lunes, 8 de octubre de 2012

TRAICIÓN DIPLOMATICA HISTORICA? ¿..O QUE?

CARTA ABIERTA AL CANCILLER DE LA REPÚBLICA ARGENTINA HÉCTOR TIMERMAN
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                         Me he tomado un tiempo más que suficiente antes de escribir esta carta pues tenía la esperanza que Ud. sería consciente de la enormidad cometida y que en un arranque de coraje negaría este vuelco “diplomático” que, quiero creer, le han ordenado que ejecutara.
                      Algo anda muy mal en la República cuando, en mitad del río, se cambia de caballo y luego de dieciocho años de idas y vueltas, como niños detrás de un juguete, el gobierno, ese mismo al que Ud. pertenece nos quiere hacer creer que ahora hay otra pista “más fiable” de quienes organizaron la masacre que contra la República Argentina se perpetro el 18 de julio de 1994.
                     Que Ud. haya aceptado bajo espurias órdenes reunirse con el canciller iraní es una doble burla que como argentino y judío comete contra su país de origen y contra sus ancestros, pero nada de esto sería más que algo retórico de no ser que de esa masacre hay aún ochenta y cinco argentinos sin paz ni justicia.
                  Alguna vez dijo Ud. que esos ochenta y cinco muertos eran sus hermanos. ¿Y que cree que eran para nosotros? esos ochenta y cinco muertos eran, en su fe y en su ascendencia, tan argentinos como cualquiera de nosotros, porque sus padres o sus abuelos eligieron esta tierra para afincarse y educar a sus hijos como cualquiera de nuestros abuelos lo hizo. No nos engañen más, canciller, este fue un atentado contra la República Argentina llevado a cabo por seres signados por un odio racial infame y anacrónico. ¿Entiende canciller porque le digo que Ud. se ha burlado de su patria y de sus ancestros?
                    Que los considere hermanos suyos o no los muertos de la AMIA hoy han sido abandonados por Ud. Mejor dicho, nos ha abandonado a todos los argentinos que creímos que dieciocho años de impunidad eran demasiados pero que aun conservábamos la esperanza de un día sabríamos fehacientemente quien lo había cometido y que al menos nos quedaría la seguridad que esos ochenta y cinco muertos tendrían la paz que da la justicia.
                  Ni siquiera tengo ganas de indignarme. No me importa su pasado ni, como muchos hoy sacan a luz, lo que hizo en los primeros días del otoño de 1976. Quizás porque ya me aproximo a los setenta años la traición solo me provoca una profunda tristeza porque pienso que el alma del hombre que la comete se pierde para siempre y, canciller  esa reunión y esa mano que seguramente Ud. estrechó, fue una traición.
                 Le recomiendo, canciller, que relea el libro de Josué en especial el versículo 22 párrafo 16.

JOSE LUIS MILIA
josemilia_686@hotmail.com