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En Septiembre de 2007, el blog de la revista Cabildo publicaba
esto:
En la Argentina, un hombre dijo o escribió todo esto. ¿Saben
quién fue?
“El
día que se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan”.
(2 de agosto de 1946)
“Entregaré
unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién”
(13 de agosto de 1946)
“Levantaremos
horcas en todo el país para colgar a los opositores”.
(8 de septiembre de 1947)
“Vamos
a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ni los hijos
de ellos”.
(8 de junio de 1951)
“Distribuiremos
alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos”.
(31 de agosto de 1951)
“Para
el caso de un atentado al presidente de la Nación... hay que contestar con
miles de atentados”.
(Plan Político - Año 1952)
“Objetivo:
Lista de dirigentes opositores; lista de instituciones reconocidas como
desafectas al gobierno; lista de opositores o de casas comerciales dirigidas o
ligadas a los opositores; lista de representaciones cuyos gobiernos realizan
campañas opositoras al nuestro. Personal: Serán empleados grupos previamente
instruidos y seleccionados de las organizaciones dependientes de la CGT y del
Partido Peronista Masculino. Misión: Atentados personales; voladuras;
incendios”.
(Plan Político - Año 1952)
“Se
lo deja cesante y se lo exonera... por la simple causa de ser un hombre que no
comparte las ideas del gobierno; eso es suficiente”.
(Tercera Conferencia de Gobernadores, página 177)
“Hay
que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol”.
(16 de abril de 1953)
“Compañeros:
cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero
entonces, si eso fuera necesario, la historia recordaría la más grande hoguera
que haya encendido la humanidad hasta nuestros días. Los que creen que nos
cansaremos se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para cien años”.
(7 de mayo de 1953)
“Aquel
que en cualquier lugar intente alterar el orden contra las autoridades... puede
ser muerto por cualquier argentino. Esta conducta que ha de seguir todo
peronista no solamente va dirigida contra los que ejecutan, sino también contra
los que conspiren o inciten”.
(31 de agosto de 1955)
“Y
cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos”.
(31 de agosto de 1955)
“Que
sepan que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que no los hayamos
aniquilado y aplastado”.
(31 de agosto de 1955)
“Yo
pido al pueblo que sea él también un custodio del orden. Si cree que lo puede
hacer, que tome las medidas más violentas contra los alteradores del orden”.
(31 de agosto de 1955)
“Pero
mientras haya hombres que, como ustedes, están resueltos a esa lucha, la Nación
no tiene nada que temer y el Pueblo puede enorgullecerse de contarlos en sus
filas...”
(Carta
enviada a los integrantes de las F.A.P. que se encontraban detenidos por su
intervención en Taco Ralo, el 12 de febrero de 1970)
“¡Ah...
si yo hubiese previsto lo que iba a pasar... entonces sí: hubiera fusilado al
medio millón, o a un millón, si era necesario. Tal vez ahora eso se produzca”.
(9 de mayo de 1970)
“Hemos
seguido como propia la «odisea» vivida por usted con motivo del ignominioso
juicio, que terminó con su inicua condena. Tristes días son para la Patria,
cuando los verdaderos patriotas son objeto de la persecución más despiadada
pero, la condena de los canallas, transitoria en sí, no puede ser sino efímera
como será el destino de la dictadura y su injusticia... Ya el Pueblo Argentino
se encargará de liberarlo junto con la Patria y entonces faltarán árboles en
Buenos Aires para hacer efectiva una justicia por la que se está clamando hace
quince años...”
(Carta
a Carlos Maguid, a raíz del juicio del que resultara objeto como consecuencia
del secuestro y ejecución del general Pedro E. Aramburu, del
20 de febrero de 1971)
“A los compañeros Montoneros.
“Mis
queridos compañeros:
“…Totalmente
de acuerdo en cuanto afirman sobre la guerra revolucionaria. Es el concepto
cabal de tal actividad beligerante. Organizarse para ello y lanzar las
operaciones para «pegar cuando duele y donde duele» es la regla. Donde la
fuerza represiva esté, nada; donde no esté esa fuerza, todo. Pegar y
desaparecer es la regla porque lo que se busca no es una decisión sino un
desgaste progresivo de la fuerza enemiga. En este caso la descomposición de las
fuerzas de que pueda disponer la dictadura por todos los medios, a veces por la
intimidación que es arma poderosa en nuestro caso, otras por la infiltración y
el trabajo de captación, otras por la actuación directa según los casos pero,
por sobre todas las cosas, han da comprender que los que realizan la guerra
revolucionaria que en esa «guerra» todo es lícito si la finalidad es
conveniente.
“Como
Uds. dicen con gran propiedad, cuando no se dispone de la potencia y en cambio
se puede echar mano a la movilidad, la guerra de guerrillas es lo que se impone
en la ciudad o en el campo. Pero, en este caso es necesario comprender que se
hace una lucha de desgaste como preparación para buscar la decisión tan pronto
como el enemigo se haya debilitado lo suficiente. Por eso la Guerra de
Guerrillas no es un fin en sí misma sino solamente un medio y hay que pensar
también en preparar el dispositivo general que aun no interviniendo en la lucha
de guerrillas, debe ser factor de decisión en el momento y en lugar en que tal
decisión deba producirse.
