BERGOGLIO ARREGLA LA CREACION DIVINA Y LA OPNIPOTENCIA DE DIOS
«La
acción del hombre participa de la potencia de Dios y es capaz de
construir un mundo apto a su doble vida corporal y espiritual; construir
un mundo humano para todos los seres humanos y no para un grupo o una
clase privilegiada» (ver texto)
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Este es el orgullo de un hombre sin sabiduría divina: «construir un mundo apto a su doble vida corporal y espiritual».
Bergoglio quiere construir un Paraíso en la tierra ¡Este es su fin en
su gobierno en la maldita iglesia que ha levantado en el Vaticano! Para
eso trabaja, para eso se levanta cada día: para recibir el aplauso de la
gente que busca vivir una vida sin Dios. A toda esa gente, Bergoglio
les da lo que piden. Y sólo de esa manera, consigue adeptos para su
maldita iglesia.
Y quiere su comunismo: «construir un mundo humano…no para un grupo o una clase privilegiada».
Es su lucha de clases, porque pone el pecado como un mal social, como
un mal que producen las clases pudientes en contra de las clases pobres y
miserables. Quiere un mundo para todos los hombres en igualdad de
condiciones; que todos tengan de todo. Y eso es imposible, un absurdo,
porque existe el pecado como ofensa a Dios. Y, por tanto, se da, tanto
en los ricos, como en los pobres, la avaricia, el poder, el orgullo, la
autodependencia, vivir como a uno le dé la gana son contar con los
demás. Y sean comunistas, ateos, liberales, conservadores, socialistas,
adinerados, pobres…todos quieren una cosa: pecar; vivir pecando. Y, por
tanto, es un absurdo un mundo para todos los hombres en que no se den
diferencias. Un auténtico absurdo, que es lo que viven y predican todos
los comunistas como Bergoglio.
Después
del rotundo fracaso del Sínodo, este hombre tiene que conseguir
acaparar, de nuevo, a la gente que ha comenzado a distanciarse de él.
Tiene
que hablar bien del Papa legítimo, Benedicto XVI. Tiene que inaugurar
un busto para él, para que todos vean que él continúa la obra de
Benedicto XVI. Todos miran, ahora, al Papa Benedicto XVI después del
escándalo del Sínodo. Todos le buscan, porque comienza a ver lo que es
Bergoglio: uno que se aprovecha de la situación de la Iglesia para hacer
su negocio en Ella, que es lo que hacen todos los dictadores en el
mundo.
Pero
el problema de Bergoglio es que no sabe esconder su herejía: cuando
dice una verdad, al mismo tiempo, tiene que decir una mentira. No sabe
callar su mente, que es propia de un demonio. Es la mente de un hombre
que sólo vive para lo que hay en su inteligencia humana: y su
inteligencia está rota por su gran soberbia. ¡Es una locura! Y esa
rotura la revela a todo el mundo con su espíritu orgulloso: aquí estoy
yo para levantar un busto al Papa verdadero, pero también para deciros
que Dios no ha creado el universo de la nada.
«Cuando
leemos en el Génesis el pasaje de la Creación corremos el riesgo de
imaginar que Dios haya sido un mago, con una varita mágica capaz de
hacer todas las cosas»: esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo.
¡Qué falta de lucidez tiene este hombre cuando habla de Dios! ¡Cómo se palpa su locura!
Dios
tiene poder para hacer todas las cosas: si Bergoglio niega esto, lo
niega todo. ¡Está negando la Omnipotencia de Dios! En el concepto que
este hombre tiene de Dios, Dios no es Omnipotente.
Dios
ha creado el mundo, pero lo que combate Bergoglio es esto: el mundo
comenzó a ser; entonces, ¿de dónde le viene al mundo el que después de
haber recibido el ser ya no lo pierda y se convierta en lo que es?
En
otras palabras: el mundo ¿depende absolutamente de Dios para que siga
siendo mundo, o son los hombres los que se encargan de hacer y de
conservar el mundo?
