XII
LA ORDEN UNIVERSAL DE LOS "B'NAI B'RITH"
Son tan numerosas como admirablemente repartidas las organizaciones del judaísmo.
Prácticamente, todas son internacionales, se haga constar o no en los estados. La "Alliance Israelite
Universelle" (París) puede considerarse como centro mundial de gravitación de la política hebrea
internacional, pues todo conjunto de sociedades en los diversos países guarda relación con ella.
La Orden independiente B'nai B'rith, que totalizo ya el millón de socios, es manifiestamente
internacional, habiendo parcelado la tierra habitada en 11 distritos, de los cuales 7 están
enclavados en los Estados Unidos. De acuerdo con la última memoria, ascendió a 426 el número de
sus logias radicadas en los Estados Unidos, Europa, Asia y África. De los cuatro miembros del
Comité ejecutivo no residentes en Estados Unidos, cada uno de ellos vive respectivamente en
Berlín, Viena, Bucarest y Constantinopla.
Al examinar las juntas directivas de las asociaciones hebreas, llama la atención el hecho de que en
todas aquellas de cierta importancia los dirigentes sean siempre los mismos. Se repiten algunos
nombres constantemente, pero no solo en estas juntas, sino también en Comisiones del Senado, en
los puestos más importantes de la Administración militar y en todos aquellos puntos donde el
judaísmo internacional interviene en la política del mundo. Convergen todos estos hilos finalmente
en el Comité judeo-norteamericano y en la Kehilla neoyorquina. Los Mack, B andeis, Warbu g,
Schiff, Morgenthau, Wolf, Kraus, Elkus, Stranb, Luis Marshall, siempre aparecen en los asuntos de
particular importancia.
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Existen en los Estados Unidos 6.100 organizaciones hebreas, de las que según las últimas
publicaciones funcionan en Nueva York unas 4.000. Demuestra esto cuan estrecha e íntimamente
están unidos los hebreos entre si (en las formas mas variadas), pero siendo siempre el lazo
irrompible de unión el de la raza.
La entidad más conocida es la Orden "B'nai B'rith", radicada en Chicago, y que se fundo en 1843.
Sus fundadores fueron casi todos hebreos de procedencia alemana. "B'nai B'rith" significa
"Hermanos de la Ley" (mosaica). La primera fundación filial fuera de los Estados Unidos, se efectuó
en Berlín el año 1885, donde se constituyo la Gran Logia numero 8 y a la que siguieron muy pronto
otras Grandes Logias en Rumania y Austria.
Tiende la Orden a educar a sus miembros en el patriotismo. Como, para citar un ejemplo, la logia
numero 6 de Illinois puede fortalecer el patriotismo de los miembros de la logia numero 8, de
Alemania, no es fácil, empero, comprender.
La orden pretendió manifestarse también en el campo político. La historia diplomática de los
Estados Unidos en estos últimos 70 años conserva rastros del B'nai B'rith. En 1870 designóse
cónsul de los Estados Unidos, en Bucarest, al hermano Peixotto, con la misión especial de "mejorar
la situación de los hebreos cruelmente perseguidos en Rumania". Estas "persecuciones" no eran
sino la defensa de los campesinos rumanos contra sus dos peores enemigos: el aguardiente hebreo
y el terrateniente hebreo. Se hizo aquel nombramiento "a raíz de proposiciones formuladas por la
Orden. Las negociaciones se llevaron a cabo preferentemente por el hermano Simón Wolf".
Fué este Simón Wolf durante 50 años el representante permanente y oficial de los intereses
hebreos en Washington. Podría escribir si quisiera, una historia en extremo instructiva sobre las
relaciones entre el B'nai B'rith y los nombramientos diplomáticos norteamericanos. Fue el quien
propuso al ministro de Estado, Bryan la designación de un embajador hebreo pa a España, para
demostrar así que "Norteamérica" protesta aun contra la expulsión de los judíos en el siglo XV.
También fueron judíos los que indujeron al presidente Harding a que designara a un judío
embajador en Berlín, para demostrar a los germanos su desaprobación a denegar el predominio
judío en la industria, hacienda y política. Esta interpretación del servicio diplomático norteamericano
como agencia ejecutiva de los intereses mundiales hebreos, existe desde hace tiempo, habiendo
tenido por consecuencia numerosos nombramientos que en todo el país provocaron extrañeza y
duda.
