DÍA DEL CRISTERO
A la época
del boicot, en Guadalajara, un niño que distribuía panfletos para este
fin, le da uno a un esbirro del Estado que enseguida le pregunta quién
se los había dado. El niño no quiso responder. ¿No me quieres decir
nada? Veamos si en la comisaría te quedas todavía callado. En la
comisaría el niño no habló más.
El comisario, loco de rabia, agarró un
látigo y lo golpeó hasta sangrar. “No me pegue, no sea malo”, gritaba el
niño, “habla y paro”. El niño se calló y dejó de quejarse. Entonces, el
comisario lo hizo encerrar y llamar a su madre que llegó pronto, muerta
de inquietud. El comisario ordenó a la madre que hiciera hablar a su
hijo.
La madre miró con amor a su hijo, el niño miró a su mamá, cada uno
reconfortándose en la mirada decidida del otro y… los dos quedaron en
silencio. Entonces, desvistieron al niño, la madre estalló en lágrimas
al ver el estado en que habían dejado a su hijo y más aún al ver que
retomaron la golpiza. Ella quiso interponerse, pero se lo impidieron “No
le peguen más, péguenme a mí”, gritaba la madre sucesivamente. “Decíle
que hable y paro”, y la madre sollozando dijo: “No digas nada hijo mío,
no digas nada”. El comisario redobló los golpes, torciendo los brazos
del niño hasta romperlos. Perdió el conocimiento. “Vaya, vieja infame,
llévese a su hijo”. Como una loca, ella llevó a su pequeño para curarlo
en su pobre choza y lo cubrió con su rebozo (una cobertura que se
encontraba en las casas de todos los paisanos). Estaba desnudo y
ensangrentado. Ella depositó el cuerpo muerto, y ya sin vida. Pero había
salvado a otros y su madre a ejemplo de Nuestra Señora, estuvo como
ella al pie de la Cruz.
Fragmento extraído de "QUE NO TE LA CUENTEN..."
ANC - Sección Femenina