“Ni
es nueva la «Guerra revolucionaria» y menos aún las «Guerras de Guerrillas».
Pienso que tal vez la guerra de guerrillas ha sido la primitiva forma de
guerra, tan empleada en la afamada «guerra de los escitas» y de Darío Segundo.
Por eso sus reglas son demasiado conocidas como sus formas. Sin embargo, es en
sus operaciones donde la iniciativa y la vivacidad juegan el papel más
preponderante. Por eso también en esa forma de operar, no se podrá mantener una
conducción centralizada, aunque siempre ha de realizarse, para que sean
efectivas con una finalidad objetivas. De ello se infiere que, los Montoneros,
en su importantísima función guerrera, han de tener comandos muy responsables y
en lo posible operar lo más coordinadamente posible con las finalidades de
conjunto y las otras fuerzas que en el mismo o distinto campo realizan otra
forma de acción, también revolucionaria”.
(Madrid, 20 de febrero de 1971)
“...Tenemos
una juventud maravillosa, que todos los días está dando muestras inequívocas de
su capacidad y grandeza. Disponemos de una verdad que el tiempo se ha encargado
de confirmar, tenemos la oportunidad que la historia nos brinda. Sólo nos falta
que nos empeñemos con unidad y solidaridad. Yo tengo una fe absoluta en
nuestros muchachos que han aprendido a morir por sus ideales, y cuando una
juventud ha aprendido y alcanzado esto, ya sabe todo lo que una juventud
esclarecida debe saber. Tenemos demasiados muertos, encarcelados y proscriptos
para que nos olvidemos de su mandato. Tenemos mucho que hacer como para que no
aprovechemos el tiempo. Tenemos demasiadas oportunidades como para
desaprovecharlas. Y tenemos un destino que cumplir como para que nos
desentendamos, egoístas, del deber de la hora (...) cada peronista ha de ser un
combatiente en la forma que cada uno sea capaz de luchar y será provechoso que
cada uno de nosotros, al finalizar cada día, nos preguntemos que hemos hecho
por la causa que servimos, seguros que si no sabemos respondernos, es porque no
estamos cumpliendo con nuestro deber...”
(Mensaje
“A los compañeros de la Juventud”, del 23 de febrero de
1971)
“¡Al
enemigo, ni justicia!”
(Memorando
reservado “para el doctor Subiza”. De su puño y letra, con triple subrayado.
Esta misma frase la vuelve a repetir desde el exterior en
junio de 1972, y se difundió por televisión a todo el país los días 21 y 22 de junio de 1972)
“En
este sentido, la guerrilla es el escape natural de los pueblos oprimidos,
porque generalmente las violencias populares son provocadas por las violencias
gubernamentales. Las guerrillas se explican en la Argentina porque... una de
las mayores fortunas que tiene la República Argentina en estos días es disponer
de una maravillosa juventud, esclarecida, valiente y patriótica...”
(Conferencia de prensa, 26 de noviembre de 1972)
“Si
yo tuviera cincuenta años menos, no sería incomprensible que anduviera ahora,
colocando bombas o tomando la justicia por mi propia mano”.
(30 de diciembre de 1972)
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Edición Noviembre-Diciembre de 2013-3era. Época
HISTÓRICAS
Por Enrique DÍAZ ARAUJO
Perón a Tres Puntos
CUÁNTOS
libros y artículos se han escrito sobre Perón?... Nadie lo sabe. Son
innumerables como las arenas del mar. O como las órdenes de monjas, que ni Dios
las tiene registradas. Entonces, si eso es así: ¿a santo de qué venir a
importunar al lector con un enésimo ensayo acerca del omnipresente creador del
populismo "incorregible"? ¿Qué podríamos decir que no se haya dicho
ya mil veces? Pugnaces, sin embargo, intentaremos mostrar un aspecto distinto.
Algo —un poquito— referente a la relación de Perón con la Masonería.
Como
es sabido, hay quienes piensan que el "Líder" del Justicialismo
combatió a la Masonería (ej. Carlos Disandro,(1) hablando de la
"Sinarquía"); otros, que creen que estuvo sometido a las Logias; y
por fin, unos terceros que no saben, no les interesa o no opinan ("ni lo
uno ni lo otro, sino todo lo contrarío", Saúl Ubaldini).(2)
Asunto que toma color subido en momentos
conflictivos; como los que elegimos, de 1955 y de 1973. Y bueno, pues, ya que
estamos metidos en el baile, bailaremos. ¿Por dónde comenzar? Obviamente, por
el principio.
1.
ESCUELA DE CIEGOS
Ya
expusimos el primer tema en nuestro opúsculo "Aquello que se llamó la
Argentina", pero al presente efecto lo resumiremos al máximo. Se trata del
Conflicto con la Iglesia, que venía arrastrándose de tiempo atrás y que
adquirió fuerza ígnea, literalmente, entre los días 11 y 17 de junio de 1955,
cuando ardieron los templos céntricos de Buenos Aires.
Controversia
en que se enfrentaron fuerzas católicas y masónicas con una virulencia insólita
en este país, y con Perón en la cúspide del problema y del poder.
