LA IGLESIA DEL MUNDO VISIBLE EN ROMA
«Hay
quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata
con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia…
ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es
«cristiano», el apellido es «pertenencia a la Iglesia» (25 de junio del
2015). Muchos católicos no son capaces de ver la herejía en estas palabras del falsario, porque ya no conocen su fe católica.
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«…ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia»: esta es la gravísima herejía. Si tienes el nombre de cristiano, entonces perteneces a la Iglesia.
En otras palabras: si no estás bautizado, pero te llamas cristiano, perteneces a la Iglesia.
Si
crees en tu idea de Cristo, si para ti Cristo es lo que se profesa en
el budismo o en el judaísmo, o en cualquiera otra religión, entonces
perteneces a la Iglesia.
Si
no vives en gracia, sino en tu grandioso pecado, si no tienes los
Sacramentos o una vez los recibiste, pero ya no los practicas o lo haces
mal, si no obedeces al Romano Pontífice, sino que haces lo que te da la
gana en tu vida, entonces eres de la Iglesia, perteneces a la Iglesia.
¿Ven o no ven la gravísima herejía?
Bergoglio
está enseñando su iglesia mundial: la que es para todo el mundo. Con
tal de que te llames cristiano, con tal de que te pongas el nombre de
cristiano, un nombre vacío, un lenguaje humano, una palabra que todo el
mundo usa para no decir nada, entonces perteneces a la iglesia que está
levantando ese hombre, al cual muchos le ponen el nombre de papa.
Ahora,
resulta que eres de la Iglesia porque tienes que seguir a Bergoglio. Si
no sigues a Bergoglio como el gran papa del mundo, de los herejes, de
los pervertidos, de los homosexuales, entonces no perteneces a la
Iglesia. Tienes que tener el nombre de Bergoglio. Tienes que decirlo.
Si dices: Bergoglio no es papa. Entonces, no perteneces a la Iglesia.
Todo el mundo se apunta, ahora, al juego del lenguaje humano.
Para ser de la Iglesia hay que colocarse el nombre de cristiano.
Para
estar en comunión con la Iglesia hay que colocarse el nombre de
Bergoglio: hay que llamar a Bergoglio como papa. Y no importan sus
claras herejías. Eso no interesa. Es el nombre el que interesa. Si no
tienes el nombre de ese tipejo, si no dices el nombre de ese tipejo, si
no lo llamas papa, estás condenado, has cometido el pecado de blasfemia
contra el Espíritu Santo.
Así piensan muchísimos católicos.
Para
ser miembro de la Iglesia, es necesario poseer una perfecta unión con
el Cuerpo de la Iglesia. Esto significa que la persona debe ser
bautizada, y vivir su bautismo dentro de la comunión visible de hombres
que profesan la misma fe divina, que comparten los mismos siete
sacramentos y que están en obediencia al Romano Pontífice.
Estos
son los tres requisitos externos de unión: si la Iglesia es visible,
entonces sus miembros se conocen por estas tres cosas:
«Pero entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la verdadera fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima autoridad
a causa de gravísimas culpas… Por lo cual, los que están separados
entre sí por la fe o por la autoridad, no pueden vivir en este único
Cuerpo, ni tampoco, por lo tanto, de este su único Espíritu» (Mystici
Corporis, n. 10).
«Porque cuantos somos creyentes, teniendo… el
mismo espíritu de fe, nos alumbramos con la misma luz de Cristo, nos
alimentamos con el mismo manjar de Cristo y somos gobernados por la
misma autoridad y magisterio de Cristo» (Mystici Corporis, n. 32).
Es claro lo que dice el Papa Pío XII: hay que estar bautizados.
Pero,
además, hay que profesar la fe verdadera: la fe católica. Hay que
obedecer el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Si no se
obedece este magisterio, ya no tienes la fe verdadera.
Hay
muchos católicos que no saben lo que es este magisterio. No lo conocen.
Para ellos, no existe el pecado, ni el infierno, ni el purgatorio, ni
la penitencia, ni la cruz, ni la gracia, ni los sacramentos, etc…
Hay
que tener la misma Luz de Cristo: su doctrina. Esa doctrina son dos
autoridades en la Iglesia Católica: la Palabra de Dios y el magisterio
auténtico e infalible.
Estas
dos autoridades están por encima del Papa, de los Obispos, de los
Concilios, de los Cónclaves, de cualquier miembro de la Iglesia.
Estas dos autoridades son la Luz de Cristo, que se da a todo el mundo para que pueda creer.
Pero, además, hay que vivir los Sacramentos: hay que alimentarse de la Eucaristía.