Bergoglio niega que el mundo dependa absolutamente de Dios, porque Dios «no es un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas». Este es el lenguaje propio de su herejía: es un lenguaje barato, pero que da una blasfemia: Dios no es «capaz de hacer todas las cosas» ¡Una gran blasfemia! Y muchos la aplauden. Muchos. Porque les gusta el lenguaje barato de este hombre: «corremos el riesgo de imaginar que Dios haya sido un mago».
Este lenguaje barato no significa que esté exento de pecado: no; es un
lenguaje barato lleno de pecado: falta al respeto a lo que es Dios. A
Dios nunca se le puede relacionar con un mago. Bergoglio no sabe hablar
de Dios, porque quiere poner a Dios en el lenguaje hortera de la calle:
abaja a Dios al hombre. Por eso, su pecado apesta en la Iglesia: es el
pecado de un orgulloso, que se cree que sabe algo de Dios, porque habla
de una manera barata al pueblo.
Así que Dios creó el mundo y prescinde de él: «Él
ha creado a los seres y los ha dejado desarrollar según las leyes
internas que Él ha dado a cada uno, para que se desarrollaran, para que
llegaran a la propia plenitud».
¡Leyes
internas! ¿Qué serán esas leyes? ¿Leyes psicológicas? ¿Leyes
biológicas? ¿Leyes sexuales? ¿Leyes psiquiátricas?.. ¿En dónde queda la
ley natural? ¿En dónde la Ley Eterna de Dios en toda la Creación? Esto,
para Bergoglio, no existe en su concepto de Dios.
Cada
ser ha desarrollado una vida según unas “leyes internas”. Y así ha
llegado, cada ser, a su propia plenitud. ¡Una gran blasfemia! La
criatura sola, sin el concurso inmediato de Dios (porque Dios no puede
hacerlo todo), llega a su plenitud. Dios no es la Vida que lo sustenta
todo, sino que cada ser tiene su vida y así, en la evolución de sus
leyes, llega a la perfección, a la santidad, a la plenitud de todo. ¡La
ley del pecado no se da! ¡La ley de la gracia no se puede dar! ¡La ley
divina nunca se va a dar con Bergoglio!
La
creación de Dios, a causa de la ley del pecado, está como está: un
desastre. No hay plenitud. Dios creó el Universo, creó a un ángel que se
rebeló contra Él y ese ángel metió la ley del pecado en la Ley Eterna,
que rige toda la Creación. Imposible que la Creación, ni siquiera la
material, llegue a su plenitud en lo material. Imposible. Porque la ley
del pecado es destrucción de toda plenitud.
Los
cuerpos de los hombres, por la ley del pecado original, nacen llenos de
abominación. Y por más que crezcan, que se desarrollen naturalmente,
como cuerpos, el hombre, al mirar su cuerpo, mira su muerte, mira una
cosa que se va a morir pronto. Y se muere porque este cuerpo no es
plenitud, no puede llegar a la perfección por más desarrollo en su vida
carnal que tenga.
Bergoglio es anatema: se carga la ley Eterna para dar sus leyes internas, para contar la fábula de la Creación según Bergoglio.
Y ¿qué dice la Iglesia?
El Concilio Vaticano I (D 1784): «Todas las cosas que ha creado, Dios las cuida y las gobierna con su providencia…».
Esto es de fe divina y católica. Esto es un dogma de fe, enseñado en el
Magisterio auténtico de la Iglesia. Esto no es una opinión teológica.
Dios conserva indirecta y directamente Su Creación. Bergoglio se carga
este dogma con su lenguaje barato y blasfemo.
Dios tiene poder para cuidarlo todo, para gobernarlo todo con Su Providencia.
Y ¿qué dice la Sagrada Escritura?
Sab 11,25s: «Nada
de lo que hiciste aborreces… Y ¿cómo habría permanecido algo si Tú no
hubieses querido? ¿Cómo algo que no hubiera sido llamado por Ti se
habría conservado?».
