BIOGRÁFICASPublicado por Revista Cabildo Nº 112
Romerito, el poder y la prensa
Por Eugenio RODRÍGUEZ MARANGONI
Mes Marzo/Abril de 2015 3era. Época
Nos dicen que Luis Alberto Romero, (a) Romerito, hijo de José Luis, un hombre de izquierda moderada y talentoso ensayista, es un curioso ejemplar de las fauna universitaria reformista digno de ser estudiado con detenimiento zoológico. No como investigador, que no lo es, ni como diestro aficionado a la composición de textos de historia a partir de libros ajenos.PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
No es esta cómoda y últimamente rentable habilidad lo que queremos destacar aquí, sino aquella otra capacidad, que es la de escalar posiciones y tocar el poder desde una profesión desprestigiada, a veces con justicia y hoy más que nunca, conclusión a la que se llega por el simple hábito de la lectura.
Quienes mal lo quieren con buenas razones y se han ocupado de seguir su sinuosa trayectoria desde los años 70, siempre recuerdan de Romerito su colaboración en el periódico "Convicción", vocero del proyecto presidencial del Almirante Massera, y su condición de Asesor Pedagógico del Brigadier Cacciatore durante el proceso de Reorganización Nacional, lo que no es malo de por sí sino solamente cuando se lo contrasta con su exacerbado democratismo actual con el que quizás quiere ocultar su anterior "desliz", que lo ha transigurado de "enano fascista", según frase estúpida de su hechura, a "gigante socialdemócrata". Pero todo está perdonado a los conversos a la nueva religión.
Que Romerito sea democrático o que oculte bajo este ropaje su naturaleza verdaderamente autocrática, poco importa. Cada cual con sus taras a cuestas. Lo que resulta inadmisible para muchos, entre los que ciertamente nos incluimos, es otra cosa: su extraordinaria proyección en el ámbito cultural oficial en contraste con su insolvencia intelectual.
La crónica nos cuenta que a partir de 1983 Romerito pegó el gran salto que lo sacó de una subsistencia gris. Entró por las puertas grandes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, al fin y al cabo la casa de donde egresó, y como forastero por la ventana al CONICET, abierta generosamente de par en par por Carlos R. Abeledo para que una turbamulta de izquierda controlara sus estructuras. En ese organismo no sólo ascendió con la velocidad de un ascensor fabricado con tecnología de punta, sino que integró cuanta Comisión Asesora se constituyó para fulminar con su pedantería de sabelotodo a cualquier esforzado investigador que se le cruzara y fuera sospechoso de no integrar la corporación de profesionales de la historia social —definida a priori como la forma historiográfica por excelencia, única admisible— cuya jefatura asumió por decisión propia.
Por lo que respecta a la Facultad de Filosofía y Letras, la irrupción de Romerito fue igualmente fulgurante pero menos estrepitosa. No ocupó allí los espacios que no quiso ocupar y ocupó a antojo todos los que quiso, para ejercer poder, por supuesto que discrecionalmente porque no lo concibe de otro modo aunque clame contra las dictaduras. Ya al frente de la cátedra de Historia Social General, ya como jurado de tesis, ya como evaluador en concursos, ya como mero influyente a trastiendas.
Los memoriosos nos dicen que no recuerdan persona que haya transitado los ámbitos académico! con tanto poder como Romerito Por lo menos ninguna que haya disfrutado ese poder con tanto capricho, impunidad y desprecio por las normas éticas. Con unos pocos cobres como todo bagaje intelectual este rey del refrito, hijo de la fortuna y de la inescrupulosidad, supo remar a favor de las corrientes de izquierda que predominaban en el país y pronto pasó a expresarse en las páginas "culturales" de "Clarín", desde donde comenzó a desfogar su fobia antinacionalista.
¿Quién no recuerda los despreciativos comentarios bibliográficos que prodigó a honestos y calificados historiadores habituados a frecuentar archivos y escribir sin la cita obligada de Halperín Donghi?
¿Quién no recuerda un idéntico uso del espacio en las páginas de "Todo es Historia"? Pero no solo el diario de Noble le ofreció su servicio de meretriz incondicional, sino que también lo hizo y lo sigue haciendo "La Nación" ¿Para qué?. Para seguir con su extraviada predica que atribuye al nacionalismo argentino todos los males que su menguado caletre puede imaginar.
Así, presentar, por ejemplo, el Combate de la Vuelta de Obligado como una derrota sin considerar sus consecuencias y el contexto diplomático que nos llevó a triunfar sobre Inglaterra y Francia.
O proponer, como lo ha hecho recientemente, en lugar del 2 de abril, el festejo de la rendición de Puerto Argentino el 14 de junio. Esto a uno con Beatriz Sarlo, su socia en el Club Político Argentino, quien manifestó no hace mucho el deseo que la animaba de que los argentinos fueran derrotados en la Guerra de la Malvinas solo por "odio" a los militares. Con lo que está todo dicho sobre la catadura moral de ambos.
Hace no muchos años Romerito —¡qué bien le sienta el diminutivo!—, celebrado por su claque con la patente paradójica de "gran historiador", hubo de probar una medicina en verdad amarga, que es la que él mismo supo recetar sin tasa, como el ricino de Mussolini, en sus tiempos de estudiante allá por la década del 60. Por buenas o malas razones, a Romerito le habían creado una cátedra paralela, rompiendo el monopolio inmisericorde de la cátedra que había ejercido por años envenenando con su charla insustancial a centenares de estudiantes. ¡Ironías del destino en disfavor de este vacuo y amanerado cultor del sarcasmo y la ironía!
Dejemos de lado por un segundo a este personaje y detengámonos a reflexionar sobre un hecho bastante paradoja!, ejemplo fantástico de lo que pueden las relaciones de poder. La creación de cátedras paralelas son un fenómeno frecuente en la historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Hasta diríamos que forma parte de sus rutinas domésticas. De este modo han pasado inadvertidas multitud de casos sin que nadie se enterara porque, al parecer, a nadie le interesaba el tema y mucho menos, a los medios periodísticos. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando fue Romerito la "víctima" de la práctica que supo alentar y años después se le había vuelto en contra. El hecho no hubiera merecido más que dos líneas ea la sección necrológica, un q.e.p.d. piadoso sobre la tumba de la historia social en su versión romerista.
Sin embargo, hete aquí lo asombroso: el minúsculo episodio movilizó a los susodichos matutinos y también a Página 12, bien calificada como una cloaca a cielo abierto. Todos dedicaron varias columnas durante varios días para hacer de aquel soplido un huracán.
Nunca se había visto cosa igual. Los medios aplicados prolija y abundantemente a describir y comentar un hecho académico farandulesco digno de una puja entre bataclanas. Y por si lo señalado fuera poco, desde Berkeley saltó el finado Tulio Halperín Donghi, maestro confuso de la historia confusa, para escribir un artículo, confuso también, en defensa de su pollo, injustamente picoteado por estudiantes y docentes ubicados un poco más a la izquierda que él. Y hasta el propio Daniel Filmus despertó de su siesta ministerial para interesarse por la suerte del tan egregio profesor, según nos informó "Clarín" el 27 de abril de 2004.
¡Pobre Romerito. ¿Pobre? No. Debe haber cosechado buenos dineros en el decurso de su ubicua trayectoria. Ayer, asesorando a Cacciatore; hoy fingiendo oposición a un gobierno que colmó todas las apetencias de su ideario cultural izquierdoso, antinacional y anticatólico. •


