ES CATOLICO DECIR: FRANCISCO BERGOGLIO NO ESL PAPA DE LA IGLESIA CAOLICA
«La
fe es obra del Espíritu Santo, es un don de Mi Corazón traspasado; ella
exige que se confíen al plan salvífico del Padre, aun en los
sufrimientos y en las pruebas…» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Yo bendigo a quienes escuchan Mi Palabra”, 10/05/1996, pág. 6) (PDF)
La
fe no es la obra de la inteligencia humana, sino de la Mente de Dios en
cada alma. Es lo que Dios piensa, planea. Es lo que Dios decide en Su
Espíritu. Es como Dios lo ve, no como los hombres lo entienden. Po eso:
«Un
corazón dividido no está hecho para Mí. Soy esposo celoso, reclamo
enteramente para Mí el corazón del alma esposa. La santidad perfecta
consiste en no querer rehusar nada al Amor». (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Un corazón dividido no está hecho para Mí”, pág. 14).
Una Iglesia dividida, como la que observamos en el Vaticano, no es para Jesús. No puede serlo. En Ella no está Jesús.
La
división provocada en el Sínodo por Bergoglio es signo manifiesto de
las intenciones de ese hombre en Roma. Quien es de Cristo no divide a la
Jerarquía como Bergoglio lo ha hecho –y lo lleva haciendo- desde que
asumió su falso pontificado, en su falsa iglesia. Quien es de Cristo une
a toda la Jerarquía en la Verdad, que es el mismo Cristo. ¡Esto es lo
que no ha hecho Bergoglio en el Sínodo!
Si las almas leen la Palabra de Dios: «Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelice fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema» (Gal
1, 8); y, después, no son capaces de llamar a Bergoglio como anatema,
es que no tienen fe: en ellas no se da la obra del Espíritu Santo, sino
que se da la obra de su misma inteligencia humana.
Un
Papa legítimo no puede enseñar una falsa doctrina, un falso evangelio. Y
toda aquella alma en la Iglesia, sea fiel o sea Jerarquía, que no
deseche toda novedad en la fe, por grande que sea la Autoridad de los
que la quieran introducir, esa alma no tiene fe verdadera; esa alma no
se confía plenamente en el plan que Dios ha puesto para salvarla; esa
alma está dividida en su corazón y, por tanto, no pertenece al Corazón
de Cristo, por más que comulgue diariamente.
Las
almas que pertenecen a Jesús no son las que reciben, cada día, la
comunión, sino las que se someten a toda la Verdad que Jesús ha enseñado
en Su Iglesia. ¡Someterse a la Verdad es lo que no quiere la Iglesia
actual, la que gobierna en el Vaticano!
Bergoglio
enseña un evangelio del demonio, en el cual se ve claramente las ideas
protestantes, comunistas y masónicas; y, en consecuencia, Bergoglio es
anatema.
Y ser anatema quiere decir ser desechado con maldición, con execración y con horror: «Si alguno no ama al Señor sea anatema. Maran Atha» (1 Cor 16, 22).
«Maran Atha quiere decir: El Señor venga para ser su Juez, y para vengarse de él según su rigor» (S. Jerónimo).
Bergoglio
no ama al Señor: sus obras en la Iglesia lo demuestran. Entonces, sea
anatema: sea separado de la comunión del Cuerpo Místico de Cristo; sea
juzgado por el Señor en cada alma de Su Cuerpo Místico. ¡Toda la Iglesia
tiene el deber y el poder de juzgar a Bergoglio y a todo su clan
masónico, porque no son de la Iglesia Católica!
Y
si el alma en la Iglesia espera que la Jerarquía haga oficial este
anatema de la Palabra de Dios para poder creer, para poder obrar, para
poder decidir en la Iglesia, entonces esa alma no tiene la fe verdadera,
no es católica.
En
la Iglesia no se cree a la palabra de los hombres, sino a la Palabra de
Dios que los hombres deben manifestar. Y si esos hombres, por más
Autoridad que tengan en la Iglesia, por más sacerdotes, Obispos,
Cardenales, Papas, que sean, no manifiestan, no revelan, la misma
Palabra de Dios como es, la Verdad como es, sin ese leguaje ambiguo tan
común en todos hoy día, no hay que obedecerles, no hay que estar
esperando un comunicado oficial para decir públicamente: Bergoglio no es
el Papa de la Iglesia Católica.