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Merece especial atención el hecho de que mientras los judíos norteamericanos proveyeron los
puestos diplomáticos orientales con los suyos, los hebreos británicos hicieron otro tanto con los
altos cargos en India, Persia y la Palestina. De este modo todo el medio Oriente se encuentra bajo
la inspección semita, dando a entender al mundo mahometano que los judíos, una vez conquistado
el de raza blanca, se preparan ahora a retornar a su antigua patria. Este intento de aproximación
de los creyentes de Moisés con los de Mahoma requiere especial atención.
Pertenece a la Orden de B'nai B'rith de preferencia los hebreos religiosamente un tanto liberales, de
los que indudablemente muchos pensaran también con mayor libertad acerca de la cuestión racial.
No es esta Orden el portavoz de la totalidad de los ideales hebreos, sino que representan el cen ro
de ciertas intenciones determinadas. No es que gire dicha Orden más alto que el Comité judeonorteamericano,
sino que representa un brazo ejecutivo de largo alcance. Se la puede considerar
como exclusiva masonería de los israelitas, y esto indica su particularidad característica, a saber,
que el hebreo exige como un derecho el ser admitido en todas las sociedades y Ordenes cristianas;
pero que las suyas, exclusivamente admiten a judíos. Es norma israelita, tal política unilateral.
A la cabeza de la actuación del B'nai B'rith figura la labor de la "Liga anti-difama oria". Dicha junta
interior existente en toda logia, presta el necesario servicio de espionaje para mantener a la Gran
Logia al tanto de todo cuando pueda afectar al judaísmo. En su provocativo proceder procede la
Liga anti-difamatoria de acuerdo con directivas trazadas con extremada precaución. Generalmente
figura como presidente de la Liga un personaje de suma influencia, capaz de presionar a la prensa.
Es a veces el propietario de una agencia de publicidad que dispone de la distribución de los avisos
entre los diarios locales, de modo que estos, desde dicho punto de vista, dependerá de su
benevolencia. La Liga anti-difamatoria es la organizadora de los boicots. Y no es que solo emita sus
protestas alta y públicamente, sino que también utiliza los medios callados de presión y coacción,
que en apariencia ni se notan. En síntesis: una corporación en extremo belicosa, cuyos medios
empleados no son dictados siempre por la moral y la justicia.
Consiste uno de sus éxitos mas visibles en haber suprimido realmente el uso del termino "judío",
salvo en sentido laudatorio. Durante largo tiempo no sabia la gente como denominar a los judíos: si
"hebreos" o "israelitas", o como fuera. Fue consecuencia lógica de ello, que todos los pueblos
debieron sufrir las "teorías" procedentes de los judíos, cuyo nombre no era licito pronunciar. Hace
poco compareció ante el juez un judío acusado del asesinato de su mujer; los diarios le llamaron
"un precoz inglesito". Los rusos y polacos residentes en los Estados Unidos tienen que soportar
indignados, y muchas veces, pero siempre en vano, protestaron públicamente contra ello, de como
se abusa de la denominación de sus nacionalidades en las crónicas periodísticas y los informes
policiales, para hacer desaparecer la de los hebreos.
Apenas un periódico añade el término "judío" al nombre de cualquier criminal, aparece de
inmediato la Liga anti-difamatoria con su protesta. El razonamiento siempre repetido, es: "Si fuera
este criminal metodista o prebisteriano, no se lo haría constar expresamente; ¿por que se lo hace
constar tratándose de un judío, ya que este concepto no tiene sino un significado religioso?" Si ese
razonamiento no se basara sobre el supuesto falso de que la palabra "judío" se empleo en sentido
religioso, lo que a nadie se le ocurre, podría parecer correcto. Empero, la practica, esta ocultación
de la nacionalidad de un criminal es una manifiesta injusticia contra los miembros de otras
nacionalidades, que tienen que sufrir así la maldad de los delincuentes judíos. Significa tal proceder
una restricción de la honrosa libertad de la prensa.
Quita este proceder de la Orden B'nai B'rith toda esperanza de un acercamiento o reconciliación.
