PRIMAVERA PARA ELISABET
Argentina dejó de ser República y acaso, hermosa palabra la palabra
"acaso" aunque -a veces- pueda tener connotaciones terribles, esté
dejando también de ser un país; sin embargo en este territorio habitado
por gente irracional, acá donde la ficción es una bestia obesa que se
alimenta de la realidad, todo puede suceder. No hay historias que
puedan, a priori, ser desechadas por disparatadas.
Así es posible pretender escribir ficciones humorísticas y resultar el
intento un crudo choque con la realidad. Convengamos que los mitos y
leyendas nos atraen más que la verdad, por ejemplo: la Argentina
Potencia fue una ambición legítima devenida expresión propia de
sobremesas opíparas con profuso riego etílico, por eso a nuestro ser
nacional le bastó imaginarse antes que ser, entonces disfrutamos el
futuro siendo los mejores entre los mejores desde la bamboleante
perspectiva del holgazán que, agotado por el esfuerzo de llegar de la
mesa a la cama, se convence, sin necesidad de grandes argumentos, sobre
la conveniencia de aguardar al otro lunes para empezar a cambiar sueños
por realidad. Soñar es fácil, y si hacer los sueños realidad no resulta
igual de sencillo basta conformarse con seguir el ensueño hasta que,
por alguna mágica intervención del destino, la realidad se ablande un
poco. Bah! un poco no: bastante, porque mientras sea más dura que soñar
es preferible esperar, ¡si soñar no cuesta nada!... Como decía Fatiga en
la barra de la esquina: "Trabajás, te cansás... ¿qué ganás?".
A horas casi de las elecciones primarias para elegir Presidente y otros
cargos, los discursos de campaña eluden prometer esfuerzo, el
proselitismo se hace con abrazos y sonrisas plagiadas que son augurios
de felicidades por venir. Sonríe el oficialista Daniel Scioli
prometiendo que "no vas a perder lo que tenés y vas a ganar lo que te
falta", todo con fe y optimismo, sin pensar en la década robada. Sonríe
también, aunque menos, Sergio Massa, el desencantado del modelo que tras
preguntar "¿taj ahí?" promete endurecer las penas de los delitos; como
si alguna vez se hubiera resuelto algo de la inseguridad por la
formalidad de leyes duras que no se cumplen. Y sonríe, incluso baila,
Mauricio Macri prometiendo que Aerolíneas Argentinas seguirá estatal, el
opositor que no quiere parecerlo tanto y al cual votaré por descarte,
con la leve esperanza de haberlo escuchado decir: "Vos tenés que
respetar la Constitución, no podés estar por arriba de la ley".
Esa es la tristeza de la vida política argentina, que de tan pobre ya es
miseria. La vivimos obligados a bajar la vara casi al ras del piso para
conformarnos con una promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución
Nacional, lo básico y mínimo.
Nadie entre nosotros promete las lágrimas, el sudor y la sangre con que
lideres democráticos han sabido exaltar la abnegación patriótica de sus
pueblos en circunstancias adversas, cuando la historia impone optar
entre aceptar la decadencia o buscar la grandeza. No hay un Churchill,
ni un Kennedy, en la menos que mediocre dirigencia argentina. Y en este
contexto de territorio con gente arriba, Cristina Fernández de Kirchner
esbozó una justificación del nazismo con tufo a confesión kirchnerista.
Ella, quien tantas veces sostuvo que Néstor Kirchner llegó en 2003 a un
país devastado, explica ahora que Adolfo Hitler llegó porque Alemania había sido humillada. El paralelo es evidente.
Necesariamente el proyecto totalitario del kirchnerismo, con mucho de
stalinismo porque son comunistas, tiene puntos de contacto con el
nazismo, especialmente en el uso inescrupuloso de los medios del Estado
para montar un importante aparato de propaganda y control social. Y si
bien los tiempos han cambiado haciendo disimular la brutalidad, a veces
los kirchneristas se sienten tan impunes, tan convencidos de poder obrar
a sus anchas en una sociedad desmemoriada, como para copiar sin tapujos
la propaganda nazi.
