ELECTORALES
Publicado por Revista Cabildo Nº 112
Meses Marzo-Abril 2015 3era.Época
Hernán CAPIZZANO
Curiosidad de un año electoral
"Nacionalistas pro"
A falsa guerrilla entre "Clarín " y el Gobierno Kirchnerista ha tenido un nuevo capítulo. La denuncia periodística por cuentas secretas regenteadas por Máximo Kirchner llevó al joven magnate a las tapas de la prensa "seria e independiente". Era lo que él necesitaba, ser tapa en el medio de mayor repercusión, aún en un supuesto terreno enemigo: sea lo que fuere, una tapa es una fuerte presentación.
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Al fin y al cabo, ¿asusta a alguien una nueva denuncia? Digámoslo con todas las letras: las denuncias son tantas que poco dicen a la mayor parte de la población. Ni que hablar ante la opinión de la masa kirchnerista.
¿Cómo devolvió el Máximo ese supuesto "escrache"? Con una clásica desmentida, que poco nos importa, pero con un favor que coloca en el centro de la escena a otro protagonista: mencionó a Mauricio Macri en su comunicado oficial. El hacedor del Metrobús ha sido el elegido para hacer el papel de "enemigo". Una vez más, la falsa guerrilla entre "Clarín" y el Gobierno Kichnerista, logra a través de la polariza¬ción mantener entretenidos a la masa que los mira por TV. Sólo un ingenuo o un cómplice podrá seguir creyendo en esta falsa contienda y pasar por alto la unidad de intereses entre el kichnerismo y el grupo mediático más importante operando para Macri.
Por todo esto y mucho más resulta muy curioso que en los últimos meses hayan surgido algunas voces, que autocalificándose como nacionalistas, promueven la candidatura de Macri en particular y del Pro en general. Las redes sociales son testigos de esta rareza digna de un programa especial para Capusotto. Nuestra buena voluntad no desea despreciar la fe ingenua de estos presuntos amigos pero sí ponerlos en autos del significado concreto de apoyar una plataforma ideológica nefasta como la del Pro.
Y hemos advertido que en gran parte esta toma de partido tiene que ver con la desesperanza o la desesperación. Es una posición que llamamos "anti-K": detrás de esta no se puede ver el bosque. Todo lo justifica el ser un anti-K: marchar por Nisman, rezarle a San Videla o prenderle una vela a Macri es un acto de militancia y compromiso.
Según estos amigos, Macri y el Pro son la única alternativa viable al modelo que nos esclaviza desde hace más de diez años. Un acto de sincericidio debiera convencerlos de completar una simple ficha de afiliación y dejar de llamarse nacionalistas. Porque si bien el término puede ser amplio en su concepción, no puede serlo tanto que enmarque entre sus límites a una praxis política e ideológica que tiene a la entrega y la corrupción como propias de su estilo.
Es curioso, decíamos, que no sólo supuestos nacionalistas sino también católicos de vida observante suelen expresar que el Pro es la única salvaguarda de lo que queda. Responden a un estereotipo ya anacrónico.
Hay varios motivos por los cuales quien se dice nacionalista no puede adherir al Pro. Si hemos de trazar una escala de importancia, podríamos poner en primer lugar la cuestión de la vida humana.
En efecto, nadie puede quitar la vida ajena inocente, sin embargo hacia noviembre de 2014 salieron a la luz pública las negociaciones entre Patricia Bullrich (Pro) y legisladores del kichnerismo. El desaguisado tuvo como objetivo que la Comisión de Legislación Penal pusiera en debate la cuestión del aborto. En términos políticos, abrir el abanico y una vez más, como tantas, ir naturalizando la situación. Un juego peligroso que a todas luces tiene que ver con el ir y venir propio de esa estrategia. No es de extrañar que a las pocas horas, según conviniera al péndulo oportunista, el mismo Macri hiciera profesión de fe por la vida. La Presidenta de la Nación ha hecho y hace exactamente lo mismo. Es que en definitiva, son políticos que se aunan bajo el paraguas de liberalismo extremo en temas de moral, salud y educación.
