jueves, 28 de febrero de 2013

EDITORIAL REVISTA CABILDO Nº 101

LAS FALSAS BATALLAS




Si algo han probado los hechos —y nosotros procurando ser dóciles a la realidad de los mismos— es que este gobierno es funcional y servicial a dos enemigos históricos: el poder sionista y la inteligencia británica. Para que no se nos confunda, diremos que no ceñimos el primero a una cuestión política ni mucho menos racial, sino a un hondo drama teológico que arrastra siglos y cuya esencia consiste en el odio implacable a Jesucristo. Asimismo, la britanidad tenida aquí por adversaria, no toma sus fundamentos en razones costumbristas o folclóricas, sino en la sistemática estrategia inglesa de quedarse con lo nuestro, Malvinas por delante.

Quien quiera tener alguna demostración de la servidumbre al sionismo, puede consultar la insospechada obra de Fabián Spollansky, titulada “La mafia judía en la Argentina”, editada por el autor en 2008. A su vez, quien quiera tener el testimonio de la ruin coincidencia entre el discurso oficial y las argumentaciones inglesas para justificar su despojo sureño, tras la derrota de 1982, puede adentrarse en los mensajes de la Wilhelm, que hemos sintetizado en el editorial de nuestro número noventa y cuatro, sugestivamente designado La fregona de Buckingham.

Así las cosas —sobre las cuales, quede constancia, hemos abundado en detalles en la última década— nada más descabellado que suponer al kirchnerismo en una ofensiva antijudaica, o en una cruzada para la reconquista del Atlántico Sur. Como en tantísimos otros acontecimientos, larga es la distancia que separa lo tangible de lo relatado, lo real de lo ficcional, lo que sucede de los sucedidos. Decimos esto porque la confusión al respecto es tan vasta cuanto espantosa; alimentada, ya no por las patrañas circenses de los gobernantes, sino por la neurosis liberal de la presunta oposición, según la cual estaríamos ante una amenaza nacionalista.  Nada menos.


Para que los acuerdos con Irán a efectos de hallar la verdad sobre los atentados terroristas contra blancos israelíes llevaran veramente el signo incuestionable de la recta doctrina y del obrar coherente, el Gobierno debería, por lo pronto, desenmascarar pública y enfáticamente a toda la dirigencia hebrea vernácula, que se ha negado de manera sistemática a considerar la hipótesis de la responsabilidad judaica en dichos atentados.

Quien haya leído —con las prevenciones del caso— la obra de Norberto Ceresole, “La falsificación de la realidad”, además de las discrepancias con muchos de sus criterios filosófico-políticos, podrá concluir en que no faltan razones para sostener lo que el autor subtitula: la Argentina está en el espacio geopolítico del terrorismo judío. Pero el Gobierno no hace ni hará esto; no sólo porque mantiene fluidos y fructíferos lazos con aquellos lobbys hebreos, sino porque —como ha quedado dicho por boca de la misma presidenta— considera que aquellos titulares del Kahal son “hombres de honor”. La llamada “Comisión de la Verdad” con Irán tiene un pequeño obstáculo a priori, y es que los comisionados kirchneristas son una banda de mentirosos. Del otro lado, seamos justos, tampoco es seguro que se alinearán de continuo los custodios del Octavo Mandamiento.

A su vez, para que cuanto se dijera e hiciera alrededor de Malvinas tuviera el efecto soberano deseable, el oficialismo debería empezar por prohibir su representación diplomática en la figura del señor Timerman, perito en patanerías, experto en ridiculeces, ducho en taradez supina y diestro en servilismos múltiples a sus amos ancestrales.


Si la oposición quiere ir a protestar al Museo del Holocausto, que vaya.  Le abrirán las puertas funcionarios y empleados del Gobierno. Si quiere desenmascarar chauvinismos o patrioterismos, que revise el nacional y popular twitter de Mrs. Elizabet, plagado de barbarismos in english.


La verdad sobre los atentados terroristas —sean los que causaron víctimas en la comunidad judía local o los perpetrados por la guerrilla marxista— no quedará dilucidada mientras sea poder este amontonamiento de carnes cristinistas, integrado por celosos custodios y continuadores de los asesinatos erpianos y montoneros. Tampoco la verdad sobre Malvinas, que no es otra más que su restitución de hecho al suelo argentino. Porque para ello, deberá cumplirse primero la esperanzadora plegaria de Martín Fierro: que venga un criollo a mandar en estas tierras.



Antonio Caponnetto