¡No se hunde un buque de la Armada!… ¡La que se hundió hace años fue “la Armada”, sólo que todavía hay algunos buques que flotan!
¡Así debió haber rezado el TITULAR que ofrecieran los distintos medios, si de ponernos de cara a la realidad se tratara!
Si tiene alguna duda, remítase al recibimiento político que ofreciera
la Señora a la Fragata ARA Libertad, cuando todo indicaba se le
brindaría una acotada y hasta íntima acogida patriótica.
Los acordes del Himno Nacional, y de la canción Aurora fueron
interpretados por la fanfarria de Granaderos. Ergo: se tuvo que recurrir
a los buenos oficios de la banda de otra arma, alguna vez llamada
Ejército Argentino, que casualmente, y sólo casualmente, es lo único que
conserva, y sirve además para ameritar algún que otro festival a cielo
abierto, con entrada libre y gratuita.
La acrobacia aérea estuvo a cargo de tres avionetas piloteadas por
civiles que partieron del Aeropuerto de Camet. Ocurre que la Fuerza
Aérea Argentina carece de aviones, única razón de su existencia.
El ingreso a cualquiera de estas fuerzas ya no requiere de vocación
de servicio; tampoco de subordinación y valor. Mal puede un tipo
semejantemente inspirado ingresar a la Armada, cuando no tiene sobre qué
navegar. Mal puede ingresar a la Fuerza Aérea cuando no tiene aviones
dentro de los que volar. Mal puede ingresar al Ejército Argentino si no
es músico desocupado.
Y los militares que se aferran al arma elegida, al arma sentida,
comienzan a desertar, o son pasados a degüello. Los otros, los que están
entre rejas, con o sin causas abiertas, con o sin condenas, con o sin
la imputación de testimonios fehacientes, cuentan los días que les
quedan de vida, seguramente implorando que el tiempo transcurra más que
vertiginosamente. ¡Justamente todo lo contrario de lo que desea Ud.,
máxime si ya ha pisado los 60, que es cuando las hojas del almanaque
comienzan a caer como si estuvieran pegadas por el moco verde de la
infección.
Como la excepción hace a la regla, REIVINDICO a todos aquellos que
irracionalmente abrazan la carrera, impulsados por la mejor de las
inspiraciones. “¡Si vas a masticar vidrio, evitá tragarlo!”, me decía un
viejo amigo!
¡Estamos masticando vidrio!… ¡Sátamente: Ud., también!, así
suponga que no le comprenden las generales de la ley. ¡Perdone, sólo
debí decir “así suponga que no le comprenden las generales de este
patricidio”, como bien lo denominara, no hace tanto tiempo, D. Luis Illuminati, brillante columnista de esta página.
Ricardo Jorge Pareja