Acaso no exista en el mundo pueblo alguno que se halle mas dispuesto a resolver la cuestión judía
justiciera y pacíficamente, que el norteamericano; pero el arreglo no podrá jamás conseguirse en el
sentido de la descristianización y judaización de los Estados Unidos, y tal es lo que pretende la Liga
anti-difamatoria.
Una de las pantallas mas eficaces, tras de la cual el judaísmo sabe ocultar sus reales intenciones,
es la de organizar mítines gigantescos. La Kehilla neoyorquina, o lo que es igual, el Comité judeonorteamericano,
puede organizar en 24 horas mítines monstruos en cada población yanqui. Estos
son medios de combate netamente mecánicos, no para expresar francamente la opinión hebrea,
sino para influenciar a la "opinión publica" en un sentido perfectamente determinado. En pocas
palabras: ¡arte de tramoya!
Merced a los mítines monstruos obligóse en un tiempo al gobierno a que revocara el tratado de
comercio existente con Rusia; también se impedía la necesaria modificación de la Ley de
Inmigración. En el supuesto caso de que el presidente de los Estados Unidos despidiese a un
funcionario judío, o de que el Negociado Estadístico quisiera hacer figurar a los judíos residentes en
Norteamérica según su raza, mañana mismo en cien ciudades de todo nuestro territorio se
organizarían las consabidas manifestaciones gigantescas, protestando estruendosamente contra
ello.
La razón por la cual la orden B'nai B'rith concentro todas sus energías en eliminar de la literatura
escolar y universitaria el "Mercader de Venecia", de Shakespeare, no es claramente comprensible.
Empero, en gran parte logro su objeto. En noviembre de 1919 la Liga anti-difamatoria pudo
anunciar que dicha obra había sido suprimido en 150 colegios, lo cual precisamente redundo en
desventaja de los judíos en todos los conceptos. Un éxito que no pudo alcanzar la Orden fue
eliminar de la Biblioteca de Boston el cuadro de Sargen "La Sinagoga". A pesar de las muchas
protestas que se elevaron, el cuadro sigue en su puesto.
En la Navidad del año ultimo apenas hubo tarjetas de felicitación que mencionaran el significado de
la festividad. En las Pascuas próximas ocurrirá otro tanto: todo lo cristiano es "antisemitismo" y
debe desaparecer. El rabi Cofee manifestó que el Nuevo Testamento era el libro más antisemita
que se ha escrito...
Toda esta agitación judía, que comenzó por la supresión de la Biblia hasta finalizar en la eliminación
de Shakespeare, fue un enorme desacierto y se trocara en descalabro, cuyas consecuencias deberá
sentir el pueblo judíos en días no muy lejanos.
XIII
COMO CARACTERIZA DISRAELI A LOS HEBREOS
Con frecuencia los judíos se lamentan de que no se les comprende. Siempre se les "convierte en
sospechosos", siempre se les "persigue", a no ser que se les "adule" con exceso.
Cuando los no-judíos y las Iglesias cristianas dejen de creer que los judíos de hoy no son iguales a
los del Antiguo testamento, y cuando sepan lo que manda el Talmud, es indudable que el
"sospechosos" se transformara en "culpables".
Fue precedida la catástrofe de Rusia por una sistemática desfiguración del carácter nacional ruso,
largamente preparada por la prensa mundial hebrea y por el servicio diplomático hebreo. Bajo los
auspicios de los judíos, el nombre de Polonia fue zaherido en la prensa norteamericana, siendo el
único crimen de los polacos, pretender defenderse de los judíos. Por lo visto, estas formas de
"hacerse sospechosos", constituyen una exclusiva prerrogativa de los judíos. En cambio, doquiera
que en el bando contrario se levante una voz previsora contra la irrupción del judaísmo y contra su
oculto predominio en nuestra vida, se hablara al punto de "difamaciones". Jamás atacan los judíos
una cuestión directa y lealmente, sino que su modo de luchar siempre consiste en desmentir
afirmaciones nunca hechas, en tergiversaciones y en conquistarse la sentimentalidad de sus
contemporáneos, y de envolver a otras personas en sus propios manejos. Pertenecen de
preferencia a este último grupo los francmasones, que con estupor, observaran en estos últimos
tiempos, como su buen nombre se une indisolublemente al de los judíos. Quien conozca los asuntos
judíos, comprende esto perfectamente. Dos veces en la historia de los Estados Unidos fue
intranquilizado el pueblo norteamericano al sentirse sojuzgado a influencias extrañas en sus
asuntos públicos. Las dos veces consiguieron los actores, ocultos entre bastidores, desviar las
sospechas hacia los francmasones, una vez bajo la presidencia de Jorge Washington, y otra bajo la
de Adams; se publicaron libros, se pronunciaron discursos, el periodismo hizo investigaciones;
nadie descubrió la influencia judía. Washington comprendió, en efecto, que las traidoras influencias
no provenían de los francmasones, y descubrió huellas de las fuerzas secretas que pretendían
manifestarse bajo la mascara de la francmasonería. Pero el presidente Adams no profundizó tanto.
