Los 5 cardenales que lideran la oposición a Francisco
El Cardenal Raymond Burke, jefe del máximo tribunal del Vaticano, fue
desplazado por el Papa Francisco para convertirlo en patrono de la
Soberana Orden Militar de Malta. El Papa Benedicto XVI lo había nombrado
Prefecto de la Signatura Apostólica en 2008, Francisco ya había
retirado al cardenal Burke, junto con otros 13 obispos, de la
Congregación para los Obispos el pasado diciembre.
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Este cardenal
norteamericano cuestionó los intentos papales en el último Sínodo por
cambiar posturas tradicionales de la Iglesia en materia de divorcio,
aborto y homosexualidad. Burke dijo a la cadena de televisión EWTN: “Uno
tiene la impresión, o se interpreta de esta manera en los medios de
comunicación, que él [el Papa] cree que estamos hablando demasiado sobre
el aborto, demasiado acerca de la integridad del matrimonio como entre
un hombre y una mujer”. Y agregó el cardenal Burke: “Pero
lamentablemente no podemos hablar lo suficiente sobre eso”.
Detrás del cardenal desplazado emerge un grupo de figuras que resisten la estrategia de renovación que lleva adelante Francisco.
La “oposición silenciosa” a Francisco alza su voz contra las reformas
- Burke, Müller, Ruini o Napier critican con dureza la Relatio post disceptationem del Sínodo
- Denuncian las “peligrosas aperturas” a los divorciados vueltos a casar o los homosexuales
- El Sínodo reclama “nuevos caminos pastorales” para la comunión de los divorciados vueltos a casar
- Cardenal Müller: “La Iglesia no puede reconocer a las parejas homosexuales”
- Documento del Vaticano reconoce a homosexuales
- El Vaticano hace público cuestionario para preparar Sínodo sobre la Familia
- Se pone directamente en discusión lo que nos ha dicho Nuestro Señor cuando enseñaba que quien se divorcia de su mujer y se casa con otra mujer comete adulterio
(Jesús Bastante | Periodista Digital).-
Algunos no están acostumbrados al diálogo. O se imponen sus ideas, o
vamos derechos al cisma. Francisco contaba con el riesgo de que el
sector más conservador del episcopado mundial le “hiciera caso” y
“debatiera en libertad” en el Sínodo de Obispos, pero resta por saber si
calibró el “tour de force” que algunos cardenales, como Müller, Burke,
Ruini o Napier le han planteado.
La “oposición silenciosa” a las reformas de Francisco se ha tornado
muy sonora. Primero fueron los cinco cardenales que escribieron un libro
criticando con dureza las propuestas del cardenal Kasper (tras las que
se encuentra el propio Papa). Respuestas personalizadas para los
divorciados vueltos a casar, admisión de las verdades que se encuentran
en las parejas estables no sacramentales o las convivencias “ad
experimentum”, apertura a los homosexuales… Ahora, tras la aprobación de
la Relatio post disceptationem, en la que el sector más
conservador ha resultado estrepitosamente derrotado frente a los
moderados, algunos más se han tirado al monte.
El primero fue el todopoderoso prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, quien aseguró que “la Iglesia no
puede reconocer a las parejas homosexuales”. “No me importa si algunos
no están de acuerdo con mi opinión. Yo digo lo que quiero y, sobre todo,
lo que debo decir como prefecto de la Congregación para la Doctrina de
la Fe”, aseguró el purpurado alemán.
Tras él, algunos cardenales fueron más allá, condenando con dureza la
posición mayoritaria del Sínodo. Así, el cardenal Camilo Ruini, en un
artículo publicado en Chiesa, afirma que “debemos ser muy prudentes, en
lo que atañe al matrimonio y a la familia, modificando las posiciones
que el magisterio propone desde hace tiempo y con tanta autoridad: en
caso contrario, las consecuencias sobre la credibilidad de la Iglesia
serán muy importantes”.
Mucho más rotundo ha resultado el cardenal de Durban, Wilfrid Napier, quien en una entrevista con el Catholic News Service
se pregunta “si alguien en Alemania que se ha divorciado y vuelto a
casar por lo civil puede comulgar sin dejar su estilo de vida, ¿por qué
no puede hacer lo mismo alguien casado con dos mujeres en África?”. Para
Napier, la lógica usada para permitir la comunión de los divorciados
vueltos a casar podría ser aplicada a la cuestión de la poligamia, una
práctica común en todo África.
En la misma línea se postula el cardenal Raymond Burke, uno de los
más señalados opositores al Papa Francisco, quien en una entrevista con
Il Foglio subraya que «un número consistente de obispos no acepta las
ideas de apertura, pero pocos lo saben». “Emerge una tendencia
preocupante porque algunos sostienen la posibilidad de adoptar una
praxis que se separa de la verdad de la fe. Aunque debería ser evidente
que no se puede proceder en ese sentido, muchos propugnan por ejemplo
peligrosas aperturas sobre la cuestión de la comunión concedida a los
divorciados vueltos a casar”, añade el purpurado, que incide en que “no
veo cómo se puede conciliar el concepto irreformable de la
indisolubilidad del matrimonio con la posibilidad de admitir a la
comunión a quien vive en una situación irregular. Con esto se pone
directamente en discusión lo que nos ha dicho Nuestro Señor cuando
enseñaba que quien se divorcia de su mujer y se casa con otra mujer
comete adulterio”.
Con todo, el más duro de todos ha sido el presidente de la
Conferencia Episcopal polaca, Stanisław Gadecki, quien en una entrevista
con Radio Vaticana denuncia que el texto aprobado en la Relatio cae en
«el pecado de omisión. Se ha impuesto la idea de que la visión del
mundo, imperfecta, es un camino hacia la perfección. El documento llama
más la atención por lo que no dice que por lo que dice. Podemos hablar
de los casos excepcionales pero también debemos presentar la verdad».
Para Gadecki, el texto de la asamblea sinodal va en contra del
magisterio de Juan Pablo II, y arremete con dureza contra la posibilidad
de admitir en la comunión a los divorciados vueltos a casar. “Ése es
uno de los errores del texto, que en vez de incentivar la fidelidad y
los valores familiares, acepta las cosas tal y como se presentan. Se da
la impresión de que la enseñanza de la Iglesia ha sido implacable,
mientras que ahora se inicia la enseñanza de la misericordia”, apunta el
prelado.