Lugar común desde aquellos años, y posterior
mito persistente, ha sido atribuir la disputa en exclusividad a la acción de la
Masonería, al margen de las directivas del Líder justicialista, y a sus
espaldas. Versión muy difundida en los medios católicos, siempre dispuestos a
integrarse en los gobiernos peronistas (olvido, so pretexto de perdón). Dato
que se apoyaba en hechos ciertos, tal como los han expuesto los que han
historiado el punto.(3)
En
efecto, el Ministro de Educación Armando Méndez San Martín, el Ministro de
Salud Pública Conrado Raúl Bevacqua, el Ministro del Interior Ángel Borlenghi y
el Vicepresidente de la Nación Contraalmirante Alberto Teissaire, eran tenidos
como masones influyentes(4) y conspiradores, que decidieron el incendio de las
iglesias a modo de represalia por el bombardeo del 16 de junio de 1955.
Eso
era así. En la Escuela de Ciegos, de la calle Bolívar 431 de la Capital
Federal, funcionó la central operativa que comandó el siniestro pirotécnico
("Puesto Sanitario Nº1"). De allí partieron las columnas de
aliancistas, cegetistas y militantes peronistas (provistos de bidones de nafta
y lanzallamas), dirigidos por comisarios de la Policía Federal y de la División
Bomberos, incendiarios de la Curia Metropolitana, Santo Domingo, San Francisco,
San Ignacio, la Piedad, La Merced, San Juan, San Nicolás de Barí, San Miguel
Arcángel, de la Consolación, la Capilla de San Roque y Nuestra Señora de las
Victorias. Y en ese mismo lugar se reunieron el mediodía del día 17 de junio para
celebrar con un almuerzo criollo sus fechorías. Todo eso está acreditado, con
nombres y apellidos.
En
la Escuela de Ciegos instaló su comando Teissaire, con la colaboración de los
funcionarios Juan Carlos Lorenzo, González y Monteperto. En la sede del Departamento
de Policía, de la calle Moreno, dirigió el Ministro A. Borlenghi, con el
subsecretario Abraham Krislavin, el jefe de Policía Gamboa, el jefe de la
Dirección de Seguridad de la Policía Federal, inspector general Teodoro Carmelo
Sabino, y el jefe de la Guardia de Infantería Liceri. En la sede del Ministerio
de Salud Pública estuvo el Ministro Bevacqua, con la ayuda de César Pérez y
Segundo Rufino Nieto. Al incendio de Santo Domingo lo realizaron los bomberos,
que estaban a cargo de los comisarios Oscar E. Benzi y Fuentes. La quema de San
Francisco fue encabezada por el comisario inspector Ruperto J. Fuentes; la de
la Piedad por el comisario Alejandro Toranzo; la de San Miguel Arcángel por el
comisario Severo A. Toranzo; y la de la Consolación por el inspector mayor
Silvano Pío Larrosa
Suceso
funesto, si lo ha habido. Por eso, llama la atención, la parquedad, cuando no
la omisión del hecho aciago por los muy promocionados expositores del
"mito de la nación católica".(5)
Luego, debe tenerse por probada la autoría de
la Masonería en aquel suceso histórico. Coautoría, mejor dicho. Porque en el
"Puesto Sanitario Nº 1" nadie se movió hasta que el mayor Ignacio
Cialcetta, edecán presidencial, llegó al atardecer con la orden de Perón.
Situación
que se concatenaba con los acontecimientos producidos a partir de la procesión
(manifestación), de Corpus Christi del 11 de junio de 1955, que partiendo de la
Catedral en la Plaza de Mayo dio una gran vuelta por las calles Rivadavia,
Pueyrredón y Santa Fe, hasta la Plaza San Martín. Nos consta que el inmenso
desfile de la feligresía fue silencioso y ordenado.
Ante
el Congreso sólo hubo una breve detención, sin ningún incidente perceptible. No
obstante, los diarios del día siguiente nos anoticiaron que en el mástil de la Plaza
de la República se había arriado la bandera nacional reemplazándola por la
papal, y que luego, la enseña patria había sido quemada. Nunca se explicó cuál
podía haber sido la razón que movió a los católicos a destruir la insignia azul
y blanca. No hubo tiempo para ello, porque de inmediato el Poder Ejecutivo
dispuso una serie enorme de desagravios a la bandera de parte de las Fuerzas
Armadas y otras entidades públicas y privadas.
Entre
tanto comenzó a funcionar un organismo militar de investigación de aquellos
hechos, presidido por el General León Justo Bengoa. En esa comisión el oficial
de policía Héctor Eduardo Giliberti relató la intervención de varios comisarios
en la quema de la bandera, delito cometido bajo la supervisión del Jefe de la
Policía Federal inspector general Miguel Gamboa, quien, a su turno, acató las
órdenes del Ministro del Interior Ángel Borlenghi. Concretamente, Gamboa le
dijo al inspector general Justino Wenceslao Toranzo que "había que hacer
algunos desórdenes y producir también algunos destrozos.. . y hacer algunas
cositas". El 15 de junio, en la reunión de Gabinete, Perón informó a sus
ministros —entre ellos el de Marina, Almirante Aníbal Olivieri, que es quien lo
narró— que la quema era "un juego de vivos... y yo lo aprovecho
políticamente''.(6) Estas declaraciones trascendieron y los oficiales navales
de Punta Indio resolvieron efectuar el programado vuelo de desagravio bombardeando
al verdadero autor del ultraje a la bandera. Así surgió la Revolución del 16 de
junio de 1955.
