Opinión: Natasha
de Clarín y los siete lilitos
Envío
nota escrita a fines de 2011, donde intenté desenmascarar el
oportunismo de la periodista y la hipocresía de los "anti-héroes"
del CECIM. La actualizo para explicar el sentido del fallo de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación del 19 de febrero pasado, donde
desestima el recurso de queja presentado por el CECIM La Plata en su
pretensión de considerar los abusos y vejámenes cometidos
por militares contra soldados conscriptos durante la guerra de Malvinas
como "crímenes de lesa humanidad".
César González Trejo, Ex soldado
combatiente en Malvinas.
27/12/2011
27/12/2011

Natasha tiene oficio. Hace años que trabaja en Clarín, y aunque el nadie resiste tres tapas del diario haya quedado atrás, sabe también que aún muchos sectores reafirman sus prejuicios, sus temores y sus odios con su lectura cotidiana, y aún permite instalar agenda en algunos sectores de poder.PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER ARTICULO
Un cosquilleo le recorre el cuerpo
y una irrefrenable sonrisa -un tanto efímera-, se le dibuja en
los labios cuando comprueba la preocupación que han generado
sus cometarios entre algunos funcionarios y operadores políticos.
No conoció el viejo oficio de periodista, basado
en la investigación, en recurrir a fuentes fidedignas y en publicar
información verificable. Sabe que una operación
bien ejecutada valen más que mil hechos ciertos.
A Natasha le gustaría ser una intelectual; por
eso, desde hace años, intenta escribir un libro. Y eligió
un tema de lo más promisorio. De aquellos que aseguran un público
para agotar la primera edición, y que –piensa ingenuamente-,
contará incluso con el apoyo de los popes del diario y una difusión
garantizada por los otros medios cobijados a la sombra del sutil dominio
inglés. Quién sabe, hasta pueda viajar a Londres y otras
hermosas capitales europeas, con gastos pagos y todo.
El tema son los vejámenes, abusos de poder y
crímenes cometidos por los oficiales y suboficiales argentinos
sobre las propias tropas en la guerra de Malvinas.
Perseverancia no le falta. Durante la década
del ’90, cuando desde la Federación de Veteranos de Guerra
denunciamos a los británicos ante la Comisión Investigadora
de Crímenes de Guerra que se creó en el Ministerio de
Defensa a pedido nuestro, más que los homicidios de los paracaidistas
ingleses sobre los prisioneros argentinos, le interesaban los estaqueamientos
ordenados por algún oficial argentino.
Le causaba mayor preocupación humanitaria si
algún suboficial de las propias fuerzas había ordenado
castigar a un soldado argentino por sacrificar una oveja, que las tareas
peligrosas que los ingleses ordenaron realizar a prisioneros argentinos
en Darwin, con la pérdida de tres vidas y más de veinte
heridos. Le quitaba el sueño conocer cómo algún
militar de la Armada o del Ejército había maltratado a
un conscripto propio, que enfrentarse a los cortes de orejas que los
parac británicos practicaron sobre los cadáveres
de nuestros soldados. Se regodeaba pensando cómo convertir en
crímenes de lesa humanidad a los vejámenes cometidos
por argentinos, sin prestar atención a la denuncia de crimen
de guerra que - tanto en nuestro país como en la misma Londres-,
pesa sobre el hundimiento del Crucero A.R.A. “Gral. Belgrano”.
Por cierto, cada cual establece sus prioridades, según
el interés que defiende.
Cuando, luego de tantos años, a fines del 2009
los Familiares de los Caídos en Malvinas y en el Atlántico
Sur, lograron organizar los viajes de inauguración del Monumento
construido en el Cementerio de Darwin, en la Isla Soledad, Natasha creyó
oportuna la ocasión para insistir sobre la denuncia sobre las
propias fuerzas, más que prestarle atención al homenaje
en ciernes.
Como tantos otros escribas instalados en los sectores
del privilegio mediático y cultural, Natasha recibió con
beneplácito a la película Iluminados por el fuego,
dirigida por Tristán Bauer, basada en el libro homónimo
de Edgardo Esteban y con la adaptación de guión del otrora
diputado kirchnerista Miguel Bonasso.