Si vives en tu pecado, sin confesarlo en el Sacramento de la
Penitencia, entonces no puedes recibir al Sacramento de la Eucaristía y,
en consecuencia, el Bautismo y la Confirmación los metes en un saco
roto: no te sirven de nada. Y, mucho menos, el Sacramento del Matrimonio
o el del Orden.
Si no usas bien los Sacramentos, NO ERES IGLESIA visiblemente.
¡Cuánta gente pervertida que no discierne lo que comulga y se come su propia condenación!
Pero,
además, hay que someterse a la Jerarquía: gobierno vertical en Pedro.
Si no obedeces al Papa, NO ERES IGLESIA visiblemente.
Los sedevacantistas, los lefebrvistas, y tantos católicos de nombre, no se someten a un Papa. NO SON IGLESIA visiblemente.
¡Y, ahora resulta, que todos quieren ser iglesia obedeciendo a un falso papa!
¡No comprendemos cuál es la fe de muchos católicos!
¿Para qué se dicen católicos?
¿Para qué están en la Iglesia?
Para
pertenecer a la Iglesia, externamente, son necesarias estas tres cosas.
Pero para pertenecer a la Iglesia, internamente, sólo se necesita las
tres virtudes teologales:
«Puesto
que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma
naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma,
la herejía o la apostasía. Ni la vida se aleja completamente de aquellos
que, aun cuando hayan perdido la caridad y la gracia divina pecando, y,
por lo tanto, se hayan hecho incapaces de mérito sobrenatural,
retienen, sin embargo, la fe y esperanza cristianas, e iluminados por
una luz celestial son movidos por las internas inspiraciones e impulsos
del Espíritu Santo a concebir en sí un saludable temor, y excitados por
Dios a orar y a arrepentirse de su caída» (Mystici Corporis, n. 10).
Bergoglio cae en otra herejía: «Hay
quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata
con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia»:
está negando que Cristo sea la Cabeza invisible de la Iglesia y, por lo
tanto, hay almas que no son Iglesia visiblemente, pero si pertenecen a
la Iglesia de manera invisible, por su unión con Cristo. Se puede tener
una relación personal con Cristo porque sólo los pecados de herejía, de
cisma, de apostasía de la fe, sacan de la comunión y de la mediación de
Cristo, que es la Iglesia. El gravísimo problema de Bergoglio es poner
la Iglesia en el pueblo, en una comunidad de personas; pero no la pone
en Cristo. Y entonces tiene que caer en esta gravísima herejía: para
tener comunión con Cristo, para tener una relación personal con Cristo
tienes que ser de la Iglesia, tienes que estar en comunión con la
Iglesia. Y, en esas palabras, deja de reconocer, está anulando que la
Iglesia es Cristo. Pone la Iglesia en los hombres, como dice en su
discurso: «Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. No se hacen
cristianos en el laboratorio. El cristiano es parte de un pueblo que
viene de lejos. El cristiano pertenece a un pueblo que se llama Iglesia y
esta Iglesia lo hace
cristiano».
cristiano».
¿Ven la maldad de este hombre?
El
cristiano es parte de Cristo, no de un pueblo que viene de lejos. Uno
se hace cristiano porque cree en Cristo, no porque cree en un pueblo. Al
poner la Iglesia en el pueblo, entonces tiene que cargarse a Cristo
como Rey y como Cabeza de la Iglesia. Y, por eso, lo que vemos en el
Vaticano es la iglesia de un hombre, de un conjunto de hombres que han
anulado la verdad, que es Cristo, y la Iglesia, que es Cristo y sus
almas. Sólo queda el pueblo, el mundo, la masa.
Sólo
la herejía, el cisma y la apostasía de la fe impiden ser de la Iglesia.
Los que no han cometido estos tres pecados, pero sí viven en sus
pecados no confesados, todavía son de la Iglesia pero no externamente.
Estos son los católicos tibios, que son muchos.
Los
pervertidos, a los cuales ya no se les puede llamar católicos, son los
que han cometido los tres pecados que sacan de la Iglesia: herejía,
cisma y apostasía de la fe. Bergoglio es un pervertido. Todo el gobierno
horizontal, ese grupo de cardenales que gobierna en la actualidad la
Iglesia, son pervertidos. No son Iglesia.
Cuando
el alma pierde la fe, entonces ya no puede pertenecer al Cuerpo de la
Iglesia. Mientras mantenga la fe, hay una esperanza de conversión, y de
salir del pecado. Todavía están unidos a la Cabeza Invisible de la
Iglesia, que es Cristo, aunque no participen ni en los Sacramentos ni
obedezcan a la Jerarquía. Externamente, no pertenecen a la Iglesia
porque no obran visiblemente ni los Sacramentos ni se ponen en
obediencia a la Jerarquía. Internamente, son de la Iglesia porque
todavía no han renegado totalmente de Cristo, Su Cabera Invisible.