Pero pasemos a otras cuestiones sensibles: los Derechos Humanos. Hay entre muchos de quienes se encuentran entre rejas un convencimiento general de que sus causas caerán como por arte de magia con una victoria macrista. Desconocemos absolutamente el fundamento de tal convicción, pero si a algunos el pasado los condena, debe comenzarse por el propio Macri: ¿Quién puede desconocer que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires bajo su gestión dispuso de mayor presupuesto que la Nación para mantener los espacios llamados para la Memoria, la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos? (ESMA); ¿puede desconocerse que a mediados de 2014 fue el Pro quien negoció con el Frente para la Victoria el traspaso a la Nación de los ex centros de detención?
¿Y qué decir de la economía?, pieza fundamental en un partido como el Pro donde la adhesión al "mercado" es prácticamente una religión. ¿Piensan nuestros amigos que el interés nacional estará como la prioridad absoluta en las medidas de conjunto? Más aún, que el bienestar general... ¿se convertirá en la regla directriz de sus iniciativas?
Alguien, por traer un simple ejemplo casi al azar, ¿ha visitado algunos de los hospitales porteños para conocer cómo se aplica el presupuesto? Una simple visita al Hospital Dr. Ramos Mejía especialmente en horas de la noche podrá ubicar en su puesto a quien dude de esta apreciación.
Hay mucho más. Podría afinase la puntería sobre todos y cada uno de los temas más o menos candentes. Pero no vale la pena mal gastar estas páginas. Vaya simplemente este exordio para desmitificar un estereotipo propio de la Guerra Fría y por ende anacrónico: no hay antagonismos reales entre la Oposición y el Gobierno, hay distintos barnices para un mismo proyecto: el de una Argentina a los pies del "mercado" y renunciante ante su vocación de grandeza. Nos preguntarán estos amigos desesperados ¿qué hacer? ¿cuál es la propuesta entonces? Por lo pronto difundir el nacionalismo, formar cuadros, estudiar y trazar programas, trabajar en la atracción —no repulsión de la gente—. preparar el terreno.
Claro, son cuestiones a mediano o largo plazo. Pero en la labor silenciosa, activa y reflexiva a la vez, se logrará ir plasmando en el entendimiento de nuestros compatriotas que si bien los nacionalistas pueden no estar en condiciones de salvar políticamente a la Patria, sí lo harán sus ideas y principios.
Pues ellos no son más que una cuestión de orden natural. Dios y las variables de la historia, que no podemos siquiera imaginar, pueden dar a luz a un país que aún conserva reservas en todos y cada uno de sus rincones. •
¿Cómo devolvió el Máximo ese supuesto "escrache"? Con una clásica desmentida, que poco nos importa, pero con un favor que coloca en el centro de la escena a otro protagonista: mencionó a Mauricio Macri en su comunicado oficial. El hacedor del Metrobús ha sido el elegido para hacer el papel de "enemigo". Una vez más, la falsa guerrilla entre "Clarín" y el Gobierno Kichnerista, logra a través de la polariza¬ción mantener entretenidos a la masa que los mira por TV. Sólo un ingenuo o un cómplice podrá seguir creyendo en esta falsa contienda y pasar por alto la unidad de intereses entre el kichnerismo y el grupo mediático más importante operando para Macri.
Por todo esto y mucho más resulta muy curioso que en los últimos meses hayan surgido algunas voces, que autocalificándose como nacionalistas, promueven la candidatura de Macri en particular y del Pro en general. Las redes sociales son testigos de esta rareza digna de un programa especial para Capusotto. Nuestra buena voluntad no desea despreciar la fe ingenua de estos presuntos amigos pero sí ponerlos en autos del significado concreto de apoyar una plataforma ideológica nefasta como la del Pro.
Y hemos advertido que en gran parte esta toma de partido tiene que ver con la desesperanza o la desesperación. Es una posición que llamamos "anti-K": detrás de esta no se puede ver el bosque. Todo lo justifica el ser un anti-K: marchar por Nisman, rezarle a San Videla o prenderle una vela a Macri es un acto de militancia y compromiso.