Dios conserva todas las cosas de manera directa e inmediata. Es Su Voluntad: «si Tú no hubieses querido»; «algo que no hubiera sido llamado por Ti».
Dios lo conserva todo, concurre con todas las cosas con su sola
Voluntad. Su Voluntad Divina es Poder. Por encima de la voluntad de los
hombres, de su libertad, se encuentra el Poder de la Voluntad de Dios,
que niega Bergoglio.
Sab 1,7: «Porque el Espíritu del Señor llena la tierra y El, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra».
Dios
todo lo mantiene unido. Tiene poder para eso. Dios asiste con Su
Omnipotencia a todas las cosas. Dios llena con Su Presencia y mantiene
unido en el ser todas las cosas, para que no desaparezcan.
Un ser no puede vivir, no puede crecer, no puede desarrollarse –ni siquiera materialmente- sin la Omnipotencia de Dios.
Un
hombre no puede pensar si Dios no le ayuda, no concurre con él. Un
hombre no puede moverse, si Dios no gobierna sus movimientos. Un hombre
no puede obrar si Dios no lleva en sus manos.
Hchs 17,24-28: «Dios,
que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de
la tierra, no… como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da
la vida, el aliento y todas las cosas… Pues en El vivimos, nos movemos y
existimos».
El
hombre vive y se mueve y existe en Dios. Y no en un sentido panteísta.
Todas las cosas han recibido de Dios, y no sólo al principio de su
creación, sino que continuamente reciben de Dios, la vida, el ser, el
movimiento. Es decir, que Dios conserva todas las cosas directa e
inmediatamente. Todas las cosas dependen de Dios absolutamente para que
puedan desarrollarse en su vida natural.
Hebr 1,2s: «En
estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo…, por quien
también hizo los mundos: el cual, siendo resplandor de su gloria… y el
que sostiene todo con su palabra poderosa»
Todo
está sostenido por la Palabra Poderosa del Hijo. ¿Tiene o no tiene
Poder Dios? Con su sola Palabra lo sostiene todo. No sólo lo ha creado
todo. Sino que lo conserva, lo gobierna todo.
¿Qué dice Bergoglio?
«Él
ha dado la autonomía a los seres humanos del universo al mismo tiempo
en el que les ha asegurado su presencia continua, dando el ser a cada
realidad».
¿Captan la herejía?
Dios
es presencia continua, pero no el que conserva en el ser. Dios está ahí
presente, viendo cómo las criaturas nacen, crece, mueren, se
desarrollan, evolucionan… Dios es un espectador de Su Creación, pero no
gobierna nada. Son las criaturas las que, con su autonomía, se gobiernan
a sí mismas.
Dios
ha dado el ser a cada realidad, pero ha dado la autonomía a todo ser.
Dios no conserva en el ser. Sólo ha creado al ser, pero con la autonomía
de cada ser, ese ser ha llegado a su plenitud.
Dios está presente, pero no conserva en el ser: “así
ha ido adelante la creación durante siglos y siglos, milenios y
milenios hasta que se ha convertido en la que conocemos hoy,
precisamente porque Dios no es un demiurgo o un mago, sino el creador
que da el ser a todos los entes». Dios es, sólo, el Creador. Y nada más. No tiene poder para más. No es un mago. ¡Ésta es su gran blasfemia!
¿Qué dicen los santos?
San Agustín (R 1694): «Hay
quienes dicen que solamente el mundo ha sido creado por Dios, y que
todo lo demás ya lo realiza el mundo mismo, así como Dios lo ha ordenado
y lo ha mandado, pero que Dios mismo no es el que lo realiza… Tenemos
que creer y, si podemos, también que entender que hasta ahora Dios sigue
actuando, de tal manera que, si la actuación de Dios se sustrajera a
las cosas creadas por El, éstas perecerían».
San Agustín pone entre las cuerdas el pensamiento de Bergoglio. San Agustín condena a Bergolgio.
