La ideología de género. Conferencia del Cardenal Sarah
Publicamos
aquí y gracias a la traducción y digitalización de unas religiosas
amigas, la excelente conferencia que el gran cardenal Sarah diera en
Mayo de 2016 en Ávila, España y esperando que sea fuente de estudio y
meditación por los pastores y los laicos hoy confundidos por lo que
sucede en nuestra Santa Madre la Iglesia.
Es larga, pero vale la pena.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi
“LA FAMILIA FRENTE A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO” CARDENAL ROBERT SARAH:
Cátedra “Santa Teresa de Jesús” de Estudios sobre la Mujer
Universidad Católica de Ávila
Ávila, 24 de mayo de 2016
Conferencia en francés, aquí
Traducción, Soeur Marie de la Sagesse Sequeiros
Gracias.
Excelencias, queridos amigos, me gustaría agradecer a Dios el honor y
el privilegio que me ha dado por estar aquí con todos Uds. aquí esta
tarde, para hablarles de la familia y de la ideología de género. El
cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Bolonia, y primer
presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el
matrimonio y la familia declaró esto durante una entrevista concedida
el 16 de febrero de 2008:
“Cuando
fui nombrado por el Santo Padre primer presidente del Pontificio
Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia,
recibí una carta de sor Lucía de Fátima que se puede encontrar en los
archivos de dicho instituto. Esta me decía sin ambigüedades: “La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás pasará por el matrimonio y la familia”. Sin
embargo – añadía- “no tengáis miedo porque todos aquellos que actúan en
favor de la santidad del matrimonio y de la familia siempre encontrarán
oposición; serán combatidos por todos los medios posibles, porque lo
que está en juego es decisivo. No obstante, Nuestra Señora ya ha
aplastado la cabeza de Satanás”[1].
Por
su parte, tras su viaje apostólico realizado a Fátima, el Papa
Benedicto XVI, en una entrevista el 11 de mayo de 2010 y no tuvo miedo
en afirmar que
“siempre
hemos sabido esto aunque, en nuestros días, esto se manifieste ante
nuestros ojos de una manera terrorífica: las mayores persecuciones
contra la Iglesia no proceden de sus enemigos exteriores, sino de los
pecados cometidos dentro de la Iglesia, para los cuales la Iglesia
necesita urgentemente hacer penitencia para purificarse”[2].
Las familias cristianas sufren todos los días ataques en el mundo entero. Como vamos a ver, la
ideología de género está sostenida, promovida y practicada por la
Organización Mundial de la Salud, que depende de la Organización de la
Naciones Unidas (ONU), y por numerosas instituciones educativas
y sanitarias que tienen su sede en los estados occidentales (Norte
América, Europa Occidental, Australia y Nueva Zelanda).
El Papa Francisco, durante su viaje apostólico a Manila, no dudó en denunciar con vigor una “colonización ideológica contra la familia”[3],
que busca destruirla introduciéndose y difundiéndose en las sociedades y
las culturas de los países que están en vías de desarrollo. En el nº56
de su Exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laetitia, critica con contundencia la ideología mortífera de gender “que
niega la diferencia y reciprocidad natural entre un hombre y una mujer.
Deja entrever una sociedad sin diferencia de sexo y socaba la base
antropológica de la familia. Esta ideología induce proyectos educativos y
orientaciones legislativas que alientan una identidad personal y una
identidad afectiva cortadas radicalmente de la diversidad biológica que
existe entre lo masculino y lo femenino”[4]. El Cardenal Francis Arinze comentando estas palabras del Papa Francisco dijo que “los
medios de comunicación han tomado la costumbre de desfigurar,
secularizar e incluso comercializar el matrimonio y la familia”[5].
Esto resulta muy evidente en aquellos programas llenos de erotismo y
pornografía, que además están destinados también a los niños: en muchos
países occidentales, desde la educación infantil, los niños reciben una
reeducación, es decir, se manipula y contamina sus conciencias con la
ideología del género. En algunos países las familias ni siquiera tienen
la opción de elegir. Por ejemplo, en 2006 en Alemania, se quiso obligar a
una familia cristiana protestante con 8 hijos, a participar en
experimentos chocantes bajo la égida de la educación sexual. Los padres
decidieron no mandar a sus hijos a esas clases, y fueron condenados a
una pena de cárcel…
Yo mismo, en mi libro titulado Dios o nada[6], he
denunciado con contundencia la teoría del género como un ataque frontal
contra la familia, y su voluntad de destruirla, insistiendo en su
aspecto especialmente deletéreo para los países africanos que están
sometidos a un nuevo colonialismo por parte de los países occidentales o
directamente, o bien a través de organizaciones internacionales que
estos países dominan de modo indiviso, y sin vergüenza ninguna.
1. Génesis de la Ideología de género[7]
El género –“gender” en
inglés- tiene su origen en el campo de las ciencias humanas de
inspiración freudiana. Fue un término acuñado en 1955 en Estados Unidos:
John Money, psiquiatra de Harvard, enfrentándose a casos de
hermafrodismo, introdujo el concepto de función de género, “gender role” en inglés, que definió de la manera siguiente: “género son todas las cosas que dice o hace una persona para mostrarse como poseedor de un estado de hombre o de mujer”.
De este modo, esta nueva noción de función social como fuente de la
identidad sexual contenía el germen de todo proyecto ideológico del
género que se irá desplegando a lo largo de las siguientes décadas.
Treinta
y cinco años después, ya en los años 90 del pasado siglo, Judith
Butler, líder de la revolución del género, declara que las palabras “sexo” y “género” no son sustantivos, sino… verbos. Esto quiere decir que un individuo, hombre o mujer, se convierte en aquello que él o ella decide decir y hacer”. Por tanto, Judith Butler afirma que “ser hombre o mujer no es algo que somos, sino algo que hacemos”.
2. Motivos espirituales de una batalla
La teoría aberrante y delirante del género, que se presenta –y esto ya es el colmo- como “científica” en realidad consiste en una superchería pseudo-científica. Hunde sus raíces en un humus que
se puede calificar de especialmente turbio, y a propósito del cual no
dudo en decir que veo “la mano del propio diablo”. Pero ¿de qué se
trata? ¿Cuál es el fundamento de esta ideología y cómo podemos
combatirla? Sabemos por la santa Biblia que Satanás es “homicida” desde
su origen[8].
