Roma no paga traidores
¡Qué Sarlinga no se haga ilusiones!
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Este post contiene un excelente artículo de nuestro colaborador Laurentín de Parmentín, cuyo título le sirve de acápite.
Mons. Sarlinga hizo algunos planes que no pudo concluir, vaya a saber
por qué. En primer lugar anunció la llegada del Instituto del Buen
Pastor a su diócesis; lo cual era una muy buena noticia. Quizá por lo
mismo quedó en eso y nada más.
Pasó algo similar con una tentativa de instalación del Instituto del
Verbo Encarnado en su diócesis, intención que quedó en nada, como en el
caso anterior.
Pero la mayor de sus frustraciones debió acontecer el 13 de Marzo de
2013, cuando vio a quien quería suplantar apareciendo por la logia de
San Pedro.
En efecto, según se dice insistentemente, Mons. Sarlinga quería
reemplazar a Bergoglio en la Sede de Buenos Aires, en contra de la
voluntad del renunciante cardenal primado. Para lograr ese objetivo,
habría utilizado su relación con Sergio Massa, cercano en ese entonces a
los Kirchner y actual candidato a Presidente de la Nación.
Claro que quizá no haya advertido que Massita es un fiel defensor del
aborto; pues se preció de decir que su municipio de Tigre había sido
pionero en llevar a cabo tal crimen; al amparo del respectivo engendro
jurídico de la Corte de Justicia, que contradice la misma Constitución
Nacional.
De otro modo, no se entendería su silencio frente a tan delicado asunto
que se pena con excomunión; mientras ahora amenaza con castigos graves a
la pobre gente que, huyendo de la Misa Show que nuestros obispos nos
supieron conseguir, se refugia en los pocos prioratos de la Fraternidad
San Pío X.
Sea como fuere, las maniobras sucesorias del obispo no cayeron en gracia
al Cardenal Bergoglio. Dicen que hace no mucho, en ocasión de una
visita que hizo a Roma, Francisco le mostró la puerta cuando intentaba
celebrar con él en Santa Marta.
Versión que puede tener fundamento si se mira que Massa es uno de los
pocos políticos, sino el único, que no ha conseguido ser invitado a
Roma.
Por eso, si acaso fuera errada la opinión que manifestamos en nuestro
anterior post, que cree ser el decreto con que se amenaza a los fieles
parte de una maniobra papal para envolver a la Fraternidad, y hubiese
sido tal escrito generado motu proprio por el obispo para agradar: ¿cree
el ordinario de Zárate-Campana que recibirá premios por tal actitud? La
respuesta la da nuestro invitado de hoy:
Roma traditoribus non præmiat
Por Laurentín de Parmentín
El reciente decreto del Obispo de Zárate-Campana, Argentina, sorprende
por la reciedumbre puesta en obra para la reducción de unos simples y
pacíficos simpatizantes del movimiento que se ha dado en llamar “Fraternidad Sacerdotal San Pío X”.
Sorpresa por la enclenque debilidad del supuesto adversario –un
movimiento del cual se afirma que ni siquiera tiene “posición canónica”,
o misión canónica por mejor decir, aunque estos juristas prefieran
ignorar que de hecho y de derecho tenga una “situación” canónica bien
definida– y la desproporción de la ruidosa pataleta.
Sorpresa por la desilusión que nos causa el autor del decreto,
responsable de algunos magníficos jalones en la obra de restauración
religiosa y de quien se podía esperar algo mejor y menos indigno.
Sorpresa por el hecho de suprimirse la jurisdicción de la Santa Sede y
que ningún obispo puede retomar para sí, pues se trata de una materia
sobre la cual “Roma ha puesto la mano” hace ya mucho tiempo, lo que supone una inmediata y definitiva pérdida de competencia para los Obispos diocesanos.
Inclusive, existiendo una Comisión Pontificia que se encarga de las relaciones con los miembros del movimiento “Fraternidad San Pío X” o
en encaminar las relaciones de éstos con los Obispos locales, por
encima de todo la cual ha pasado criminosamente el decreto del obispo
Sarlinga.
Sorpresa también por que ya nadie ignora que hace años que esa misma
Comisión Pontificia ha decretado que la asistencia a la Santa Misa
celebrada por los padres de este Movimiento, en sedes propias o no, que
eso es cosa muy menor, a nadie le está prohibido y no constituye ningún
tipo de falta.
Sorpresa por que en un fallo firme dictado
en 1993 por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de Fe,
cardenal Joseph Raztinger, se afirmó que la petición de los Sacramentos a
los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X y su posterior
administración, “...no constituyen el delito de cisma...” y, por lo tanto, “el decreto (de excomunión) ... carece de fundamento y, por tanto, de validez”.
Sorpresa mayúscula por la confusión que muestran los considerandos del
decreto entre la legítima comunión eclesiástica –que está incoada en la
comunidad de la Fe y la Caridad– con una pedestre, simple y profana
inclinación política y mundanal de “hacer Iglesia”; que es como decir, por no tener la misma militancia partidaria y no estar en la misma “orga”.