«Es menester obedecer a Dios que a los hombres»
(Act 5, 29), que a las autoridades legítimas de la Iglesia; porque esas
Autoridades, esa Jerarquía, ya no da la Verdad en la Iglesia, ya no
hace caminar hacia la Verdad en la Iglesia, ya no es legítima, porque
está siguiendo la doctrina de un hereje, de un anatematizado por la
Palabra de Dios. Esa Jerarquía se anatematiza, se excluye ella misma de
la Iglesia, obedeciendo a un hereje.
Si el fiel de la Iglesia lee en la Bula «Cum ex apostolatus officio», de Paulo IV: «si
en algún tiempo aconteciese que un Obispo… o electo Pontífice Romano
que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se
hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o
incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la
asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de
todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto…»;
y, después, sigue llamando a Bergoglio como Papa, sigue diciendo a
Bergoglio: gracias por habernos beatificado al Papa Pablo VI; es que,
sencillamente, ese fiel no tiene la fe verdadera, no es de la Iglesia
Católica, no es católico.
Porque
la palabra de un Papa legítimo en la Iglesia es la Palabra del mismo
Cristo, Cabeza Invisible de la Iglesia. Y si el alma no obedece lo que
un Papa ha enseñado a la Iglesia sobre un falso Papa, sobre un electo
Romano Pontífice que, desviado de la fe católica, falsamente gobierna la
Iglesia; y está esperando que alguien en la Jerarquía diga oficialmente
que los actos de Bergoglio en la Iglesia son inválidos y, por lo tanto,
Pablo VI no está beatificado, es que, sencillamente, no tiene fe
verdadera. Tiene, como muchos, una fe intelectual, que le impide al
Espíritu Santo obrar en esa alma el don de la fe.
Ya
Paulo IV ha manifestado oficialmente que Bergoglio no es Papa en la
Iglesia Católica. ¿Por qué están esperando otro acto oficial de la
Jerarquía? ¿No les basta ese? ¿Por qué no obedecen al Papa Paulo IV? ¿Es
que sus palabras, su documento, ya no vale para este tiempo de la
historia del hombre? ¿Es que han quedado anticuadas? ¿Es que ya no es el
lenguaje políticamente correcto?
«…el
que sea desobediente a Cristo en la tierra, que hace las veces de
Cristo en el cielo, no tendrá parte en el fruto de la Sangre del Hijo de
Dios» (Sta. Catalina de Sena – Carta 207, I, 435, Epistolario,
di V. Mattini, Ed. Paoline, Alba 1966). La Iglesia está desobedeciendo a
lo que un Papa, un Vicario de Cristo, ha enseñado en la Iglesia. No
puede salvarse. No tiene parte en el fruto de la Sangre de Cristo.
A todos aquellos que critican y difaman a todos los Papas, sobre todo desde Juan XXIII: «Lo que le hacemos a él, se lo hacemos al Cristo del Cielo, sea reverencia, sea vituperio lo que hacemos». (Carta
28, I, 549). Si se llama a Juan Pablo II hereje, estamos llamando a
Cristo hereje en su misma Iglesia. Y ¿piensas salvarte llamando a Cristo
hereje en Su Iglesia? Y ¿pretendes salvarte llamando a Bergoglio como
Vicario de Cristo? ¿Con una blasfemia a Cristo quieres ir al Cielo?
«Yo
os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los
Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un
padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obediente a él, no
por sí mismos (non per loro in quanto loro), sino por obediencia a Dios,
como Vicario de Cristo» (Carta 407, I, 436). Todos esos que no
pueden tragar a los Papas, desde Juan XXIII hasta el mismo Benedicto
XVI, no pertenecen a la Iglesia Católica. No pueden salvarse. Se es
Iglesia porque se obedece a un Papa legítimo, aunque sea un demonio
encarnado.
¡Qué
pocos han entendido la obediencia a los Papas después del concilio
Vaticano II! ¡Qué pocos! ¡Cómo está la Iglesia actualmente de dividida
en su interior!
En
la Iglesia no nos casamos con ningún Papa: nos casamos con Cristo. Nos
unimos a Cristo, a Su Mente. Y aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé
la misma Mente de Cristo, que todos los Papas legítimos han manifestado
– y eso no cambia, es inmutable, es para siempre, para todo tiempo- ,
no es Jerarquía de la Iglesia, no hay que seguirla, porque no lleva al
alma, a la Iglesia, a vivir la fe en Cristo, a vivir la Mente de Cristo,
sino que la hace esperar a un pronunciamiento de los hombres.