¿Por qué homicida? ¿A quién quiere matar el diablo con un tesón y un
empeño que solamente terminará con la batalla final que se menciona en
el Apocalipsis?[9] Satanás
quiere matar, quiere destruir el Dios que tenemos dentro, es decir la
persona humana que ha sido creada a imagen de Dios[10], quiere hacer de nosotros individuos, “zombies” sin alma y dotados de un cuerpo que se ha convertido en una especie de maquinaria sometida a las manipulaciones genéticas y al transhumanismo.
Sí, eso es lo que quiere el Adversario: quiere someternos a él, el
Príncipe de este mundo, para manipularnos mejor rompiendo, en un primer
momento, el “cordón umbilical” que nos une a Dios, y después en un
segundo momento, con la ilusión –una verdadera trampa- de que solo somos
un conjunto de células condenadas a sobrevivir gracias a una tecnología
que cada vez es más sofisticada[11], liberarnos de nuestra condición humana para hacer de nosotros nuestros propios dioses[12].
3. La historia de la pseudo-liberación del hombre: de la persona al individuo, y del individuo al zombi
La
pseudo-liberación del hombre se inscribe en la historia de los tres
últimos siglos, siendo la ideología de género el último avatar
lamentable. Me voy a explicar: La liberación de Dios Padre se produjo ya
hace tiempo cuando las democracias occidentales se formaron en un
contexto deísta. Los grandes pensadores del racionalismo (desde Voltaire
a Diderot pasando por d´Alembert) dieron lugar a la famosa Revolución
francesa, que será presentada por la corriente laica como la génesis de
la liberación del hombre con respecto al Dios de los cristianos[13],
y por tanto, con respecto también a la Iglesia y a su Magisterio,
calificados de “opresivos”. Sin embargo, para los racionalistas, Dios es
el arquitecto supremo del universo que se desinteresa totalmente de sus
criaturas. El deísmo de los enciclopedistas por tanto ha matado la
paternidad en Dios. J.J. Rousseau incluso dijo que la paternidad es un
privilegio social[14].
Es lo que yo llamo “cortar el cordón umbilical”, y esta etapa decisiva
va a dar lugar a otras etapas que paulatinamente van a convertir a la
persona en un individuo, y a continuación en un “zombie”.
De
hecho, si Dios ya no es Padre, el ciudadano deja de ser el hijo. Deja
por tanto de ser una persona que recibe todo de su Padre; se convierte
en un individuo, abandonado así mismo en la organización del mundo y de
su propio destino. Como ya no recibe su identidad (de Aquel a cuya imagen y semejanza ha sido creado), debe construirla él
mismo apoyándose en su sola razón. Como dijeron los Papas Juan Pablo II
y Benedicto XVI, las dos alas que nos permiten elevarnos hacia la
contemplación de la verdad son la fe y la razón[15].
Cortando el ala de la fe, el hombre se desequilibra, y efectivamente,
han hecho falta tres siglos para que el hombre se choque contra la
tierra firme de sus propias convicciones, para que sea pisoteado como un
vulgar insecto, primero en los campos de concentración nazis y en los
gulags comunistas, y después, de una manera más aséptica, en el fango de
la ideología del género.
Actualmente
con la ideología de género el hombre está abandonado, denostado, se le
destruye, se destruyen sus valores, su sexualidad y es poco menos que un
animal. El hombre está abandonado a su única razón y, por tanto, pierde
poco a poco todo contacto con la Fuente, la paternidad de Dios, que es
la que ilumina su conciencia. Es cierto que las Declaraciones de los
Derechos Humanos, los preámbulos de las Constituciones y las primeras
Cartas de la Sociedad de Naciones (SDN) y de las Naciones Unidas (ONU),
en los siglos XIX y XX son aún en gran medida el reflejo de las normas
del derecho natural, pero el derecho positivo que actualmente reina de
manera absoluta, se aleja poco a poco de ellas y obliga a los
legisladores a callarse en el mejor de los casos, o a negarse a sí mismo
en el peor de los casos[16].
Veamos un ejemplo, el más grave y el más significativo: los Estados
occidentales, al igual que las instancias internacionales, que ellos
mismos controlan, como por ejemplo la Unión Europea, son incapaces de definir de forma clara qué es un embrión humano, y afirman aquello que toda conciencia humana ya sabe –basándose en la sola razón y también la ciencia[17]– y que constituye una norma esencial y fundamental del derecho natural[18], a saber que, desde el momento de su concepción, el embrión humano es un ser humano, que, consecuentemente, tiene un derecho imprescriptible
y absoluto a la vida. Entonces, para evitar contradecir el pseudo
“derecho al aborto” y atraer para sí la ira de la casta
mediático-política dominante, el legislador “se anda por las ramas”, si
me permiten utilizar esta expresión un poco trivial: o bien se calla, y
como si fuera un Poncio Pilato contemporáneo, rechaza pronunciarse como
lo hace la Unión europea, que deja que cada uno de sus Estados miembros
se encargue de regular esta cuestión[19];
o bien se esfuerza por encontrar una expresión susceptible de no
enfadar a nadie, de allí esta definición, cuanto menos enrevesada, que
la Comisión Consultiva Nacional de Ética francesa se inventó en el año
1984: “el embrión es una persona humana potencial”. Hay que
entender el término “potencial” obviamente como sinónimo de “en
proyecto” y, por tanto, “aún no existente”. Esto es una constatación: la
muerte de la ontología ha pasado por allí…
De este modo, como resultado del divorcio que se ha producido entre el individuo y la persona,
Occidente, y tras él el resto del mundo, en particular mediante la
colonización y después por la dominación económico-financiera de los
países en vías de desarrollo, el mundo entero –como digo– se ha hundido
en el individualismo y las ideologías. La historia nos muestra
ampliamente que el deísmo ha desencadenado un proceso que ha conducido a
la civilización occidental, es decir, la civilización judeo- cristiana,
de la muerte de Dios y del nihilismo del siglo XIX, a la misma muerte del hombre durante
el siglo XX, para finalmente llegar en la segunda mitad del siglo XX a
un hundimiento sin precedentes de la institución familiar, vector de la
persona humana. Friedrich Nietzsche, con su teoría del superhombre, que presentaba como el remedio a la desesperación provocada por la muerte de Dios[20], Sigmund Freud con su nueva antropología basada en las pulsiones primarias como motivación exclusiva de las acciones humanas, Jean-Paul Sartre[21]y
su nihilismo libertario, aparentemente genial, estos tres pensadores
han terminado de inocular en la conciencia colectiva y, por tanto,
también en la individual, la idea de que la “liberación” del individuo
pasa por el asesinato del padre, y han llevado a término su
plan diabólico a través de los famosos eventos de mayo de 1968, un
movimiento libertario cuyas ideas se propagaron más allá del antiguo
telón de acero, a partir de la caída del muro de Berlín, en 1989[22].