En
suma: en el conflicto del Estado con la Iglesia hubo coautoría de Perón y la
Masonería.
De
la quema de la bandera a la quema de los templos: fue una secuencia armónica,
que entre otras consecuencias aparejó la movilización ciudadana de los
católicos y la excomunión de Perón. "Cristo vence", decíamos. Y
entonces Cristo venció.
2. LUCHE Y VUELVE
Si
de algo se jacta el Peronismo Revolucionario es de haber sido protagonista
principal del regreso de Perón a la Argentina en 1973. "Luche y
vuelve", fue la consigna agitada por la Tendencia Montonera. Tanto
batieron el parche con ese lema que hay mucha gente que se lo ha creído.
Nombres
como Firmenich, Galimberti, el "tío" Cámpora, y otros por el estilo
llenan el espacio del fin del gobierno militar. Sin embargo, hay por ahí algún
texto que pone en aquel lugar otros apellidos: Licio Gelli, Giancarlo Elia
Valori y Propaganda 2 (P-2).
Creemos
que vale la pena conocerlo. El documento es del periodista Marcelo Larraquy.(7)
Allí se explica que Licio Gelli, jefe de un sector de la Masonería italiana:
"Frente a la convulsión social que vivía el país, el Gran Maestre italiano
confiaba en que Perón sería el único capaz de contener «el peligro del
comunismo». Esa idea fue transmitida por Gelli al Vaticano y al secretario de
Estado norteamericano Henry Kissinger. También le fue transmitida al presidente
Richard Nixon. El acuerdo por el regreso de Perón, diseñado por
Gelli, unía la masonería de la P-2, el
Rabinato de Nueva York —cuyo hombre en el poder era el propio Kissinger—, al
Vaticano y al gobierno de los Estados Unidos. De este modo, Perón contaría con
el respaldo de poderes públicos y secretos internacionales para regresar a la
Argentina.
"Gelli
pedía algo a cambio. El nuevo gobierno constituiría una plataforma de negocios.
Gelli quería manejarlos desde adentro. Le pidió a Perón que le permitiera
infiltrar la logia masónica en el Estado argentino, con la designación de
funcionarios que fuesen adeptos a ella. De ese modo, con la avidez de López
Rega y la masonería argentina y el consentimiento de Perón y Cámpora -que no
estaba en condiciones políticas de oponerse, porque el acuerdo venía cerrado
desde Europa—, Gelli comenzaría a infiltrar a la P-2 en el futuro gobierno
peronista.
"Meses
después, Gelli expresaría su satisfacción por el acuerdo: «No sólo confirmaban
lo que habían prometido, sino que también pedían una colaboración para el
futuro. Saben que estuvieron fuera del país dieciocho años por diferencias con la
Familia, y admitieron que regresan a la patria porque existe un consentimiento
de nuestra institución», escribió Gelli en una carta al Gran Maestre local
César de la Vega,™que luego sería funcionario en el Ministerio de Bienestar
Social".
De
la Vega, Vignes, de la Plaza y tantos más. Y, sobre todo, Giancarlo Elía
Valori, que es quien acompañó a Perón en el vuelo de Madrid a Roma para
tramitar en el Vaticano el levantamiento de la ex-comunión.
No
son datos aislados. Quien fuera Secretario Técnico y Secretario Privado de la
Presidenta Isabel Martínez de Perón, Julio C. González ha contado lo siguiente.
Expone el autor que ante la pretensión de los sindicalistas que se atribuían el
mérito del regreso de Perón, "Isabel" (María Estela) les descubrió la
verdad, Perón regresó "gracias a un pequeño grupo de amigos", y no
por obra y gracia de la lucha sindical.
El
ministro Robledo era un buen instrumento de esos poderosos amigos. "Isabel
me dio explicaciones de todo esto: Robledo es uno de los representantes de una
sociedad secreta ante el peronismo... No fueron Perón, ni Cámpora, ni Lastiri,
ni Isabel los que lo hicieron reiteradamente ministro en las esferas más
diversas. No ocupó esos cargos por su capacidad ni por sus conocimientos. Es un
poder exterior al país el que lo designa en su representación para esas
funciones. Y el gobierno débil debe aceptar. «Esto ha sido estipulado en las
negociaciones que concluyeron aceptando el regreso de Perón, y son condiciones
que deben cumplirse». El país y el pueblo pagarán las consecuencias". (9)
En
1955, Perón y la Masonería contra la Iglesia Católica. En 1973, la Masonería y
la Iglesia de acuerdo con el regreso de Perón.
3.
EL GALLO DE LA VELETA
Giancarlo
Elia Valori
¿Perón masón...? Habrá opiniones diversas. Por
nuestro lado nos inclinamos por la hipótesis de Ubaldini ("ni lo uno ni lo
otro"). Perón era peronista; el primer peronista. Ni católico, ni masón,
ni liberal (10) ni fascista,(11) ni tercermundista, ni socialista. Sólo
peronista; es decir: narcisista, ególatra. Él deseaba todo el poder posible
para sí. Como, además, era maquiavelista y amoral,(12) había resuelto que le
convenía tener a mano en su entorno a católicos y masones, por partes iguales,
con el fin de controlarlos. Otro tanto hizo con los comunistas, vgr., los casos
de Puiggrós y Gelbard.(13)
Empero,
maguer su defensa del terrorismo (14) con la guerrilla montonera se equivocó en
el juego, y el castrismo lo superó.