Ahora mismo, en la actualidad, observamos muchos falsos católicos que siguen a un falso papa.
Para
ser de la Iglesia, en lo externo, para que sea vea visiblemente la
Iglesia, es necesario el gobierno vertical del Papa: es necesaria una
cabeza visible. Como Benedicto XVI no gobierna la Iglesia, y es el Papa
verdadero y legítimo, es la legítima autoridad en la Iglesia, entonces
la Iglesia ya no es visible. Falta el gobierno del Papa. Falta la cabeza
visible. Es gobernada solo por Su Cabeza Invisible, que es Cristo. Por
este gobierno invisible, la Iglesia se hace invisible: ya no se puede
ver exteriormente, en una Jerarquía, en una Cabeza visble.
Pero resulta que un grupo de cardenales está gobernando exteriormente
la Iglesia, con un gobierno horizontal. Eso que se ve, esa iglesia que
resulta de ese gobierno horizontal, no es la Iglesia Católica. No es la
Iglesia en Pedro, en un gobierno vertical. No es la Iglesia visible de
Cristo.
Luego, quien obedece a ese gobierno, quien obedece a ese falso papa, se convierte, visible, externamente, en un falso católico.
El
católico verdadero obedece al Papa legítimo. El falso católico obedece a
un falso papa, que es ilegítimo, inválido, por su manifiesta herejía.
El
católico tiene que ponerse en la Verdad para ser católico. El católico
tiene que reconocer la verdadera autoridad en la Iglesia para ser
católico.
Si
no te pones en la verdad, sino sabes discernir a la Jerarquía de la
Iglesia, te conviertes, te transformas en un falso católico.
Es
lo que vemos en todas partes desde hace dos años. Está surgiendo una
falsa iglesia. Luego, tienen que aparecer, visiblemente, los falsos
católicos. Son los siguen a un falso papa y están en una falsa iglesia.
Los
católicos verdaderos tienen que desparecer exteriormente. Es necesario
que desaparezcan porque visiblemente no hay una cabeza que los gobierne.
Un
católico verdadero no puede pertenecer visiblemente a la iglesia de
Bergoglio y compañía. No puede. Es un gobierno horizontal. No es el
gobierno visible en Pedro.
Luego, la Iglesia de Cristo pasa a ser el Reino de Dios, pero ya no está visiblemente en la Jerarquía.
Está
visiblemente en cada corazón que permanece, que es fiel a la Verdad.
Pero esos corazones fieles no pueden unirse bajo una cabeza visible,
bajo un papa. Entonces, no hay Iglesia visible. Pero sí hay Iglesia
invisible en Cristo.
Cada
alma sigue unida a Cristo, pero el Cuerpo de Cristo no tiene cabeza
visible: no se puede ver exteriormente. Por eso, la Iglesia pasa a ser
remanente, tiene que estar escondida. Tiene que ser perseguida. En cada
corazón está la verdad que no se muestra exteriormente. Y conviene que
no se muestre. Hay, en la actualidad, muchos lobos, muchos falsos
profetas que destruyen la fe católica.
Por
eso, ahora no es tiempo de convertir a nadie. Y quien se convierta a la
Iglesia católica, que no existe visiblemente, es una falsa conversión.
Se convierte a la iglesia de Bergoglio y compañía, que visiblemente es
una falsa iglesia.
Los
católicos verdaderos, si quieren seguir en su fe católica, tienen que
salir de todas las estructuras externas de la Iglesia porque han sido
tomadas por un gobierno horizontal, que ya visiblemente no hace la
Iglesia en Pedro.
¡Cuánto cuesta entender estas cosas a los católicos!
La Iglesia no es un conjunto de hombres, con un pensamiento común, con unas ideas, con unas obras más o menos buenas.
La
Iglesia es Cristo y sus almas. Y cada alma tiene que estar unida a
Cristo. Es la vid y los sarmientos. Cristo es el tronco de la vid. Las
almas se unen a esa vid para poder alimentarse de Cristo.
En
la Iglesia ningún hombre se alimenta de la mente del hombre. En la
Iglesia, cada alma tiene que estar unida a la Mente de Cristo, unida a
la Voluntad de Dios en Cristo, unida al Espíritu de la Verdad que
procede del Padre y del Hijo.
Si no hay esta unión, vana es esa iglesia.
Una
iglesia de hombres es la que vemos en el Vaticano y en muchas
parroquias. Y ya eso es una falsa iglesia. Salgan de ahí porque es el
inicio de la gran abominación.