A continuación del asesinato del padre, hemos pasado al asesinato de la madre, con el feminismo radical que
enfrenta los derechos de la mujer, su libertad y su igualdad por una
parte, con la identidad femenina en el marco de la complementariedad de
los sexos, y, por tanto, con la maternidad. Margaret Sanger (1879-1966),
fundadora de la “Planificación familiar internacional” y figura
prominente del feminismo occidental, ¿no quería de hecho el acceso libre
y gratuito a los anticonceptivos para “liberar a la mujer de la esclavitud de la reproducción”?
De esta manera hemos asfixiado el sentido de la feminidad y de la
maternidad en el seno de la cultura occidental porque sabemos
perfectamente que entre la contracepción y el aborto legalizado y pagado
con fondos públicos no había más que un solo paso que los legisladores
se apresuraron a franquear entre las décadas de 1970 a 1990…[23]
A
finales del siglo XX, el padre, la madre, el esposo, el hijo y la hija,
todos habían perdido su estatus que, sin embargo, se les debía en una
sociedad digna de tal nombre: la “familia” estaba quebrantada en sus
cimientos[24].
En nuestros días, la familia incluso se ha convertido en un concepto
abstracto e inestable, sometido a interpretaciones diversas y
contradictorias, de donde el malestar que sienten los legisladores ante
la tarea de definirla, y de donde también esta reciente decisión tomada
por el gobierno francés de sustituir el “ministerio de la familia” por el “ministerio de las familias”. Según lo afirma, lo ha hecho “para tener en cuenta las diferentes realidades de la sociedad contemporánea”…
ante la indiferencia casi generalizada de la opinión pública, y con la
aprobación ruidosa, esa sí, del entorno político-mediático dominante.
Hay
que entender que este largo proceso que se puede calificar de
“revolucionario”, que comenzó con la muerte de Dios-Padre en el siglo
XVIII y terminó con la muerte del hombre convertido en un simple
“individuo” a finales del siglo XX, conduce directamente a la ideología
del género. Pero ¿de qué manera? En este principio del siglo XXI, las
sociedades occidentales se han convertido en desiertos espirituales y
demográficos: basta con pasearse por las calles de Londres, París,
Berlín, Madrid o Roma para darse cuenta de ello: pocos niños, pocos
cochecitos o sillitas de bebés, familias reducidas a su mínima
expresión: un hombre y una mujer (que a menudo son simples “compañeros”,
que cohabitan durante un tiempo limitado) con a veces uno o dos hijos,
siempre y cuando no sustituyan a los hijos por mascotas. Y tenemos
también a las parejas homosexuales entrelazados que de este modo
expresan cada vez más su “diferencia”. Después, tenemos también la
presencia masiva de una población extranjera, que en Europa occidental
sumerge a los pueblos nativos paralizados, provenientes de otros
continentes, los continentes del hambre y de la opresión política, y de
culturas y religiones diferentes. En definitiva un laicismo y un
indiferentismo generalizados y alimentados por ese famoso díptico del
Imperio Romano en su apogeo y al mismo tiempo abocado a un declive
inevitable: “panem et circenses” o, si prefieren, utilizando un
vocabulario más actual, “bienes de consumo y de ocio” a ultranza… en
lugar del esfuerzo y del trabajo. Estos ciudadanos-individuos, por tanto
“individualistas”, condenados a la soledad en el mejor de los casos y,
en el peor de ellos, al suicidio, a veces “asistido” (y legalizado), son
radicalmente indiferenciados: no son más que consumidores ante los
cuales los sitios de Internet hacen su mercado gracias a las
evaluaciones estadísticas de sus deseos. Acabamos de describir el marco
de la sociedad occidental del vacío, que, además, es una sociedad
depresiva y adolescente[25].
De ahí al bricolaje del “género” solo hay un paso, y es ese vacío el
que ha permitido a los Mefistófeles occidentales, sobre todo
estadounidenses, afinar su proyecto de reconstrucción social basado en
bases pseudo-científicas y laicistas, que son verdaderamente
diabólicas. El caldo de cultivo está listo para la revolución
final, que corresponde también al “combate definitivo” mencionado en el
Apocalipsis, la revolución del género que convierte al
individuo en un “zombie”. Es el nihilismo total, radical, absoluto que
es el preludio de la muerte de la humanidad. Es la hora del combate
entre estas tinieblas donde naufraga una humanidad enfrentada a los
demonios del nihilismo libertario, y la Luz que solamente la Iglesia
lleva como una antorcha, que se parece en demasiadas ocasiones a esa
pequeña llama de la Esperanza que cantaba Charles Péguy hace ya un
siglo, y que ninguna borrasca podrá apagar. Porque nuestra fe en Cristo,
que es el fundamento de nuestra esperanza, es decir, nuestra fe en
Cristo resucitado, el Hombre Nuevo, Dios hecho hombre, es esa antorcha,
esa llama que ilumina nuestras vidas y nuestra conciencia de hombres y
de mujeres creados “a imagen y semejanza de Dios”. La Iglesia es el
último y el único refugio contra esa nueva barbarie del “gender”, ante
la cual resulta que los Hunos de Atila en el siglo V solo eran una
amenaza insignificante. Sí, esos bárbaros que, en el crepúsculo del
Imperio convertido al cristianismo, el Papa León I consiguió detener a
las puertas de Roma gracias a su persuasión, supieron detener ahí su
acción maléfica. ¿Harán lo mismo nuestros “doctores Fausto”
contemporáneos? ¿Aceptarán romper su pacto diabólico con el Adversario
que les dice –como dijo a nuestros primeros padres: “seréis como
dioses”? Sí, en la actualidad, la Iglesia es el único y el último
refugio contra esta nueva barbarie, pero teniendo en cuenta las
costumbres y hábitos paganos de este nuestro mundo, la palabra de la
Iglesia tiene que ser clara, límpida, sin ambigüedad y con la fuerza
suficiente para sustraer a los creyentes de aquello que les alejaría de
la alianza de Cristo y sus enseñanzas.
