noticia", refiriéndose a los sucesos en Yugoeslavia sobre la que se explayó largamente. El democrático general cipayo formó su gobierno e inmediatamente llamó a Mr. Ronald Campbell, embajador de Jorge VI, para ofrecer a Gran Bretaña bases militares en el territorio yugoeslavo.
La torpe traición al sudeste de Europa fue aprovechada también por Stalin que ordenó a Andrei Vichinsky que propusiera un tratado de alianza cuya principal estipulación sería que la URSS consideraría cualquier ataque contra Yugoeslavia como una agresión a Moscú. El nudo gordiano del torpe Simovic fue cortado en abril de ese año 1941 con la entrada de las tropas alemanas cruzando la frontera del reino federativo. Algunos días antes, exactamente el 10 de abril, un integrante de la "Ustacha," Kvaternik, proclamó en Agram la Independencia de Croacia.
CROACIA LIBRE
Siglos habían pasado de la pérdida de la soberanía de aquel pueblo de católicos guerreros y campesinos. Siempre, contra viento y marea, bastión imbatible de la Cristiandad integrando el Sacro Imperio Romano y luchando denodadamente contra el Turco brutal y sus pirámides de cabezas.
Con el andar de los tiempos, el coraje croata enfrentó los Ejércitos levantados por el radicalismo de la "Enciclopedista Ilustración masónica" corporizada como castigo demoníaco en la "revolución francesa".
Pero no perdamos el camino de la XX Centuria. Digamos algo reviendo esos días de abril de 1941. El Arzobispo Aloysius Stepinac celebró en Zagreb un solemne Te Deum por la PATRIA CROATA LIBERADA. El ejemplar sacerdote de Cristo preparó su martirio porque en 1946 fue "juzgado" y condenado a prisión perpetua. Falleció en la mazmorra socialista sufriendo la terminal leucemia.
El doctor Ante Pavelic y los exiliados Ustachas entraron en Agram y se hicieron cargo del Poder. El contento fue extraordinario, ya que el pueblo croata se sentía feliz con la posesión de la libertad. Era el niño salido de la Pila bautismal. La satisfacción y el entusiasmo aumentaron más cuando al regreso de su visita a Berlín, el 6 de mayo, Pavelic trajo la noticia de que el nuevo Estado comprendería todos los territorios que los croatas reivindicaban; es decir Bosnia y la Herzegovina, Dalmacia y la franja costera, Eslavonia y Zagoria.
El 22 de junio Hitler se adelantó al zarpazo que Stalin y Asia estaban a semanas de desencadenar. Era sin dudas el más gigantesco ataque jamás imaginado. La "Operación Barbarroja" (en honor al Emperador medieval Federico Hohestaufen) así lo comprobó cuando las Divisiones del Eje avanzaron imparables sin encontrar resistencia, destruyendo decenas de miles de tanques soviéticos y rodeando con brazos de acero a las hordas rojas que se rendían por cientos de miles. El Ejército Rojo era totalmente impotente ante la máquina germana.
Los hombres del Eje encontraban la miseria de obreros y campesinos. Aquella era obra de los Soviets, que el bolchaje del mundo exponía como un paraíso proletario. Las poblaciones liberadas recibían a los soldados de Europa con ramos de flores quedando asombradas al presenciar la reapertura de las Iglesias del Rito Cristiano Ortodoxo. Atrás quedaban los años en que habían sido incendiadas o convertidas con odio rabinico en miserables barracones.
LA PLUTOCRACIA EN ACCIÓN
Pero las Fuerzas Abisales se movieron. El "social comunismo real" no debía morir. A Stalin que ya boqueaba, se le prometió todo por parte capitalismo usurero y apatrida. Roosevelt provocó Pearl Harbor. La Plutocracia Internacional se alineó junto a la Bestia Soviética, a la que remitió lo que hoy equivale a miles de millones de dólares y material bélico sin tasa ni medida. Éste comenzó a llegar desde Irán, atropellado en su soberanía y ocupado por las fuerzas anglo norteamericanas y bolcheviques.
