CONTRATO CON EL MAL - FAYT NUEVA VÍCTIMA
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MIS
AMIGOS
Nada mas
justo lo que expresa esta señora, quien hoy me asombra nuevamente por su
claridad mental, una cualidad que muchos argentinos no elaboran, se quedan
mientras hombres y mujeres inescrupulosos con el ejemplo de la primera
autoridad del país han hecho de Argentina nuestro país un despojo, donde ha
crecido todo tipo de delito.
Desde que
se les ocurrió decir la frase “JOVENES IDEALISTAS”(NK) o “ERAN DE LA
ACCIÓN CATOLICA” (Bergoglio), a un enorme conjunto entrenado e ideologizado en Cuba para
desatar en la nación una de la mas lamentable Guerra Revolucionaria, y tergiversar
las leyes para poder juzgar, y continuar juzgando a los miembros de las Fuerzas
Armadas Regulares de la Nación (2000 presos políticos), estos
últimos actuando, cayendo en el error por la ausencia de
autoridad política y judicial, siempre lo he expresado, constituyó lo que
llamo Contrato con el Mal. Mientras la sociedad se hace la
desentendida y no acierta en comprender el
mal que nos destruye..
Desde
allí (1) aparecieron miles de falsos héroes el mismo Nestor Kirschner,
su nombre ha sido usado para renombrar calles, lugares públicos, etc cuando
sabemos a ciencia cierta que es sin duda el mas corrupto que se recuerde de
nuestra historia reciente. (2) Aparecieron otros miles escribiendo libros
solo para hacerse ver, en un “Yo
lo hice1”, “Yo
lo hice2”, “Yo
lo hice3”.
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La afrenta al Dr.Carlos Fayt: La
Resisitencia como deber moral
Por Gabriela Pousa –
Cuando se trata de analizar el escenario político nacional, todas las
sorpresas son posibles. Es más, de un tiempo a esta parte, lo
irracional y estrafalario suelen darse con mayor asiduidad que lo lógico y
razonable. Los límites se han traspasado como nunca antes, y aunque la
sociedad siga dando prevalencia a lo económico, aquello que nos hunde
como país y como sociedad es la crisis moral que lejos de zanjarse,
tiende a ser cada vez más profunda por el simple hecho de que demasiado, no
parece molestarnos.
Aprendimos a convivir con el maltrato, el desprecio, la ausencia del “por
favor”, del “gracias” y el “hasta luego“.
Si acaso encontramos quien escape a ello, más que tomarlo con naturalidad lo
tildamos como alguien fuera de tiempo, “chapado a la antigua”. Y es que no
hay conciencia de que para que las cosas cambien, evolucionen, hay parámetros
que deben mantenerse inalterables e inmunes a las modas y coyunturas. Pero
al referirnos a crisis moral, no aludimos meramente al trastocamiento de
valores y principios básicos que rigen, y han regido durante siglos a la
humanidad. El concepto es mucho más sencillo y visceral: se trata de un
estado de confusión generalizado que impide discernir qué está bien y qué está
mal. En ese desorden de cosas, la consecuencia es una sola: a
todo se lo deja pasar. Da lo mismo un acto heroico o un delito promiscuo, ambos
pasarán sin premio ni castigo, sin pena ni gloria.
AUSENCIA DE
CRITERIO Y JUICIO CRÍTICO
Lo cierto es que la ausencia de criterio y de juicio crítico hacen
mella, y socavan los calendarios de manera que todo es acá y ahora, ya. La
premura que impone el vivir en el descaro y la inmoralidad no admite detenerse
a separar la buena cosecha de la maleza. Todo es aceptado desde una especie de
ceguera colectiva que en el fondo tranquiliza. Tranquiliza porque
impide ver y mirar, pero también porque deniega responsabilidad. En la
Argentina actual se vive “asi no más”, “como venga la mano“,
no hay juicio personal elaborado sino aceptación llana de lo que hay. ¿A quién
exigir calidad? La orfandad que los ciudadanos sienten en lo político es
simétrica con la orfandad manifiesta en lo social. Y quien sabe ambas
tengan correlato en la insondable soledad experimentada cuando, uno mismo, no
puede entablar un soliloquio que oriente y contenga sin necesidad del afuera.
Paradójicamente, hasta lo más férreos defensores de la libertad
están ajenos a sí mismos, sometidos a lo colectivo. Las masas ganaron la
batalla. No es el capitalismo, como algunos piensan, el responsable
de esta debacle, es la pereza que nos encuentra sumidos en la cultura del ocio,
del divertimento. No se acepta nada que no haga reír. Una misa, el
colegio, un concierto debe ser divertido como si lo solemne ya no tuviese
sentido.
SOMOS EGOISTAS Y NO
MIRAMOS EN DERREDOR
Vivimos en una época donde nos maravillamos con los paisajes que
vemos mientras navegamos por la web, y no abrimos las ventanas para ver que hay
afuera. Todo pasa por una pantalla: desde las relaciones humanas hasta la
queja. Viralizamos sentimientos, frustraciones e impotencias pero no nos
hacemos cargo de ellas. Por eso, “ser ciudadano” pesa como si
se tratara de un arduo trabajo.