A
continuación voy a hablar de algo que no está en la conferencia que
había escrito originariamente, pero que quiero comentar. Hay algo que me
parece triste. Los países occidentales han decidido en cierto modo
aliarse para oponerse frontal y radicalmente a Dios, dictando leyes que
destruyen el designio de Dios sobre la familia y sobre el matrimonio.
Hay una voluntad y medios financieros, técnicos y mediáticos no
solamente para romper o destruir sino también y, sobre todo, diría yo,
para acabar con los fines del matrimonio, para desestructurar y
desnaturalizar la célula de la familia. Por desgracia, algunos
prelados de alto rango, aquí sobre todo de países más opulentos, se
ocupan en aportar modificaciones a la doctrina y a la moral cristianas
en todo lo que se refiere al matrimonio, a los divorciados vueltos a
casar y a otras estructuras irregulares. Estos guardianes de la
fe, que deberían defender lo que defiende el Magisterio de la Iglesia,
tienen que saber que tendrán que rendir cuentas ante Dios y que el
problema fundamental que supone la destrucción de los fines del
matrimonio es un problema de moral natural. Es en el orden natural donde
el hombre y la mujer son llamados a unirse de forma indisoluble para
expresarse ternura, para apoyarse mutuamente en una complementariedad
armoniosa. Esta realidad natural es la que el Señor elevó a la dignidad
de sacramento, y que la Iglesia tiene que defender y proteger hasta la
muerte, para la salvación de la humanidad.
Ahora, voy a continuar con la conferencia después de este inciso.
4. Definición de género
Si queremos identificar en una sola frase el nudo ideológico de la revolución del género, diría lo siguiente:
“Para
el género, la masculinidad y la feminidad con la complementariedad de
los sexos, la paternidad y la maternidad, y por tanto la filiación,
evidentemente la nupcialidad y por tanto el matrimonio entre un hombre y
una mujer, y, por consiguiente la familia, con la vocación educativa
del padre y de la madre, todo eso no es más que… viendo, vacío… no
existe en sí mismo, pues son construccionessociales que
han sido elaboradas a lo largo de los siglos, particularmente bajo la
presión de las religiones, entre las cuales el judeo-cristianismo, para
impedir al individuo acceder a la verdadera libertad e igualdad de los
ciudadanos. Son por tanto estereotipos discriminatorios de los cuales
hay que liberarse (de dónde el proceso revolucionario), y que tenemos
que deconstruir y demoler por todos los medios posibles: financieros,
políticos, culturales (artes, medios de comunicación, lenguaje, modas…),
educativos, y por tanto legislativos”[26].
Esto significa, en particular, pero no únicamente, que la individualidad no es recibida, lo que hace de la persona un “hombre” o una “mujer” no es recibido o innato, sino que continuamente está en construcción,
lo cual da lugar a la indiferenciación de los sexos. Notemos que, en
estas barricadas de un nuevo género, son los medios de comunicación
dominantes, las artes subvencionadas, algunas cátedras de universidades,
laboratorios y centros de investigación de todo tipo, y también en las
manifestaciones y ágoras de “Podemos” en Madrid y de la “Noche en pie”
en París, asistimos a la conjunción de dos cohortes, la de las
feministas y la del LGBT[27] que se juntan en la misma voluntad de deconstrucción antropológica.
5. La “deconstrucción” del género es una destrucción.
Tomemos un ejemplo de deconstrucción debido al género, el del lenguaje. Hemos pasado:
– del esposo o marido y de la mujer, único y sujeto de un don total de sí para la vida, a las parejas (o compañeros), múltiples y temporales;
– de la maternidad al derecho de la mujer a disponer libremente de su cuerpo;
– del matrimonio entre un hombre y una mujer en tanto que institución estable, a la celebración cultural del amor libre hetero- u homosexual sin compromiso;
– de la familia a las familias, o a la familia en todas sus formas,
– de la procreación a la reproducción…[28]
Es
interesante constatar que el nuevo lenguaje del género reemplaza
palabras que expresan realidades universales, que el cristianismo ha
enaltecido. De ese modo, los siguientes términos, presentes en el himno a
la Caridad de san Pablo (1Co13), son borrados del lenguaje del género, y
por tanto cada vez más del gobierno mundial y estatal: se trata de las
palabras don, plenitud, servicio, mal, envidia, alegría, verdad,
esperanza, perfección… En cambio, he aquí las palabras y expresiones que
derivan de la ideología del género, que constituyen como una base de
datos informáticos, que corresponde a un nuevo corpus linguae muy
extraño de tipo sociológico-científico: mencionemos algunas de ellas:
perspectiva de género, neutro en cuanto al género, discriminación sobre
la base del sexo, especialista de género, sexo, especificidad,
estereotipos sexuales[29].
El
género por tanto ha pasado a las costumbres, y prosigue su camino de
“deconstrucción”, es decir, de destrucción de la familia y por tanto de
la sociedad, en una indiferencia casi generalizada. Debemos tomar
conciencia de ello urgentemente para consentir emprender la resistencia,
sea cual sea el precio a pagar: de la burla a la marginación, y del
encarcelamiento al martirio. El veneno ya ha sido inoculado tanto a
nivel de las naciones como de las instancias internacionales, de la cual
la más notoria e influyente es la ONU (las Naciones Unidas), como lo
vamos a demostrar seguidamente.
6. La difusión de la ideología de género a nivel de los Estados y de las organizaciones internacionales
a. A nivel de los Estados
La
ideología de género está sostenida, promovida y practicada por la
Organización Mundial de la Salud, que depende de las Naciones Unidas
(ONU), y por numerosas organizaciones no gubernamentales (ONG),
particularmente de instituciones de educación y de sanidad que tienen su
sede en los Estados occidentales. Para medir hasta qué punto de
aberración antropológica han llegado los países occidentales, he aquí
dos ejemplos significativos concernientes a Francia:
1.
la Fundación Jérôme Lejeune no cesa se denunciar, ante una indiferencia
casi total, que el diagnóstico prenatal provoca el aborto, y por tanto
el asesinato de 96% de niños con síndrome de Down: es el río de sangre
de los nuevos santos Inocentes[30].