Es que en ese film, las cosas volvían a estar
en su lugar. Nada de Héroes de Malvinas, de relatos
épicos, de asesinatos británicos, de colonialismo, de
piratería inglesa y complicidad norteamericana. Nada de pueblo
en la Plaza vivando la recuperación, y de sudacas anotándose
en las embajadas argentinas para pelear contra los gringos.
Nada de reclamos fascistoides, de denuncia
de pesca ilegal, de exploración petrolera, de agresiones unilaterales
imperialistas. Nada de negritos correntinos, chaqueños
o tucumanos enfrentando con valor a los soldados enviados por su majestad.
El único relato que interesa estaba ahí: Gastón
Paul encarnando al chico sensible, de clase media porteña, rubio
y de ojos claros, vejado por un teniente de rasgos psicopáticos,
genocida y torturador.
Y cuando la ficción se convirtió en una
presentación judicial contra oficiales y suboficiales argentinos
por crímenes de lesa humanidad ¡Aleluya!, por
fin había algo que publicar en el gran diario argentino.
¡Qué satisfacción orgásmica
cuando los Juzgados Federales de Río Grande y Comodoro Rivadavia
declararon que la guerra fue iniciada por la dictadura argentina
para perpetuarse en el poder, y que los vejámenes denunciados
podrían considerarse crímenes de lesa humanidad!
Y es aquí donde entran a tallar los siete
lilitos, es decir, el puñado de ex combatientes del CECIM
La Plata que, autodefiniéndose como anti-héroes, han sustituido
a las representaciones genuinas de los ex soldados combatientes con
habilidad palaciega.
Parece un siglo, pero fue nada más que una década
atrás, cuando Lilita Carrió llegó al Aeropuerto
Internacional de Ezeiza cargada de 18 cajas de cartón proporcionadas
por el Senador Carl Levin del Congreso norteamericano. Eran los tiempos
que la ex funcionaria judicial designada por la dictadura en la Provincia
del Chaco soñaba con convertirse en presidente de la Nación.
Lilita realizaba un promedio de tres denuncias
por día y se encaramaba al puesto de Fiscal de la República,
inflada por la generosidad de los medios de comunicación hegemónicos.
La insustancialidad de su calidad ética, de
su versatilidad ideológica y de lo inconducente de su vocación
denunciativa, la llevaron a un punto sin retorno: el ridículo.
Tanto la inflaron, que explotó. Por supuesto, de las cajas no
se supo nunca más nada.
Tomando este ejemplo de la sórdida realidad
política local, hemos dado en llamar lilitos a los muchachos
del CECIM La Plata.
Al igual que la prócer que emulan, a los lilitos
les encanta la denuncia hueca y sin fundamento jurídico, con
mero afán de propaganda. No les importa el daño que puedan
generar a sus supuestos defendidos, mientras les reporte bastantes centímetros
en la prensa escrita, segundos de televisión o de radio. Tampoco
tienen pruritos a la hora de elegir en qué medios difunden “sus”
operaciones.
Y a diferencia de su blonda y gruesa modelo, cuentan
con la ventaja de publicación asegurada en los medios hegemónicos
y en los contra-hegemónicos: un día una denuncia en Clarín
y al otro día en Página 12. Un reportaje en Canal
7, y otro en TN. Un documental en Canal Encuentro,
y otro en History Channel. Todo vale en la guerra psicológica
moderna.
Como tampoco les importó en 2006 tratar de “loca
linda” a la hija de Margaret Thatcher e invitarla a comer
un rico asado en su sede de la ciudad de La Plata, colaborando prestos
con la filmación de The Mamy’s War que produjo
Carol Thatcher para los festejos que el 14 de Junio de 2007 en homenaje
a la Dama de Hierro, compartidos por el tercera vía
Tony Blair, la reina de Inglaterra y todo el staff colonialista
del RU.
Paralelamente a esa importante colaboración
cinematográfica, los lilitos del CECIM La Plata se aprestaban
a otro aporte significativo a mrs. Thatcher: convertir a Iluminados
por el fuego de ficción en realidad tribunalicia.
La operación tuvo la intensa cooperación
de un joven abogado correntino que se desempeñaba en la Subsecretaría
de Derechos Humanos de la Provincia de Corrientes, Pablo Vassel, luego
promovido a funcionario del Consejo de la Magistratura de la Nación.