En
ese orden egocentrista, existe también un relato digno de releer.
Lo
proporciona el novelista de izquierda Tomás Eloy Martínez en un libro que lo
hizo famoso. En él expone que habiendo ido a Puerta de Hierro, en Madrid, para
entrevistarse con Perón, con la presencia del secretario José López Rega, se
planteó el tema de la posición del Líder durante la Revolución del 6 de
setiembre de 1930.
A
raíz de ello, Martínez preguntó cuál de las dos versiones escritas de Perón era
la verdadera, de si estuvo a favor o en contra de aquella Revolución. Entonces,
narra Martínez:
"¿Se
da cuenta mi General? López apaga el grabador. Con tanto zigzag es fácil
desorientarse... Lo que quiero es que elija una sola versión para los hechos.
Una sola: la que fuere.
Ahora
el General suelta una carcajada. Tranquilícese, hombre. ¿Eso era todo? Vea cómo
son las cosas. Si he vuelto a ser protagonista de la historia una y otra vez,
fue porque me contradije. Ha oído va la estrategia de Schliefen. Hay que
cambiar de planes varias veces al día y sacarlos de a uno, cuando nos hace
falta. ¿La patria socialista? Yo la he inventado. ¿La patria conservadora? Yo
la mantengo viva. Tengo que soplar para todos lados, como el gallo de la
veleta. Y no retractarme nunca, sino ir sumando frases. La que hoy nos parece
impropia puede servirnos mañana. Barro y oro, barro y oro... Usted bien sabe
que yo no digo malas palabras, pero para la historia no hay sino una. La
historia es una puta, López. Siempre se va con el que paga mejor".(15)
No
dos, sino tres versiones diferentes, aunque sean contradictorias entre sí. Ese
era Perón. De lo cual se infiere que el tema abordado queda inmerso en ese
tembladeral del "gallo de la veleta". Sólo sobrevive una certeza. La
Masonería estuvo muy cercana a Perón.
Punto;
o mejor dicho: tres puntos. •
(1)
Diálogo Perón-Comicelli: "Es decir que nosotros, frente al poder
imperialista y frente a la gran Sinarquía internacional, manejada desde las
Naciones Unidas, donde están el comunismo, el capitalismo, el judaísmo, la
Iglesia Católica —que también cuando le pagan entra—, la masonería; todas esas
fuerzas que tienen después miles de colaterales en todo el mundo son las que
empiezan a actuar..." en revista "Las Bases" N° 17, del 18 de
julio de 1972, págs. 34-47.
(2)
El ex subsecretario de Culto Ángel M. Centeno, indica que el peronismo ha
tendido sobre estos hechos "un manto de silencio". Y agrega, por su
parte: "tal vez, eso sea lo mejor para todos": "Perón en
conflicto con la Iglesia" en "Archivum", Buenos Aires, Junta de
Historia Eclesiástica Argentina, 2003, pág. 59 y ss. El silencio es salud (política).
(3)
Ver, por ejemplo: Martínez, Pedro Santos: "La Nueva Argentina,
1946-1955", Bs. As., La Bastilla, col. Memorial de la Patria, 1976, tomo 2;
Gambini, Hugo: "Historia del peronismo", Buenos Aires, Planeta, 1999,
tomo 1; Ruiz Moreno, Isidoro: "La Revolución del 55", Bs. As., Emecé,
1994, tomo I; Luna, Félix: "Perón y su tiempo", Bs. As.,
Sudamericana, 1987, tomo III; Del Barco, Ricardo: "El régimen peronista,
1946-1955", Bs. As., Ed. de Belgrano, 1980. Continúa siendo de lo mejor el trabajo de
García de Loydi, Ludovico: "La Iglesia frente al peronismo. Bosquejo histórico", Bs. As., CIC, 1956.
(4)
Caimari, Lila M.: "Perón y la Iglesia Católica. Religión, Estado y sociedad en la Argentina
(1943-
1955)",
Buenos Aires, Ariel Historia, 1995, pág. 256.
(5)
Como es sabido, la historia de las relaciones entre la Iglesia y el Estado en
nuestro país quedó trunca en el hito de 1930. Hasta allí llegaron los estudios
del Padre Guillermo Furlong, del Padre Cayetano Bruno o de Juan Carlos Zuretti.