2.
El 22 de marzo 2016, el tribunal correccional de Blois condenó a un año
de cárcel con condena condicional, a una mujer que había vendido a dos
parejas dos de sus hijos vía Internet, no por haber considerado a sus
hijos como mercancías y haberlos vendido, sino por haber estafado a las parejas promotoras…[31]
Todo
país que rechaza adherirse a esta ideología es generalmente sancionado:
por ejemplo, estos Estados son penalizados en la recepción de ayudas al
desarrollo. Estas ayudas por tanto están condicionadas a la aceptación
por parte de estos países de la ideología de género. Esta auténtica
colonización afecta a todo el continente africano, especialmente la
África llamada sub-sahariana, pero también Asia y América Latina.
En
estos países, muchos se vieron obligados a crear ministerios del
“género”. En efecto, solo en África, una quincena de Estados ya han
adoptado políticas nacionales de tendencia al “género” en el seno de
diversos ministerios (educación, mujer, familia, juventud, sanidad,
trabajo, desarrollo social o también cultura[32].
Estos definen el género de esta manera: cito por ejemplo de entre uno
de ellos: “un conjunto de funciones y de relaciones entre el hombre y la
mujer, que no están determinados por la biología, pero que dependen del
contexto social, cultural, político y económico”. Los países africanos,
y más generalmente, los países en vía de desarrollo, que se inclinan a
resistir a la oleada homosexual, tienden a abrir grandes las puertas a
la perspectiva del género en su acepción feminista, sin darse cuenta de
que la homosexualidad legalizada seguirá inmediatamente a esta
desviación, pues está incluida en lo que podríamos llamar “el paquete de
regalo” envenenado.
b. A nivel de los organismos internacionales[33]
En
las instancias intergubernamentales e internacionales, que inspiran la
legislación y el comportamiento de los diversos Estados, el uso de la
teoría del género representa una ruptura con el lenguaje de los
instrumentos jurídicos vinculantes adaptados anteriormente en los años
1990. Tomemos el ejemplo de la ONU (Naciones Unidas). Hasta los años
1990, los diversos documentos jurídicos se refieren a los “hombres y
mujeres”, a los “esposos” o al “marido” y a la “mujer”, a los “padres”, a
la hora de abordar la igualdad de todos los seres humanos, en dignidad y
en derechos, o cuestiones relativas a la familia, al matrimonio, a la
educación de los hijos[34]. Del mismo modo, se refieren explícitamente al sexo masculino o femenino cuando abordan la cuestión de la no-discriminación[35].
La Carta de las Naciones Unidas de 1945 afirma “los derechos iguales de hombres y mujeres” (preámbulo, 2)[36]. Los instrumentos jurídicos de la ONU de esta época reconocen también la familia (en singular), como base natural y fundamento de la sociedad[37],
teniendo derecho a la protección de la sociedad y del Estado, y fundada
sobre el matrimonio contraído libremente entre un hombre y una mujer[38].
El cambio comenzó a producirse durante la Conferencia mundial sobre las
mujeres en Pekín (4-15 septiembre 1995), marcada por la intervención
muy notable de una feminista muy célebre, Hillary Clinton, entonces
Primera Dama, quien declaraba, con un atajo sorprendente: “los derechos de la mujer son derechos humanos”[39].
Pese a la oposición virulenta de países como Estados Unidos y Francia,
la Santa Sede no dudó en decir en voz alta sus puntos de desacuerdo
presentes en el documento preparatorio de la Conferencia, donde había
podido observar, por ejemplo, que las palabras “madre” o la expresión
“la familia es la unidad de base” estaban mencionados entre paréntesis.
El género avanzaba todavía en parte oculto, pues no está explícitamente
definido en la Plataforma de Acción de Pekín. De hecho, sus promotores,
en su mayoría occidentales, que habían conseguido integrarlo a
hurtadillas en el documento, evitaron dar una definición, de modo que
muchos tendieron a interpretarlo en su sentido gramatical tradicional.
No obstante, el malestar era palpable.
Después
de la Conferencia de Pekín, la agenda oculta comenzó a desvelarse. Los
organismos de la ONU se aplicaron a definir el “género”. Estas llamadas
definiciones siguen siendo largas y ambiguas; cambian sin cesar, pero
permiten también una interpretación que incluye la orientación sexual y
la identidad de género. La definición más “notable” es aquella de ONU Mujeres: afirma que el género corresponde “a
los atributos sociales y a las oportunidades asociadas al hecho de ser
hombre o mujer y a las relaciones entre mujeres y hombres, así como a
las relaciones entre mujeres y las relaciones entre hombres”, añadiendo que “esos
atributos, oportunidades y relaciones se circunscriben a un contexto y
un tiempo específico por lo que pueden ser cambiantes”. ONU Mujeres presiona para que la “igualdad de género y los derechos de la mujer” sean integrados en los tratados “mundiales”, en particular en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW). Señalemos que ONU Mujeres no usa a propósito el término de “tratados internacionales”, sino el de “tratados mundiales”
para hacer comprender su voluntad de imponer a todos los países sin
excepción la ideología de género. Luego, ONU Mujeres considera que el
documento Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) ha omitido
algunos componentes esenciales al género, como “la salud y los derechos
sexuales y reproductivos” (SDSR). Estos comprendiendo en particular el
objetivo de un acceso “universal” (o “mundial”) a la “gama completa” de
preservativos sea cual sea la edad y el estatus marital, el aborto “sin
riesgos”, una “educación sexual completa” puramente “técnica”… Y ONU
Mujeres concluye: “El marco de desarrollo más allá de 2015 debe
reconocer que la falta de control de las mujeres y adolescente sobre sus
cuerpos y su sexualidad constituye una enorme violación de sus derechos”.
c. La dictadura a través de la subversión ideológica
Según
la ideología del género, la familia se ha convertido en un lugar donde
se negocia el poder. Ya no es la célula básica de la sociedad y, ni
mucho menos, un lugar de amor ni de comunión interpersonal. La familia,
según los teóricos del género, es una fuente de desigualdad, y por eso,
hay que cambiar las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres,
entre los niños y las niñas, ya desde la enseñanza primaria. Sabemos
que en bastantes países occidentales, estos objetivos se han convertido
en hechos. Por ejemplo, en Francia, existe un programa de enseñanza que
se llama “El ABCD de la igualdad” que fue propuesto por Najat
Vallaud-Belkacem, entonces ministra de los Derechos de la mujer, y cuyo
objetivo era luchar contra “el sexismo y los estereotipos de género”.