En Corrientes y en Chaco, convocaron a numerosos ex
combatientes a realizar denuncias –reales o ficticias, no importaba-,
contra superiores por abusos, vejámenes o crímenes cometidos
en su perjuicio.
Prometieron resarcimientos económicos como resultado de los juicios, así como acelerar el manoseado reconocimiento histórico (también plata), en una operación semejante a los métodos aplicados por nuestros superiores cuya crítica compartimos: “animémonos y vayan”.
Eligieron como blancos a un ex suboficial, Pedro Pierre,
que les molestaba por dos motivos: su militancia peronista y por conducir
en ese entonces la Federación de Veteranos de Guerra de la Provincia
de Buenos Aires. Y también a un oficial retirado, Jorge Taranto,
quien condujo durante años el programa radial Malvinas, la
verdadera historia, que había atacado desde ese espacio
los contenidos de la película dirigida por Tristán Bauer.
Nada hay que reprochar a la intención genuina
de brindar oportunidad de reparación a una ofensa a quien la
haya sufrido, no importa el tiempo transcurrido. Y menos, a la decisión
de promover Memoria, Verdad y Justicia acerca de la Causa de
Malvinas y lo acontecido en la guerra de 1982.
Pero el camino elegido por los lilitos del
CECIM La Plata es el opuesto a esas legítimas pretensiones.
Jamás, en 24 años de postguerra, los lilitos promovieron denuncia e investigación alguna. Sí lo habíamos hecho desde el Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Capital Federal, aún antes de que concluyera la dictadura cívico-militar, en el año 1983, cuando acompañamos institucionalmente una denuncia efectuada por un ex soldado conscripto por estaqueamiento.
Eso nos valió largos meses de seguimiento y
aprietes por parte de la inteligencia militar, que estacionaban sus
Falcon verdes en la esquina de nuestra sede de Avda. Rivadavia 1260,
en la Capital Federal. Cientos de llamados amenazantes, dirigidos especialmente
contra el que fuera nuestro presidente, Jorge Omar Vázquez. Intercepciones
en la vía pública, y hasta patoteadas a compañeros
pertenecientes al Centro, como forma de mensajes intimidatorios.
También nos dimos cuenta, prematuramente, cuál
iba a ser la actitud de la prensa infame. Los grandes medios nos publicaron
en tapa la denuncia, mientras duró (finalmente, el denunciante
desistió de proseguir la causa, y nos dejó “pagando”).
Cuando volvimos a recurrir a la misma prensa para difundir
la necesidad de aprobar una ley que otorgara prioridades laborales,
sanitarias, educativas y habitacionales a los ex soldados combatientes,
no nos dieron más bola. Comenzamos a comprender la maniobra desmalvinizadora
que estaba en ciernes (La Ley finalmente se aprobó en 1984, bajo
el número 23.109, archivada durante todo el gobierno alfonsinista).
Fue muchos años después, en 2006, cuando
los lilitos promovieron la denuncia ante la Justicia Federal
de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, y en Comodoro Rivadavia,
en la Provincia del Chubut. Tan tardíamente, que toda acción
penal se encontraba prescripta, y con un Código de Justicia Militar
modificado (hay quien opina que el viejo Código podría
igualmente ser utilizado, pero este no fue el camino elegido por los
lilitos del CECIM La Plata).
Esto les daba la posibilidad de apelar a la figura
de crímenes de lesa humanidad para caracterizar a las
faltas que hubieren cometido los propios superiores en perjuicio de
sus subordinados, “buscando” la imprescriptibilidad.
Pero sucede que para caracterizar un crimen como de
lesa humanidad deben darse condiciones que no ocurrieron en la
guerra contra el Reino Unido por la soberanía sobre las Islas
Malvinas y del Atlántico Sur.
La doctrina internacional establece que un crimen
de lesa humanidad ocurre como derivación de una orden expresa
emanada de autoridad estatal –o, al menos, paraestatal-ejecutada
por funcionarios en forma sistemática y reiterada, para eliminar
o torturar a un grupo de personas en forma deliberada y planificada.
Por cierto, no existió ese tipo de orden de
las autoridades militares a la oficialidad y suboficialidad en perjuicio
de los conscriptos argentinos durante la guerra de 1982.
