¿SÍNODO O VODEVIL?
Dicho
en términos generales-generalísimos, si se quiere- se puede afirmar que
la Iglesia había merecido el respeto de católicos y de no católicos
durante casi toda su historia, hasta que llegó Francisco, un devaluador serial de la buena doctrina y también de la dignidad de su cargo. Como
es sabido, su desinterés por el rigor intelectual es casi absoluto y
para él todas las cuestiones doctrinales deben interpretarse y
formularse no a la luz de la verdad y desde la fe verdadera, sino dentro
del marco de una nueva categoría teológica: la gelatinosa “misericordia” bergogliana ,apta
para barridos y fregados. De allí su respuesta:¿Quién soy yo para
juzgar?, algo así como un detonante para que el lobby gay comenzase a
hacer de las suyas.
Junto a semejante engendro , debe sumarse su escasa compostura, su falta de “gravitas”, su demagógica desenvoltura. Se equivocaría fiero quien supusiese que ello es natural y espontáneo: todos sus gestos están cuidadosamente calculados, con tal de pasar por humilde y simpático.
Jorge Mario Bergoglio es un hombre que no olvida ningún agravio, sea
grande o pequeño, como no lo ignoran quienes lo tuvieron como arzobispo
de Buenos Aires.
Es así que hoy, la Iglesia-convertida en una ONG de gran alcance- ha perdido el respeto de quienes antes se lo tenían.
Esto viene a cuento de lo que está pasando en el Sínodo, ya convertido en un vodevil cotidiano, con tantos dimes y diretes, con tantas tramoyas y contubernios, propios de una facción política.
Faltan
algunos días para que el Sínodo termine. ¿Mantendrá su belleza la
Esposa de Cristo o continuará degradándose por obra de la secta
modernista instalada en Roma?