Este programa se introdujo de forma experimental a partir del curso
2013-2014 en unas seiscientas aulas de educación infantil y primaria en
Francia. Ante la oposición que suscitó esta iniciativa pedagógica, el 25
de noviembre de 2014, Najat Vallaud-Belkacem, que se había convertido
en ministra de Educación nacional, sustituyó el programa “ABCD” por un
plan de acción que… recupera las líneas directrices de su proyecto
anterior. Los partidarios de la ideología del género quieren crear
políticas que debilitaran lo que ellos llaman las “estructuras de
sometimiento”, es decir todas las fuerzas políticas, culturales y
religiosas que atribuyen roles de género estereotipados a hombres y
mujeres, y que por tanto, limitan las decisiones de vida de las mujeres y
de las niñas, y que obligan a los homosexuales a adoptar “roles
heterosexuales” que rechazan. Encontramos aquí los dos afluentes
envenenados que dan lugar a un río llamado “género”: el feminismo y los
grupos homosexuales y transexuales LGBT.
En el libro que acaba de ser publicado: Religión: la hora de la verdad[40], Monseñor Roland Minnerath, arzobispo de Dijon, afirma lo siguiente: “La
modernidad ha querido apostar por un hombre cortado de Dios… Pero si
Dios ha creado el mundo y los seres humanos, ha imprimido en ellos un
orden procedente de su sabiduría y de su razón, un orden inteligible
para nosotros”. En otras palabras, la ideología del género hunde
sus raíces en el relativismo, según el cual todo es posible y aceptable.
Benedicto XVI[41], y a continuación el Papa Francisco[42], han declarado que nuestras sociedades se orientan hacia una dictadura del relativismo, que solamente reconoce el propio ego y sus deseos. Esta ideología que ha penetrado todas las capas de la sociedad, se inmiscuye dentro de la Iglesia desde
el exterior pero también desde el interior. El arzobispo emérito de
Chicago, fallecido en abril de 2015, el Cardenal Francis George, declaró
el 12 de noviembre de 2012 que, si bien pensaba que,
“él iba a morir en su propio lecho –lo cual resultó ser cierto- podría ser que su sucesor falleciese en la cárcel,
y que el sucesor de su sucesor, bien podía morir siendo mártir en una
plaza pública, por haber, por ejemplo, denunciado la decadencia de una
sociedad, esforzándose por reconstituir de forma paciente la
civilización exactamente como ha hecho la Iglesia en multitud de
ocasiones en la historia de la humanidad”[43].
Por tanto, existen grupos de presión (los llamados “lobbies”)
que quieren imponer la ideología del género y del relativismo moral. Y
si la familia está en peligro, la sociedad misma está en peligro, y
también la fe. En efecto, los obispos (y por tanto también los
sacerdotes, que son sus cooperadores) están llamados a defender la
santidad del matrimonio y de la familia. Si fallan a su misión, nuestro
futuro, el futuro de la humanidad, corren grave peligro, porque la fe
siempre está amenazada por dos frentes: bien por la voluntad de
modificar la doctrina inmutable, bien dando mal ejemplo.
7. El bello combate por la familia
En
nuestros días somos testigos especialmente de un combate frontal y
violento entre “el espíritu del mundo” y “el Espíritu Santo”. Me
explico. En los orígenes de la Iglesia, por ejemplo en Roma, sabemos por
San Pablo (epístola a los romanos, capítulo 1) que el contexto cultural
era bastante similar al contexto cultural que estamos viviendo
actualmente con la banalización del adulterio, la poligamia, la
homosexualidad, el aborto… Los cristianos de aquella época no hicieron
concesiones, sino que se mantuvieron fieles al Evangelio, incluso aunque
su testimonio fuera a contracorriente de la cultura dominante. Es
gracias a su ejemplo, creíble, que pudieron convertirse en la levadura
dentro de la masa pagana de aquella época, de la cual habla Jesús[44],
de forma que, poco a poco, se produjo una conversión de pueblos
enteros. Y de esa manera Europa se volvió cristiana y se produjo el
florecimiento de una civilización marcada por el cristianismo, en la
cual el matrimonio, especialmente la dignidad de la mujer, y la familia,
con el respeto por los niños desde su concepción, se pusieron de
relieve. Nuestros ancestros en la fe habían elegido, por tanto, el
“Espíritu Santo” y no el “espíritu del mundo”… costase lo que costase…
es decir, hasta sufrir burla, discriminación e incluso martirio. Sin
embargo, durante los dos últimos Sínodos sobre la familia, celebrados en
2014 y 2015, en un contexto social y cultural muy similar al que había
en la Roma antigua, por lo menos en Occidente (es decir, caracterizado
por la banalización y la legalización del divorcio por consentimiento
mutuo[45], la unión civil temporal[46] o
las parejas de hecho, la anticoncepción, el aborto, la manipulación
genética, la fecundación “in-vitro” que supone la masacre de fetos
considerados indeseables, la legalización del “matrimonio” homosexual[47]…),
la tentación de consentir al espíritu del mundo dominante en la
actualidad ha surgido gracias a una excusa teológica-pastoral errónea:
la adaptación de las enseñanzas de la Iglesia a las realidades del mundo
contemporáneo, o si prefieren en un lenguaje más teológico, la
adaptación de la doctrina de la Iglesia a los casos particulares que
entran en la pastoral. Este auténtico entusiasmo por este modelo, que
sin embargo no era un descubrimiento reciente (piensen en las teorías
desviadas de Hans Küng…), retransmitido por los medios de comunicación
indulgentes, incluidos medios católicos, ha ganado un cierto número de
obispos, uno de los cuales no dudó en calificar este paradigma de
“fuente de la revelación”.
8. Conclusión
Para concluir, me gustaría citar un extracto de la Carta a las familias del Papa San Juan Pablo II, del 2 de febrero de 1994[48].