Sí existieron actitudes deshonrosas y hasta
criminales, por parte de algunas personas que no estuvieron a la altura
de las circunstancias. Que, por supuesto, merecen su castigo.
Pero el camino elegido por los lilitos, lejos
de acercarlos a la justicia, llevo a los ofendidos a un callejón
sin salida hacia la impunidad de los réprobos. Utilizaron a los
ex soldados combatientes que recibieron ofensas para impulsar una vía
judicial imposible desde el punto de vista del Derecho, para promover
su objetivo ideológico: homologar el conflicto armado de Malvinas
e Islas del Atlántico Sur con el Terrorismo de Estado.
Esta maniobra, que se inscribe plenamente en la estrategia
británica, pues disuelve las responsabilidades del colonialismo
anglo-norteamericano en la re-invasión de Malvinas y demás
Islas del Atlántico Sur, también encubre los crímenes
cometidos por esas fuerzas.
Curiosamente, desde 1995 existe una Ley Nacional (Nº
24.517), que ordenó constituir una Comisión Investigadora
de Crímenes de Guerra británicos en la guerra de Malvinas
y del Atlántico Sur con la integración de los tres poderes
del Estado Nacional, que jamás se conformó. Y que, reactivándose
y modificándose sus alcances, podría también establecer
méritos y deméritos, e imponer premios y castigos.
Desde 1999, existe una causa abierta contra los responsables
de crímenes de guerra británicos en el Juzgado Federal
de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, pero que no se
activa por falta de voluntad política y jurídica. Y cuyo
tratamiento contrasta significativamente con la celeridad dada a la
denuncia por supuestos crímenes de lesa humanidad.
Los lilitos y Natasha nunca se expresaron
respecto de esas denuncias: hacen como si no existiesen.
En la guerra de Malvinas y del Atlántico Sur, la verdadera doctrina jurídica a aplicar es el Derecho Internacional Humanitario conformado por las Convenciones de Ginebra y sus Estatutos complementarios, que fija las reglas de la guerra entre los Estados.
Los delitos o crímenes cometidos por las partes
en perjuicio de sí mismas, es regido por los Códigos de
Justicia militar o las normas penales de las respectivas partes.
La manipulación ideológica de esos plexos
jurídicos ya ha sido desestimada por el Tribunal de Casación
de la Nación, cuando en un fallo contundente, expedido en 2009,
afirmó:
“…por más aberrantes que puedan
resultar las acciones que presuntamente se habrían desarrollado,
no se encuentran acreditados los requisitos de sistematicidad ni generalidad
del ataque, como elementos que elevarían los delitos supuestamente
cometidos a la categoría más grave de delitos
contra la humanidad”
“…no resulta plausible dar por probada
la denominada pauta de contexto en que debe verificarse el delito a
partir del momento histórico en que se desarrollaron los hechos
y que, en función de esa coincidencia temporal con otros actos
perpetrados por el gobierno de facto que detentaba el poder, aquellos
deban quedar subsumidos en la misma calificación que éstos.
Una elaboración de esa índole no solamente adolece de
falta de logicidad, sino que además, podría conducir a
resultados jurídicos de manifiesta arbitrariedad, llevando a
considera crímenes de tal entidad a delitos aislados por la sola
circunstancia de haber sido cometidos por personal o autoridad de alguna
fuerza y durante la última dictadura militar”
“…no resiste el menor análisis
el argumento de que las acciones imputadas a Taranto hayan sido llevadas
a cabo de conformidad con una política de Estado o para promover
una política de Estado, pues ello no puede inferirse de modo
alguno de los hechos ni circunstancias del caso”.
“…no existen elementos que posibiliten
trasladar los actos de la lucha contra la subversión o lo acontecido
en la guerra de Malvinas….aquellas personas que resultaron víctimas
de los supuestos estaqueamientos o enterramientos, no poseían
características especiales, ni eran objeto de dicho padecimiento
en virtud de alguna tendencia política o ideológica, que
permita sostener una vinculación con la metodología utilizada
por aquellos años por el gobierno de facto”.
“…la pretensión de que
el hecho que se denunció en esta causa constituye un crimen de
lesa humanidad no es en absoluto correcta. No solo no resiste el análisis
relativo a los textos legales internacionales contemporáneos.
