Casey Wonder y la Argentina que viene – Por Agustín Laje
Por Agustín Laje (*)
Casey Wonder, el niño ultra kirchnerista que está en boca de todos,
es apenas la punta de un iceberg que de a poco va asomando y que debe
llamarnos la atención respecto del optimismo por el inevitable “fin de
ciKlo” que, a menos de un año de los próximos comicios presidenciales,
ya respiramos en el ambiente.
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En efecto, es cierto que los Kirchner deben irse del poder pronto; es
cierto, también, que su probable candidato para 2015 (Daniel Scioli) no
forma parte del ala dura del “modelo nacional y popular”; empero, y sin
perjuicio de aquello, no menos cierto es que el kirchnerismo ha
plantado una semilla en la sociedad tras doce años de gobierno, que hoy
crece con especial vigor en jóvenes permeables que han estado expuestos a
la inmensa maquinaria de propaganda estatal populista.
No quisiera hacer de este breve artículo un factor de desmotivación o
pesimismo. Los tiempos que vienen tras la salida de Cristina Kirchner
del poder serán mejores que los actuales, y eso ya de por sí debe
alegrarnos. Pero quisiera al menos desconfiar del exceso de optimismo
que algunos profesan, según el cual, casi de forma mecánica e inmediata,
la Argentina de fines de 2015 será tan distinta de la actual, que podrá
hablarse de un “fin de ciclo”.
Pensar de esta forma es demasiado reduccionista, y es lo mismo que pensar que la salida de los Kirchner del poder equivale a su desaparición de la historia.
Hay algo que debe tenerse en claro: un país no se constituye sólo por
su “sociedad política”, sino también por su “sociedad civil”. Y lo que
cambiará en 2015 será la sociedad política, no la civil.
¿Cuántos Casey Wonder hay en la Argentina? Presumo que muchos más de
lo que pensamos. En efecto, Casey trascendió por puro azar: estaba
parado en el lugar indicado en el momento justo, y fue capaz de
articular algunas barbaridades que llamaron la atención de la opinión
pública en general cuando un periodista de la TV Pública se acercó a él.
¿Cuántos argentinos han sido atravesados por el adoctrinamiento
populista antirrepublicano y querrían un “kirchnerismo para siempre”,
como dijo Casey, haciendo las veces de una tiranía moderna? Los
políticos que los adoctrinaron puede que se vayan, pero toda una
generación antirrepublicana, queda.
Es verdad que dejando el Poder Ejecutivo (mantendrán fuerte presencia
en el Legislativo), el kirchnerismo perderá ese aliado que le ha
permitido manejar gobernadores, alquilar legisladores y jueces, comprar
medios de comunicación, estatizar el fútbol y usarlo como usina de
propaganda política, rentar los Derechos Humanos y armar organizaciones
como La Cámpora. Ese aliado, que viene junto con el poder, es la “caja”.
Es decir, el erario público de la Nación. Pero fuera del poder, la caja
ya no se podrá usar como antes y es cierto, también, que muchos
–aquellos que los une al gobierno motivos más económicos que
ideológicos– se irán desprendiendo de su identidad “nac&pop” ni bien
se acabe lo que se daba.
Sería un error, no obstante, creer que todo joven que integra, por
ejemplo, las filas de La Cámpora, Movimiento Etita o Unidos y
Organizados lo hace por motivos exclusivamente materiales. Los Casey
Wonder abundan, y existe en muchos de ellos (sobre todo en los que
integran las bases) un fanatismo ideológico que, con o sin Cristina
Kirchner en el poder, con o sin caja para repartir, quedará y hasta es
posible que se exacerbe desde el nuevo rol que les tocará jugar: el de
opositores. Y sabemos que los fanáticos a veces son más peligrosos
cuanto menos poder tienen.
El “juramento” que la JP Evita Montonera hizo el pasado 27 de
octubre, a cuatro años de la muerte de Néstor Kirchner, frente a su
mausoleo, es apenas otro pedacito de la punta del iceberg con el que
inició esta nota.
Colmados de banderas (ninguna de ellas argentina por cierto; todas
rojas y negras) y llevando estandartes del Che Guevara, los jóvenes
militantes dijeron frente al mausoleo de Kirchner: “Venimos acá… A
prometerle a Néstor que esto no se termina… y que acá no se rinde nadie…
¿Juramos continuar el legado de Néstor para que de una vez y para
siempre seamos un pueblo feliz en una Argentina liberada?”. Unánimes,
los fanáticos respondieron: “¡Sí, juramos!”.
Cristina Kirchner se va a fines del 2015, pero los fanáticos quedarán
y llevará tiempo desmantelar la mentalidad populista que el
kirchnerismo implantó a lo largo de estos últimos doce años.
Para un verdadero “fin de ciclo”, habrá que hacer mucho más que ganar
en octubre de 2015. La “conciencia colectiva”, después de todo, no es
algo que se modifique de un día para otro en las urnas.
(*) Agustín Laje es director del Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad (LIBRE).