Verán cómo esta carta sigue siendo tan actual: “¡Que Cristo, que es el
mismo «ayer, hoy y siempre» (cf. Hb 13, 8), esté con nosotros mientras
doblamos las rodillas ante el Padre, de quien procede toda paternidad y
maternidad y toda familia humana (cf. Ef 3, 14-15) y, con las mismas
palabras de la oración al Padre, que él mismo nos enseñó, ofrezca una
vez más el testimonio del amor con que nos «amó hasta el extremo» (Jn
13, 1)! Hablo con la fuerza de su verdad al hombre de nuestro tiempo,
para que comprenda qué grandes bienes son el matrimonio, la familia y la
vida; y qué gran peligro constituye el no respetar estas realidades y
una menor consideración de los valores supremos en los que se
fundamentan la familia y la dignidad del ser humano. ¡Que el Señor Jesús
nos recuerde estas cosas con la fuerza y la sabiduría de la Cruz (cf. 1
Co 1, 17-24), para que la humanidad no ceda a la tentación del «padre
de la mentira» (Jn 8, 44), que la empuja constantemente por caminos
anchos y espaciosos, aparentemente fáciles y agradables, pero llenos
realmente de asechanzas y peligros! Que se nos conceda seguir siempre a
Aquel que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6).
San
Juan Pablo II dijo en varias ocasiones que “el futuro de la humanidad
pasa por la familia”. Sí, si la batalla final entre Dios y el reino de
Satanás pasa por el matrimonio y la familia, tenemos que tomar
conciencia urgentemente de que estamos ya en el corazón de esta batalla
espiritual de la cual dependen el futuro de nuestras sociedades humanas,
y sabemos que la familia, fundada en el matrimonio de amor, monógamo,
libre, fiel e indisoluble, es la célula básica. Nuestras familias
cristianas son como esos múltiples alveolos de cera de las colmenas, por
tanto frágiles y que deben ser reforzadas continuamente, que
constituyen la colmena donde todos estamos llamados a probar la miel de
la Verdad, es decir las Palabras salvíficas del Señor Jesús y de su
Esposa, la santa Iglesia. En este año jubilar de la Misericordia,
encontremos refugio, al igual que María, la Madre del Redentor y nuestra
Madre, en el Corazón de Jesús, en ese Sagrado Corazón atravesado por
amor a nosotros… antes de que sea demasiado tarde.
CARDENAL ROBERT SARAH
Traducción: Soeur Marie de la Sagesse Sequeiros
[1] “Voce di Padre Pio”, Marzo 2008.
[2] Entrevista
con la prensa durante el vuelo hacia Portugal. Cf. sitio Internet del
Vaticano. Concerniente nuestro tema, estos pecados cometidos en la
Iglesia son el silencio, los compromisos y por tanto la cobardía de un
cierto número de clérigos que temen testimoniar en favor de la verdad
sobre el matrimonio y la familia.
[3] Encuentro mundial de Familias en Manilla, 16 de enero 2015. Cf. sitio Internet del Vaticano.
[4] Cf. Exhortación post-sinodal Amoris Laetitia, 19 de marzo 2016, nº56. Cf. sitio Internet del Vaticano.
[5] Prefacio de Christ’s new Homeland-Africa. Contribution to the Synod on the Family by African Pastors, San Francisco 2015, 8.
[6] Dios o nada, entrevista sobre la fe, Palabra, Madrid, 2015.
[7] Sobre la cuestión del “gender” en general, este estudio se refiere mucho a la destacada labor de Marguerite A. Peteers, La perspectiva de género: orígenes ideológicos lejanos de una norma prioritaria del gobierno mundial,
en el Coloquio organizado por la asociación Pétrusse con ocasión del XX
aniversario del Año internacional de la Familia, 24 de mayo 2014,
Luxemburgo, pp.4 y5. Cf. también en la bibliografía de este autor: La mundialización de la revolución cultural occidental, Dialogue Dynamics, 2011; El género, ¿una norma mundial?, Mame, 2013; La nueva ética mundial: desafíos para la Iglesia, Dialogue Dynamics, 2006; El ciudadano y la persona. Rebelión y reconciliación, Dialogue Dynamics, 2014.
[8] Cf. 1 Jn 3, 8 ; 1 Jn 5, 19 ; Jn 8, 44.
[9] Ap 12, 7 y ss; cap. 16 a 19. Cf. también Dn 12, 1; Mt 24, 21; Mc 13, 19.
[10] Gen 1, 27.
[11] Con la manipulación del genoma humano, el transhumanismo…
[12] Gen 3,5: “seréis como dioses, conoceréis el bien y el mal”.
[13] Los
filósofos racionalistas, y luego los revolucionarios, califican la fe
católica de “superstición medieval”. Ese era uno de los cargos de
acusación que, bajo el Terror, justificaba la pena de muerte pronunciada
por los tribunales revolucionarios contra los católicos fieles a su fe.
[14] Cf. Marguerite A. Peeters, “La vocación final de la mujer: mundialización y signos de los tiempos”,
Coloquio: La vocación de la mujer en la Iglesia, Curia Patriarcal Maronita, Oficina de la Pastoral de la
Mujer, Ghazir, 25 octubre 2015, p.3.
Coloquio: La vocación de la mujer en la Iglesia, Curia Patriarcal Maronita, Oficina de la Pastoral de la
Mujer, Ghazir, 25 octubre 2015, p.3.
[15] Cf. Encíclia Fides et ratio, 14 septiembre 1998, introducción.
[16] Marguerite
A. Peeters, “Tratamiento de términos tales como “gender” y “sexo” y de
fórmulas más recientes tales como “orientaciones sexuales” e “identidad
sexual” en el discurso ordinario y en el contexto de documentos de la
ONU”, Evento paralelo organizado por la Misión de Observador Permanente
de la Santa Sede “Para preservar la universalidad de los derechos humanos”, Ginebra, Palacio de las Naciones, 9 de marzo 2012, pp. 2-3.
[17] Es
decir, la radiografía que sucedió al estetoscopio: éste ya permitía a
los padres conmovidos escuchar los latidos del corazón de su hijo.
[18] “Derecho
natural”, no en el sentido de una interpretación naturalista como la de
J.J Rousseau, sino tal como lo define Santo Tomás, como un derecho
querido por Dios y aprehendido por la razón humana; está por tanto
inscrito en la naturaleza del ser humano.
[19] Aunque en una resolución del 3 de julio del 2002 el Parlamento europeo recomendó a los Estados miembros legalizar el aborto.
