Por qué es imposible un “Golpe de Estado”
Pero… ¿por qué es imposible un golpe de estado?
Porque para que haya un golpe de estado, primero tiene que haber un
Estado. Y si éste existiera, tendría que haber medios para “golpear”.
En el territorio reconocido como la Argentina: ¿hay Estado?
No existe como tal en los términos políticos y constitucionales que
deben caracterizarlo. Muchos definen al que tenemos como un “estado
ausente”. Con un poder ejecutivo impostor y delincuente, una escribanía
de gobierno prebendaria que simula ser un congreso, y un poder judicial
prevaricador, prostibulario y corrupto… ¿de qué Estado estamos hablando?
Además, con una sociedad contemplativa que cree (sin dudas de buena
fe) poder cambiar el rumbo de las políticas del gobierno, o la falta de
ellas, al son triunfal de las cacerolas, pero que acompañó mansamente
durante años la malversación de la democracia y una progresiva parálisis
de la República, cuesta afirmar que tengamos un Estado como tal, y dudo
que pueda restablecerse con “baterías”, obviamente de cocina, PERO VALE
LA PENA INTENTARLO. En un Estado conviven ciudadanos, en un territorio
deambulan habitantes, nativos o “importados”. ¿Cómo debemos
reconocernos? Para ello, la cita del 8 de noviembre (cacerolazo
nacional) es una magnífica oportunidad para hacerlo, a pesar de lo
mencionado renglones arriba.
Y para un “golpe”: ¿hay medios?
Basados en la experiencia histórica debemos admitir que para este
tipo de “alternativas” siempre fueron convocados los fuerzas militares.
Pues bien, hoy esos medios no existen para tales “aventuras políticas”.
Los uniformados no tienen la motivación espiritual, preocupación
intelectual, ambición corporativa, ni capacidad operacional para
llevarlo a cabo. Están sordos de sordera absoluta a los “cantos de
sirena”. Aprendieron.
Lejos están los militares actuales de pretender “avasallar” la
Constitución Nacional. De ello se encargan ahora muchos políticos,
empezando por la presidente, y varios jueces (como Zaffaroni y
Oyarbide), a los que tenemos que soportar.
Entonces… ¿qué escenario más o menos probable, y sin desearlo, advertimos para nuestro país?
Hans Magnus Enzensberger, en su ensayo “Perspectiva de Guerra Civil” (1994), planteó el concepto de “guerra civil molecular a escala planetaria”,
expresada en ámbitos urbanos y vinculada a las subculturas de tipo
marginal. Se trata de un conflicto sin objetivos políticos claros, con
un alto grado de violencia, y en ese sentido, el escritor alemán
advierte que “cualquier vagón de subterráneo puede convertirse en una
Bosnia en miniatura”.
En una fase que podríamos definir como pre guerra civil molecular, se multiplican los espacios “off limits”.
La indolencia, seguida de omisión y comisión, desemboca inevitablemente
en la pérdida de manejo de la seguridad interior por parte del aparato
estatal. Se generalizan las medidas de autodefensa (posesión de armas,
rejas, candados, puertas, autos y chalecos blindados). La conformación
de barrios cerrados por sectores de alto nivel socioeconómico y la
seguridad privada se torna usual.
En la siguiente fase, desde el momento en que una organización o masa
delictiva se apropia de un territorio, todas sus acciones deben
entenderse como acciones de guerra civil molecular, incluso aquellas que
representan enfrentamientos entre bandas. Comienzan los
entrecruzamientos de acciones; proliferan los combates entre
organizaciones (bandas, mafias, carteles, hinchadas, grupos
estudiantiles, patotas juveniles). La naturaleza del arma empleada no es
relevante, sí lo es la voluntad de avasallar al otro ignorando
completamente a la autoridad estatal.
Comienzan a desarrollarse al inicio acciones de tipo ofensivo, como
ser: vandalismo, extorsión, secuestros, todas aquellas actividades
tendientes a librar un territorio del monopolio ejercido por el Estado.
Luego acciones de afianzamiento que buscan consolidar al nuevo poder, y,
finalmente, de expansión (guerra civil molecular de naturaleza
expansiva): los grupos que logran dominar una porción de territorio
arrebatado al poder del Estado no permanecen aferrados a él, incursionan
con más fuerza en el territorio que permanece bajo el dominio estatal.
Las acciones de tipo defensivo surgen a partir de la resistencia en
la sociedad frente a la ineficiencia del Estado y esa resistencia que
superficialmente sería un obstáculo a los fines del “comandante
invisible” (la antijuridicidad) es en realidad un triunfo clave porque
cuando la sociedad se vuelca a la autodefensa, se fragmenta y se
distancia del aparato estatal. Esta fragmentación puede observarse
también en las fuerzas uniformadas y su más clara expresión es la
fragilidad, cuando no la ruptura, de la cadena de mandos.
Finalmente, se llega a la fase final: Anarquía y/o Guerra Civil.
El colapso del Estado significa el fin de la guerra civil molecular y
el comienzo de la anarquía. Sin embargo la anarquía extrema es
transitoria, no subsiste por sí misma, retrocede hacia la regeneración
del viejo Estado o se transforma en una guerra civil macroscópica con
vistas a la constitución de uno o varios Estados.
Parafraseando y adaptando la frase de Raymond Aron cuando se refería
durante la Guerra Fría a la disuasión nuclear (“Guerra improbable, Paz
imposible”), podemos concluir, respecto a nuestro futuro próximo,
arriesgando lo siguiente: “Paz improbable, Golpe de Estado imposible”.
Final abierto.
Lic. Jorge P. Mones Ruiz