martes, 4 de noviembre de 2014

CUANDO EL ESLOGAN SE VUELVE CONSIGNA


CUANDO EL ESLOGAN SE VUELVE CONSIGNA
   
"La única iglesia que ilumina es la que arde". La frase, de antigua data, repetida hasta el cansancio, reverdecida una y otra vez, se hizo realidad. No hace muchos días marcó muchas paredes de Salta en un encuentro nacional de mujeres al que nos referimos en su momento.
Ahora, la Parroquia de Fátima, de Olavarría, provincia de Buenos Aires, fue arrasada e incendiada en la celebración de Halloween. El hecho producido alrededor de las 5 de la mañana, requirió la presencia de los bomberos quienes trabajaron para extinguir el incendio premeditado que afectó mobiliario e instalaciones.
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Fueron quemadas las imágenes, rompieron los bancos y los confesionarios, se ultrajaron elementos que se utilizan en las ceremonias religiosas.
No se llevaron nada, pero tampoco dejaron nada sano. Sólo quedó en pie la indignación de los parroquianos que no se explican tanta violencia descargada contra una iglesia católica. Contra sus imágenes, sus símbolos, y los elementos que sólo tienen valor litúrgico.
Quizá el error radique allí, en considerar que sólo tienen valor religioso, cuando el motivo de estas acciones es precisamente ir contra la significación religiosa que tienen.
Pensar que las acciones pudieron ser producto de un solo desquiciado, es una ingenuidad. Para hacer lo que hicieron fueron necesarios más delincuentes. Ingresaron durante la madrugada del sábado por la parte trasera de la Iglesia Fátima, destrozaron e incendiaron la sacristía y una vez que accedieron al templo quemaron imágenes, rompieron toda la simbología católica y apilaron bancos con intención de que el incendio se propague aún más.
Llama la atención la fecha y el vandalismo no acompañado de saqueo.
Queda en claro que no querían ser confundidos con ladrones comunes y que el objetivo era afectar la moral de los fieles, hiriéndolos en su sensibilidad, profanando sus objetos de culto.
Nada detuvo a quienes provocaron el ataque. Rompieron mesas, sillas, vidrios, espejos y quemaron cuanto pudieron, sin preocuparse siquiera en asegurar su impunidad, dejando huellas dactilares en todos los picaportes y barandas, y hasta manchas de sangre.
El obispo Hugo Salaberry, aunque lanzó un cristiano mensaje llamando a la tranquilidad y a la necesidad de ofrecer la otra mejilla, confirmó que ayer domingo a las 16 la comunidad celebraría una misa en la parroquia, un apoyo fundamental a una comunidad alterada por algo que no logran explicar.
Más allá de la investigación policial y del interés de muchos en asombrarse frente a lo que se empeñan en calificar de hecho aislado, llama la atención su poca repercusión en los medios, lo que hace pensar que tiene una significación mayor y es posible que se repita.
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