San Gregorio Magno (R 2310): «Una
cosa es ser, y otra es ser principalmente; una cosa es ser pudiendo
experimentar cambios y otra es ser sin posibilidad de cambio. En efecto
todas estas cosas son, pero no son principalmente, porque de ninguna
manera subsisten en sí mismas, y si no fueran sostenidas por la mano del
que las gobierna, de ningún modo pueden existir… En efecto todas las
cosas han sido creadas de la nada, y la esencia de ellas tendería de
nuevo a la nada, a no ser que el autor de todas las cosas mantuviera
dicha esencia con la mano de su gobierno».
Todo
está en la mano del gobierno de Dios. Nada está en la mano de los
gobiernos de los hombres. Nada. Nada son las criaturas sin el Creador:
no pueden subsistir. Lo que hoy conocemos, esa creación que ha ido
adelante es sólo por Dios, no por la Creación misma.
Bergolgio
dice que, como Dios no es un mago, no es un demiurgo, entonces nada
hace en Su Creación. Está anulando la dependencia de todas las cosas a
Dios. Dependencia Absoluta.
¿Quién hace los milagros? El hombre: «el
científico debe ser movido por la confianza que la naturaleza esconde,
en sus mecanismo evolutivos, potencialidades que corresponde a la
inteligencia y la libertad descubrir y actuar para llegar al desarrollo
que está en el diseño del Creador».
¿Ven la gran soberbia de este hombre? ¿Captan su gran blasfemia?
¿Quién
puede medir la Mente del Creador y ver lo que el Creador quiere para Su
Creación? ¿Un científico? ¿Un teólogo? ¿Bergoglio?
«Mis pensamientos no son vuestro pensamientos»:
lo que hay en la naturaleza de cada ser es un misterio. Y la
inteligencia de los hombres, por más que quiere conocer lo que es una
naturaleza no llega a su misterio. Y si no llega a ese misterio con su
inteligencia humana, tampoco sabe obrar lo conveniente para dar a esa
naturaleza lo que pide esa naturaleza. Dios es el gobierna cada ser que
ha creado y lo lleva a la perfección de ese ser. El diseño del Creador
sólo está en el Creador, no en la inteligencia ni en la libertad de cada
hombre. ¡Ésta es su gravísima blasfemia! ¡Que todo esté en la libertad e
inteligencia de los hombres para descubrir y actuar y así llegar a un
Paraíso en la tierra!
Nadie
puede entrar en la Mente de Dios para saber cuál es el diseño del
Creador. Nadie puede descubrir en la naturaleza el misterio de la
Creación. Nadie. Es lo que pretende este hombre.
Pero la mente de Bergoglio se centra en esto:
«cuando,
en el sexto día del pasaje del Génesis, llega la creación del hombre,
Dios da al ser humano otra autonomía, una autonomía diferente de la que
tiene la naturaleza, que es la libertad. Es decir, le hace responsable
de la creación, también para que domine la Creación, para que la
desarrolle y así hasta el final de los tiempo».
Bergoglio
niega que Dios concurra con todas las criaturas, física e
inmediatamente, cuando obran, porque ha puesto en el hombre: la
autonomía.
Bergoglio, al final de su discurso, va a decir una gravísima blasfemia:
«la
acción del hombre, cuando transforma su libertad en autonomía –que no
es libertad, sino autonomía– destruye la creación y el hombre toma el
lugar del Creador. Y este es el pecado grave contra Dios Creador»
La libertad se transforma en autonomía. Y es ésta – la autonomía- el pecado contra Dios, al destruir la Creación.
¿Qué es la autonomía para Bergoglio? Es algo que viene de Dios: «Dios da al ser humano otra autonomía»; y que es diferente a la libertad, que es también otra autonomía: «una autonomía diferente de la que tiene la naturaleza, que es la libertad».
Así que la naturaleza del hombre tiene dos autonomías: una, la propia del ser humano; y otra, la libertad.
Esa autonomía de la naturaleza es una ley interna: «las leyes internas que Él ha dado a cada uno».
