POR
ESA EPOCA EL CEREBRO DEL GOBIERNO ITALIANO -EN CUYA "CASA" SE
"COCINABAN" LOS NOMBRAMIENTOS DE TODOS LOS MINISTROS- ERA EL ALCALDE
-"SINDACO"- DE ROMA ERNESTO NATHAN. SE TRATABA DE UN JUDIO BRITANICO,
TAL VEZ CONVERSO A LA IGLESIA ANGLICANA, PERO BUEN SERVIDOR DEL IMPERIO.
GRAN MAESTRE DE LA MASONERIA ITALIANA POR MUCHO TIEMPO, SE HABIA
ENRIQUECIDO CON EL NEGOCIO DE LA "RECONSTRUCCION" DE ROMA DESPUES DE
1870. HABLABA CASI EXCLUSIVAMENTE EL INGLES, YA QUE NO CONOCIA LAS
LENGUAS LATINAS.LLEVO A ITALIA A LA PGM POR MEDIO DEL TRATADO DE LONDRES
DE 1915. ES EVIDENTE QUE LAS PALABRAS DE LEON XIII TENIAN UN
DESTINATARIO IMPORTANTE. ESTOS HECHOS HAN SIDO RECONOCIDOS POR LA
MAYORIA DE LOS HISTORIADORES DE FINES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX,
AUNQUE OTROS TRATEN DE OCULTARLO. SALUDOS.
Pablo A. Boggio Marzet
El Miércoles, 3 de diciembre, 2014 15:59:12, Dante Calori <dantecalori@speedy.com.ar> escribió:
CARTA AL CARDENAL RESPIGHI DEL PAPA LEÓN XIII CONDENANDO AL PROTESTANTISMO EN ROMA
¿Les suena como
Francisco?
Verdadero Vicario de Cristo: Su Santidad, Papa León XIII
(1878-1903)
(1878-1903)
Como es sabido, inteligentes profesionales de
la secta del Novus Ordo se especializan en tranquilizar a todos en su
iglesia alegando que en verdad, nada ha cambiado desde antes del Concilio
Vaticano II, que todo lo que se enseña hoy como "católico", es
sustancialmente lo mismo que lo que se enseñaba antes, sólo que
"desarrollado", o simplemente adaptado a las circunstancias actuales.
Pero, ¿es esto realmente cierto? Tomemos
como ejemplo de ello el amor al protestantismo que, de una u otra manera, ha
expresado el "Papa" Francisco en numerosas ocasiones . Los
siguientes links ilustran muy bien la posición de Jorge Bergoglio respecto a la
herejía protestante:
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER ARTICULO
- En Caserta, Italia, Francisco pide perdón a los protestantes por no haberles permitido la Iglesia Católica en el pasado, predicar su religión
- Francisco en Caserta: Una pauta en la Revolución Bergogliana
- Francisco dice a los protestantes: "Todos tenemos el Espíritu Santo dentro de nosotros"
- Francisco aconsejó a Tony Palmer no convertirse ¡y ordenó enterrarlo como obispo católico!
- Francisco dice que a él no le importa a qué religión pertenece alguien (a menos que sea la católica, por supuesto)
- Francisco dice que él no está interesado en convertir a los protestantes al catolicismo
- Francisco pronuncia una herejía protestante
- El "cardenal" Bergoglio se hace "bendicir" por carismáticos protestantes
- Francisco dice que diálogo significa renunciar a pretender que sólo nuestras ideas y tradiciones sean válidas.
- Francisco nombra al ultra modernista Enzo Bianchi como consejero en el Pontificio Concejo Vaticano para la Unidad de los Cristianos
Ahora que estamos
suficientemente familiarizados con la posición de Bergoglio respecto al
protestantismo, echemos un vistazo a una carta apostólica en gran parte
desconocida, escrita por Su Santidad, el Papa León XIII, al Vicario General de
la diócesis de Roma, el 19 de agosto 1900. Nos complace poner este recurso por
primera vez en inglés, a disposición del público.
En español:
Por favor, lean esta carta, de
una belleza impresionante. Podemos preguntarnos si estas palabras escritas por
el Papa León XIII podrían ser repetidas por Francisco o cualquiera de sus cinco
predecesores modernistas de nefasta memoria. ¿La religión del Papa León es la
misma religión de Francisco? Por supuesto que no. Sería absurdo pensar que
Bergoglio esté de acuerdo con el contenido de la condena del Papa León a la
difusión del protestantismo en Roma. Francisco, por el contrario, cree que los
herejes tienen "derecho" a esparcir su veneno.
¡Cómo han cambiado los tiempos!
En 1900, el Papa condenaba el proselitismo de los protestantes; en nuestros
días, el "Papa" condena el proselitismo de los católicos!
