Evolucionismo y progresismo liberal: una alianza de conveniencia
La alianza evolucionista-progresista es una alianza de ocasión, los une más que nada un enemigo común.
Y además es una alianza desigual, ya que solo un socio tiene la sartén
por el mango. Cuando debe penalizar a transgresores actúa con eficacia
furibunda, y no duda en sacrificar a antiguos aliados pour encourager les autres.
Basta buscar lo ocurrido recientemente a James D. Watson, premio Nobel y
codescubridor de la estructura del ADN, y a Nicholas Wade, ex principal
periodista de la sección de ciencia del New York Times. Ambos purgados y
condenados al ostracismo por la cheka
progresista por tomarse el evolucionismo demasiado en serio. Haber
pasado a mejor vida tampoco lo exime a uno de ser declarado no-persona
de manera póstuma por transgresiones en tiempos pretéritos donde decir
ciertas cosas no era una herejía.
En esta categoría se encuentra el
premio Nobel en física William Shockley. La National Geographic es un caso gracioso de disonancia cognitiva, promoviendo por un lado el evolucionismo más ridículo, y por el otro purgando a remotos infractores de modo estalinista, casi una parodia del 1984 de Orwell.
James D. Watson, de premio Nobel a no-persona por tomarse al evolucionismo demasiado en serio. Fuente.
La fricción se origina en que varios
evolucionistas ortodoxos se focalizan en la evolución reciente, la
llamada microevolución, y siendo coherentes con sus postulados llegan a
conclusiones no solo fuera de sintonía sino directamente intolerables
para el paladar moderno. Los progresistas por su parte hacen énfasis en la supuesta macroevolución
ya que su objetivo es crear un gran mito anticristiano. Pero
consistentemente minimizan o ignoran la microevolución ya que va contra
uno de los pilares de la ideología moderna, a saber la igualdad a
ultranza. Igualdad total, no solamente de oportunidades, sino también de
resultados. Y para lograr esto necesitan una ayuda parcial del
evolucionismo. Usaremos en este artículo únicamente fuentes evolucionistas para lograr un mayor efecto de la máxima castigat ridendo mores.
Evolucionismo o progresismo liberal: elija uno
No debe haber progresista que desconozca el título de la más famosa obra de Darwin “El origen de las especies”. El subtítulo sin embargo es algo que ahora prefieren olvidar: “La preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”.
En el título completo del magnum opus de Darwin están los motivos de esta fricción interna entre evolucionistas ortodoxos y progresistas. Es imposible compatibilizar el evolucionismo con la idea de una tabula rasa
cognitiva en la naturaleza humana que intenta igualar a todos (y todas)
cueste lo que cueste. La evolución ortodoxa y la igualdad progresista
no pueden ser a la vez verdaderas.
O la evolución darwinista es cierta (o
parcialmente cierta) y sus procesos de mutación y adaptación han
conducido a la existencia de grupos con diferentes aptitudes; o somos
todos iguales (o casi) y las diferencias se deben a injusticias, abusos y
maldades. Contra toda lógica los progresistas insisten en que ambos
sistemas –contradictorios entre sí– son simultáneamente verdaderos.
Insisten que la evolución es real y solo algún católico recalcitrante o protestante creacionista se negaría a aceptarla.
Pero también sostienen que tal evolución no tiene nada que ver con las
observables diferencias entre grupos de gente, especialmente las
cognitivas. Los progres quieren, en términos futboleros, tirar el centro
y también ir a cabecear.
Son evolucionistas darwinianos cuando
necesitan “educar” a retrógrados cristianos. Barren al evolucionismo
bajo la alfombra cuando intentan vender la absurda idea de que la
evolución humana mágicamente se detuvo precisamente en el momento en que
todos alcanzaron milagrosamente la meta cognitiva al mismo tiempo.
Por un lado nos dicen que la evolución es
responsable de las diferencias físicas observables entre los pueblos
del mundo. Por el otro nos recuerdan que el concepto de raza es una
“construcción social”. Curiosamente a muchos progres enquistados en altos círculos se les hace agua la boca con las actuales tendencias demográficas que indican que Europa va a ser englutida bajo un tsunami asiático-musulmán.
Cuando se trata de eliminar a ciertos grupos del lado “equivocado” de
la historia los progres se vuelven más darwinistas que Darwin.
Se enseña con cara de piedra en escuelas y
universidades que la evolución forjó a través de eones cada órgano del
ser humano, excepto el cerebro. Debajo del barniz científico la
ideológica progresista es realmente una grotesca superstición,
obsesionada con su siempre cambiante definición de quien es malo y quien
bueno.
La narrativa progresista liberal y sus detractores
“No hubo cambios biológicos en los humanos en los últimos 50000 años. Todo lo que llamamos cultura y civilización lo hemos construido con el mismo cuerpo y cerebro”.(Stephen Jay Gould)
“Algo debe haber ocurrido que debilitó drásticamente la presión selectiva. No podemos evitar concluir que la evolución del hombre hacia la humanidad se detuvo abruptamente”.(Ernst Mayr)
Gould (1941-2002) y Mayr (1904-2005),
tótems del evolucionismo políticamente correcto, sostenían que el “gran
salto adelante” supuestamente ocurrido entre 40 y 50 mil atrás marcó el
advenimiento de una revolución cultural y el final de toda evolución
biológica significativa. Al desarrollarse la cultura
durante el paleolítico superior el hombre habría sido liberado de las
presiones de la selección natural. Hicimos vestidos en lugar de crecer
pelaje, y construimos armas en lugar de volvernos más fuertes. La así
llamada “modernidad de comportamiento”[1]
habría congelado la evolución humana, en el sentido darwinista. Esto es
evolucionismo adaptado a los tiempos de la igualdad, diversidad e
inclusión reinantes a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Escala de tiempo humana de acuerdo a la narrativa evolucionista. Adaptado de “The 10000 Year Explosion”
Los evolucionistas de línea dura, menos
atañidos con la sensiblería moderna, sostienen lo opuesto. La evolución
no solo se habría mantenido sino acelerado en los últimos 10 mil años[2].
Los cambios habrían sido tan rápidos que los humanos habrían cambiado
notoriamente en cuerpo y mente inclusive en tiempos históricos. Así es
que Sargón de Acad habría sido diferente a nosotros no solo cultural
sino también genéticamente. Los animales domésticos habrían sido
seleccionados a partir de ancestros salvajes desde hace unos 15 mil
años, escogiendo generación tras generación los caracteres más sumisos y
dóciles. Igualmente se estima que el maíz, derivado de una planta
salvaje llamada teosinte, habría cambiado bastante en los últimos 7000
años. No solo la evolución se habría acelerado sino tomado diversos
senderos en diferentes poblaciones. Con el tiempo nos habríamos vuelto
más disímiles entre sí.
Es cierto que estos cambios recientes,
chatos en términos evolutivos, en su mayoría se deben a una simple
mutación (o varias de estas dosificadas en todo el organismo). En otras
palabras, microevolución, como lo reconocen los mismos Cochran and Harpending[3] enfants terribles del evolucionismo ortodoxo.
No solo es posible, y de hecho probable, que cierto grado de evolución[4]
ocurriera en los últimos miles de años, sino que es obvio ya que las
gentes tienen apariencia diferente. Y mientras más lejanas las
poblaciones, más grandes son las diferencias. Algunas de estas
diferencias son solo superficiales, vgr. el color de la piel y los ojos,
etc. Sin embargo hay otras que van más profundo, ya, de lo contrario,
no se podría explicar cómo los forenses pueden determinar la raza de un
individuo solo por los rasgos de su esqueleto. Más aun, a veces una
simple mutación puede tener consecuencias degenerativas graves, como la forma más común de enanismo causada por un cambio en un solo nucleótido de ADN.
La respuesta de los evolucionistas
progresistas vino a través de Richard Lewontin, quien en la línea de
Gould and Mayr, elocuentemente recalcó que las grandes diferencias
genéticas son intra grupales (85%) más que entre
grupos (15%). Esto es correcto, pero no implica que las diferencias
entre grupos son menores que aquellas dentro del grupo, ya que la
correlación entre tales diferencias es lo que realmente importa. Algunas
mutaciones son mucho más importantes para ciertos grupos que otras y
por eso se han desparramado más rápido en ciertos pueblos, y allí es
donde Lewontin falló.
Los creacionistas más literales creen que el ancestro común debe tener menos de 10 mil años. Los evolucionistas sostienen que los humanos salieron de África hace 50 mil años (ver
figura). Lo que ambos tienen en común es que tiene que haber habido una
evolución bastante rápida debido a las innegables diferencias
observadas entre los pueblos alrededor del mundo. En muchos casos los
ancestros comunes son más recientes aun. Los pueblos amerindios y los
del norte de Asia se estima divergieron hace unos 15 años (o menos),
cuando los ancestros de aquellos cruzaron el estrecho de Bering.
Esto lleva a pensar que las obvias diferencias observadas en los pueblos del globo se deben a cambios relativamente recientes
y que continúan acelerándose en la actualidad. El gen que produce la
enzima lactase, la cual permite digerir la leche, se desactiva luego del
destete. Pero una mutación surgida hace solo unos pocos miles de años y
solo en ciertos pueblos, permite la producción de lactase de modo
permanente. Así es que algunos entre nosotros podemos tomar leche toda
la vida.
El desarrollo o “aparición” de la
agricultura en el neolítico habría permitido un gran incremento de la
población lo cual habría acelerado la evolución en los últimos 10 mil
años. Y este sería un proceso que sigue desenvolviéndose aun ahora. Sin
embargo en los ambientes universitarios dominados por el progresismo
liberal se trabaja bajo la hipótesis que la evolución se detuvo hace
unos 40 mil años.
Conclusiones: mejor no elija ninguno
¿En qué se engañan tanto los
progresistas liberales como los evolucionistas ortodoxos? Para empezar
en que la vida haya surgido de casualidad a partir de materia inerte,
luego en que la diversidad de vida en la Tierra a lo largo del tiempo
sea el resultado de mutaciones al azar. La aparición súbita y
consiguiente stasis de especies en el registro fósil destruye
el deseado gradualismo darwinista. Es así que la “explosión creativa” en
pensamiento abstracto, arte, lengua y tecnología del paleolítico
superior se parece sospechosamente a la “explosión cámbrica”. Ésta marca
un antes y un después con la misteriosa aparición de los filos morfológicos[5];
aquella marca un antes y un después entre los humanos de “anatomía
moderna” y los de “comportamiento moderno”. Qué curioso que en ambos
casos, como en la supuesta aparición de la vida desde materia inerte,
estos acontecimientos ocurren de casualidad…
Hasta ahí todos los evolucionistas
presentan un frente uniforme. Pero luego surgen las discrepancias. A
partir de la segunda mitad del siglo XX la gnosis convencional,
especialmente en las ciencias sociales, ha sido que la evolución humana
a nivel cognitivo (pero no físico) se detuvo aproximadamente cuando los
“humanos modernos” salieron de África hace unos 50 mil años. Detrás de
tal poco intuitivo postulado está la necesidad de sustentar la ideología liberal moderna, igualadora de todas las diferencias. Esto ha creado gran fricción dentro del campo evolucionista. Una cosa es extrapolar la nunca probada macroevolución a partir de la microevolución (que pataleen los “creacionistas”). Otra es tomar del evolucionismo solo lo conveniente a ciertos fines políticos, y desechar el resto. Esto último, doblemente deshonesto, es lo que hacen los progresistas liberales.
Ciertamente que el objetivo es control y poder. Si somos una tabula rasa
cuando nacemos y luego un mero producto del ambiente en que crecemos,
entonces podemos ser feroz y totalmente moldeados mediante ingeniería
social totalitaria; de vuelta 1984. Si toda diferencia o desigualdad es mala per se,
es lógico que los disidentes terminen en el Gulag. Si todos somos
iguales, ¿para que oponerse a la actual invasión de Europa predicha por
Jean Raspail en Le Camp des Saints? ¿No es eso acaso racista?
Enrique de Zwart
Para Que no te la cuenten
[1]
Tratando de camuflar la bochornosa cantidad de “eslabones perdidos” los
evolucionistas usan los pomposos eufemismos “homínidos anatómicamente
modernos” y “de comportamiento moderno” para lo que la gente común
entiende por “monos” y “hombres”.
[2]
Cochran, G., Harpending H. 2009. The 10000 Year Explosion. How
Civilization Accelerated Human Evolution. Basic Books. New York, 288 pp.
[3] Ibid. P. 12.
[4] Uso acá el término evolución de manera amplia, lo cual también deja espacio a degradación genética causada por mutaciones
[5] Clasificación taxonómica, de lo general a lo particular:
Reinos biológicos (animalia, plantae, fungi,…)
Filos (chordata, mollusca, arthropoda,…)
Clases (mammalia, sauropsida, maxillopoda,…)
Órdenes (primates, carnívora, cetacea,…)
Familias (hominidae, hylobatidae…)
Géneros (homo, pan, gorilla, pongo,…)
Especies (sapiens)
Reinos biológicos (animalia, plantae, fungi,…)
Filos (chordata, mollusca, arthropoda,…)
Clases (mammalia, sauropsida, maxillopoda,…)
Órdenes (primates, carnívora, cetacea,…)
Familias (hominidae, hylobatidae…)
Géneros (homo, pan, gorilla, pongo,…)
Especies (sapiens)