No
existen, en la naturaleza humana, dos autonomías. Sólo existe en la
naturaleza humana la ley natural. Y no hay más leyes internas ni
autonomías. Y esa ley natural no es una ley interna: es la ley Eterna de
Dios, inscrita en la naturaleza humana. Es algo divino que mueve al
hombre a la verdad de su ser humano. Es algo divino que mueve al hombre
hacia la verdad de su vida. Es algo divino que produce en el hombre la
verdad de su existencia humana.
Bergoglio
niega todo esto y pone dos autonomías en los hombres, dos leyes
internas. Todo es un invento de la cabeza de este hombre. Todo es una
fábula. Y con esas dos leyes internas, quiere explicar el pecado contra
Dios Creador.
¿Ya han captado la gravísima blasfemia? ¿Ya ven por dónde va Bergoglio en este discurso?
«El
Big-Bang, que hoy se pone en el origen del mundo, no contradice la
intervención creadora divina sino que lo exige. La evolución en la
naturaleza no contrasta con la noción de Creación, porque la evolución
presupone la creación de los seres que evolucionan».
Todo
en la mente de este hombre es la lucha entre Creación y evolución. Él
se decanta por la evolución, por los seres que evolucionan, suprimiendo
el que Dios lleve a cabo todas las cosas
Is 26,12: «Yahvé, Tú nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras obras».
Es Dios el motor de toda la Creación. No es la evolución en la naturaleza.
Sal 146,7s: «Cantad
a Yahvé en acción de gracias… El que cubre de nubes los cielos, el que
lluvia a la tierra prepara, el que hace germinar en los montes la
hierba, y las plantas para usos del hombre».
¿Quién
cubre el cielo de nubes? ¿La evolución del agua y del viento, que
producen las nubes? ¿Los cambios climatológicos? No; solo Dios, que
mueve al agua y las nubes en el ser de cada una para que obren lo que
tienen que obrar.
¿Quién
hace germinar la hierba? ¿La semilla que se siembra? ¿La tierra donde
se cultiva? ¿El agua que se echa? ¿El sol que calienta? No; es Dios
quien, con Su Ley Eterna, con Su Providencia, lo mueve todo, en cada
ser, para que obren aquello para lo cual han sido creados.
No
existe la evolución de la naturaleza. Existen los cambios en ella, los
desarrollos naturales, su crecimiento, su decrecimiento. Peor cada
naturaleza es siempre la misma en su esencia. No evolucionan. Sólo
cambian en lo exterior de ellas.
Mac 7,22s: Les decía (la madre de los Macabeos): «Yo
no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el
espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno;
pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y
proyectó el origen de todas las cosas…».
¿De
dónde viene el hijo? ¿Del semen del padre?¿Del óvulo de la madre? ¿Cómo
crece en el vientre de la madre? ¿Ese crecimiento es una evolución de
su naturaleza o es una obra divina en la naturaleza? Ese ser nuevo, se
va desarrollando por sus leyes internas, o es Dios el que concurre con
esa naturaleza para que llegue al orden divino que Él ha establecido en
esa naturaleza?
Bergoglio se queda solo en la evolución de la naturaleza, negando incluso que Dios haya creado el Universo: «El Big-Bang, que hoy se pone en el origen del mundo, no contradice la intervención creadora divina sino que lo exige».
El Big-Bang es exigido en la creación divina: ya Dios no crea de la nada, sino de algo: del Big-Bang.
El
mundo ha sido creado solamente por Dios, sin el Big-Bang. No hace falta
el Big-Bang. Es inútil. Es una leyenda de los científicos, a la cual
Bergoglio es fan.
Dios
crea de la nada. NADA. Este es el Misterio. Y, por tanto, no existe el
Big-Bang, porque nadie conoce el Misterio de la Creación. ¿Qué pasó en
ese principio? ¿Cómo fue ese principio? ¿Cómo se crea algo de la nada?