Lástima que el Papa León aún no había
encontrado al "dios de sorpresas" que Bergoglio saca a relucir cuando
le conviene, denunciando al mismo tiempo a los católicos que creen en un Dios
que es como un "mago con una varita mágica capaz de hacer todo".
¿Puede concebirse algo peor?
Fuente: Novus
Ordo Watch
Carta Apostólica en la que lamenta y condena las prédicas y proselitismo de los Protestantes en la
ciudad de Roma, Italia.
19 de Agosto de 1900
19 de Agosto de 1900
A M. Pedro Cardenal
Respighi,
Nuestro Vicario General,
Señor Cardenal:
Ya desde los primeros momentos de Nuestro
Pontificado tuvimos que señalar como uno de los daños más deplorables el cambio
del orden de las cosas en ésta capital del mundo católico, el
ardiente proselitismo de la herejía y consecuentemente, el peligro al que la
Fe de Nuestra gente fue expuesta,
Y en este tema, Nosotros, habiendo
puesto al frente a Nuestro Cardenal Vicario [1], hemos impartido exhortaciones, consejos y avisos a los
fieles en numerosas ocasiones para advertirles contra los intentos que bajo la
protección de leyes públicas, hacen sectas de todas clases venidas del
extranjero, con el fin de verter en las almas de los fieles el veneno de la
negación [de la Fe] y el error.
No obstante, si por un lado estamos
felices de reconocer que Nuestro mundo, asistido por atención ininterrumpida,
no falló en producir buenos resultados; por otro lado, estamos forzados
a confesar que el mal, lejos de disminuir ha aumentado, especialmente en estos
últimos tiempos, gracias al descaro de los enemigos de la religión Católica que
se ha redoblado gracias al apoyo económico que viene de afuera. Por ello es
necesario, Señor Cardenal, rever este tema desagradabilísimo e importante, que
tan íntimamente está vinculado a los deberes y a los derechos de Nuestro
Ministerio Apostólico y al amoroso y paternal afecto que Nosotros sentimos
hacia Nuestro pueblo de Roma.
Es ahora bien conocido a todos, por la
evidencia de los hechos, que el plan concebido por las sectas heréticas
(emanaciones multiformes del Protestantismo) es levantar el nivel
de discordia y de rebelión religiosa en la península [de Italia], pero más que todo
en esta noble ciudad [de Roma] que Dios mismo (admirable en el modo de
ordenar los hechos) estableció como el centro de esta unidad fecunda
y sublime. Esta unidad fue el objeto de la oración dirigida por Nuestro
Divino Salvador a Su Padre Celestial (S. Juan 17:11, 21) y fue guardada
celosamente por los Papas, incluso al punto de entregar sus vidas por ella, a
pesar de las oposiciones humanas y las vicisitudes de los tiempos.
Luego de haber destruido en sus
respectivos países las creencias venerables y antiguas que eran parte del
sagrado depósito de la revelación por medio de sistemas opuestos y
discordantes; luego de haber desparramado el aliento helado de la duda, de la
división y de la incredulidad en las almas de sus espectadores (inmensa ruina
que Nosotros deploramos y por la cual estamos llenos de compasión en el fondo
de Nuestro corazón ya que vemos en cada una de esas criaturas a los hijos
del mismo Padre, redimidos por la misma Sangre), esas sectas se han introducido
de este modo en el viñedo elegido del Señor, con el objetivo de proseguir
con su obra desastrosa.
No siendo capaces de contar con la fuerza
de la verdad, en orden a extinguir, o al menos reducir, la
Fe católica en las almas, ellos recogen el beneficio entre los jóvenes e indefensos,
entre aquellos sin preparación cultural suficiente, entre los angustiados
y necesitados, gente simple que recibe fácilmente adulaciones, engaños y
seducciones.
Habiendo sido informados de este hecho,
ante todo Nosotros tenemos la necesidad de confesar, como lo hemos hecho en
muchas ocasiones, cuan exasperante es esta condición impuesta sobre la
cabeza de la Iglesia Católica, la cual se ve forzada a observar el
desarrollo libre y progresivo de la herejía en ésta ciudad santa en la que
debe reflejarse la luz de la verdad y del buen ejemplo sobre el mundo y
la cual debería ser la respetada Sede del Vicario de Jesucristo.
Como si no fuera suficiente el torrente de
doctrinas enfermas y depravaciones que nacen con impunidad todos los días desde
las sillas de profesores, de teatros, de diarios [periódicos] para corromper
las mentes y los corazones de las gentes, hay que agregar a todas esas causas
de perversión la labor insidiosa de hombres herejes, que luchan entre ellos,
pero que están de acuerdo en vituperar al Supremo Magisterio Pontificio, al
clero católico y a los dogmas de nuestra santa religión, de los cuales no
conocen el significado y mucho menos aprecian su augusta belleza.