Se da en esta etapa lo que el Revisionismo Histórico auténtico nos muestra hoy en páginas llenas de valor, heroísmo y coraje sin igual. Allí estaban firmes, soldados profesionales y centenares de miles de voluntarios cristianos del maravilloso Occidente profundo. Citemos las cunas que dieron calores esos heroicos cruzados: España, Francia, Flandes, Valonia, Rusia, Italia, Bielorrusia, Rutenia, Holanda, Hungría, Albania, Croacia, Letonia, Lituania, Suecia, Noruega, Finlandia, Armenia. Cabe una mención especial además para la raza cosaca que odiada por la hez bolchevique estuvo al borde la exterminación a partir de 1922.
A esta altura de nuestro relato histórico no podemos menos que subrayar la barbarie de los "libertadores" que conformaban, al decir de Churchill, "La Gran Alianza portadora de la era del respeto a los derechos humanos". Sólo un ejemplo. Terminada la guerra casi todos los cosacos prisioneros fueron reunidos en Austria y repatriados a la URSS en la "Operación Keelhaul". La vergonzosa acción estuvo a cargo de fuerzas británicas y estadounidenses en Italia entre el 14 de agosto de 1946 y el 9 de mayo de 1947 destinada a repatriar a ex ciudadanos soviéticos. Condenó a muerte a decenas de miles de personas.
En uno de sus libros el notable historiador J. P. Véale expresa que la característica de la propaganda democrática durante la guerra mundial en su segunda etapa fue crear mitos. Éstos son nada más y nada menos que inventos de ideas fuerza. Así lo hicieron los formadores de la pública opinión con el masivo manejo de los periódicos, radios, revistas y películas.
Con esos instrumentos no dejaron resquicio sin atender, empezando por la penetración subliminal. El Mito Stalin "implicaba, dice Véale, transformar a Stalin en un progresista aunque sus métodos fueran algo duros: «Un liberalismo impaciente»". Esa era la opinión de los liberales norteamericanos y también ingleses.
Como derivación de la deificación de Stalin se creó el mito del partisano. Un idealista sincero que luchaba por la Patria-No abundaremos en este tema porque en el Rio de la Plata hemos soportado y soportamos la descomunal mentira al servicio de intereses inconfesables. El salvajismo delictivo se llamó "maquis", "guerrillero" o "partisano". Su especialidad eran soldados alemanes a los que buscaba sorprender desprevenidos para asesinarlos con armas blancas o disparando desde un lugar difícil de ubicar. De todas maneras bajo la apariencia de civiles cometían actos de terrorismo sobre los que no abundaremos por respeto al lector. En la ex Yugoeslavia ya disuelta en aquel entonces se desató un terror sin restricciones. Una guerra sucia que es la más terrible porque no se sabe de dónde van a partir los disparos de una ametralladora o el estallido de una bomba colocada en un bote de basura o en los rieles del ferrocarril llevando heridos del frente o material bélico. Paralizar por el terror era y es la consigna. Esto sucedió en Occidente con la perfecta coordinación de la Internacional Comunista recibiendo armas y dinero de los Estados Unidos y de Inglaterra.
TITO
A partir de 1944 los acontecimientos de los frentes mundiales favorecieron a Tito. Este apelativo del comunista que tiránicamente "gobernó" Yugoslavia entre 1945 y 1980 encierra un misterio. Veamos algunos datos para desembocar en la explicación que consideramos acertada.
El biógrafo ya citado, Jasper Ridley, da por sentado que su nombre era Josip Broz, nacido en Croacia en 1892. ¿Pero hay seguridad de lo afirmado? Ninguna. Habla de legajos eclesiásticos y líneas, más adelante expone que existe una partida de nacimiento de un sujeto del mismo nombre "nacido en Viena " al que se agrega un "certificado de defunción del mismo" estableciendo haber sido "muerto en el frente Cárpate" en 1915.