Tampoco puede subsumirse el hecho en la categoría de delitos
de lesa humanidad si se atiende a la idea central que ha constituido
la motivación histórica con la que ha sido modelada la
categoría, es decir, en el propósito de distinguir los
crímenes de lesa humanidad de los delitos comunes”.
Los lilitos han recurrido este fallo ante
la Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto, activaron su operación
con la concurrencia del diario Clarín y la solícita
Natasha, quien se apresta a su negocio editorial en el marco de la conmemoración
de los 30 años de la guerra de Malvinas.
En consecuencia, no es disparatado pensar que todas
estas operaciones puedan estar alentadas, pergeñadas y financiadas
por quienes se aprestan a iniciar la explotación petrolera –luego
de dos años de intensa exploración-, en nuestros mares
adyacentes a Malvinas, con el propósito de continuar distrayendo
la atención sobre sí mismos.
Don Enrique Oliva, militante de la resistencia peronista,
escritor, autor de dos libros sobre la guerra de Malvinas y del Atlántico
Sur (“Malvinas: el colonialismo de las multinacionales”
y “Malvinas desde Londres”) y miembro de la
Academia Nacional de Periodismo, que cubrió como periodista de
Clarín la guerra de 1982 bajo el pseudónimo de
Francois Lepot, (antes que el periódico se convirtiera
en un holding polirrubro), repetía siempre que la técnica
británica cuando iniciaba la ocupación de una colonia,
consistía en organizar la oposición, ya que eso le garantizaba
el gobierno.
Pues bien, los aires izquierdistas de los lilitos
del CECIM La Plata, y las pretensiones de progresista y de
enfant terrible del periodismo de Natasha, son tan funcionales
al imperio como lo fueron Bernardo Neustadt o el chancho Alsogaray
en la década del ’90, pues en definitiva sirven a los mismos
intereses.
Si realmente queremos Memoria, Verdad y Justicia
para los 649 Héroes Nacionales y la Causa de recuperación
de Malvinas e Islas del Atlántico Sur, proponemos comenzar con
algunas de estas acciones de la siguiente agenda:
1) Levantar el secreto que pesa sobre la documentación
que guarda el Estado Nacional respecto de la guerra del Atlántico
Sur. Con ello podremos saber cómo se condujo la guerra, por qué
se siguió pagando la deuda al Reino Unido mientras nosotros peleábamos
en las Islas, qué dirigentes civiles y militares se reunían
en las embajadas extranjeras para negociar qué cosas mientras
nuestros compañeros caían bajo las bombas enemigas. Qué
dice el Informe Rattenbach en su versión completa. Quiénes
y cómo nos apoyaron y quiénes y cómo nos boicotearon
en el plano internacional.
2) Reactivar la Comisión Investigadora de Crímenes
de Guerra creada mediante Ley Nº 24.517, ampliando sus alcances
para investigar las conductas de las fuerzas argentinas en la guerra,
para determinar méritos y deméritos y otorgar premios
y castigos, a través de decisiones político-administrativas.
(Por ejemplo, dar o quitar condecoraciones, dar y quitar pensiones,
ascender o degradar, publicar informes sobre conductas honrosas o deshonrosas,
etc.)
3) Denunciar por inconstitucionalidad los acuerdos
suscriptos con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
que afectan el interés nacional de recuperar nuestras Islas Malvinas,
Georgias del Sur, Sandwich del Sur y espacios adyacentes, además
de incluir cláusulas bilaterales que violan los Convenios de
Ginebra, exonerando al Reino Unido por los crímenes cometidos
durante la guerra.
4) Profundizar el camino iniciado con el MERCOSUR,
la UNASUR y la CELAC en cuanto a las sanciones económicas, políticas
y diplomáticas antes las agresiones unilaterales cometidas por
el Reino Unido y sus aliados en el Atlántico Sur.
Sólo así terminaremos definitivamente
con cualquier situación de impunidad e injusticia. Sólo
así estaremos en coherencia con nuestra Constitución Nacional.
Solo así seremos serios en la construcción de la Patria
Grande. Sólo así seremos dignos de los Héroes Nacionales
que dieron sus vidas por todos nosotros y por nuestros descendientes.
LA IMAGEN NO CORRESPONDE A LA PUBLICACION ORIGINAL
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