La francmasonería, finalmente, salió del asunto sin mancha, resultando que era totalmente
inocente de todas estas maquinaciones. Provenían estas de una seudo-masonería francesa, al
servicio de fines ateos y anárquicos, pero la gente solo vió algo que parecía ser una
francmasonería, sin advertir la mano judía oculta que dirigía. Se intentó en 1826 desviar por
segunda vez la atención sobre la francmasonería.
Quedó desde entonces su buen nombre sin mácula, hasta estos últimos tiempos, en que los
hebreos nuevamente intentan ocultarse tras de la masonería norteamericana. Sin embargo, los
judíos pueden estar seguros de que tampoco esta vez lograran cubrirse con el escudo masónico, ni
les servirá para atajar las flechas que se lanzan contra los hechos anárquicos evidentemente judíos.
La francmasonería yanqui nunca tomo parte en las intrigas judías.
Debe advertirse que, así como los judíos pretendieron abusar del nombre de la masonería para
desviar sobre ella los golpes de sus adversarios, también lo intentaron hacer con el de la Compañía
de Jesús. Si quisieran los jesuitas y los masones comparar todas las señales características de los
medios utilizados, llegaría a dar con el mismo origen. Aunque tal intento se malogro en los dos
casos, sufrió, empero, el buen renombre de las dos asociaciones.
Se nos presenta aquí una de las muchas coincidencias concretas entre los "Protocolos" y los
"hechos". Aunque los Protocolos declaran la guerra a las dos asociaciones, los judíos, intentan, sin
embargo, servirse de ambas para conseguir sus fines. Dichas asociaciones sabrán en lo futuro
protegerse, cuando conozcan el plan judío. Sobre este tema existen infinidad de escritos, de cuya
existencia el mundo nada sabe, sino que estará reservado a la historia futura dilucidar
científicamente los intentos de los semitas para servirse de la masonería y destruirla al mismo
tiempo. Ese estudio demostrara como obraban las influencias judías, sin que fuera posible
averiguar su procedencia. Agredían las gentes lo que tenían delante de los ojos, sin que fuera esa
la fuente de sus males. Significa un gran progreso el hecho de que hoy el plan mundial sea visible y
se lo vaya comprendiendo.
El siguiente relato demostrara que los israelitas carecen del derecho de afirmar que siempre se les
hace "sospechosos", recurriendo para ello al testimonio de un prominente judío, a quien sus
hermanos de raza reclaman orgullosos como uno de los suyos.
Benjamín Disraelí, que con el nombre de Lord Beaconsfield, fue presidente del Consejo de Ministros
de Gran Bretaña en 1860, era judío, y de ello se jactaba, no obstante haber sido bautizado. Publico
como literato varios libros, que trataban de hacer juzgar debidamente a su pueblo.
En su obra Coningsby nos describe el carácter judío en la persona de Sidonia, de cuyo modo de ser
y obrar pretendió Disraelí presentarnos, sin duda, al judío tal como el hubiera querido que lo
juzgáramos en general.
Descubre Sidonia al joven Coningsby su origen con las frases siguientes: "Profeso de la fe de los
apóstoles, antes de que siguieran a su Señor". Es esta la única vez en que se habla de "fe". En
cambio, en el breve prefacio de la quinta edición del año 1919, se halla cuatro veces el concepto
"raza", empleado con respecto a los judíos.
En la conversación primera entre los dos personajes se declara Sidonia partidario de la voluntad de
dominar, concluyendo una discusión acerca de los grandes personajes históricos con las siguientes
palabras: "Acquaviva fue general de los Jesuitas, domino sobre todos los gobiernos europeos y
colonizo América, cuando no contaba aun treinta y siete años. ¡Que carrera!".
Caracterizando a Sidonia, nos describe Disraelí a los judíos como árabes de Moisés, con lo cual
pretendió fijarles una posición determinada entre las naciones del mundo. Mas adelante, en
cambio, les llama árabes judíos. Formula además la tesis de que quien se resista a la voluntad
hebrea caerá bajo el anatema, cuya idea alcanza y va hacia los vastos círculos cristianos. El "temor
judío" es una señal evidente de ello, siendo, por tanto, cuidadosamente cultivado por los judíos. Lo
elevan a lo religioso, según la frase bíblica, que dice: "Maldeciré a quien te maldiga", creyéndose
con derecho de considerar toda critica de su ser como una herejía. Si los judíos fuesen conscientes
de su vocación de "constituir una bendición entre los pueblos", debería cesar automáticamente en
los hechos con que ahora se tornan antipáticos. Al atacar al judío, no se lo hace porque sea judío,
sino porque ejecuta hechos y ejerce influencias que llevan al derrumbamiento de toda moral social,
salvo que se les detenga en su marcha.
La persecución de los judíos, de la que se ocupa Disraelí, es la realizada por la Inquisición española,
basándose en motivos religiosos. Se nos describe en la siguiente forma la historia de la familia de
Sidonia, tomada en una época turbulenta de la vida europea: "En oportunidad de los desórdenes
en la Península Ibérica, cierto miembro de la rama menor de nuestra familia, ganó una inmensa
fortuna proveyendo de material bélico a los diferen es ejércitos combatientes". Es un hecho
evidente que puede aplicarse a toda la historia de la era cristiana, que para los semitas,
"perseguidos" o no, las guerras fueron siempre épocas de gran vendimia. Fueron los primeros
proveedores de los ejércitos. Si abasteció aquel Sidonia a los "diferentes ejércitos", vale decir
simultáneamente a los de amigos y enemigos, siguió exactamente los métodos y reglas avalados
por escritos de la raza judía.
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"Al firmarse la paz en previsión del inmenso porvenir financiero europeo, y confiando en la fertilidad
de su ingenio, en sus profundos conocimientos de las finanzas nacionales y de sus fuentes
naturales, resolvió Sidonia emigrar a Inglaterra, país con el cual, en el transcurso de los años, había
anudado múltiples relaciones comerciales. Desembarcó allí con una enorme fortuna, una vez hecha
la paz en Paris. Con todos sus capitales participo en el empréstito de Waterloo, cuyo éxito le
convirtió en uno de los más sólidos capitalistas de Europa. Establecido en Inglaterra, volvió
públicamente a profesar su judaísmo..."
"Ya en España, previó Sidonia que Europa, luego del agotamiento de un lapso guerrero de 25 años,
necesitaría capitales para retornar a sus condiciones normales. Empezarían a cosecharse los frutos
de su inteligencia. Europa precisaba dinero, y Sidonia estaba dispuesto a prestárselo. Francia
necesitaba algo, Austria más, Prusia un poco, Rusia dos millones. Sidonia pudo abastecer a todos
ellos. El único país que se abstuvo, fue España.
Nos pinta Disraelí el método del proceder semita en tiempos de paz y de guerra, tal como lo
hicieron otros autores. Disraelí lo hace manifiestamente con el fin de glorificar al judío, en tanto
que los demás pueblos tuvieron oportunidad de enterarse de lo que en tiempos de paz y de guerra
se combina entre bastidores. Consta, entonces, que Sidonia facilitó dinero a todos los Estados.
Pero, ¿donde lo adquirió? Durante las anteriores guerras se lo había quitado precisamente a los
mismos pueblos, a los que en la paz se lo tornó a prestar con usura. Exactamente fué el mismo
dinero, y los grandes financieros, que operan durante la paz y durante la guerra, son, también los
mismos, o sea, El Judío Internacional, según lo comprueba Disraelí en su libro escrito con el objeto
de glorificar el tipo judío. Y continua el autor: "No es difícil comprender que Sidonia, luego de
recorrida en unos dos lustros la esbozada carrera, se convirtiera en uno de los personajes mas
prominentes de toda Europa. En la mayor parte de las capitales estableció a un hermano u otro
pariente cercano suyo, en quien podía confiar completamente. Fue amo y señor del mercado
financiero mundial, y con ello, amo y señor de todo lo demás".
¿No es, acaso la quintaesencia del judío internacional lo que Disraelí nos describe aquí, lleno de
orgullo y admiración? Pero ¿no se elevaría al punto el grito de "persecución" y "odio" si un autor
no-judío osara pintarnos este mismo cuadro con la simple indicación de que no es precisamente en
beneficio y provecho de la humanidad el que una cáfila de judíos se erigieran en "amos y señores
del mercado financiero mundial" y por ende en "amos y señores de todo lo demás"?
Nos facilita la citada novela, raros indicios de la intromisión hebrea en la Compañía de Jesús. "El
joven Sidonia tuvo suerte con el preceptor que su padre le había buscado, mentor que se dedico
con verdadero ahínco a perfeccionar su fino espíritu y su educación. Había sido antes de la
revolución padre jesuita y mas tarde fue relegado por su actuación liberal, mas siendo entonces
miembro del Parlamento español, siguió siendo Rebello judío. Halló en su discípulo esa temprana
madurez del espíritu con que se distingue el espíritu árabe". Llevóle también la carrera de Sidonia
al predominio mundial intelectual. Viajó por todas las partes del mundo, escudriñó todos los
secretos, y regresó a casa llevando, como quien dice, el mundo en su bolsillo; era un hombre
completamente carente de sentimentalismos y otras sensibilidades. "No había en toda Europa un
sólo aventurero con quien no estuviera Sidonia en relaciones. No existía ministro de Estado que
dispusiera tantas relaciones con agentes secretos y espías políticos. Se mantuvo en contacto con
toda la hez de la humanidad. La lista íntegra de todas sus relaciones con griegos, armenios, moros,
tártaros, gitanos, polacos ambulantes y carbonarios, proyectaría clara luz sobre las fuerzas
subterráneas, de las que, en general, el mundo sabe tan poca cosa, pero que ejercen una tan
decisiva influencia sobre los grandes acontecimientos... Fué la historia oculta su manía, siendo su
juego predilecto ir comparando las energías propulsoras ocultas detrás de los grandes
acontecimientos, con lo engañosamente dado a la publicidad".
Tenemos aquí al judío internacional tal cual es. Al teórico personaje de los "Protocolos de los sabios
de Sión", cuyos dedos saben pulsar todas las cuerdas del saber y del sentir humanos, y que al
propio tiempo dirige y manda la potencia más brutal, que existe en este mundo: el dinero. Si un
autor no-judío hubiese osado pintarnos así a Sidonia con todas las realistas características de su
raza y de su historia, se lo habría expuesto a todas las presiones. Disraelí, en cambio, pudo
permitirse ese lujo, y lo hizo tan francamente y con tanta desnudez, que casi se podría sospechar
que su intento fue ofrecer al mundo una neta advertencia.
Todo lo que Disraelí nos refiere de Sidonia, refleja a los demás judíos. Es también, el retrato,
deducción hecha acaso del elevado grado de su educación, de ciertos preponderantes judíos
norteamericanos que actúan en los círculos aristocráticos, sin por ello abandonar su trato con
aventureros, agentes secretos, espías políticos, con hebreos enmascarados, y con las potencias
subterráneas, de las que la humanidad, en general, poca cosa sabe.
Esta serie de alzas y bajas constituye el secreto del poderío judío, el que para relacionarse ignora lo
indecoroso. A judío alguno se le expulsa de su comunidad por un delito cometido en detrimento de
los no-judíos, sino que, según su carácter y sus facultades, hallara siempre una situación adecuada.
Ciertos hebreos neoyorquinos pertenecientes a la "alta sociedad" no dejaran de recordar,
seguramente sus intimas relaciones con el "aventurero" que abandono los Estados Unidos para
destruir la Rusia zarista. A otros, en cambio, les resultaría muy incomodo el que se mencionasen
sus relaciones con "agentes secretos y espías políticos". Es Sidonia el prototipo del judío
internacional y también del existente en Norteamérica.
Hasta ahora se nos habló del curso exterior de la existencia de Sidonia. Después este habla de si
mismo, lo que se hace "a mayor gloria del judaísmo" en general. Extiéndese sobre las injusticias
que su pueblo debe sufrir en Inglaterra. Siempre la misma condición: mientras se educan del sumo
poder, susci an aun la compasión para los desdichados judíos siempre injustamente perseguidos.
La novela a que nos referimos se publicó en 1844 y, sin embargo, refleja todavía, y hasta en los
mínimos detalles, la actualidad existente en la Inglaterra contemporánea... "Desde que vuestra
sociedad inglesa cayo en el desorden, el pueblo judío, hasta entonces leal, se va colocando en una
misma fila con los niveladores políticos, resuelto a favorecer una política en la que puede perder
vida y haciendas, antes que supeditarse a un sistema que le denigra". Por niveladores políticos
debemos entender aquellas ideas políticas y religiosas mal llamadas "liberales", que tan amplio
espacio ocupan en los famosos "Protocolos", y que, impotentes para edificar nada por sus propias
fuerzas positivas, no ansían sino destruir el orden existente.
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Nos facilita también esta última frase citada la respuesta de Disraelí a la pregunta de ¿por qué
habían los judíos de ayudar al bolcheviquismo, cuando sufrían bajo su régimen? O esta otra: si
realmente fuéramos omnipotentes, ¿por que padeceríamos también bajo los desórdenes reinantes
en el mundo? Resulta que todo desorden representa un peldaño en el camino hacia el predominio
mundial hebreo, y por este ideal cada judío aguanta voluntarioso todos los sufrimientos. Empero,
no tiene que sufrir los judíos jamás tanto como en igualdad de circunstancias sufren los no-judíos.
En Rusia, por ejemplo, los soviets dejan importar toda clase de vituallas para los judíos. Cantidad
de "victimas hambrientas de la guerra" están en perfectas condiciones de poder pagar hasta los
más elevados pasajes para Norteamérica. Sus padecimientos, relativamente ínfimos, los soportan
en la seguridad de que cada catástrofe de la sociedad humana les brinda una oportunidad para
acerca algo más sus garras a los centros del poder, en este mundo.
Según las instrucciones impartidas en los "Protocolos", lo hebreos derrumban el orden existente,
propagando "ideas". Expresa Sidonia: "En una crisis política perdieron los conservadores una banca,
porque los judíos votaron en contra de ellos. La Iglesia, preocupada por el plan de una universidad
liberal, se entera, satisfecha, de que no se reúnen para ello las sumas necesarias: un judío adelanta
entonces los fondos, suministrando lo necesario... Y a cada generación que pasa, saben tornarse
mas peligrosos en su poderío contra la sociedad, que se les muestra hostil". Han pasado desde
entonces varias generaciones. Cada orden societario no-judío es considerado por el hebreo como
una organización hostil, a la que debe derrumbar. Disraelí fue un profeta; sus palabras se
cumplieron: con cada generación los judíos se hicieron más peligrosos y más poderosos. El grado
de peligro se evidencia a cada mirada lanzada a nuestro alrededor.
Sidonia añade: "Le dije ya que pensaba irme mañana a la capital, porque me impuse la regla de
estar presente siempre cuando se trata de algo político. Por lo demás, de nada me ocupo. Leo en
los diarios sobre guerra y paz sin alterarme, salvo que me entere de que alguno que otro soberano
precisa dinero; se entonces que los monarcas nos necesitan". No desempeñaba Sidonia cargo
público alguno. Todavía no había madurado su tiempo. Pero mucho antes de que lograra satisfacer
su ambición de ejercer poderes públicamente, ya se manifestaban estos clandestinamente, y esta
forma mostróse muchísimo más eficaz que no la publica. Puede decirse que cuantos más judíos
desempeñan cargos públicos, tanto mayor es también su secreto poderío.
"Dos años ha que Rusia dirigióse a nosotros, aunque entre la Corte de San Petersburgo y mi familia
jamás hayan existido relaciones amistosas, sino que en tal caso servían de intermediarios nuestros
amigos holandeses. Nuestras manifestaciones en pro de los hebreos polacos, el grupo más
numeroso, y también más desdeñado de nuestro pueblo, no fueron precisamente muy gratas al
Zar. Empero, obligaban las circunstancias a una aproximación entre los Romanof y los Sidonia.