Luego, casi toda —por no decir toda— la producción historiográfica sobre ese
tema se ha caracterizado por una inquina antirreligiosa ostensible. Ella
corresponde a la "Escuela del Mito de la Nación Católica", que
obviamente procura destruir las bases cristianas de la Argentina (aunque en
ella militen ensayistas supuestamente católicos como Norberto Padilla y
Fortunato Mallimaci). Es curioso que en el punto que aquí nos interesa los
miembros de esa tendencia lo hayan resuelto del modo más escueto posible. Ejemplo
de lo dicho lo constituye la obra de dos de los principales
"desmitologizadores", Roberto Di Stefano y Loris Zanatta, titulada
"Historia de la Iglesia Argentina: desde la Conquista hasta fines del
siglo XX", Buenos Aires, Sudamericana, 2009. En dicho libro, constante de
635 páginas, se dedican nueve (9) párrafos de la página 470 a describir el
incendio y sus circunstancias. Modelo de laconismo... El marxista
"nacional", Norberto Galasso, en sus tomos sobre "Perón",
le concede siete renglones (Buenos Aires, Colihue, 2005, torno I, pág. 695).
Peores son los pocos párrafos que coloca Lila M. Caimari. Ella dice que grupos
de manifestantes del día 11 "pusieron una bandera del Vaticano en lugar de
la nacional y arrancaron varias placas recordatorias de Eva Perón", y que
el 16 de junio "grupos de jóvenes incendiaron las iglesias principales del
centro de Buenos Aires", citado, página 252. No sabemos la edad de los
policías incendiarios, pero a juzgar por sus grados, no debían ser muy
"jóvenes".
Ni
banderas, ni placas, ni jóvenes; eso es lo cierto. Por su lado, Robert Mac
Geagh, resuelve el problema en un párrafo y medio, cfr. "Relaciones entre
el Poder Político y el Poder Eclesiástico en la Argentina", Buenos Aires,
Itinerarium, 1987, pág. 98. Mejor aún pueden considerarse las monografías
reunidas por Claudia Touris y Mariela Ceva, bajo el título de "Los
avalares de la «nación católica»: cambios y permanencias en el campo religioso
de ¡a Argentina contemporánea", Buenos Aires, Biblos, 2012, toda vez que
de las diez monografías que integran el libro, ninguna trata o ni siquiera
alude, al mayor conflicto religioso de la Argentina moderna. En el mismo
sentido anticatólico, cfr. Bianchi, Susana: "Catolicismo y peronismo.
Religión y Política en la Argentina, 1943-1955", Tandil, Trama, Prometeo,
2001; Ghio, José M.: "La Iglesia Católica en la política argentina",
Buenos Aires, Prometeo, 2007; Soneira, Jorge: "Las estrategias
institucionales de la Iglesia Católica (1880-1976)", Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina, 1989. Ahora, si quisiéramos marcar como lo peor de lo
peor, podríamos subrayar a Frigerio, José O., "Perón y la Iglesia.
Historia de un conflicto inútil" en "Todo es Historia", Buenos
Aires, n° 210-211-212, 1984; del mismo autor "El síndrome de la «Revolución
Libertadora»: la Iglesia contra el Justicialismo", Buenos Aires, CEAL,
1990; y Lubertino Beltrán, María José: "Perón y la Iglesia
(1943-1955)", Buenos Aires, CEAL, 1987. Como se ve, en este cajón de
sastre hay de todo, como en botica. Lo único que no abunda es una condenación
de los incendiarios.
(6) Olivieri, Aníbal: "Dos veces rebelde.
Memorias del Contraalmirante Aníbal O. Olivieri", julio 1945-abril 1957,
segunda edición, Buenos Aires, Sigla, 1958, página 118.
(7)
Larraquy, Marcelo: "De Perón a Montoneros: historia de la violencia
política en la Argentina",
Buenos
Aires, Aguilar, 2010, páginas 303 y 304.
(8)
El Doctor Hugo Esteva ha aclarado: "He sido primo hermano ese César de la
Vega, Grado 33 y Gran Maestre de la Masonería local en los años setenta... Poco después de la guerra de Malvinas, de la
Vega me transmitió que había sido expulsado de su logia por haber apoyado la
posición argentina" en "Patria Argentina", Buenos Aires, marzo
de 2012, página 7.
(9)
González, Julio: "Isabel Perón. Intimidades de un Gobierno, Buenos Aires,
El Ateneo, 2007, páginas 218, 275; cifrado Sequeiros, Octavio Agustín:
"Nota bibliográfica" en "Gladius", Buenos Aires, n° 71,
Pascua 2008, pág. 195.
(10)
Hay, por cierto, para escándalo de fascistas y marxistas, un Perón liberal. Ver
al respecto: Quatrocchi-Woisson, Diana: "Los males de la memoria",
Buenos Aires, Emecé, 1995; Castro, Jorge: "Los raíces liberales de
Perón" en "La Nación", Buenos Aires, 6 de setiembre de 2012,
Opinión, pág. 33; Chaves, Claudio: "Perón liberal", Buenos Aires, La
patria grande, 1999; Rein, Raanan: "Peronismo, populismo y política",
Buenos Aires, Universidad de Belgrano, 1998.
(11)
El Teniente Coronel Augusto Serafín Maidana reveló en alguna oportunidad que
hacia 1940 había estado comisionado en el norte de Italia, en regimientos
alpinos» junto a Perón. Aseguró que jamás bajaron a Roma, y que, por lo tanto,
no pudieron ver a Mussolini en ninguna oportunidad. Al empezar la guerra,
salieron directamente hacia España, desde donde regresaron a la Argentina.
Luego, toda esa versión de Perón de haber aprendido el sentido del fascismo, en
conversación directa con el Duce, era otro de los inventos de ese gran
fabulador que engañó con su histrionismo a tantos argentinos.