Ser ciudadano implica ir más allá del monitor y el celular, y hacer
sentir nuestra aprobación así como nuestra disidencia. Resguardarse en
la masa no aporta nada. Conformarse es aceptar que no se es capaz de salir de
la cáscara del falso confort, y convertirse en artífice del propio destino. Los
medios de comunicación, la tecnología, pese a la apariencia de amplificar
nuestra voz, la silencia, la restringe a una determinada esfera: ya sea del
ciberespacio, o de la habitación donde se mira TV o se oye radio. No
es igual la política vivida en un comité o en una unidad básica, que en una red
social donde el aislamiento físico conlleva apenas una “protesta
simbólica”.
Quizás sea menester volver a las viejas prácticas de
participación para lograr verdaderas cadenas de reclamos que lleguen a
buen destinatario, en lugar de quedarse con aquello que se propaga en un
microclima de pares.
Mientras tanto, la política seguirá ajena al ciudadano. En tal sentido,
se anula el concepto de representatividad y de “pueblo soberano” de manera que
lo democrático termina siendo un slogan vacío como otros tantos. De persistir la
actitud pasiva, otros construirán el futuro, y guste o no, habrá que aceptarlo
como venga.
LOS POLÍTICOS SALEN
DE UNA SOCIEDAD SIN VIRTUDES
A esta altura, muchos se preguntarán que tiene que ver este sermón
principista con un análisis político. La respuesta es esta: los
políticos no nacen de un repollo ni son importados de otro planeta. Emergen de
esta sociedad que es la nuestra. Eso explica por qué no es factible separar una
cosa de otra. Es nulo el interés de estas líneas por hacer un juzgamiento
moral, pero es amplia la intención porque se comprenda dónde se originan los
hechos que nos sorprenden hoy día. Veamos: si acaso mañana, el
ministro de Economía, Axel Kicillof, decreta un corralito que nos impida
hacernos de nuestros ahorros, a la hora, la Plaza de Mayo estaría repleta de
argentinos indignados, presentes, activos, haciendo valer sus derechos, no
dejándolos al libre arbitrio.
Qué nos confisquen los principios no moviliza siquiera, y es que, aunque suene duro, los ahorros pesan más que la moral y la ética. Se defiende el billete con mayor ahínco que la decencia. Los modelos a seguir son apenas héroes de barro, destinados a caerse de los pedestales cuando se decida volver a poner en orden las prioridades. Entendiendo o asumiendo esta realidad, quizás pueda entenderse por qué es más grave la afrenta oficial al Dr. Carlos Fayt que el déficit fiscal. Este último se revierte con profesionales capaces reemplazando a los mediocres que hay. En contrapartida, la falta de respeto implica un cambio cultural que no se da de un día para otro, ni lo ha de establecer por decreto un nuevo gobierno.
Qué nos confisquen los principios no moviliza siquiera, y es que, aunque suene duro, los ahorros pesan más que la moral y la ética. Se defiende el billete con mayor ahínco que la decencia. Los modelos a seguir son apenas héroes de barro, destinados a caerse de los pedestales cuando se decida volver a poner en orden las prioridades. Entendiendo o asumiendo esta realidad, quizás pueda entenderse por qué es más grave la afrenta oficial al Dr. Carlos Fayt que el déficit fiscal. Este último se revierte con profesionales capaces reemplazando a los mediocres que hay. En contrapartida, la falta de respeto implica un cambio cultural que no se da de un día para otro, ni lo ha de establecer por decreto un nuevo gobierno.
GROTESCA AVANZADA OFICIALISTA
La grotesca avanzada oficialista contra la Corte Suprema de Justicia no
es nueva, aunque la batalla ahora resulte definitiva: es a todo o nada. El
silogismo es de una simpleza magnánima: Esta Corte no garantiza
impunidad a Cristina, en consecuencia algo debe hacerse con ella, y ese “algo”
no es precisamente dejarla funcionar con independencia. La sumisión del
Poder Judicial es perseguida ávidamente por los Kirchner desde el primer día
que asumieron la Presidencia. Sucede que en ese entonces, el veranito
económico no permitía ver más allá del electrodoméstico que iba a comprarse en
cómodas cuotas…
Además, si la jurisprudencia mostrara una “obediencia debida” hacia
la mandataria, la Corte no sería siquiera tema, aún cuando sus integrantes
renunciasen o la vejez los afectara.
La edad del Dr. Carlos Fayt es la excusa más a mano que hallaron, pero
también la de mayor bajeza. No hay adjetivo que deje en claro lo que el
gobierno está haciendo con un Juez del máximo tribunal, pero sobre todo con un
ser humano. Si quien hubiera cumplido 97 años fuera Eugenio Zaffaroni – y no
se hubiese jubilado -, nadie prestaría atención a ese dato. El
problema real no es la edad sino el voto independiente de Fayt. Su
“resistencia” debe ser la nuestra. Ya lo escribió Ernesto Sábato en su
última obra, pidiendo dejar de lado los egoísmos para comprometernos porque la
libertad está en peligro. Tan grave como lo que dijo Jünger: “Si
los lobos contagian a la masa, un mal día, el rebaño se convierte en
horda”
Y las gestas heroicas todavía tienen cabida en este ahora. Una de ellas
es la del juez Fayt resistiendo, no a la muerte a los 97 años de edad, sino a
la ignominia de un gobierno absolutamente inmoral.