Estos documentos fueron enviados a Tito "por el gobierno austríaco cuando era presidente como pago por un servicio". Cuando Broz murió, el 4 de mayo de 1980, el documento fue extraído "de su escritorio y guardado en el sector de los archivos secretos de la Oficina de Guerra en Belgrado. Se ha dicho en corrillos populares y no tanto que era hijo ilegítimo de un noble húngaro de Eslovenia y hasta de Mr. Winston por las simpatías especiales que despertaba en el belicista inglés". No caben dudas que estuvo como prisionero de guerra en Rusia, donde combatió con los rojos y se convirtió en fervoroso comunista. El clero croata —expresa Ridley— estuvo propenso a creer que era judío: "El Obispo Lach era un convencido hasta que en 1946 aparecieron primos que lo conocían". ¡Oh, casualidad! En momentos en que alcanzaba el poder total. Ello no había sucedido ni en 1920 ni en 1945, nada menos que en su aldea natal Kumrovec. En varias fichas policiales declara distintas fechas de nacimiento. Reitera su mentira en un documento firmado cuando solicita su admisión en el Komintern' (Internacional Comunista).
De lo que no hay duda es que el fanático bolchevique toma su seudónimo con el que se hará mundialmente conocido: Tito. Lo forma con las iniciales de la "Taina Internalcionalja Terroristicka Organzacija" (Organización Secreta Terrorista Internacional).
Lo que señalo fue publicado por el escritor Antón Zischka, a quien la Editorial Noguer de Barcelona presentó como un experto difícil de refutar por sus conocimientos en el mundo cerrado del comunismo balcánico ("Esto También es Europa", Noguer, Libro documento, diciembre de 1961)
EL CRIMEN DE BLEIBURG
El triunfo de las hordas soviéticas y del capitalismo financiero marcó al planeta con el amoral reparto del mundo. Ciudades arrasadas con centenares de miles de muertos calcinados. Hiroshima, Nagasaki y Dresden son sólo tres ejemplos de los horrores demonio-cráticos. Europa estaba quebrada social, políticamente y hasta culturalmente. La ruindad de las fuerzas vencedoras inmisericordes superó todo lo que las mentes más perversas pueden imaginar.
La matanza de Bleiburg, genocidio oculto a la humanidad, fue como una piedra sillar del titoísmo. Quien se ocupó de este incalificable episodio fue el escritor francés Christophe Dolbeau. Su libro fue publicado con el título: "Bleiburg, Le crime oublié des allies".
El autor trata su excelente trabajo en la Revista "Ecrits de París" (Revue de questions actuelles) de junio de 1985. Nosotros tendremos el honor de transcribir párrafos de ese artículo pleno de verdades.
Helas aquí: "La matanza de los soldados y civiles croatas perpetradas por los comunistas de Tito, ya terminada la guerra, es decir después de la rendición. Recuerda Dolbeau que, al cabo de los años, el conocimiento de la opinión pública, en cuanto a muchos hechos ocurridos durante e inmediatamente del fin de la guerra es deficiente, como entonces. Ello se debe a una conspiración deliberadamente orquestada después de Nüremberg. Entre tales hechos horrendos se cuenta ¡a entrega de centenares de miles de soldados y civiles anticomunistas croatas por las autoridades británicas, cerca del pueblo de Bleiburg, al sur de Austria, y su ulterior degüello en masa ".
La tragedia comenzó el 6 de mayo de 1945. La mayor parte de esa enorme masa de hombres y mujeres y niños no alcanzó a cruzar el río Drava. Eran por lo menos trescientos mil entre hombres, mujeres, niños y ancianos e igual número de húngaros y alemanes.
Dolbeau describe las tratativas con los ingleses que las rechazaron obligándolos a rendirse a los comunistas de Tito. Así, el 15 de mayo de 1945 empieza la extradición seguida por las matanzas, que se prolongaron el mes siguiente.
Casi al final del largo artículo el investigador galo inquiere sobre la responsabilidad de los crímenes y apunta: "Este genocidio, es preciso saberlo, no fue un hecho de individuos descontrolados sino fruto de una política deliberada y de una orden formal de Tito..."
Así concluye el Historiador y Fiscal: "Tres veces más horrenda que el bombardeo nuclear de Hiroshima, la masacre de Bleiburg, sin embargo, parece no interesar a las «grandes conciencias» del Occidente. Sólo queda en la frontera (en aquel momento, acota quien esto escribe) Austro Yugoeslava un modesto monumento del martirio de esos millares de seres humanos sacrificados en el altar de Yalta".