(12)
El Padre Hernán Benítez, asesor de Eva Perón, juzgaba a Juan Domingo Perón de
la siguiente manera: "Visto el hombre a la distancia desaparecen en él sus
contradicciones, su narcisismo, su infantilismo, su cobardía, su terror al
sufrimiento, a la indigencia, a la enfermedad, a la muerte... Como hombre un
cobarde, ¡un cobarde memo!... Perón es un peligro... El Perón-mito, el que el
pueblo defiende defendiéndose, ¿se da de patadas con el Perón real?
Dolorosamente así dicen. Yo sin embargo no me resigno a convencerme del todo...
Todo lo ve con la pasmosa superficialidad de su libro «La Fuerza»... Si mañana
vuelve, ¿volverán con él los babosos Méndez San Martín, Mendé y la Parodi?
¿Volverán las motonetas, los casquetes y las cascabeladas? ¡Ah, no! Entre ese
Perón y este Aramburu... me meto a cartujo. Pone frío pensar que aquél pueda volver
y éste continuar... En resumen el pueblo está encariñado con Perón-mito (Primer
hecho). Perón-real es ya la negación del Perón-mito (Segundo hecho)". Por
su parte, Arturo Jauretche le escribía al Padre Benítez que en Perón "no
hay el menor tono de austeridad y grandeza" en Cichero, Marta:
"Cartas Peligrosas", Buenos Aires, Planeta Espejo de la Argentina,
1992, págs. 95, 93, 120, 121, 115.
(13)
"Notablemente Perón, cuando retorna de su exilio en 1973, insiste en mirar
a Moscú como apoyo político-económico...
Cuenta para la propuesta tan audaz con un operador confiable, tanto él
como para los soviéticos: José Ber Gelbard... Perón sabía con quién operaría la
apertura al europeo cuando pensó en Gelbard como futuro ministro de Economía
del peronismo. Gelbard fue la garantía. El viejo general no podía desconocer
que su antiguo aliado en la Confederación General Económica (CGE) de los años
50 era un hombre del aparato económico-financiero-informativo del PCA (Partido
Comunista Argentino)... El astuto general no podía ignorar el prontuario del
elegido... Gelbard fue parte... del grupo de finanzas comunistas más
sofisticado y secreto... el acercamiento Gelbard a Perón es parte de un
proyecto político que encuentra eco en Moscú", cfr. Gilbert, Isidoro jefe
de la Agencia Tass en Buenos Aires): "El oro de Moscú. Historia secreta de
la diplomacia, el comercio y la inteligencia soviética en la Argentina",
Buenos Aires, Sudamericana, 2007, págs. 13, 350, 352.
(14)
Conviene tener presente estas epístolas: a José Alonso, sobre Vandor: "En
política no se puede herir, hay que matar.
Deberá haber solución definitiva, sin consultas", "La sociedad
de consumo debe morir de muerte violenta" (27 enero 1966). A Carlos Maguid: "Ya el pueblo
argentino se encargará de liberarlo junto con la patria y entonces faltarán
árboles en Buenos Aires para hacer efectiva justicia... La guerra revolucionaria en la que estamos
empeñados contra la canalla dictatorial, se intensificará cada día" en Baschetti,
Roberto (compilador): "Documentos 1955-1973. De la guerrilla peronista al
gobierno popular", La Plata, De La Campana, 1995, pág. 135. Tal como apunta María Matilde Ollier:
"Jamás Perón desautorizó ningún acto de los grupos guerrilleros durante el
período previo al triunfo electoral de 1973" en "El fenómeno
insurreccional y la cultura política (1969-1973)",
Buenos
Aires, CEAL, 1986, págs. 61, 60.
(15) Martínez, Tomás Eloy: "La novela de
Perón", Buenos Aires, Legasa, 1985, págs. 217-218.
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Publicado en Revista Cabildo Nº 107
Meses Enero.Febrero 2014-3era-Época
HISTÓRICAS
Fernando José ARES
Correspondencia
Perón, los Judíos, los Masones y la Quema de las Iglesias
Señor Director, querido amigo: No sé si
habrás visto en la edición del día de la fecha del diario "La Nación"
(28 de diciembre de 2013) un aviso fúnebre que pone el "Compañero y
Hermano Mayor" (títulos otorgados por el "General Cangallo" y
por los Papas Conciliares, respectivamente). Carlos Vladimiro Corach informando
el fallecimiento de la Sra. Clara MAGUIDOVICH de BORLENGUI (sic), "esposa
y compañera ejemplar del ilustre ministro del interior del Gral. Perón entre
1946 y 1955", Ángel BORLENGHI. El citado aviso está encabezado por una
Estrella de David.
Viene
a cuento la circunstancia por la nota publicada en "Cabildo" N° 106
bajo el título "Perón a Tres Puntos" suscripta por Enrique Díaz
Araujo. Allí se consigna la filiación masónica de Borlenghi, alias "El
Piromaníaco" y no su pertenencia al Pueblo Deicida. Existe una larga
tradición sobre su condición de judío que ahora se ve reforzada por su
casamiento con esta pública judía. Podría ser que Borlenghi no fuera
practicante, si fuera así sería evidente su procedencia de cepa marránica.