Es tan serio que merece ser tomado en broma. Y es que, tal como me
enseñó el Dr. Horacio Vaccari, cuando el humor se pierde todo está
perdido. Luego es fácil comprender porque Mel Brooks y otros humoristas
extranjeros han hecho humor sobre Argentina como refugio de nazis. Pero,
como el país es difuso en lo que a diferenciar realidad de ficción se
refiere, también podría resultar que aquella anécdota contada por Carlos
Perciavalle sobre que, en 1968 junto a China Zorrilla, conoció a Adolfo Hitler y Eva Braun en Bariloche,
no fuera tan delirante como el perfil del gran cómico uruguayo hiciera
suponer. Así como hace poco fue noticia el descubrimiento de ruinas nazis en Misiones,
quizá surja nueva evidencia para sostener que Adolf Hitler no se
suicidó en 1945, bien podría ser cierto que escapara hacia la Argentina y
se haya dedicado a dar clases de oratoria...
Está bien, admito que cualquiera cruza las manos sobre el pecho en un
discurso. Eso sí, no olvidemos que lo que no hace cualquiera es copiar
los afiches del Partido Nazi. De todas formas el modo de bailar que
exhibió en Cristina Fernández en sus tiempos de vestir luto es
sospechoso. Nótese la correspondencia de su coreografía con la línea de
expresión corporal, onda fiebre de sábado por la noche, en la versión
alocada del propio Adolf.
En la película del 2005 "The producers" (Los Productores), el personaje
interpretado por Will Ferrel es Franz Liebkind un compositor nazi autor
de "Primavera para Hitler"; un bodrio tal que, a criterio de los
protagonistas, dos productores teatrales, les garantizaba el fracaso que
buscaban para consumar su estafa y convertirse en millonarios. En un
pasaje memorable, Franz asegura que el nombre completo del Führer era
"Adolf Elizabeth Hitler". Ajá! Pues bien, ¿cuál es el segundo nombre de
la conductora del proyecto kirchnerista?; ¡Sí!: ¡Elisabet! Es, por
cierto, una buena explicación para ese baile estilo "La jaula de las
locas" o Locomía que exhibe el Führer (no confundir con "El Furia") en
esa foto, mucho antes de la psicodelia y la música a gogó.
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| "¡Por favor, Corbat! ¿Cómo se te ocurre que haya similitud?" |
Supongamos que el viejo Adolfo estuvo alguna vez por Tolosa, no digamos
que haya sido el padre porque eso sería "too much", como suele exclamar
CFK para mostrar sus amplios conocimientos idiomáticos sólo comparables
con su saber de la historia. Pero supongamos que, en algún momento, pasó
por Tolosa y esa afinidad de compartir el mismo segundo nombre despertó
una simpatía entre la niña Cristina y el abuelito bávaro. Pudo ocurrir,
esto es Argentina, que Adolf notara en la pequeña cierto carácter, un
no sé qué gestual que lo impulsara a darle algunos tips (claro que no se
decía "tips" en ese tiempo) para mejorar su histrionismo. Cosas como la
importancia de señalar con el dedito acusador y usarlo, por ejemplo,
para escrachar a otros abuelitos, digamos los amarretes. El dedo índice,
como se sabe, es un arma fundamental para todo aspirante a dictador.
Hasta es posible que, antes de volverse a Bariloche, le haya trasmitido
algunos consejos de la más avanzada teoría oratoria, como éste, acaso
expresado con esa simpática tonada de los gauchos alemanes:
"Siejmpre, mi gerida Elisabet, rejcuerda ésta enseñanza de tu tío Adolf Elizabeth: cuando des un discurso habla para el más idiota del auditorio; tu le hablas al más idiota y todos los demás bajarán a su nivel de infradotado para mostrarte cuán obsecuentes son".
Y vaya que hizo escuela, porque ese infradotado, prototipo del perfecto
idiota latinoamericano que decía seguir a CFK por valores y principios
¿?, ese que repetía sin cansarse que Daniel Scioli era "el manco del
espanto", ahora no solamente lo considera "el hombre del proyecto" y "el
salvador del modelo" sino que va a sus actos de campaña y cuando lo
escucha hablar cree, sin equivocarse, que habla para él.
Argentina, país de buena gente...
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha






