LOS ALTOS DE ESPINOSA
La
guerrilla se retiraba hacia tierras conocidas, sobre las faldas del cerro Caracas,
cuando al Che le sobrevino un ataque de paludismo. Fue en verdad, una marcha
penosa para el argentino que obligó una vez más al abnegado Luis Crespo y a
Julio Zenón Acosta, a prestarles su ayuda para caminar.
El
gallego Morán también parecía enfermo, algo que comenzó a llamar la atención de
casi toda la columna porque comenzaba a estarlo “cada vez más seguido”; Ramiro
Valdés, por su parte, presentaba un serio golpe en la rodilla, producto de una
caída durante el enfrentamiento e Ignacio Pérez también estaba lesionado, por
lo que fue necesario dejarlos a ambos a cubierto en medio de la espesura.
En los
días posteriores, desertaron algunos cuadros, entre ellos Sergio Acuña, aquel
díscolo que había amartillado su arma frente a Fidel, alejamientos que al Che
le resultaron más que oportunos porque se trataba de gente con la moral baja,
que podía “contagiar” a la tropa, sobre todo después de que uno de los combatientes
sufriese un serio ataque de pánico en medio de la selva, poniéndose a gritar
como un poseído.



