El velo de silencio tendido por la plutocracias del Occidente ha escondido también que, desde 1948, cuando el tirano genocida de Yugoeslavia se distanció del bestial Stalin, los Estados Unidos volcaron en la gran mazmorra titoísta, más de mil millones de dólares, que representaban más del doble de lo que el ajusticiado Kennedy ofrecía a toda Iberoamérica (quinientos millones) en la trágica broma titulada "Alianza para el Progreso". •
Hay que correr la cortina y mostrar este horror oculto durante setenta años.
Al hablar de los que pergeñaban el mapa de la "nueva Europa", el lector debe tener presente que queremos especialmente referirnos al engendro denominado Yugoeslavia (estallado en pedazos a fines del siglo pasado) donde tendrían cabida serbios, croatas y demás eslavos del sur. En 1919 dos diplomáticos de esa nueva bomba a estallar se dirigieron a París a tratar los detalles finales. Pasic era el serbio que a pesar de su desagrado, tuvo que aceptar la decisión del Príncipe de Serbia, Alejandro, que lo acompañara Trumbic, un croata que como expresa la historiadora canadiense Mac Millan: "aunque pasó gran parte de su vida trabajando por un Estado yugoeslavo que incluyera a Serbia tenía a los serbios como marcados por sus largos años bajo la dominación turca".
USTACHA
La convivencia entre los dos grupos raciales existió apenas cinco años. En 1925 comenzaron a predominar los serbios en todas la estructuras del Estado, que pretendía ser federal. El asesinato del jefe del Parido Campesino Croata Radie, que intentaba recuperar los derechos legítimos de la católica Croacia, fue muerto a tiros en pleno parlamento por un diputado serbio.
Surge entonces con fuerza el Dr. Ante Pavelic con un amplio movimiento popular llamado "Ustacha", compuesto principalmente de intelectuales estudiantes y joven clero católico. Paralelamente y como una rama de los Ustacha, se organizaron los estudiantes secundarios con el lema "Defensa de la Patria ". Estos jóvenes fueron los que tiempo después pusieron las bases de la Croacia independiente.
El Rey Alejandro creyó que el Estado sólo podría salvarse con medidas extraordinarias luego de la muerte de Radie. Como consecuencia, tomó por un camino que tuvo un hito nefasto. El 6 de enero de 1929 abolió la Constitución y asumió la totalidad del Poder Público. Comenzó así la persecución serbia anticatólica y por ende anticroata. Todos los grupos formados, incluso las asociaciones confesionales, fueron disueltas. Tales disposiciones draconianas le costaron la vida al Rey Serbio en octubre de 1934 cuando iniciaba una visita a Francia. Un croata (no ustacha) disparó su revólver contra el coche oficial dándole muerte, no sólo al Monarca, sino también al Premier galo Jean Louis Barthou. La persecución se extendió y Pavelic solicitó asilo en Italia, el que le fue concedido por el Duce.
En toda Europa se encontraban campamentos de Ustachas exiliados exponiendo su pasión independentista para su heroica Patria. En vísperas de estallido del segundo capítulo de la gran guerra, el 26 de agosto de 1939, Croatas Serbios sellaron sus disputas en acuerdo solemne ante el Regente Pablo. Sin embargo la política yugoeslava de acercamiento económico con el Reich no era vista con indiferencia en las esferas del gobierno británico presidido por el maquiavélico Winston Churchill. Las libras de oro compraron gran parte del cuerpo de oficiales serbios encabezados por el general Simovic. El personaje de marras tenía vínculos con los Estados Unidos. Estos comenzaban nada menos que con Harry Hopkins, secreto agente comunista y Consejero de Roosevelt, quien como Presidente preparaba en esos momentos (1941) la incalificable traición de Pearl Harbor con la que conseguiría entrar en la guerra y salvar a la Unión Soviética. Simovic, según señala Walter Hagen, recibía "ayuda" financiera y moral desde Jew York y Washington.
Todo estaba a punto. El 25 de marzo de 1941 Simovic desencadenó el golpe de Estado. Tal fue la alegría de Mr. Winston Churchill que convocó al Parlamento e inició su discurso diciendo: "Por fin tengo para dar una buena noticia", refiriéndose a los sucesos en Yugoeslavia sobre la que se explayó largamente. El democrático general cipayo formó su gobierno e inmediatamente llamó a Mr. Ronald Campbell, embajador de Jorge VI, para ofrecer a Gran Bretaña bases militares en el territorio yugoeslavo.
La torpe traición al sudeste de Europa fue aprovechada también por Stalin que ordenó a Andrei Vichinsky que propusiera un tratado de alianza cuya principal estipulación sería que la URSS consideraría cualquier ataque contra Yugoeslavia como una agresión a Moscú. El nudo gordiano del torpe Simovic fue cortado en abril de ese año 1941 con la entrada de las tropas alemanas cruzando la frontera del reino federativo. Algunos días antes, exactamente el 10 de abril, un integrante de la "Ustacha," Kvaternik, proclamó en Agram la Independencia de Croacia.
CROACIA LIBRE
Siglos habían pasado de la pérdida de la soberanía de aquel pueblo de católicos guerreros y campesinos. Siempre, contra viento y marea, bastión imbatible de la Cristiandad integrando el Sacro Imperio Romano y luchando denodadamente contra el Turco brutal y sus pirámides de cabezas.
Con el andar de los tiempos, el coraje croata enfrentó los Ejércitos levantados por el radicalismo de la "Enciclopedista Ilustración masónica" corporizada como castigo demoníaco en la "revolución francesa".
Pero no perdamos el camino de la XX Centuria. Digamos algo reviendo esos días de abril de 1941. El Arzobispo Aloysius Stepinac celebró en Zagreb un solemne Te Deum por la PATRIA CROATA LIBERADA. El ejemplar sacerdote de Cristo preparó su martirio porque en 1946 fue "juzgado" y condenado a prisión perpetua. Falleció en la mazmorra socialista sufriendo la terminal leucemia.
El doctor Ante Pavelic y los exiliados Ustachas entraron en Agram y se hicieron cargo del Poder. El contento fue extraordinario, ya que el pueblo croata se sentía feliz con la posesión de la libertad. Era el niño salido de la Pila bautismal. La satisfacción y el entusiasmo aumentaron más cuando al regreso de su visita a Berlín, el 6 de mayo, Pavelic trajo la noticia de que el nuevo Estado comprendería todos los territorios que los croatas reivindicaban; es decir Bosnia y la Herzegovina, Dalmacia y la franja costera, Eslavonia y Zagoria.
El 22 de junio Hitler se adelantó al zarpazo que Stalin y Asia estaban a semanas de desencadenar. Era sin dudas el más gigantesco ataque jamás imaginado. La "Operación Barbarroja" (en honor al Emperador medieval Federico Hohestaufen) así lo comprobó cuando las Divisiones del Eje avanzaron imparables sin encontrar resistencia, destruyendo decenas de miles de tanques soviéticos y rodeando con brazos de acero a las hordas rojas que se rendían por cientos de miles. El Ejército Rojo era totalmente impotente ante la máquina germana.
Los hombres del Eje encontraban la miseria de obreros y campesinos. Aquella era obra de los Soviets, que el bolchaje del mundo exponía como un paraíso proletario. Las poblaciones liberadas recibían a los soldados de Europa con ramos de flores quedando asombradas al presenciar la reapertura de las Iglesias del Rito Cristiano Ortodoxo. Atrás quedaban los años en que habían sido incendiadas o convertidas con odio rabinico en miserables barracones.
LA PLUTOCRACIA EN ACCIÓN
Pero las Fuerzas Abisales se movieron. El "social comunismo real" no debía morir. A Stalin que ya boqueaba, se le prometió todo por parte capitalismo usurero y apatrida. Roosevelt provocó Pearl Harbor. La Plutocracia Internacional se alineó junto a la Bestia Soviética, a la que remitió lo que hoy equivale a miles de millones de dólares y material bélico sin tasa ni medida. Éste comenzó a llegar desde Irán, atropellado en su soberanía y ocupado por las fuerzas anglo norteamericanas y bolcheviques.
Se da en esta etapa lo que el Revisionismo Histórico auténtico nos muestra hoy en páginas llenas de valor, heroísmo y coraje sin igual. Allí estaban firmes, soldados profesionales y centenares de miles de voluntarios cristianos del maravilloso Occidente profundo. Citemos las cunas que dieron calores esos heroicos cruzados: España, Francia, Flandes, Valonia, Rusia, Italia, Bielorrusia, Rutenia, Holanda, Hungría, Albania, Croacia, Letonia, Lituania, Suecia, Noruega, Finlandia, Armenia. Cabe una mención especial además para la raza cosaca que odiada por la hez bolchevique estuvo al borde la exterminación a partir de 1922.