Decidí ir a San Petersburgo. Apenas llegue, me entreviste con el conde de Cancrin, ministro de
Hacienda ruso: halle al hijo de un hebreo lituano. Se relacionaba el empréstito con los sucesos de
España. Mantuve allí una entrevista con el ministro Mendizábal, reconociendo en el a un
correligionario, hijo de un neocristiano, antes hebreo aragonés".
"A consecuencia de los rumores circulantes en Madrid, me fui directamente a París, para tratar con
el jefe del gabinete francés, y ¿que veo? ¡Al hijo de un hebreo francés, un héroe, un mariscal del
Imperio!".
Si comprendiera hoy Sidonia otro viaje circular, hallaría en todas partes, donde otrora viera a un
judío, catervas de hebreos, y siempre desempeñando los cargos mas elevados. Y mas aun, cuando
prolongara su viaje a los Estados Unidos, ¡que enorme numero de apellidos hebreos en los círculos
oficiales de Washington y Nueva York sonarían a sus oídos! En un Consorcio en que viera algún nojudío
aislado le parecería un extraño, a quien los hebreos hubieran permitido la entrada.
"Fué el resultado de nuestras conferencias que se invitaría a cualquier potencia norteña a que
intercediera amigablemente. Acordamos que esta fuera Prusia, y el jefe del gabinete invitó al
ministro prusiano a un viaje a Paris, y en efecto, allí llegó breves días después. Entró el conde de
Arnim, y ¡me encontré ante un judío prusiano!".
"Ya ve usted, querido Coningsby, que el mundo es gobernado por personajes totalmente distintos
de lo que creen los que desconocen la vida de entre bastidores".
Así es, efectivamente; pero ¿por que no ha de mirar el mundo alguna vez, también, detrás de esos
bastidores?
Y siguen ahora las más trascendentales palabras que Disraelí escribiera; palabras que obligan casi a
suponer que las escribió con la idea de prevenir al mundo sobre las ambiciones judías.
"Jamás advertirá usted en Europa un gran movimiento espiritual en el que no participen los
hebreos en alto grado. Fueron judíos los primeros jesuítas. La misteriosa política rusa, que
preocupa a toda la Europa occidental, es organizada y realizada en parte, por hebreos. La terrible
revolución que se va preparando en estos momentos en Alemania, y que realmente se convertirá
en una segunda Reforma, pero de la que hasta este momento en Inglaterra se sabe tan poca cosa,
se va desarrollando totalmente bajo los activos auspicios de los judíos".
Dicen los judíos que los "Protocolos de los sabios de Sión" son una pura invención; ¿Disraelí lo es
también? ¿Desconocía a su pueblo? O ¿es que son sus retratos, por el contrario, de sumo realismo?
Y ¿que es lo que nos dice este autor judío? Que en Rusia, donde los hebreos, según sus eternas
quejas, se hallan más "oprimidos" que en parte alguna, tenían en realidad las riendas. Profetizando
la revolución futura en Alemania, de la que ningún alemán tenia la mínima idea, nos comprueba
cuan magníficamente dominan los hebreos la técnica revolucionaria. ¿Como resulto posible que lo
predijera? Porque se preparaba la revolución bajo los secretos auspicios de judíos, y porque (y no
precisamente el hombre de Estado) Disraelí sabia que, tanto en su origen, como en su desarrollo y
en sus fines, fue ni mas ni menos judía.
Es indiscutible un hecho: que Disraelí escribió la pura verdad, mostrando su pueblo al mundo tal
cual es. Su descripción del poderío hebreo, de sus fines y sus métodos, es por eso tan verídico. No
esta solo observado con el ojo del artista, sino que se complementa con pinceladas de la
comprensión y consentimiento hermanados. ¿Que por que lo hizo? ¡Por grandilocuencia, esa
peculiaridad del carácter hebreo, tan peligroso siempre a sus secretos! O ¿es que quizá le impelía
su conciencia a descubrir al mundo los planes ocultos del pueblo de Judas?
Conste de cualquier modo que dijo la verdad, sin que sus hermanos de raza puedan o deban
desmentirle por "sospechoso".