Así
andan muchos en la Iglesia: tienen una fe colgada de la mente de los
hombres: lo que diga la Jerarquía. Si la Jerarquía calla, entonces hay
que seguir llamando a Bergoglio como Santo Padre, porque los hombres lo
han sentado en ese Trono y le han puesto ese título de honor. ¡Y hay que
respetar eso, hay que obedecer eso! ¡Formas externas de obediencia es
lo que hay en muchos católicos! Pero no se da la obediencia a la Verdad
porque, para eso, hay que someter la mente humana a toda la Verdad, que
ningún hombre sabe dar.
Si
te unes a Bergoglio haces comunión con toda la iglesia de Bergoglio; y
ya te no puedes salvar. No hay salvación con un hereje. Hay salvación
con un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.
La
fe es la obra del Espíritu Santo en el alma; no es la obra de la mente
del hombre: no hay que llamar a Bergoglio como falso Papa cuando la
Jerarquía lo llame. ¡Este es el error de muchos!
La
fe es un don de Dios al alma, no es un don de la mente de la Jerarquía
al fiel de la Iglesia. No es cuando la Jerarquía decida, es cuando Dios
dice.
Es católico decir: Francisco Bergoglio no es Papa de la Iglesia Católica.
Es católico decir: Francisco Bergoglio es anatema en la Iglesia Católica.
Es católico decir: todos los actos de Bergoglio en el gobierno de la Iglesia Católica son ilícitos e inválidos.
Esto es lo que mucha gente, muchos intelectuales, callan. Esto lo calla toda la Jerarquía de la Iglesia.
O
la Iglesia se pone en la Verdad – y la Verdad nace sólo de la Mente de
Dios- o la Iglesia vive su mentira; y obra la herejía y el cisma
obedeciendo a un hereje y un cismático, como es Bergoglio.
Si
el dogma de la Iglesia dice: un Papa gobierna la Iglesia en vertical;
¿cómo es que puedes obedecer a un hombre que gobierna la Iglesia en
horizontal? ¿Cuál es tu fe si en la Iglesia sólo puede darse un gobierno
vertical en Pedro?
Muchos desconocen el dogma: las implicaciones del dogma, sus exigencias, sus obligaciones.
En
la Iglesia Católica todo miembro está obligado a obedecer a un Papa,
porque debajo del Papa se encuentran todos. No hay nadie que se pueda
poner por encima del Papa o a su misma altura. Entonces, Bergoglio ha
puesto un gobierno horizontal y, por lo tanto, no puede nunca estar
gobernando la Iglesia Católica. ¿Por qué lo llamas Papa si ha anulado el
dogma del Papado con su gobierno horizontal?
¿Cuál es la fe de muchos en la Iglesia? Fe a las formas externas, pero no fe a la Verdad Revelada.
Desde
el momento en que Bergoglio decidió poner su gobierno horizontal: se
acabó la obediencia en la Iglesia. No sólo a él, que es el líder, sino a
toda la Jerarquía que le obedece.
Ya
Bergoglio no puede nunca continuar la obra del Papado en la Iglesia.
Nunca. Porque la gobierna con la horizontalidad. Por tanto, ha puesto la
piedra del cisma con ese gobierno. Y está levantando su nueva iglesia. Y
no hay manera de que esa nueva iglesia sea la de Jesús: porque no tiene
a Pedro en la verticalidad. Tiene a un dictador, un falso Pedro, en la
horizontalidad. Luego, no es posible la obediencia y todos los actos de
Bergoglio y los de la misma Jerarquía son nulos.
Consecuencia: no esperan una nota oficial del Vaticano diciendo que Bergoglio no es Papa. ¡Nunca se va dar!
«Vestíos toda la armadura de Dios»
(Ef 6, 11): la armadura son las virtudes necesarias para combatir
contra nuestros enemigos, y defendernos de todas sus emboscadas: la fe,
la esperanza y la caridad.
Quien
no vista su corazón de fe no podrá combatir contra Bergoglio y su clan
masónico. No podrá. Sino que le hará el juego de los hombres, que es lo
que se ve en todas partes.