A esta altura de nuestro relato histórico no podemos menos que subrayar la barbarie de los "libertadores" que conformaban, al decir de Churchill, "La Gran Alianza portadora de la era del respeto a los derechos humanos". Sólo un ejemplo. Terminada la guerra casi todos los cosacos prisioneros fueron reunidos en Austria y repatriados a la URSS en la "Operación Keelhaul". La vergonzosa acción estuvo a cargo de fuerzas británicas y estadounidenses en Italia entre el 14 de agosto de 1946 y el 9 de mayo de 1947 destinada a repatriar a ex ciudadanos soviéticos. Condenó a muerte a decenas de miles de personas.
En uno de sus libros el notable historiador J. P. Véale expresa que la característica de la propaganda democrática durante la guerra mundial en su segunda etapa fue crear mitos. Éstos son nada más y nada menos que inventos de ideas fuerza. Así lo hicieron los formadores de la pública opinión con el masivo manejo de los periódicos, radios, revistas y películas.
Con esos instrumentos no dejaron resquicio sin atender, empezando por la penetración subliminal. El Mito Stalin "implicaba, dice Véale, transformar a Stalin en un progresista aunque sus métodos fueran algo duros: «Un liberalismo impaciente»". Esa era la opinión de los liberales norteamericanos y también ingleses.
Como derivación de la deificación de Stalin se creó el mito del partisano. Un idealista sincero que luchaba por la Patria-No abundaremos en este tema porque en el Rio de la Plata hemos soportado y soportamos la descomunal mentira al servicio de intereses inconfesables. El salvajismo delictivo se llamó "maquis", "guerrillero" o "partisano". Su especialidad eran soldados alemanes a los que buscaba sorprender desprevenidos para asesinarlos con armas blancas o disparando desde un lugar difícil de ubicar. De todas maneras bajo la apariencia de civiles cometían actos de terrorismo sobre los que no abundaremos por respeto al lector. En la ex Yugoeslavia ya disuelta en aquel entonces se desató un terror sin restricciones. Una guerra sucia que es la más terrible porque no se sabe de dónde van a partir los disparos de una ametralladora o el estallido de una bomba colocada en un bote de basura o en los rieles del ferrocarril llevando heridos del frente o material bélico. Paralizar por el terror era y es la consigna. Esto sucedió en Occidente con la perfecta coordinación de la Internacional Comunista recibiendo armas y dinero de los Estados Unidos y de Inglaterra.
TITO
A partir de 1944 los acontecimientos de los frentes mundiales favorecieron a Tito. Este apelativo del comunista que tiránicamente "gobernó" Yugoslavia entre 1945 y 1980 encierra un misterio. Veamos algunos datos para desembocar en la explicación que consideramos acertada.
El biógrafo ya citado, Jasper Ridley, da por sentado que su nombre era Josip Broz, nacido en Croacia en 1892. ¿Pero hay seguridad de lo afirmado? Ninguna. Habla de legajos eclesiásticos y líneas, más adelante expone que existe una partida de nacimiento de un sujeto del mismo nombre "nacido en Viena " al que se agrega un "certificado de defunción del mismo" estableciendo haber sido "muerto en el frente Cárpate" en 1915.
Estos documentos fueron enviados a Tito "por el gobierno austríaco cuando era presidente como pago por un servicio". Cuando Broz murió, el 4 de mayo de 1980, el documento fue extraído "de su escritorio y guardado en el sector de los archivos secretos de la Oficina de Guerra en Belgrado. Se ha dicho en corrillos populares y no tanto que era hijo ilegítimo de un noble húngaro de Eslovenia y hasta de Mr. Winston por las simpatías especiales que despertaba en el belicista inglés". No caben dudas que estuvo como prisionero de guerra en Rusia, donde combatió con los rojos y se convirtió en fervoroso comunista. El clero croata —expresa Ridley— estuvo propenso a creer que era judío: "El Obispo Lach era un convencido hasta que en 1946 aparecieron primos que lo conocían". ¡Oh, casualidad! En momentos en que alcanzaba el poder total. Ello no había sucedido ni en 1920 ni en 1945, nada menos que en su aldea natal Kumrovec. En varias fichas policiales declara distintas fechas de nacimiento. Reitera su mentira en un documento firmado cuando solicita su admisión en el Komintern' (Internacional Comunista).