Bajo
su dependencia directa estaba el Subsecretario del Interior, Abraham Krislavin,
judío público y notorio, cuya judeidad sí está consignada por Díaz Araujo.
Ahora con la certeza de la filiación de Borlenghi más la sabida de Krislavin
podemos calificar al incendio de los templos como perpetrado por judíos y
masones y no solamente por masones.
Este tema siempre me interesó vivamente y
realicé algunas investigaciones al respecto. Conocí a unos cuantos policías que
hacían algunos trabajos muy confidenciales en esa época. No dependían del
Comisario General Gamboa, Jefe de la Policía Federal, sino del Teniente Coronel
Osinde. Siempre me hablaron de la responsabilidad de Gamboa en crear lo que hoy
lamamos "zona liberada" para que se perpetrara el sacrílego hecho,
como negaron cualquier vinculación con el mismo. Y por supuesto la orden vino
de Perón.
También
lo conversé con dos familiares directos míos, un Comisario Inspector en ese
entonces y un Oficial Subinspector en la misma época, ambos antiperonistas. Uno
de ellos hasta había tenido un apercibimiento "por participar de
corrillos" en el Departamento de Policía. Ambos señalaron a Borlenghi y a
Gamboa como los responsables, además de Perón, pero siempre me dijeron desconocer
la identidad de los perpetradores directos, pero refirieron que habían
intervenido masones y comunistas. Díaz Araujo en su interesante nota da los
nombres de varios oficiales superiores y jefes de la Policía Federal al
respecto. Tal vez quede para otra ocasión consignar las fuentes de dicha
información.
Otro
de los ministros de Perón que era masón y que al momento del incendio de los
templos estaba detenido (quizás por eso no lo menciona Díaz Araujo) era el
Ministro de Marina, Contralmirante Aníbal Olivieri. Indudablemente Perón, que
como sarcásticamente dice Díaz Araujo no era masón sino peronista, estaba
rodeado por masones que trabajaban a dos puntas, unos a su lado y los otros que
serían los del golpe del 13 de noviembre de 1955. Resultado a partir de esa
época tuvimos un gobierno netamente masónico. La egolatría de Perón no le dejó
ver esa realidad y se cavó su propia fosa.
Hasta
ahí llegue
Un
gran abrazo.
Fernando
Ares
*
* *
Querido
amigo:
Olvidé
decirte algunas cosas en la misiva anterior. Aquí van. Entre los incendiarios, el
Ministro del Interior Ángel Borlenghi y el Subsecretario del Interior Abraham
Krislavin, no solo existía una relación orgánico-funcional sino también de
parentesco. Eran cuñados, además de masones y socialistas. Que eran cuñados lo
sostiene el Vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, Raanan Rein. en una
entrevista aparecida en "Lo Nación", el 19 de diciembre de 2007,
hecha por Valeria Shapira, bajo el título: "El peronismo sigue dependiendo
de las figuras carismáticas".
Así
que Ángel Borlenghi, casado con la judía Clara Maguidovich, era cuñado del
judío Abraham Krislavin. Y la única forma de ser cuñados en ese entramado de
judaicos apellidos es que una Borlenghi se haya casado con Krislavin. Porque si
Krislavin estuviera casado con una Manguidovich serían concuñados y no cuñados.
Es muy sugestivo.
Me pareció interesante profundizar la obra del
judío Rein y me encontré con una obra suya publicada en Google Books. Se trata
de "La salvación de una dictadura: Alianza Franco-Perón, 1946-1955".
Allí figura un informe del Embajador de España, José María de Areilza, Conde de
Motrico, a su gobierno, donde dice que el gobierno de Perón tenía los
siguientes ministros masones, a la fecha de producirse el informe: Roberto Ares
en Economía, Ángel Borlenghi en Interior, José Constantino Barro, en Industria,
Alfredo Gómez Morales en Finanzas, Juan Castro en Transportes, y el Almte.
Enrique García en Marina.
Y
un dato muy importante, resalta el manejo de la prensa y propaganda por parte de
Raúl Apold, a quien califica de "judío de extracción polaca y veterano
personaje masón", agregando que daba "instrucciones a los periodistas
peronistas haciéndolos adoptar un tono glacial hacia la Iglesia",
"tratando en cambio con simpatía a los judíos, a los sionistas y al Estado
de Israel" (página 209 y subsiguientes).
Está
muy claro, si alguien le prendía fuego a un iglesia previamente tenía que haber
un operativo de acción psicológica limando la imagen de la Iglesia Católica y
presentando a sus sacerdotes como facinerosos. Creo que este detalle de la
propaganda previa escapó a todos los que trataron el tema del incendio. Pero es
muy lógico que sea así. Lógico y necesario. Y también a cargo de un judío.
El
judío Apold fue el que designó a cargo del estatizado Suplemento Cultural del
diario "La Prensa" al judío Isaac Zeitling Porter, más conocido por
su alias de "César Tiempo", quien introdujo allí a otros judíos como
la Prilutzky Farny.
Agrega
también el informe del embajador español que todas las acciones projudaicas y
anticatólicas eran dirigidas por el Embajador de Estados Unidos, Messersmith,
"importante judío y masón".
Un
abrazo. •
Fernando
Ares
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