«Ceñíos vuestros lomos en la Verdad»
(v. 14): arma poderosa contra el padre de la mentira es la rectitud, la
sinceridad en el obrar, el vivir obedeciendo a una norma de moralidad, a
una ley Eterna, a un dogma, que ninguna mente humana puede cambiar. Si
la existencia del hombre no cabalga, no se rodea de la pura Verdad, la
Verdad Absoluta, entonces el hombre sólo vive para su mentira, y es lo
que obra siempre en su vida.
Esa iglesia del Vaticano es una obra de la mentira, del engaño, del fracaso del hombre.
«Sobre todo embrazando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno» (v.
16): si estás llamando a Bergoglio como Papa, si lo estás obedeciendo,
entonces, ¿cómo pretendes ganar la batalla contra el demonio en la
Iglesia? Es imposible, porque un reino, en sí mismo, dividido, no podrá
subsistir por mucho tiempo.
«Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá»
(Mt 12, 26). ¡No puede subsistir lo que ha creado Bergoglio en el
Vaticano! Y aquel que obedezca esa estructura externa de iglesia no
puede salvarse nunca.
¿Cómo es que sigues rezando por Bergoglio?
«Además
los herejes y cismáticos están sujetos a la censura de la mayor
excomulgación por la ley del Can. “De Liguribus” (23, quest. 5), y de
Can. “Nulli” (5, dist. 19). Pero los sagrados cánones de la Iglesia
prohíben la oración pública por los excomulgados, como se puede ver en
el capítulo “A Nobis” (cap. 4, n. 2), y cap. “Sacris,De Sententia
Excomunicationis”. Aunque esto no prohíbe la oración para su conversión,
aun así tales oraciones no pueden tomar forma por proclamar sus nombres
en la oración solemne durante el Sacrificio de la Misa» (Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum # 23, 1 de marzo 1756).
Un
Papa está prohibiendo la oración pública por una persona que sea
hereje, que haya caído en el anatema, en la excomunión. Y, por tanto, no
se puede pedir por las intenciones del Papa, si ese Papa se refiere a
Bergoglio. No se puede nombrar a Bergoglio en las santas Misas. Se
comete un pecado de sacrilegio, porque no se da a culto verdadero al
Dios en el Sacrifico de la Misa o en las oraciones litúrgicas que se
hacen en la Iglesia.
Nombrar
en la oración al Papa legítimo es alabar, nombrar, a Cristo en Su
Iglesia. Pero nombrar a un hereje, a un cismático, a un apóstata de la
fe, es llamar a todo el infierno para que se haga presente en esa
oración, en esa santa misa.
«Por
esta razón, el obispo de Constantinopla, Juan, declaró solemnemente – y
después todo el octavo Concilio Ecuménico hizo lo mismo – «que los
nombres de los que fueron separados de la comunión con la Iglesia
católica, es decir, de aquellos que no quisieron estar de acuerdo con la
Sede Apostólica con todo los asuntos, no deben ser nombrados durante
los sagrados misterios» (Papa Pio IX, Quartus Supra # 9, 6 de enero de 1873).
Mucha gente ora por «nuestro amado papa Francisco»:
esto es una abominación en la Iglesia Católica. Oren por su conversión:
para que deje lo que está haciendo y se vaya a un convento a expiar sus
negros pecados. Pero no oren para que lo haga bien en la Iglesia.
Por
quien hay que rezar es por el verdadero Papa, Benedicto XVI, y clamar
como lo hacía Santa Catalina, para que corresponda a las llamadas de
Cristo en el Cielo:
«Abre
los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a
sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti;
porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están
nuestra vida y nuestra muerte, y tiene él el cuidado de recogernos a
nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por
Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioni, 1; Morta, 569).
La
fe no es un acto racional en la Iglesia, sino que es la obra, es un
acto del Espíritu santo, que sólo se puede dar en las almas humildes, en
aquellas que han puesto su mente en el suelo y que son capaces de
llamar a cada cosa por su nombre.
«el
racionalismo ha hecho de Mi Iglesia un destierro, la ha convertido en
ruinas donde las serpientes se han anidado. Mis almas sacerdotales
reprimen hoy a Mis elegidos, bloquean el camino con su escepticismo, sus
dudas, su hipocresía y esto Me hace sufrir» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “El racionalismo ha hecho de la Iglesia un desierto”, 20/07/1996, pág. 23).

