Aun frente a la inconfundible evidencia que suministran los datos de la
realidad, esa que a veces aparece con tanta crueldad, una turba de
ciudadanos insiste con la idea de fantasear con un progreso mágico que
jamás llegará.
No pasa por ser optimistas o pesimistas como muchos creen. Tampoco por
una cuestión retórica o por la disposición a tener algo de fe. Para
lograr el ansiado desarrollo se precisa bastante mas que un poco de
voluntad.
Las sociedades que finalmente han evolucionado lo han conseguido como
consecuencia de haber consensuado inteligentes metas y tomado decisiones
acertadas y no como producto de la casualidad, de la suerte o el azar.