Y sorpresa porque, final pero no completamente, en vísperas de que los
canallescos magnates que tiranizan a la Argentina voten un proyecto de
ley de aborto infame y criminal, cuya sola proposición acarrea la pena
de excomunión “latæ sentenciæ” y la casi segura perdición eterna
de los cómplices y demás asociados criminales que se encuentren
involucrados en la maniobra, el señor obispo se preocupa de una minucia
sin demasiados alcances –el decreto no trata de ninguna materia moral
grave ni de un atentado a la fe– y deja a la deriva a aquellos
verdaderos pecadores públicos culpables y cómplices de un gravísimo
pecado contra el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, ciñéndose un
perfecto silencio por casto anillo en lugar de amonestar a los poderosos
a voz en cuello, como sería su deber.
Y eso, esta vez sin sorpresa alguna, parece ser la tónica general del
Episcopado de la Iglesia en la Argentina.
¿Qué mal le hacen al señor Obispo los Padres de la Fraternidad San Pío
X...? ¿Acaso le quitan clientela....? ¿No predican que Cristo es Dios,
que la Iglesia es Su Cuerpo Místico y que hay que convertirse y recibir
los Sacramentos para salvarse...?
Porque, fijarse bien, lo que el Obispo no desea es que se administren
los Sacramentos si no los da él sólo. Como si los Sacramentos fueran
malos si los dan otros... No le importa la eficacia propia de la Verdad
predicada ni la Gracia de los Sacramentos que la contienen, no; le
importa que no sea él quien lo dispense. Que es como decir: “Acá, el bien lo hago yo solo”.
Si dejamos de lado todo lo demás dicho arriba, que no es poco. Así
pues, el obispo ya no es vigilante ni padre ni sacerdote ni nada; es
únicamente punterito político y taita de barrio.
¿Acaso los Padres de la Fraternidad van por ahí dando escándalo, como lo
han dado cantidad de Obispos en la Argentina en los últimos años sin
que nadie les dicte ningún decreto, ni siquiera de arrepentimiento...?
¿No predican la Verdad Crucificada, a diferencia de tantos eclesiásticos
que predican la revolución, la revancha en esta vida y cualqueir otra
memez...?
¿No creen acaso lo que la Iglesia propone para ser creído, aunque hoy en
día no lo crean ni los Obispos...? ¿No están válidamente ordenados como
sacerdotes ...? ¿No es cierto, por fin, que todas estas cuestiones que
se mencionan en el decreto, se plantearon y se zanjaron años atrás, a
favor de ellos...?
Entonces, lo que hay debajo es otra cosa.
Mons. Sarlinga tenía una impecable currículum, habiéndose distinguido
inclusive como un hombre que conocía al pormenor las andanzas de quien
ocupa en el día el solio pontificio.
En esos pormenores de las andanzas bergoglianas, estaban las componendas
políticas con los atorrantes de turno en el gobierno usurpador
argentino, disfrazadas públicamente de “duro disenso” para embaucar a las personas inocentes y garantizarse la simpatía popular; y hasta vaticana si fuera posible.
Pero todos sabían que Bergoglio era cómplice del poder y un ambicioso de
poder él mismo, como lo demuestran hoy mismo dos hechos restallantes:
1) El silencio casi total de los Obispos argentinos ante la inminente
votación de la Ley del Aborto en la Argentina, a imitación de quien
fuera cardenal primado años atrás. Y sumado al silencio romano, que no
es poco decir para quien se ha caracterizado desde el 13 de marzo de
2013 como un parlanchín imparable.
2) La aparición de episodios como el que ahora comentamos –las amenaza
de excomunión contra don Antonio Caponetto, la expulsión de Mons.
Mollaghan de Rosario, o de Mons. Livieres de Ciudad del Este– que
parecen ser fragmentos de una cuidadosa revancha del taita de Roma
contra todos aquellos que quiere destruir para impedir cualquier defensa
de la Iglesia.
Sí, defensa, porque lo peor está por llegar. El golpe está dado con
auténtica maestría, porque sobre dar comienzo al asalto contra la
Fraternidad que ni remotamente, pensamos terminará aquí sino que
abarcará a todos sus miembros en todo el mundo, deja en la más penosa
miseria moral a su ejecutor, Monseñor Sarlinga, que queda a los ojos de
muchos como un verdadero traidor y un hombre sin coraje para una
eventual defensa de la Verdad.
Tal vez, pensamos, la necesidad de sostener su obra lo haya impulsado a
dar este paso ruinoso y completamente innecesario y que, de haber
contenido alguna hebra de verdad, se podría haber solucionado por
teléfono o tomando mate entre amigos.
Pero se nos ocurre que se le ha exigido particularmente hacerlo con esta
modalidad cruel, pública y vergonzosa para él mismo. Y el candidato no
era tan valiente como para ser otro Rogelio Livieres.
Pero que no se engañe monseñor ni los demás que están en la lista de
barbas remojadas: Roma no paga traidores.