De esto se sigue que los fieles, que
vienen en peregrinaje a Roma para encontrar consuelo en su piedad y en su
Fe desde todas regiones, incluso de las más remotas, son profundamente
entristecidos al ver el suelo empapado de la sangre de los mártires invadido
por sectas de todas clases, cuya única preocupación es arrancar del alma de la
gente esta religión que fue declarada la religión del estado y que es el objeto
principal de su amor y de su devoción.
De este modo fácilmente comprenderá,
Señor Cardenal, cuan doloroso es para Nuestro corazón este triste estado de los
hechos y qué intenso es Nuestro deseo de ver los remedios apropiados
que, si no arrancan este mal completamente, al menos disminuirán severamente su
gravedad y su amargura. Es por esto que Nosotros somos reconfortados
grandemente por la fundación de una organización distinguida a la que Nosotros
mismos dimos inspiración e ímpetu, y la cual es llamada Preservación de la Fe. Más aún, por los resultados satisfactorios
que ha comenzado a ganar, gracias al celo inextinguible de ambos, aquellos que
la guían y los que son parte de ésta.
Es nuestro deseo, Señor cardenal, contando
con su usual y bien conocida actividad, que este trabajo salutario, tan bien
adaptado a las necesidades presentes, se sostenga, refuerce y
propague hasta el punto de constituir una defensa eficiente y poderosa contra
el peligro antes mencionado. Ante todo, un apoyo firme y constante tendrá
que ser suplido por el clero trabajador, celoso y modesto de las parroquias de
Roma; sobre el cual recae principalmente el cuidado y responsabilidad de las
almas. Además se agregarán vitalidad, fuerza y expansión gracias a los laicos
católicos de esta ciudad que siempre están dispuestos a brindar su inteligencia
y sus contribuciones caritativas a donde sea que se encuentren los intereses de
la religión y a donde esté en peligro el bienestar material y moral
de sus vecinos.
Que para todos la principal
preocupación sea fortalecer el carácter del pueblo Católico, inspirando nobles
y santas intenciones, al mismo tiempo previniendo descuidos en los que bajo
apariencia de inocentes reuniones para jóvenes, conferencias para mujeres
jóvenes, clases de idiomas, crecimiento cultural y subsidios para familias
pobres, se ocultan propósitos criminales de insinuar en las mentes y corazones
las máximas réprobas de la herejía.
Que todos los fieles estén completamente
imbuidos con la verdad de que nada debe ser más precioso para ellos que el
tesoro de su Fe, por la cual sus antepasados confrontaron sin miedo no sólo las
miserias de privaciones sino también persecuciones violentas y hasta la muerte.
Tal sentido de fuerza no puede más que
ser natural y profundo en Nuestra población que conoce muy bien que la
Iglesia Católica no sólo posee el sello divino que la distingue como la única
verdadera, la única que recibió las promesas de vida inmortal, sino que también
ha diseminando en todos los tiempos sus bendiciones incomparables en
Roma, en Italia y en el mundo entero, sojuzgando las embestidas del barbarismo
con la justicia de sus leyes y la mansedumbre de sus costumbres, extendiendo,
como tan bien lo dice San León el Grande - Serm. I, in Natali SS. Petri et
Pauli- el dominio de la paz Cristiana mas allá de los confines
explorados por las águilas Romanas, salvando la literatura, las bibliotecas, la
cultura intelectual, los monumentos; inspirando todo orden de ciencia y de
arte, viniendo a la ayuda de los débiles, de los pobres, de los oprimidos, con
la generosidad del amor [caridad] y con la magnanimidad del sacrificio y del
heroísmo.
Es por esto que Nosotros alimentamos la
confianza de que ninguno de los Romanos, que son los hijos más privilegiados de
la Iglesia Católica, querrá nunca, por ningún interés humanos que se
sea, separarse de su más tierna Madre [la Iglesia católica], que, luego
de haberle dado a luz en la gracia, nunca ha cesado de rodearlo de sus
solicitudes más llenas de afecto: de las cuales estamos también igualmente
persuadidos que esos Católicos generosos que fundaron y propagaron la antes
mencionada organización llamada Preservación de la Fe, nunca se darán respiro ni descanso mientras que la salvación eterna,
aunque sea de una sola alma, esté en peligro, mostrando de
este modo que si los enemigos de la religión son más fuertes en la cantidad de
sus riquezas, los hijos de la Iglesia Católica vencerán por la
plenitud de su caridad.
Como muestra del favor divino por
llevar esta seria tarea a un final feliz, concedemos con todo Nuestro
corazón, la Bendición Apostólica, a los promotores de este esfuerzo
piadoso, y a todos los que lo favorezcan.
León
XIII, Papa.
Desde el Vaticano, 19 de Agosto de 1900.
Desde el Vaticano, 19 de Agosto de 1900.
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