martes, 8 de septiembre de 2020

Cap: 3-La batalla psico-política Por la razón o por la fuerza




Cap: 3-La batalla psico-política


Por la razón o por la fuerza

Con el correr del tiempo, estas tendencias ideológicas fueron escalando posiciones y la ideología de género logró un sinfín de éxitos políticos tendientes no sólo a forzar la aceptación popular de sus postulados, sino también imponiendo la amable “aprobación científica” de muchas de sus publicitadas conductas, pero no por la aparición de investigaciones académicas superadoras sino por brutales coacciones políticas.

Fue a comienzos de los años ‘70 cuando el piquetero sodomita Frank Kameny lideró un grupo llamado “Frente de Liberación Gay” e irrumpió en el simposio anual psiquiátrico de la APA (Asociación Americana de Psiquiatría), subió al atril, arrebató el micrófono y arengó: “La psiquiatría es el enemigo encarnado del movimiento gay, al cual le han hecho la guerra para exterminarlo, esta es una declaración que nosotros hacemos de guerra contra los psiquiatras”[441]. Dos años después, estas y otras constantes prepotencias y extorsiones dieron sus frutos y lograron descatalogar la sodomía de la clasificación de enfermedades mentales: “La categoría de la homosexualidad  desaparece del MSD[442] en 1973, en parte gracias a la presión de los grupos homosexuales”[443] confesó la mismísima Beatriz Preciado. Pero a pesar de tamaña coerción, hay científicos que se resistieron a cambiar criterios científicos sin otro argumento mayor que el de la extorsión política y de esta postura surgió la fundación NAHRT (National Association for Research & Therapy of Homosexuality)[444], institución médica que sostiene que las personas con sentimientos homosexuales pueden curarse y reconvertirse a la heterosexualidad: de más está decir que la NAHRT es bravamente atacada y combatida por el lobby sodomita y todas las organizaciones de izquierda que lo apañan no sólo amedrentando a sus miembros sino saboteando a sus sponsors.

No es para menos. La prepotencia psico-política de los partidarios de la ideología del género y su revolución permanente de la que ya hicimos mención no sólo jamás se aminoró sino que en su ambición por “normalizar” hasta los hábitos más repugnantes, en el simposio efectuado en la ciudad de San Francisco por la Asociación Americana de Psiquiatría (mayo de 2003) prensó violentamente para eliminar también del Manual Diagnóstico de Psiquiatría el sadomasoquismo y la pedofilia[445]. Sobre esta última aberración,  aclaremos que sus voceros han tomado la precaución de evitar llamarla de ese modo y a fin de facilitar su aceptación social refieren sutilmente a la democrática denominación de “sexualidad intergeneracional”.

No consiguiendo el último objetivo señalado, en el verano del 2011 los homosexualistas buscaron nuevamente descatalogar de la lista de enfermedades mentales la pedofilia: en esta ocasión el paso se dio el 31 de agosto de ese año, donde se celebró una conferencia con asistencia de doctores y sexólogos (organizado por el grupo pedófilo B4U-ACT[446] y la Universidad John Hopkins). Allí se dijo que “los pedófilos son injustamente estigmatizados por la sociedad”, “los niños no son incapaces de decidir con quién quieren tener sexo”, “el deseo sexual de un adulto por un niño es normal” y se remató sentenciando que “los pedófilos sienten deseos amorosos por los niños de la misma manera que los adultos lo sienten por otros adultos”[447].

Y como la NAMBLA y otras abominables organizaciones pedófilas aún no han podido lograr la suficiente aceptación popular, ya apareció otra red que pretende ser menos chocante y que se autodenomina “Pedófilos Virtuosos” (Virtuous Pedophiles[448]), en la cual sus cultores exigen aceptación social plena, puesto que dicen “fantasear sexualmente con niños” solamente, a la vez que “garantizan” no tener sexo con ellos, dado que “se esfuerzan” por no materializar el acto concreto y limitar el perverso deseo sólo al “erotismo mental”. Incluso la propaganda de esta corporación —que supera los 1200 integrantes— confiesa en su portal de Internet esforzarse en “talleres de reflexión” para mantener el “autocontrol”, mérito por el cual no habría motivo para que padezcan estigma alguno.

Lo cierto es que con o sin abuso sexual concreto, esta repugnancia afortunadamente seguiría siendo considerada un desvío sexual grave en los catálogos científicos, y las presiones políticas de la militancia homosexual no ha podido por el momento erradicar este “prejuicio burgués”[449]: ¿será cuestión de tiempo?