Los
científicos se rompen la cabeza con esto; pero Bergoglio cuenta sus
fábulas a sus oyentes, cayendo en gravísimas blasfemias y herejías.
El Concilio IV de Letrán, en contra de los Albigenses (D 428), dice: «Creemos
firmemente y claramente confesamos que uno solo es el verdadero Dios,
eterno…: un solo principio de todas las cosas, creador de todas las
cosas visibles e invisibles, espirituales y corporales: el cual con su
poder omnipotente creó de la nada simultáneamente desde el principio de
los tiempos a ambas creaturas, la espiritual y la corporal, esto es a
los ángeles y todo lo de este mundo…».
Sólo hay un principio en la Creación: Dios. No existe el principio del Big-Bang.
«Si
alguno no confiesa que el mundo y todas las cosas, que se hallan en él,
tanto espirituales como materiales, han sido creadas por Dios de la
nada en cuanto a toda su substancia…: sea anatema» (D 1805).
Bergoglio
es anatema, porque no confiesa que Dios ha creado todas las cosas de la
nada, sino que predica que las ha creado del Big-Bang.
Por
una parte, niega que Dios cree de la nada; por otra parte, dice que
Dios es creador. Y, por tanto, en esta contradicción, tiene que negar la
Omnipotencia de Dios, no sólo en el acto creador, sino en todo lo
demás. Dios ya no conserva todas las cosas, no concurre con ellas, sino
que las deja en su autonomía, en sus leyes internas. Así, Bergoglio se
carga la ley Eterna. Y, al final, es el hombre el dios de la creación:
el pensamiento del hombre, lo que el hombre piensa y cree.
Como
ven, no hay en este discurso ninguna verdad. Ni siquiera cuando habla
del Papa Benedicto XVI. Son sólo flores para captar la atención de
aquellos que ya mira a Benedicto XVI como el Papa verdadero. Y esto le
sienta a Bergolgio como una patada en el vientre.
Bergoglio
pierde popularidad y credibilidad. Y ahora son los otros los encargados
de mantener la popularidad de este hombre, dicje ndo cosas como estas:
Cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster:
«El
impulso del Papa Francisco para hacer que la Iglesia sea más acogedora
con los gays no debe ser interrumpido por la violenta reacción de los
obispos conservadores. Es preciso ir más lejos».
«Estoy
decepcionado porque no se usó un lenguaje más fuerte acerca de la
necesidad de respetar, recibir y valorar a quienes mantienen relaciones
homosexuales»
«Este
retroceso no es de ninguna manera algo definitivo y espero que el
Sínodo del año próximo reinstale la actitud más acogedora hacia los
gays»
«El Papa Francisco rompió las normas como parte de un proceso de diálogo y discernimiento para el futuro de la Iglesia» (ver texto).
Todo
es convencer a las masas para que sigan confiando en un hereje, en un
cismático, en un hombre que se ha vuelto loco en su pensamiento humano.
Sólo vean su gran locura en este discurso a los científicos.
Le quieren sacar las castañas del fuego en su gran derrota, que ha sido el Sínodo. Y ya no pueden.
¿Quién
defiende a Bergoglio en su fracaso? La jerarquía pervertida que unida a
él quiere destruirlo todo en la Iglesia. Los católicos pervertidos, que
ya no pueden ver la maldad de este hombre, sino que la siguen a ciegas.
La gente del mundo que quiere a un pervertido, como Bergoglio, líder de
la Iglesia.
Estamos
en el tiempo de la perversión de las inteligencias humanas. Y, en este
tiempo, no hay ni puede haber medias tintas: o estás con unos, o con los
otros. O se tiene toda la Verdad, o se poseen todas las clases de
herejías.
Ustedes
deciden con quiénes quieren estar: o con Cristo; y, por tanto, en la
Iglesia remanente, la que no es de masas; o con el demonio; y, por
tanto, con la iglesia mediática del Vaticano. Todo se hace para ganar
adeptos a la causa de la masonería en Roma.