[20] Las
feministas reanudarán la teoría del superhombre para justificar su
propia teoría del “poder masculino” que hay que arrancar de manos de los
hombres.
[21] Su
compañera, Simone de Beauvoir, pronunció un día esta frase que se
convirtió en proverbial en los círculos feministas: “no se nace mujer,
se llega a serlo”.
[22] Cf. Marguerite A. Peeters, La vocación filial de la mujer…, p.4.
[23] Ídem.
[24] Ídem.
[25] Cf. Gilles Lipovetsky, La era del vacío, París, Gallimard, 1983; Tony Anatrella, No a la sociedad
depresiva, París, Flammarion, 1997.
depresiva, París, Flammarion, 1997.
[26] Cf. Marguerite A. Peeters, “La definición de los nuevos conceptos de base para el matrimonio y la familia”, Coloquio: La familia y los desafíos actuales en el Medio-Oriente, Centro mundial para el diálogo entre las civilizaciones “Liqaa”, Rabweh, 7-8 noviembre 2014, p.4.
[27] LGBT: Lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales.
[28] Cf. Marguerite A. Peeters, “La definición de los nuevos conceptos de base para el matrimonio y la familia…”, p. 4.
[29] Cf. Marguerite A. Peeters, “La definición de los nuevos conceptos de base para el matrimonio y la familia…”, p.4.
[30] Cf. Sitio Internet de la “Fundación Jérôme Lejeune”. Durante la presentación de su libro Las primeras víctimas del transhumanismo (París,
Ed. Pierre Guillaume de Roux, 2016), Jean-Marie Le Méné, Presidente de
la Fundación Jérôme Lejeune declaró que « el gran logro de la ideología
transhumanista es haber conseguido reciclar una eugenesia detestable
–condenada después del nazismo- en una eugenesia aceptable. La orden
establecida es de aquí en adelante la eliminación por compasión de las personas discapacitadas.
El 5 de marzo 2016, la periodista Anne Sinclair ¿no declaró acerca del
aborto de los niños diagnosticados con síndrome de Down que se trataba
de una “eugenesia protectora para evitar tragedias”? Las políticas han
cedido a las empresas farmacéuticas. Con el 96% de abortos de niños
diagnosticados con síndrome de Down, nuestra sociedad ha convertido en
mortal una patología que no lo es. Es una convulsión inédita en la
historia de la medicina” (cf. L’Homme nouveau, nº1611 del 26 de marzo 2016, p.4).
[31] Cf. “Famille Chrétienne”, nº1994, 2-8 abril 2016, p.18.
[32] Entre
esos países citemos: Burkina Faso, Burundi, República democrática del
Congo, Guinea ecuatorial, Kenia, Lesoto, Isla Mauricio, Ruanda, Sudán
del Sur, Tanzania, Uganda, Zambia, Zimbabue…
[33] Cf.
Marguerite A. Peeters, “Tratamiento de términos tales como “gender” y
“sexo” y de fórmulas más recientes tales como “orientaciones sexuales” e
“identidad sexual” en el discurso ordinario”, pp. 3-6.
[34] De
esta forma, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) de
1948, art.16 y art.26/3; el Pacto Internacional de Derecho Cívicos y
Políticos (ICCPR) de 1966, art.23/3; el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR) de 1966, art.10/1; y la
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer (CEDAW) de 1979, preámbulo, art.9.
[35] Cf.
por ejemplo DUDH, art.2; ICCPR, art.1, 4, 24/1; ICESCR, art.2/2; CEDAW,
preámbulo, art.1; Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de 1979,
preámbulo, art.2.
[36] Encontramos esta misma expresión en: DUDH (preámbulo, 5), ICCPR (art.3); ICESCR (art.3); CEDAW (preámbulo) y CDN (art.29).
[37] DUDH, art.16/3, ICCPR, art.23; ICESCR, art.10.
[38] DUDH, art.16/1 y 2; ICCPR, art. 23/3.
[39] Recordemos
que Hillary Clinton será probablemente la candidata del partido
democrático de las próximas elecciones estadounidenses de noviembre
2016, y que bien podría salir elegida…
[40] París, Artège, 2016.
[41] Especialmente en la homilía de la Misa Pro eligendo Romano Pontifice, 18 abril 2005. Cf. Sitio Internet del Vaticano.
[42] En particular en el Discurso al cuerpo diplomático, 22 de marzo 2013. Cf. Sitio Internet del Vaticano.
[43] 43 Cf. Monde et Vie, nº868 de diciembre 2012.
[44] Mt 13, 33.
[45] En
Francia, una sentencia del Tribunal de Casación del 17 diciembre 2015
estimó que el adulterio ya no es contrario a la ley moral. En efecto, en
el litigio que oponía Patrick Devidjan a la revista Point de Vue,
que el diputado acusaba de difamación por haber revelado una relación extra-conyugal, el Tribunal de Casación estimó que “la evolución de las costumbres así como la de las concepciones morales, ya no permiten considerar que la imputación de una infidelidad conyugal sería por sí misma pueda perjudicar el honor o la consideración”. Sin embargo, a pesar de la ley del 11 de julio 1975 que despenaliza el adulterio, la fidelidad todavía sigue inscrita en el Código Civil francés (art.212).
que el diputado acusaba de difamación por haber revelado una relación extra-conyugal, el Tribunal de Casación estimó que “la evolución de las costumbres así como la de las concepciones morales, ya no permiten considerar que la imputación de una infidelidad conyugal sería por sí misma pueda perjudicar el honor o la consideración”. Sin embargo, a pesar de la ley del 11 de julio 1975 que despenaliza el adulterio, la fidelidad todavía sigue inscrita en el Código Civil francés (art.212).
[46] Llamado “pacto civil de solidaridad” en Francia, y “pacto de unión civil” en Italia.
[47] 13
países europeos (de los cuales 11 miembros de la Unión europea)
reconocen el matrimonio homosexual: Países Bajos (desde 2001), Bélgica
(2003), España (2005), Suecia (2009, con una disposición que obliga a la
Iglesia a encontrar un pastor para celebrar los matrimonios
religiosos), Noruega (2009), Portugal (2010), Islandia (2010), Dinamarca
(2012), Francia (2013), Gran Bretaña (Inglaterra y Gales en 2013,
Escocia en 2014), Finlandia (2014), Luxemburgo y por fin Irlanda (2015).
[48] Cf. sitio Internet del Vaticano.