De lo que no hay duda es que el fanático bolchevique toma su seudónimo con el que se hará mundialmente conocido: Tito. Lo forma con las iniciales de la "Taina Internalcionalja Terroristicka Organzacija" (Organización Secreta Terrorista Internacional).
Lo que señalo fue publicado por el escritor Antón Zischka, a quien la Editorial Noguer de Barcelona presentó como un experto difícil de refutar por sus conocimientos en el mundo cerrado del comunismo balcánico ("Esto También es Europa", Noguer, Libro documento, diciembre de 1961)
EL CRIMEN DE BLEIBURG
El triunfo de las hordas soviéticas y del capitalismo financiero marcó al planeta con el amoral reparto del mundo. Ciudades arrasadas con centenares de miles de muertos calcinados. Hiroshima, Nagasaki y Dresden son sólo tres ejemplos de los horrores demonio-cráticos. Europa estaba quebrada social, políticamente y hasta culturalmente. La ruindad de las fuerzas vencedoras inmisericordes superó todo lo que las mentes más perversas pueden imaginar.
La matanza de Bleiburg, genocidio oculto a la humanidad, fue como una piedra sillar del titoísmo. Quien se ocupó de este incalificable episodio fue el escritor francés Christophe Dolbeau. Su libro fue publicado con el título: "Bleiburg, Le crime oublié des allies".
El autor trata su excelente trabajo en la Revista "Ecrits de París" (Revue de questions actuelles) de junio de 1985. Nosotros tendremos el honor de transcribir párrafos de ese artículo pleno de verdades.
Helas aquí: "La matanza de los soldados y civiles croatas perpetradas por los comunistas de Tito, ya terminada la guerra, es decir después de la rendición. Recuerda Dolbeau que, al cabo de los años, el conocimiento de la opinión pública, en cuanto a muchos hechos ocurridos durante e inmediatamente del fin de la guerra es deficiente, como entonces. Ello se debe a una conspiración deliberadamente orquestada después de Nüremberg. Entre tales hechos horrendos se cuenta ¡a entrega de centenares de miles de soldados y civiles anticomunistas croatas por las autoridades británicas, cerca del pueblo de Bleiburg, al sur de Austria, y su ulterior degüello en masa ".
La tragedia comenzó el 6 de mayo de 1945. La mayor parte de esa enorme masa de hombres y mujeres y niños no alcanzó a cruzar el río Drava. Eran por lo menos trescientos mil entre hombres, mujeres, niños y ancianos e igual número de húngaros y alemanes.
Dolbeau describe las tratativas con los ingleses que las rechazaron obligándolos a rendirse a los comunistas de Tito. Así, el 15 de mayo de 1945 empieza la extradición seguida por las matanzas, que se prolongaron el mes siguiente.
Casi al final del largo artículo el investigador galo inquiere sobre la responsabilidad de los crímenes y apunta: "Este genocidio, es preciso saberlo, no fue un hecho de individuos descontrolados sino fruto de una política deliberada y de una orden formal de Tito..."
Así concluye el Historiador y Fiscal: "Tres veces más horrenda que el bombardeo nuclear de Hiroshima, la masacre de Bleiburg, sin embargo, parece no interesar a las «grandes conciencias» del Occidente. Sólo queda en la frontera (en aquel momento, acota quien esto escribe) Austro Yugoeslava un modesto monumento del martirio de esos millares de seres humanos sacrificados en el altar de Yalta".
El velo de silencio tendido por la plutocracias del Occidente ha escondido también que, desde 1948, cuando el tirano genocida de Yugoeslavia se distanció del bestial Stalin, los Estados Unidos volcaron en la gran mazmorra titoísta, más de mil millones de dólares, que representaban más del doble de lo que el ajusticiado Kennedy ofrecía a toda Iberoamérica (quinientos millones) en la trágica broma titulada "Alianza para el Progreso". •


