Catecismo del liberalismo (1896) (II) – Presbítero Ramón Valle
Principios liberales: El sufragio universal
Pregunta. ¿Qué cosa es
libertad?
Respuesta. Es la facultad por la cual somos responsables de
nuestras acciones, lo mismo ante Dios que ante la sociedad y ante las leyes.
P.
¿Y el liberalismo define y entiende bien la libertad?
R. De ninguna manera,
pues según él, es la facultad de hacer irresponsablemente el bien y el mal.
P.
Y en caso de que tuviéramos esta facultad de que habla el liberalismo, ¿sería
buena?
R. Nada menos que eso,
pues nunca puede ser bueno hacer el mal.
P.
¿Pues cuál es el fin de la libertad, de la verdadera libertad?
R. Hacer el bien. Así
como equivocarse es defecto del entendimiento, así también, hacer el mal, es
defecto de la libertad.
P.
En consecuencia, cuál es el mejor sistema de gobierno?
R. El que conceda más
libertad para el bien, y que mejor reprima los abusos de libertad para el mal.
P.
¿En qué consiste la verdadera igualdad social?
R. La igualdad social
no es otra cosa que la virtud que se llama justicia distributiva.
P.
¿En qué consiste la justicia distributiva?
R En considerar á los
hombres según sus méritos y circunstancias guardando por lo mismo una igualdad
geométrica.
P.
¿Qué otro nombre tiene esta virtud?
R. Se llama equidad,
del latín aequitas, que quiere decir igualdad.
P.
¿Y por qué socialmente no ha de atenderse a la igualdad aritmética?
R. Porque es un hecho
que los hombres no son iguales y que difieren entre sí. Es decir, que los hay
tontos y los hay de talento; que los hay virtuosos y que los hay viciosos; que
los hay perezosos y que los hay trabajadores etc. etc. Por lo cual, sería una
injusticia tratar igualmente a los que son desiguales.
P.
¿Pues como deben ser tratados?
R. Proporcionalmente
(que en eso consiste la igualdad geométrica). Es decir, dando a cada uno lo que
es suyo. Y ya se ve que dando a cada uno lo que es suyo, queda establecida la igualdad.
P.
¿Y esta es la igualdad que proclama el liberalismo?
R. Muy lejos de eso;
pues al decir sin restricción que los hombres son iguales, dice una mentira que
está a la vista de todos, pues ni física ni moral, ni intelectualmente lo son.
P.
¿Pero no tendrán todos los hombres iguales derechos?
R. Aritméticamente, o
con absoluta igualdad, no; geométricamente, o con igualdad de proporción, si
los tienen.
P.
¿Podríais explicarme esto?
R. Muy fácilmente, El
inocente tiene derecho de estar libre, de entrar y salir de la ciudad, etc.;
pero el que ha cometido un crimen no tiene ese derecho, y se le pone en la cárcel.
P.
¿Qué se infiere de esto?
R. Que no tienen
iguales derechos el inocente y el culpable, porque el culpable y el inocente no
son iguales.
P.
¿Podríais poner otro ejemplo?
R. Y otros mil, v. g.,
un ignorante, que no comprenda siquiera la marcha administrativa, y que ignore
lo grave que es elegir a los magistrados y la responsabilidad que este paso
trae consigo, no tiene, no puede tener derecho de mezclarse en las elecciones.
Él que no tiene la
suficiente instrucción para saber quién será buen gobernante y quien no ¿cómo
puede tener derecho para designar al gobernante?
Estos de que hablamos,
al contrario, tienen el deber de no elegir, porque cada uno está obligado a no
mezclarse en lo que no entiende y más si de su cooperación pueden resultar males
de gran trascendencia.
P.
Continuad; aunque ya lo estoy viendo muy claro.
R. El malvado que vota
en las elecciones por paga, o por consigna o por cualquier motivo reprobado,
importándole poco las cualidades.de la persona elegida, debe ser privado del
derecho de votar en las elecciones.
P.
¿Podríais poner ejemplos de otros derechos?
R. Con mucho gusto. El
perezoso que no trabaja y que por lo mismo nada posee, no tiene derecho de propiedad;
por el contrario, el que por su trabajo, o el de su padre tiene una propiedad,
en ella tiene derecho.
El ignorante o el
desmoralizado, no tienen derecho de enseñar, y tampoco tienen derecho de
escribir en los periódicos.
Ni el malvado ni el
ignorante tienen derecho a ser elegidos gobernadores, diputados etc.
P.
Según lo dicho ¿qué debe juzgarse del sufragio universal.
R. Que es la mentira
universal’ como la llamó el gran Pió IX.
P.
Volviendo á la igualdad ¿cuáles son las aplicaciones que de su principio hace
el liberalismo?
R. Tres principales.
P.
¿Cuáles son?
R. Primero, igualdad
entre la verdad y la mentira (v. g. tolerancia de cultos.)
Segunda, igualdad entre
el trabajo y la holgazanería (v. g. sufragio universal, liquidación social
etc.)
Tercera, igualdad entre
los clérigos y los legos (v.g. la ley contra los fueros etc.)
P.
¿Qué decís de ellas?
R. Que destruyen
totalmente los principios cristianos.
Catecismo
del Liberalismo – Ramón Valle – Presbítero – Imprenta de Francisco Verdayes –
León 1896 (Universidad de Nuevo León) Págs. 15-21
Nacionalismo Católico San Juan Bautista
Primera
Parte: Catecismo
del Liberalismo