Según estos amigos, Macri y el Pro son la única alternativa viable al modelo que nos esclaviza desde hace más de diez años. Un acto de sincericidio debiera convencerlos de completar una simple ficha de afiliación y dejar de llamarse nacionalistas. Porque si bien el término puede ser amplio en su concepción, no puede serlo tanto que enmarque entre sus límites a una praxis política e ideológica que tiene a la entrega y la corrupción como propias de su estilo.
Es curioso, decíamos, que no sólo supuestos nacionalistas sino también católicos de vida observante suelen expresar que el Pro es la única salvaguarda de lo que queda. Responden a un estereotipo ya anacrónico.
Hay varios motivos por los cuales quien se dice nacionalista no puede adherir al Pro. Si hemos de trazar una escala de importancia, podríamos poner en primer lugar la cuestión de la vida humana.
En efecto, nadie puede quitar la vida ajena inocente, sin embargo hacia noviembre de 2014 salieron a la luz pública las negociaciones entre Patricia Bullrich (Pro) y legisladores del kichnerismo. El desaguisado tuvo como objetivo que la Comisión de Legislación Penal pusiera en debate la cuestión del aborto. En términos políticos, abrir el abanico y una vez más, como tantas, ir naturalizando la situación. Un juego peligroso que a todas luces tiene que ver con el ir y venir propio de esa estrategia. No es de extrañar que a las pocas horas, según conviniera al péndulo oportunista, el mismo Macri hiciera profesión de fe por la vida. La Presidenta de la Nación ha hecho y hace exactamente lo mismo. Es que en definitiva, son políticos que se aunan bajo el paraguas de liberalismo extremo en temas de moral, salud y educación.
Pero pasemos a otras cuestiones sensibles: los Derechos Humanos. Hay entre muchos de quienes se encuentran entre rejas un convencimiento general de que sus causas caerán como por arte de magia con una victoria macrista. Desconocemos absolutamente el fundamento de tal convicción, pero si a algunos el pasado los condena, debe comenzarse por el propio Macri: ¿Quién puede desconocer que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires bajo su gestión dispuso de mayor presupuesto que la Nación para mantener los espacios llamados para la Memoria, la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos? (ESMA); ¿puede desconocerse que a mediados de 2014 fue el Pro quien negoció con el Frente para la Victoria el traspaso a la Nación de los ex centros de detención?
¿Y qué decir de la economía?, pieza fundamental en un partido como el Pro donde la adhesión al "mercado" es prácticamente una religión. ¿Piensan nuestros amigos que el interés nacional estará como la prioridad absoluta en las medidas de conjunto? Más aún, que el bienestar general... ¿se convertirá en la regla directriz de sus iniciativas?
Alguien, por traer un simple ejemplo casi al azar, ¿ha visitado algunos de los hospitales porteños para conocer cómo se aplica el presupuesto? Una simple visita al Hospital Dr. Ramos Mejía especialmente en horas de la noche podrá ubicar en su puesto a quien dude de esta apreciación.
Hay mucho más. Podría afinase la puntería sobre todos y cada uno de los temas más o menos candentes. Pero no vale la pena mal gastar estas páginas. Vaya simplemente este exordio para desmitificar un estereotipo propio de la Guerra Fría y por ende anacrónico: no hay antagonismos reales entre la Oposición y el Gobierno, hay distintos barnices para un mismo proyecto: el de una Argentina a los pies del "mercado" y renunciante ante su vocación de grandeza. Nos preguntarán estos amigos desesperados ¿qué hacer? ¿cuál es la propuesta entonces? Por lo pronto difundir el nacionalismo, formar cuadros, estudiar y trazar programas, trabajar en la atracción —no repulsión de la gente—. preparar el terreno.
Claro, son cuestiones a mediano o largo plazo. Pero en la labor silenciosa, activa y reflexiva a la vez, se logrará ir plasmando en el entendimiento de nuestros compatriotas que si bien los nacionalistas pueden no estar en condiciones de salvar políticamente a la Patria, sí lo harán sus ideas y principios.
Pues ellos no son más que una cuestión de orden natural. Dios y las variables de la historia, que no podemos siquiera imaginar, pueden dar a luz a un país que aún conserva reservas en todos y cada uno de sus rincones. •


